Desierto Sonoro

Valeria Luiselli

Fragmento

Copyright, Desierto Sonoro

PRIMERA EDICIÓN VINTAGE ESPAÑOL, OCTUBRE 2019

Copyright de la traducción © 2019 por Daniel Saldaña París y Valeria Luiselli

Todos los derechos reservados. Publicado en los Estados Unidos de América por Vintage Español, una división de Penguin Random House LLC, Nueva York, y distribuido en Canadá por Penguin Random House Canada Limited, Toronto. Originalmente publicado en inglés como Lost Children Archive por Knopf, una división de Penguin Random House LLC, Nueva York, en 2019. Copyright © 2019 por Valeria Luiselli.

Vintage es una marca registrada y Vintage Español y su colofón son marcas de Penguin Random House LLC.

Esta novela es una obra de ficción. Los nombres, personajes, lugares e incidentes o son producto de la imaginación del autor o se usan de forma ficticia. Cualquier parecido con personas, vivas o muertas, eventos o escenarios es puramente casual.

Información de catalogación de publicaciones disponible en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.

Vintage Español ISBN en tapa blanda 9780525566946

Ebook ISBN 9780525566953

Para venta exclusiva en EE.UU., Canadá, Puerto Rico y Filipinas.

www.vintageespanol.com

v5.4

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Índice, Desierto Sonoro

ÍNDICE

Cubierta

También de Valeria Luiselli

Acerca del autor

Página de título

Copyright

PRIMERA PARTE: SONIDOS FAMILIARES

Desplazamientos

Caja I

Raíces y rutas

Caja II

Indocumentados

Caja III

Desaparecidos

Caja IV

Expulsiones

SEGUNDA PARTE: ARCHIVO DE ECOS

Deportaciones

Mapas y cajas

Caja V

Divisoria continental

Perdidos

TERCERA PARTE: APACHERíA

Valles del polvo

Corazón de la luz

Sueña caballos

CUARTA PARTE: HUELLAS

Caja VI

Documento

Caja VII

Agradecimientos

Créditos de las imágenes

Ilustraciones

PRIMERA PARTE: SONIDOS FAMILIARES, Desierto Sonoro

PRIMERA PARTE SONIDOS FAMILIARES

Desplazamientos, Desierto Sonoro

DESPLAZAMIENTOS

El archivo presupone un archivista, una mano que colecciona y clasifica…

ARLETTE FARGE

Partir es morir un poco.

Llegar nunca es llegar definitivo.

Oración del migrante

 

PARTIDA

Bocas abiertas al sol, duermen. Niño y niña: frentes perladas de sudor, cachetes colorados, hilos de baba seca. Ocupan toda la parte de atrás del coche –extendidos, despatarrados, rotundos, plenos–. Desde el asiento del copiloto me volteo para mirarlos cada tanto, y luego sigo estudiando el mapa. Avanzamos rumbo a la periferia de la ciudad con la lava lenta del tráfico, que se mueve por el puente George Washington para disolverse, más adelante, en la autopista. Un avión sobrevuela y deja una cicatriz blanca en el paladar azul del mediodía. Mi marido, al volante, se ajusta el sombrero y se seca la frente con el dorso de la mano.

LÉXICO FAMILIAR

No sé qué les diremos a los dos niños en el futuro, mi marido y yo. No estoy segura de qué partes de nuestra historia decidirá, cada uno por su lado, editar o suprimir, ni qué secciones reordenaremos e insertaremos de nuevo para crear la mezcla definitiva –y eso que suprimir, reordenar y editar mezclas finales es, quizá, la descripción más precisa de nuestro oficio–. Pero los niños harán preguntas, porque preguntar es lo que los niños hacen. Y no nos quedará más remedio que contarles algo con un inicio, un desarrollo y un final. Tendremos que dar respuestas, ofrecerles una narrativa.

El niño cumplió diez años ayer, justo un día antes de irnos de la ciudad. Fuimos espléndidos con los regalos. Nos había dicho, sin titubeos:

No quiero juguetes.

La niña tiene cinco años, y desde hace unas semanas ha estado preguntando, una y otra vez:

¿Y yo cuándo cumplo seis?

Ninguna respuesta la deja satisfecha, así que en general le contestamos con ambigüedades:

Pronto.

En unos meses.

En menos de lo que canta un gallo.

La niña es hija mía y el niño es de mi marido. Soy madre biológica de una, madrastra del otro y madre de facto de los dos. Mi esposo es padre y padrastro de cada uno, respectivamente, pero también padre de ambos, así sin más. Por lo tanto, la niña y el niño son: hermanastra, hijo, hijastra, hija, hermanastro, hermana, hijastro y hermano. Y puesto que estas construcciones y estos matices innecesarios complican demasiado la gramática del día a día –el nosotros, el ellos, el nuestro, el tuyo–, tan pronto como empezamos a vivir j

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