Cortázar de la A a la Z

Julio Cortázar

Fragmento

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La Alfabetización difícil

A los maestros les pagan muy bien en Silvalandia porque a los niños, no se sabe por qué, les disgusta sobremanera el alfabeto, y las primeras clases transcurren entre llantos, bofetadas y penitencias.

A nadie se le ha ocurrido averiguar por qué a los niños de Silvalandia no les gusta el alfabeto. Desconfían, acaso, de sus astutas combinaciones que poco a poco van ocupando el lugar de las cosas que ellos encuentran, conocen y aman sin mayores palabras. Parecería que no tienen ganas de entrar en la historia, cosa que bien mirada no es del todo idiota.

Los inspectores, que no comprenden lo que pasa, piden a los maestros que alfabeticen a los alumnos de la manera más amena posible; y así sucede que un maestro se disfraza de letra B y desde una tarima procura convencer a los niños de que esta letra revista entre las más importantes, y que sin ella nadie podría ser bachiller, hebreo, abanderado o barrendero. Con su vivacidad habitual, los niños le hacen notar que gracias a tan ventajosa carencia tampoco él tiene derecho a tratarlos de burros, vagabundos o analfabetos. Esto último claro está, desconsuela particularmente al maestro que corre a disfrazarse de X o de W con la esperanza de fomentar con menos riesgo el alfabeto en la mente de los niños. Pero esas letras son de una parsimonia notoria y los ejemplos se vuelven difíciles, con lo cual en vez de réplicas inquietantes se advierte más bien un coro de bostezos, que según Pestalozzi es el signo manifiesto de todo fracaso pedagógico.

De Silvalandia

Con Vassilis Vassilikos después del estreno de la película Z,

París, febrero de 1969

Alguien que anda por ahí

–De Octaedro a Alguien que anda por ahí ¿cómo pasa de un libro al otro?

–Un libro no es más que el momento en que un autor terminó un montón de cuentos, los juntó y los dio a editar. La separación entre un libro y otro es falsa. Es posible que el día mismo en que un escritor entrega su libro a un editor, por la tarde, escribe otro cuento que, por un simple azar, no formó parte del libro.

No hay una voluntad especial de decir: terminé este libro de cuentos y ahora empiezo otro. La noción de libro no existe cuando se trata de cuentos.

Es muy diferente de la novela que sí es un ente autónomo. Además cuando se termina una novela uno queda tan cansado que la idea de escribir otra no se le ocurre para nada; en cambio un cuento, sí.

La prueba es que cuando yo terminé estos cuentos de Alguien que anda por ahí y se los mandé al editor, me fui a Londres unos pocos días después y al tomar el metro vi repetido un póster de Glenda Jackson que me dio la idea de un cuento que, si yo no hubiera mandado antes el manuscrito, podía haber entrado en el libro.

De Ernesto González Bermejo: Conversaciones con Cortázar

México,

Hermes,

1977

Madrid,

Alfaguara,

1977

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Alto el Perú

México, Nueva Imagen, 1984

(Las dos páginas sueltas corresponden

a materiales de trabajo)

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Amigos

Puerto de Buenos Aires, sábado 23 de noviembre de 1957

LOS AMIGOS

En el tabaco, en el café, en el vino,

al borde de la noche se levantan 

como esas voces que a lo lejos cantan

sin que se sepa qué, por el camino.

Livianamente hermanos del destino, 

dióscuros, sombras pálidas, me espantan

las moscas de los hábitos, me aguantan 

que siga a flote en tanto remolino.

Los muertos hablan más, pero al oído,

y los vivos son mano tibia y techo,

suma de lo ganado y lo perdido.

Así un día, en la barca de la sombra,

de tanta ausencia abrigará mi pecho

esta antigua ternura que los nombra.

De Salvo el crepúsculo              

7

4

8

2

3

5

1

6

9

1. Gladis Bernárdez. 2. Perla Rotzait. 3. María Rocchi de Jonquières. 4. Damián Bayón. 5. Esther Burd. 6. Aurora Bernárdez. 7. Julio Cortázar. 8. Ricardo Bernárdez.

9. Eduardo Jonquières.

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