Malditos roedores (Serie Perrock Holmes 8)

Isaac Palmiola

Fragmento

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Es un genio de la informática y la tecnología. Usa tabletas, ordenadores y móviles con la misma facilidad con la que se hurga la nariz. Para él, la bruja de su medio hermana es peor que un grano en el culo.

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No se arruga ante nada. Dice lo que piensa sin cortarse un pelo y es tan convincente que podría venderle una nevera a un esquimal. Adora los libros de misterio y le apasionan los casos peligrosos.

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Los osos perezosos parecen hiperactivos al lado de este gato gordinflón. Gatson nació cansado y no suele moverse mucho a menos que le ofrezcan comida de la buena (pienso no, gracias). Sus grandes pasiones son comer y dormir, pero aunque parezca mentira, a veces se le da bien investigar. Es capaz de hablar con Perrock y sus amos, y tiene una imaginación muy retorcida para gastar bromas.

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Es capaz de comunicarse con sus amos y detectar sentimientos en los humanos, algo que lo convierte en uno de los investigadores más eminentes del mundo. Travieso —casi gamberro—, es un ligón pese a ser tan pequeñito. Su mayor debilidad son las perras altas, a las que trata de seducir sin excepción.

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Hasta que sonó el teléfono del Mystery Club, para Julia y Diego había sido una mañana de lo más normal en casa. Se habían levantado, habían desayunado y, justo después, habían iniciado lo que Perrock y Gatson solían llamar LA CHAMPIONS LEAGUE DE LAS BROMAS PESADAS.

Aquel día iba ganando Julia, que había cambiado el azúcar por sal antes de que Diego se tomara el ColaCao (3 puntos), le había escondido los cordones de las bambas a Diego (2 puntos) y le había apagado el calentador mientras se duchaba (2 puntos). Diego, por su parte, aunque iba detrás en la clasificación, era por poco. Había cambiado el perfume de su hermana por el de su padre, que Julia odiaba (1 punto), y había aprovechado un despiste de esta para cambiarle el tono del móvil por «Despacito» (5 puntos).

Así que cuando sonó el teléfono del Mystery Club, los dos discutían acaloradamente. Los insultos y acusaciones se detuvieron para dar paso a un silencio expectante.

—Julia al habla —contestó ella.

—Tengo un caso para vosotros, chicos —informó la señora Fletcher—. ¿Estáis ocupados?

—Bueno, estaba a punto de darle una paliza a Diego. Pero como Perrock me ha dicho que es maltrato animal, pues mejor lo dejo para otro día —contestó Julia mientras Diego le sacaba la lengua.

—Entonces ¿cuento con vosotros? —preguntó la señora Fletcher con un suspiro de resignación—. Es un caso tan confidencial que no nos han querido explicar nada por teléfono, pero no tiene pinta de que Lord Monty esté implicado esta vez. Tenéis que ir a las oficinas de Crujisnacks y ellos os informarán.

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Crujisnacks era una conocida marca de patatas fritas. Tanto Julia como Diego las adoraban, pero sus padres solo se las dejaban comer de vez en cuando por aquello de que la fruta es mucho más sana. Eso sí, cuando había alguna celebración nunca faltaba una bolsa de Crujisnacks choriceras, sus preferidas.

—Iremos enseguida —intervino Julia, y colgó el teléfono.

Diego había vuelto a la habitación y la miraba desde el umbral de la puerta, preparado para salir corriendo si las cosas volvían a ponerse feas.

—Me vengaré y seré más cruel que el jurado de MasterChef Junior —prometió ella—, pero antes tenemos que resolver un nuevo caso.

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