Ante el cáncer, muévete

Soraya Casla
Soraya Casla

Fragmento

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PRÓLOGO

Este libro de divulgación de Soraya Casla es un fiel reflejo de la personalidad de la autora, una investigadora inquieta, combativa, innovadora, rigurosa e incansable, que se ha dedicado en cuerpo y alma a la investigación de las bondades que el ejercicio físico proporciona al ser humano en general, y en especial a los pacientes con cáncer.

Cuando Soraya empezó a interesarse por la valía del ejercicio físico en las pacientes con cáncer, hace ya más de quince años, existía en España un muy escaso interés por esta actividad y, con aisladas excepciones en la oncología pediátrica, prácticamente ningún programa nacional establecido. En su primera visita al Hospital General Universitario Gregorio Marañón, Soraya nos convenció de que podríamos tener en el ejercicio físico una herramienta barata, sencilla y eficaz para ayudar a nuestras pacientes con cáncer de mama. Su colaboración con el grupo GEICAM (Grupo Español de Investi­gación en Cáncer de Mama) permitió poner en marcha un programa de investigación sobre ejercicio físico en el cáncer de mama que ha generado numerosos estudios. Dada la escasa actividad institucional relacionada con el ejercicio físico y el cáncer en España, Soraya realizó estancias formativas en los centros con programas de ejercicio para el cáncer más prestigiosos del mundo, visitando Estados Unidos, Australia, Canadá y Dinamarca y adquiriendo una formación de altísima calidad.

El ejercicio físico es aquella actividad física habitual y planificada por un profesional que tiene el objetivo de mejorar la salud de las personas que lo realizan, tanto a corto plazo como en el futuro. En el libro, Soraya describe la transformación de la vida de varias pacientes a través de esta actividad. El ejercicio físico, bien programado y controlado por un experto, realmente cambia a las personas de una manera que resulta difícil de imaginar. Puedo dar fe de ello porque lo he visto en muchas de mis pacientes entrenadas por Soraya.

Existen sobradas evidencias de que el ejercicio físico, en conjunción con otros hábitos saludables de vida, como mantener una dieta apropiada, abstenerse del consumo de alcohol y tabaco y protegerse ante la exposición solar, puede prevenir varios tipos de cáncer. Además, es sumamente eficaz en mejorar la calidad de vida de los pacientes oncológicos que reciben tratamientos para su enfermedad. Dos ejemplos concretos: el ejercicio físico es una de las mejores armas para combatir la astenia producida por muchos tratamientos antitumorales y, además, ayuda a reducir la intensidad de los dolores articulares que producen algunos tratamientos hormonales.

El ejercicio físico ofrece numerosas ventajas: es barato, no requiere tecnología sofisticada, proporciona bienestar emocional a corto y largo plazo, ayuda a no ganar peso a expensas de tejido graso, mejora la funcionalidad músculoarticular (reduciendo, por ejemplo, el riesgo de caídas y fracturas) y además es bueno no solo para reducir el riesgo de algunos cánceres, sino también para evitar enfermedades metabólicas, cardiorrespiratorias y vasculares. Es decir, que es una intervención con enorme impacto en múltiples ámbitos de la salud humana. Nos preguntamos, por ello, por qué no se estimula en nuestro país de forma generalizada la práctica del ejercicio físico controlado por especialistas para generar este hábito en la población general y ayudar también a los pacientes con cáncer y otras patologías. Es cierto que ya existen ciertas iniciativas en este sentido, pero debería llegar un día en el que los hospitales y centros de salud, además de quirófanos y salas de curas, estuvieran dotados también de gimnasios dirigidos por expertos.

Y termino ya estas líneas porque no quiero que malgasten su tiempo leyéndome: aprovéchenlo mejor leyendo el excelente libro de Soraya Casla.

MIGUEL MARTÍN

Catedrático de Medicina y Jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Gregorio Marañón

(Universidad Complutense, Madrid)

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CÓMO COMENZÓ TODO

Todo esto comenzó en 2008.

En los últimos años, el ejercicio físico poco a poco ha ido ganando valor en el ámbito social. Pero yo siempre cuento que, cuando comencé mi tesis, en España solo había un equipo que trabajaba con pacientes oncológicos, en su mayoría niños. Así que, para aprender sobre esto del ejercicio oncológico, tuve que marcharme fuera y trabajar en equipos especializados en Estados Unidos, Canadá, Dinamarca y Australia. Durante estas estancias internacionales descubrí cómo el ejercicio modula la funcionalidad y la fisiología del organismo, y que, precisamente por sus beneficios, desde 2010 muchos países ya lo integraban como parte del tratamiento a ciertos pacientes. Me llamaba la atención que los especialistas en ejercicio físico a nivel internacional estuvieran tan bien valorados e integrados en el sistema de salud con el fin de unir esfuerzos con el resto de los profesionales de manera coordinada.

Pero es que el ejercicio genera cambios internos que mejoran la salud de las personas que lo practican, igual que un fármaco. Y en los pacientes con cáncer sucedía algo especial: los tratamientos producían alteraciones fisiológicas que solo el ejercicio era capaz de revertir o prevenir de manera integral.

Pero no cualquier tipo de ejercicio, y ahí es donde radica la dificultad.

Pese a que mi formación era cada vez más especializada en la materia, yo no era titulada en oncología. Sin embargo, gracias a un convenio desde la universidad con el Hospital General Universitario Gregorio Marañón, donde desarrollaba mi tesis, tuve la suerte de poder acompañar durante tres años a los oncólogos en consulta y aprender sobre los tratamientos, los efectos secundarios y la evolución de la enfermedad en primera línea.

Cuando terminé mi tesis doctoral, ya llevaba trabajando cuatro años con pacientes, había visto a más de cuatrocientas mujeres con cáncer de mama y había establecido una fórmula de trabajo que me permitía atender a un gran número de pacientes gracias a la intervención en grupo (tal cual la realizan en los cuatro países en los que había trabajado). Estas intervenciones se personalizaban para adaptarlas al tratamiento, la fase de enfermedad y las necesidades de cada persona con cáncer.

Por ello, después de presentar la tesis y de todo mi periplo internacional, ya tenía un sueño en la cabeza: un proyecto donde las personas con cáncer pudieran hacer ejercicio oncológico guiadas por profesionales. Con todo, sabía que todavía tenía mucho que aprender. Y ahí comenzó una andadura que me llevó, primero, a trabajar en el Grupo Español de Investigación en Cáncer de Mama (GEICAM) como coordinadora de programas de ejercicio en oncología, donde aprendí much

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