Dueño de un humor incorrecto, soez, escatológico y en ocasiones salvaje, Gustavo Sala acaba de publicar la que acaso sea su obra más significativa, «Buenos Aires en pelotas» (Sudamericana), un viaje tumultuoso por lo mejor y lo peor de la capital argentina: su frondosa oferta cultural, sus museos, teatros y cines, pero también sus calles intransitables y llenas de basura, atestadas de taxistas, colectiveros y peatones siempre apurados e iracundos; sus pizzerías y sus cafés notables, así como la mugre, el ruido y el olor del Riachuelo. En esta charla con Liniers (el creador de «Macanudo» y uno de los humoristas gráficos argentinos de mayor proyección internacional), pasean por los antecedentes del retrato descarnado de la sociedad porteña, se preguntan cuál es el sexo y género de las grandes ciudades, cómo son las distintas maneras de pedir la cuenta en los bares del mundo y por qué en los bares tangueros ya no pasan tango. Y, además, discurren sobre la dificultad de dibujar ciudades y edificios, sobre el fetiche compartido de leer (y oler) libros impresos en un mundo crecientemente digital y sobre la complejidad de explicarle a cualquiera que no haya crecido en Argentina uno de sus mayores fenómenos políticos: el peronismo.