Pique entre capitanes (Serie ¡Gol! 34)

Luigi Garlando

Fragmento

cap-1

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—¿Sabías que la primavera es la estación preferida de las nubes? —pregunta Morten, que está sentado en el patio de la parroquia de San Antonio de la Florida escrutando el cielo.

—¿Por qué? —se informa Fidu, que está devorando un helado de tres sabores.

—Porque en el cielo hay más espacio para correr —explica el extremo danés—. En cambio, en invierno hay demasiadas nubes y se apretujan unas contra otras, como en un autobús en hora punta.

—¿Y en verano?

—En verano hace calor y se suda. Solo en primavera hace la temperatura perfecta. El cielo está azul y vuelan las golondrinas. A las nubes les gusta mucho jugar con ellas.

—Si tú lo dices... —comenta el porterón antes de atacar la bola de pistacho.

Estamos a principios de marzo y, según el calendario, todavía no ha llegado la primavera, pero Morten tiene razón: la estación de las flores ya se percibe en el aire, alegre como una canción. De hecho, los Cebolletas, después del interminable invierno que han pasado en las salas de la parroquia, vuelven a salir al patio, para alegría del gran pino, que ha pasado solito los meses fríos, con una carga de nieve sobre los hombros, y ahora puede calentarse un poco, rodeado por sus buenos amigos.

Morten y Fidu han sido los primeros en llegar esta tarde. Poco a poco van apareciendo los demás, todos cargados con la bolsa de deportes: hoy es día de entrenamiento.

El próximo domingo se reanuda la liga para equipos de siete jugadores. Ha pasado mucho tiempo desde el Partido de la Paz, gracias al cual los Cebolletas volvieron a jugar juntos, y los chicos se han vuelto a dividir en tres equipos: Cebogoles, Encebollados y Cebotigres.

Como recordarás, los Encebollados de João, entrenados por el abuelo Felipão, dominaron la fase de ida del grupo A, después de ganar todos sus partidos: ¡cinco de cinco! Por detrás quedaron los Cebogoles de Tomi, guiados por la maestra Elena, que solo perdieron el encuentro directo con los líderes de la tabla.

En cambio, en el grupo C, los Cebotigres de Sara, entrenados por Armando, tienen que remontar cuatro puntos a los Diablos Rojos y tres a los Duros de Pelar. Los tigres, que visten una camiseta con rayas blancas y rojas, empezaron el torneo fatal, pero acabaron la primera fase escalando posiciones sin parar.

Hay cuatro grupos: A, B, C y D. En la fase de vuelta, los equipos ganadores se cruzarán en semifinales y la gran final se disputará en el prestigioso estadio Santiago Bernabéu.

—Hola, chicos —saluda Tomi al tiempo que deja la bolsa en el suelo.

—Hola, capitán —responde Becan—. ¿Se te ha curado el tobillo?

—Sí. Me dolió un poco en el primer entrenamiento, pero ya estoy perfectamente.

—Qué lástima... —comenta João.

—¡Gracias, tú sí que eres un amigo! —salta el capitán.

Los Cebolletas se ríen con ganas.

Naturalmente, João estaba bromeando. No desearía ningún mal a su amigo. La salida del brasileño demuestra la sana rivalidad existente entre los Cebogoles y los Encebollados, que se ha vuelto a avivar después de la tregua del Partido de la Paz. En ese encuentro, Tomi fue objeto de una dura falta de César, que le ha obligado a pasar varias semanas con el tobillo vendado.

—Hablando de los Escualos —observa Sara—, ¿por qué será que hace tiempo que no se burlan de nosotros?

—Es verdad —contesta Rafa—. Se diría que nuestra victoria ha tenido efecto...

—Pero ¿qué trae Nico? —se extraña Ígor.

Todos se vuelven hacia la verja de la parroquia para ver al número 10, que entra con un tubo de cartón bajo el brazo.

—Si tiene intención de darnos una clase de geografía, le pienso meter vestido bajo la ducha... —promete Fidu.

—¡Hola, chicos! ¡Mirad lo que llevo! —anuncia el número 10, antes de desenrollar el cartel y mostrarles una cara conocida.

—¡Pero si es Charli! —exclama Sara.

—¿Tienes un póster con el padre del coletas en tu cuarto? —bromea Fidu.

—No, lo he descolgado de una pared para enseñároslo —precisa Nico—. Han empapelado el barrio con fotos parecidas. ¿Habéis visto lo que pone?

Rafa lee en voz alta: «¡Arreglaré el barrio!».

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—Es una pancarta electoral —deduce Tomi.

—Exacto —confirma Nico—. El padre de Pedro se presenta para concejal.

—El eslogan no está mal —reconoce Dani—. Un mecánico reparando el barrio.

—Pero no me gusta la idea de que Charli tome decisiones que nos puedan afectar a todos —objeta Nico.

—Pues sí —coincide Sara—. Si repara el barrio como entrenaba a los Zetas, vamos mal...

—Mi padre se ha enterado de que uno de sus proyectos prevé la demolición de los jardines del barrio para construir un gran aparcamiento —informa Nico.

—¡Pero si es donde nacieron los Cebolletas! —salta Fidu—. Esos jardines tendrían que ser declarados monumento nacional...

—¿Qué podemos hacer? —pregunta Aquiles—. No tenemos edad para votar.

—Ya lo sé, yo solo quería informaros —explica Nico—. A lo mejor entre todos se nos ocurre una buena idea...

—Vale, de momento vamos a entrenar —les propone Tomi.

—¡Esperad! —vocifera Sebas, que llega corriendo en ese momento—. Tengo una noticia.

—¿Cuál? —le pregunta enseguida João.

—Esta... —contesta el defensa de los Encebollados, antes de intercambiar su bolsa con la de Loren, centrocampista de los Cebotigres.

—¿Qué significa eso? —inquiere Fidu.

—Significa que queremos cambiar de equipo —explica Loren—. Yo quiero ir a los Encebollados, y Sebas, ocupar mi puesto en los Cebotigres.

—Las cosas como son —continúa Sebas—: Felipão no soporta que me pase el día despejando sin parar. Pero creo que estaría a gusto con los Cebotigres, que hacen un juego más defensivo. En cambio, Loren, al que le gusta pelotear y tiene mucha habilidad para el regate, se sentiría como pez en el agua en los Encebollados.

—Hace tiempo que se lo dijimos a Champignon, pero hemos preferido mantener el asunto en secreto, porque no sabíamos si podríamos cambiar —concluye Loren—. Ayer los organizadores del torneo dieron su visto bueno a Gaston. Solo nos falta que nuestros compañeros estén de acuerdo...

—Caramba, un intercambio de jugadores en el mercado de fútbol, ¡igual que en primera división! —salta Nico.

João y Sara, los capitanes de los Encebollados y los Cebotigres, respectivamente, intercambian una mirada de complicidad.

—Yo estoy de acuerdo —anuncia la gemela—. Nuestro lema es que «Quien se divierte siempre gana», así que, si Loren y Sebas se divierten más con el cambio, saldremos ganando todos.

—Tienes razón —aprueba João—. A mi abuelo le encantará ver que dejan de dar patadones a su querida Pelota...

Los Cebogoles también tienen un problema de organización. Lo plantea inesperadamente Rafa en el vestuario:

—¿Os habéis fijado en que hoy tampoco ha venido el Pirata?

—¿Y ese quién es? —se extraña Giorgio.

—Berto —responde el italiano—. Siempre lleva encima del ojo un mechón, que parece el parche de un pirata.

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