El retorno del capitán (Serie ¡Gol! 9)

Luigi Garlando

Fragmento

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FALTAS A LO CRISTIANO

RONALDO

PLucía, la madre de Tomi, acaba de terminar su recorrido. Ha entregado el correo en el barrio, aparcado la bici en el patio y ahora espera el ascensor.

Pero cambia de idea. Está tan contenta y llena de energía que decide subir a pie, a la carrera, saltando los peldaños de dos en dos.

Álvaro, el portero, que baja con una escoba en la mano, se aparta y sonríe sorprendido.

—¡Está en plena forma, Lucía!
—¡Es la primavera! —responde la madre de Tomi. En efecto, es un espléndido día de marzo, el invierno se ha ido con sus tardes grises y lluviosas a otra parte y en el cielo ya vuelan las golondrinas.

Con la primavera, además del calor, se reemprende el campeonato de fútbol de los Cebolletas. En la fase de vuelta, el equipo de Champignon tendrá que recuperar los tres puntos que le separan de los Diablos Rojos y el

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¡GOL!

que le lleva de ventaja el Dinamo Azul, pero ahora que Tomi está otra vez con ellos no hay nada imposible.

¿Ves al capitán en su habitación? Está repasando la lección de historia con una pelotita de caucho entre los pies. Habla en voz baja mientras dribla todo lo que se cruza en su camino: cajas, zapatillas, papeleras, mesitas…

Ahora coge la papelera y la coloca en medio del dormitorio. Entre él y la papelera pone una silla, luego se aleja un par de metros, estudia la distancia para calcular bien la fuerza del tiro y golpea la pelotita por debajo, «cavando» el suelo con la punta del pie: una vaselina al estilo del mítico Raúl.

La pelota de caucho se eleva, supera la silla y, tras una delicada parábola, acaba en la papelera.

Tomi salta alborozado y se coge una oreja, como hace el ex delantero del Madrid cuando celebra sus goles.

Si hubiera estudiado la lección de historia tan bien como ha aprendido a hacer vaselinas, Tomi tendría las mismas notas que Nico, el lumbrera…

Por la puerta asoma Armando con la maqueta de un barco en la mano.

—¿Me oyes bien así o quieres que te traiga una trompetilla? —pregunta a su hijo.

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FALTAS A LO CRISTIANO RONALDO —Qué gracioso… —dice el capitán, riéndose mientras se saca el dedo de la boca—. Estaba celebrando un gol a la manera de Raúl. ¿Has visto qué disparo? ¡He acertado a la papelera a la primera!

—Justamente por eso estoy aquí —responde el padre—. Acabo de empezar a construir un magnífico crucero alemán de 1942, un barco complicadísimo, reservado a los ases del modelismo. Como ves, lo tengo ya bastante adelantado, por lo que quería pedirte que mantengas tu pelota de caucho alejada de mi taller y que no traigas a casa perros, gatos, águilas, elefantes, escualos, jaguares ni dromedarios. ¿Me explico?

En el preciso momento en que va a contestar Tomi, Lucía, que ha entrado en casa corriendo, salta sobre los hombros de su marido gritando:

—¡Ha llegado la primavera, chicos!

Instintivamente, Armando le agarra las piernas a su mujer, como para llevarla a caballo. Y, naturalmente, el crucero acaba por tierra y se rompe en mil pedazos.

Tomi suelta una carcajada mientras su madre, abochornada, se tapa la boca con una mano:

—Lo siento…

Armando, abatido, se arrodilla para recoger los restos de su nave.

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¡GOL!

El capitán de los Cebolletas le echa una mano y aprovecha para susurrar a su padre:

—Me parece que los elefantes y los jaguares son menos peligrosos que mamá…

Gaston Champignon, con la ayuda del padre de Becan, está descargando de la camioneta unas cajas de flores que acaba de comprar en el mercado. Las llevan directamente a la cocina del Pétalos a la Cazuela.

El cocinero deja una caja y se queda inmóvil, con una mano sobre el pecho y una mueca de dolor. La madre de Becan, que está a los fogones, se da cuenta.

—¿Se encuentra bien, Gaston?
—Me ha dado un pinchazo justo aquí. Ya me pasó hace unos días… —responde Champignon mientras se acaricia el extremo izquierdo del bigote, señal de que está preocupado.

—Tiene que ir enseguida al médico —le aconseja la madre de Becan—. Y no haga demasiados esfuerzos. Ya se ocupará Elvis de entrar las cajas.

El cocinero sonríe y contesta:
—Querida Ana, estos son los primeros regalos de la vejez que se me va echando encima. Empiezo a chi

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FALTAS A LO CRISTIANO RONALDO rriar como una puerta vieja… Estoy seguro de que es algo pasajero. En realidad, ya se me ha pasado. Pero después del entrenamiento iré al médico.

Por la concentración y el empeño que ponen los Cebolletas en los ejercicios de gimnasia se nota que la fase de vuelta está a punto de comenzar. El domingo próximo jugarán contra el Real Baby.

Y, como siempre cuando tienen que vérselas con el Gato, los delanteros entrenan su puntería, porque meterle un gol a ese portero es realmente difícil.

Champignon ha colgado al travesaño dos botes de hojalata, un cazo de cobre y cuatro cubiertos, que penden junto a las escuadras de la portería de Fidu.

—¡Ánimo, artilleros, a ver si conseguís que suenen los metales! —exclama el cocinero-entrenador.

Becan, João, Pavel, Ígor, Nico y Tomi están en el borde del área y, uno tras otro, empiezan a bombardear a su cancerbero. El tiro de Becan es muy alto, el de João va por el centro y Fidu lo bloca, y el de Pavel rebota contra el poste. Los chutes de Ígor y Nico también se van por arriba y el derechazo de Tomi es potente, pero el portero lo rechaza con el puño.

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¡GOL!

—¡No he oído nada de música, chicos! —comenta Gaston Champignon.

—Míster —replica Fidu en broma, ajustándose la gorra en la cabeza—, me da la impresión de que si quiere oír música, ¡tendrá que hacer que venga Dani con su guitarra!

Los delanteros van corriendo a recoger sus balones. Mientras regresan al borde del área se ponen de acuerdo:

—¡Ese fanfarrón de Fidu nos las va a pagar!

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