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En busca del tiempo perdido

En busca del tiempo perdido

DEBOLSILLO , noviembre 2016

En busca del tiempo perdido es una de las cumbres de la literatura francesa y universal. Esta edición en formato estuche reúne las siete partes de esta obra magna de Marcel Proust.

Por la parte de Swann se divide en tres partes, todas ellas variaciones sobre el tema del tiempo que inexorablemente queda atrás: «Combray», el pueblo de la infancia del protagonista, que lo rememora antes de dormir; «Un amor de Swann», o el despilfarro del tiempo en un amor, el de Odette y Swann, agostado por los celos; «Nombres de... Leer más

Por la parte de Swann se divide en tres partes, todas ellas variaciones sobre el tema del tiempo que inexorablemente queda atrás: «Combray», el pueblo de la infancia del protagonista, que lo rememora antes de dormir; «Un amor de Swann», o el despilfarro del tiempo en un amor, el de Odette y Swann, agostado por los celos; «Nombres de país: el Nombre», que gira en torno a los recuerdos de la adolescencia.

En A la sombra de las muchachas en flor, tras volverse poco a poco indiferente a la hija de Swann, Gilberte, el narrador visita el balneario de Balbec con su abuela y conoce a Albertine, «una chica de brillantes y sonrientes ojos y mejillas redondeadas y opacas». Pero en el pesimista universo proustiano esta afortunada connivencia resulta ser una concesión caprichosa e imprevisible, un don gratuito ante el cual la única actitud válida es la disponibilidad.

En La parte de Guermantes, tercer volumen de los siete que componen la monumental obra de Proust, presenciamos el ingreso del joven Marcel en el soñado mundo de la aristocracia. A la elegancia de los salones servirá de contrapunto fúnebre la sombra de la muerte.

En Sodoma y Gomorra, mientras espera en el patio de la duquesa de Guermantes, contemplando la polinización de sus orquídeas, el narrador observa en secreto el encuentro sexual entre dos hombres, el barón de Charlus y Jupien, una escena representada según las leyes de un arte oculto. De este modo comienza una meditación profunda sobre la sexualidad y el deseo, alimentada por la atracción que el narrador siente por la bella Albertine.

En La prisionera, el narrador recluye a Albertine en su casa de París para alejarla de las tentaciones lésbicas, al tiempo que desarrolla su particular teoría sobre los celos, el placer sexual, los remordimientos y toda la gama de sentimientos encontrados que produce en el ser humano el amor. Sus digresiones en torno al arte, como la famosa disquisición engendrada a partir de la muerte del escritor Bergotte y de un cuadro de Vermeer, Vista de Delft, se traducen en algunas de las páginas más hondas, emocionantes y turbadoras que sobre la pulsión creativa se hayan escrito jamás.

En Albertine desaparecida Proust prosigue su detallada y obsesiva narración de los delirios amorosos, de la angustia del deseo y, en especial, de los celos, el sentimiento que alienta con mayor fuerza en estas páginas, protagonizadas por Albertine, una de las amantes más perdurables de la literatura universal. Un peculiar tour de force en torno a la figura de la amante ausente y del dolor por el cuerpo perdido.

En el séptimo y último volumen, el narrador ve desfilar ante sus ojos a todos los personajes de su vida, cruelmente golpeados por el tiempo. En plena Primera Guerra Mundial, el barón de Charlus sigue buscando amantes bajo el fuego enemigo que cae sobre París, al tiempo que Marcel sigue rememorando episodios de su infancia. Para muchos críticos, El tiempo recobrado constituye el libro más intenso y turbador de toda la serie, un verdadero baile de fantasmas en el que el tiempo celebra su última representación.

Reseñas:
«Ojalá pudiera escribir así.»
Virginia Woolf

«Un cuento de hadas, una de las mayores obras maestras del siglo XX.»
Vladimir Nabokov

«Me has dicho a menudo que la extensión de las frases de Proust te extenúa. Pero espera a que regrese y te leeré esas interminables frases en voz alta: ¡cómo, inmediatamente, todo se organiza!»
André Gide, en su Carta a Angèle

«Las flores y plantas no poseen voluntad. Son descaradas, exponen sus genitales. Y así, en cierto sentido, son los hombres y mujeres de Proust... Descarados.»
Samuel Beckett

«No ha existido nadie con la habilidad de Proust para mostrarnos las cosas; su dedo índice es inigualable.»
Walter Benjamin

«Para todos aquellos que comenzaron a escribir al final de los años veinte o al inicio de los treinta, existían dos grandes e ineludibles influencias: Proust y Freud, que son mutuamente complementarios.»
Graham Greene

«Proust es un sistema completo de lectura del mundo. Si se admitiera ese sistema no habría en nuestra vida cotidiana incidente, encuentro, rasgo o situación que no tuviera ya su referente en Proust.»
Roland Barthes

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Colección
CONTEMPORANEA
Páginas
64
Target de edad
Adultos
Tipo de encuadernación
Bolsillo
Idioma
ES
Fecha de publicación
2016-11-17
Autor
Marcel Proust
Editorial
Debolsillo
Colección
CONTEMPORANEA
Páginas
64
Target de edad
Adultos
Tipo de encuadernación
Bolsillo
Idioma
ES
Fecha de publicación
2016-11-17
Autor
Marcel Proust
Editorial
Debolsillo
9788499088464
2016-11-17
Marcel Proust
Marcel Proust
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Marcel Proust (1871-1922) nació en París en el seno de una familia adinerada y abandonó pronto sus estudios de derecho para relacionarse con la sociedad elegante de París y dedicarse a escribir. Aquejado de asma... Leer más

Marcel Proust (1871-1922) nació en París en el seno de una familia adinerada y abandonó pronto sus estudios de derecho para relacionarse con la sociedad elegante de París y dedicarse a escribir. Aquejado de asma desde la infancia, a los treinta y cinco años se convirtió en un enfermo crónico y pasó el resto de su vida recluido, sin abandonar prácticamente nunca la habitación revestida de corcho donde escribió su obra maestra, En busca del tiempo perdido (Por la parte de Swann, 1913; A la sombra de las muchachas en flor, 1919; La parte de Guermantes, 1920-1921; Sodoma y Gomorra, 1920-1921; La prisionera, 1923; Albertine desaparecida, 1925, y El tiempo recobrado, 1927). En busca del tiempo perdido es el largo monólogo interior de un hombre ocioso que se mueve en la alta sociedad, y que es, en muchos aspectos, autobiográfico. Proust es autor de otras obras como Los placeres y los días (1896) y Jean Santeuil, que no apareció hasta 1952.

Su importancia reside no solo en las descripciones de la cambiante sociedad francesa sino en la evolución psicológica de sus personajes y en la reflexión filosófica del autor sobre el trascurrir del tiempo, al que trata como un elemento a la vez destructor y positivo, solo aprehensible gracias a la memoria intuitiva. Proust concibe el tiempo como un fluir constante en el que los momentos del pasado y el presente poseen una realidad igual. Exploró en profundidad los abismos de la psique humana, las motivaciones inconscientes y la conducta irracional, sobre todo en relación con el amor.

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