República de Weimar

Jacobo Dayán
Jacobo Dayán

Fragmento

Título

INTRODUCCIÓN

Cualquier alteración en los modos de la música
va siempre seguida de la alteración en las leyes
más fundamentales del Estado.

PLATÓN1

Escribir un libro sobre la República de Weimar obliga a mirarla desde una perspectiva precisa: su riqueza artística, científica y filosófica, y su trágico final. Trágico para Alemania y para el mundo, el fracaso de la República de Weimar dio paso al nacionalsocialismo. Desde entonces, cuando una democracia entra en crisis suelen compararla con Weimar: la Alemania de los años veinte y principios de los treinta del siglo pasado parece alumbrar nuestro tiempo.

La República de Weimar es el arquetipo de los proyectos democráticos fallidos. Una tardía democracia que fue golpeada por todo el espectro político, así como por distintos sectores sociales e intelectuales. Solo una minoría mantenía esperanza en ese modelo. Eran tiempos donde lo relevante era defender las ideologías, y las fobias dominaban las decisiones políticas. Entonces, como ahora, parecía más importante tener la razón que construir un país y una sociedad democrática.

Comencé la escritura de este libro desde el encierro por la pandemia de covid-19. A pesar de haberlo mantenido años en la congeladora, la incertidumbre de ese momento, las visiones catas­trofistas, las esperanzas por cambios sustanciales aprendidos en el confinamiento, la crisis de las democracias liberales, el retorno de la guerra en Europa, el guiño al autoritarismo que ya se venía gestando me llevaron a revisitar los periodos en que la bisagra de la historia giró en un sentido no deseado. Cuando las democracias se vuelven más frágiles es pertinente revistar Weimar. Cuando la solución de los problemas globales no encuentra articulación multilateral, es buen momento de repensar lo ocurrido en Alemania durante el periodo de entreguerras. Hoy, la crisis de representación, el vaciamiento ideológico de los partidos políticos, la polarización desde el discurso del poder, las ideas radicales promovidas por actores centrales de la política son reportadas cotidianamente. La verdad evidente dejó de ser relevante y los embates vienen de muy distintas figuras que integran una larga lista: Trump, Bolsonaro, Bukele, Maduro, Erdogan, Orbán, Modi, Netanyahu e incluso Andrés Manuel López Obrador.

Sobran motivos para estudiar aquella época: intentar comprender el surgimiento y fortalecimiento de un sistema ideológico, político y estético como el nacionalsocialismo requiere adentrarse en sus orígenes, la sociedad que lo germinó y los elementos que permitieron su llegada al poder. Pero Weimar es mucho más que eso; también fue la primera cultura importante de la modernidad, una sociedad de ruptura con el pasado.

Muchos personajes de la cultura, el arte, el pensamiento y el periodismo dejaron testimonio de lo vivido esos años y su posterior impacto. El periodista e historiador de la cultura Otto Friedrich relata: “Berlín en los veinte representó un estado del alma, una forma de pensar, una sensación de libertad y regocijo. Debido a que fue absolutamente destruido después de florecer por menos de quince años, se ha convertido en un mito, un paraíso perdido”.2

Este libro no pretende ser una narración histórica de los hechos; es una guía de las manifestaciones sociales, políticas, artísticas y del pensamiento que se desarrollaron en Alemania, que buscaron interpretar su época y que vislumbraron su caída. Aunque para los académicos de Harvard Peter E. Gordon y John McCormick “Weimar fue un crisol de innovación intelectual en teoría política y sociología, crítica cultural y teoría fílmica, psicología, teoría legal, física y biología, y modernismo en todas sus formas”,3 la república como sistema político llegó de manera tardía a uno de los países con mayor tradición en el pensamiento y las artes. Ante estos hechos, la pregunta es obligada: ¿cómo incidieron estas en el proceso de creación, tenue consolidación y muerte de un régimen democrático a manos del totalitarismo más brutal? El arte fue el pulso de esa época y vale la pena analizarlo.

La selección de eventos, personajes y obras que se muestra en estas páginas es subjetiva; no intento hacer un catálogo completo, eso sería imposible. Es una visión a vuelo de pájaro de aquello que se propuso incidir en la vida pública, transformar la sociedad, alertar de las amenazas que pendían sobre la República como una espada de Damocles. El intelectual italiano Enzo Traverso es claro en este sentido:

algunas figuras de la cultura alemana tuvieron súbitas iluminaciones, vagas intuiciones, a veces el presentimiento de la catástrofe que albergaba Alemania y el mundo occidental. No se trata de ir en búsqueda de profetas, sino más bien de captar el nuevo significado y el sorprendente alcance hermenéutico de la obra de ciertos autores, “iluminada” por la negra luz de Auschwitz.4

Todo ello contextualizado en los eventos sociales y políticos de la convulsa Alemania de entreguerras y con reflexiones sobre nuestro tiempo.

La República de Weimar transcurre en los años del expresionismo, el dadaísmo y la nueva objetividad; de la Buahaus; del teatro épico de Bertolt Brecht; de la ruptura musical de Schönberg; del cabaret disruptivo; de importantes obras de Thomas y Heinrich Mann, Hermann Hesse y Marlene Dietrich; de Metrópolis de Fritz Lang, El gabinete del doctor Caligari de Robert Wiene, así como de la escuela de Fráncfort, Einstein y Freud.

Mucho del pensamiento y tendencias de Weimar son anteriores a ella, pero en estos años explotaron. La Primera Guerra Mundial liberó lo que ya germinaba en la muerte de la razón, como la describieron Adorno y Horkheimer. Son poco más de catorce años en los cuales las ciencias, las artes y el pensamiento se desarrollaron de una manera solo comparable con el Renacimiento italiano; sin embargo, las constantes fueron la exacerbación política, el activismo, los contrastes, la decadencia, la violencia, los asesinatos de mujeres y políticos, y las crisis económicas y sociales. Todo eso fue sólidamente recogido por una comprometida generación de artistas y pensadores.

El trágico fin de la república pudo ser evitado. Muchos personajes de la cultura y las artes presagiaron su caída, intuyeron los horrores del nazismo, levantaron la voz, eran profetas predicando en el desierto. Weimar es el huevo de la serpiente del que Ingmar Bergman habla en su película.

Weimar nació el 9 de noviembre de 1918 y murió el 30 de enero de 1933 después de fuertes confrontaciones políticas, crisis económicas nunca antes vistas y sabotajes de la derecha nacionalista y la izquierda comunista. Weimar también es su exilio, sus aportes a la ciencia y la técnica, al pensamiento y las artes. Lo ocurrido en este periodo fue único, difícilmente se puede traspolar a otra época y lugar; sin embargo, es inevitable hacer paralelismos e intentar obtener lecciones. El mundo de hoy, y en buena medida México, presenta síntomas similares a los de esa época en la que el dolor y el lamento eran cotidianos.

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