Adiestra en positivo

Enric Rodríguez

Fragmento

1.1. Expectativas distorsionadas

Adiestrar o educar a un perro es un proceso bastante simple cuando entendemos los métodos que debemos utilizar y nos ceñimos a ellos. Sin embargo, hoy en día vivimos en un mundo donde la mayoría de los animales tienen algún tipo de problema de comportamiento o, simplemente, no están bien educados.

Hay muchas razones que pueden explicar esta discrepancia, pero la principal es nuestra forma de entender la psicología canina. Sin duda tenemos una visión de los perros muy influida por el cine. Desde celebridades como Rin Tin Tin y Lassie hasta los protagonistas de las últimas películas de Disney, la gran pantalla nos muestra perros con capacidades casi humanas. O entrenados para acatar órdenes con una precisión y un control equivalentes a los de una máquina, como ocurre en el film El clan de los Doberman.

Por ello, es necesario que tengamos siempre presentes las siguientes ideas:

• No podemos educar a un perro de la misma forma que educaríamos a un niño, ya que, entre otros motivos, con el primero no es posible razonar a través de la palabra.

• No hay que entrenar, educar o adiestrar esperando resultados y comportamientos propios de una máquina.

• Nuestras expectativas deben ser acordes a la realidad, no a las películas de Hollywood.

En definitiva, las películas sobre animales nos crean unas ilusiones que no se van a cumplir, por lo que nos frustramos cuando nuestra mascota no se convierte en un superperro. El problema no está en él sino en nuestras expectativas.

Esto no quiere decir que debamos dejar que nuestro cachorro destroce la casa, nos muerda y haga sus cosas donde le apetezca. Estos son algunos comportamientos normales y, si no lo educamos como es preciso, provocarán inconvenientes que lo acompañarán de por vida.

Nuestro trabajo será enseñar a ese cachorro para que, de adulto, esté adaptado a vivir de una manera que nos resulte aceptable. Es importante asumir que se comportará como un perro a no ser que modifiquemos su conducta por medio de una educación constante. Por tanto, si pretendes que NO se comporte como lo que es desde el primer día que llegue a casa, estáis ambos condenados al fracaso en cuanto a su educación. Esperar siempre lo peor cuando llevas un perro nuevo a casa te ayudará a predecir lo que puede pasar y, en consecuencia, a evitarlo.

Te sorprendería la cantidad de gente que se pone en contacto conmigo escandalizada porque su cachorro de cuatro meses, al que han dejado solo en casa todo el día, les ha hecho algún destrozo. Lo raro sería que un cachorro de esta edad no despedazara la casa entera cuando se le deja sin supervisión.

1.2. Cόmo aprende un perro

Las teorías más aceptadas para el adiestramiento o educación de un perro son dos: el condicionamiento clásico y el condicionamiento operante.

En este libro no profundizaremos en dichas teorías, simplemente hablaremos de sus fundamentos para poder comprenderlas y hacer uso de ellas cuando comencemos a entrenarlo.

El condicionamiento clásico es un tipo de aprendizaje asociativo que fue demostrado por el científico Iván Pávlov. Nos podemos referir a él también como condicionamiento pavloviano, condicionamiento respondiente, modelo estímulo-respuesta o aprendizaje por asociaciones.

El experimento más famoso con el que Pávlov confirmó este tipo de aprendizaje consistió en condicionar a un perro de tal modo que salivara al oír el sonido de una campana. Cuando mostramos comida a un perro, suele salivar. Pávlov pretendía demostrar que se podía usar un estímulo neutro (campana) para provocar la salivación. Así, cada vez que le ofrecía comida, Pávlov hacía sonar una campana, con lo cual, cuando oía la campana, sabía que venía la comida y, en consecuencia, salivaba. Pávlov repitió esta secuencia hasta que el animal empezó a salivar al oír la campana aunque el sonido no llegara acompañado de la comida. El resultado fue una reacción involuntaria (salivar) frente a un estímulo (un sonido) que, en condiciones normales, no provocaría esta reacción.

En este experimento vemos tres tipos de estímulos:

1. Estímulo incondicionado: es el estímulo que produce respuestas reflejas que no han sido aprendidas. En el experimento de Pávlov, el estímulo incondicionado es la comida, pues provoca la salivación de forma natural.

2. Estímulo neutro: es el estímulo que, por sí solo, no produce respuestas reflejas en el individuo. En este caso, el estímulo neutro es el sonido de la campana antes de haber iniciado el experimento, ya que esta, en condiciones normales, no provoca ningún tipo de reacción relacionada con la comida.

3. Estímulo condicionado: es el estímulo que provoca una respuesta refleja gracias a un aprendizaje. En el caso estudiado, sería la campana después del experimento, a la que ya se le ha condicionado a reaccionar.

El ejemplo más claro de cómo recurrimos al condicionamiento clásico a la hora de adiestrar a un perro es el uso del clicker, una herramienta con sonido que hace que asocie su ruido con un premio o refuerzo positivo (la forma de emplearla se explica más adelante). El condicionamiento clásico es de vital importancia cuando queremos corregir problemas de socialización, miedos y fobias. Con este método de aprendizaje podemos conseguir que asocie situaciones de estrés con experiencias positivas.

EJEMPLO
Un perro con miedo a las personas
desconocidas

¿Cómo solucionamos el problema? El objetivo es que relacione a los extraños con algo bueno, pero ¿de qué manera lo lograremos? Considerando que el pollo es un manjar para nuestro amigo, daremos todos los días unos trocitos de pollo a unas veinte personas desconocidas, distintas cada día, para que lo alimenten hasta que asocie a los extraños con el pollo. En cuanto empiece a hacer esta asociación, el miedo comenzará a desaparecer.

En este caso, que hemos simplificado mucho para que se entienda, convendrá tener en cuenta otros requisitos al poner en práctica la técnica, como que debe ser siempre el perro el que dé el primer paso al acercarse al extraño para tomar el premio (pollo), pues presionarlo podría empeorar el problema.

El condicionamiento operante, planteado por B. F. Skinner, expone que las respuestas que vayan acompañadas de experiencias agradables tenderán a repetirse, mientras que las que se vean acompañadas de experiencias desagradables tendrán menos posibilidades de volver a producirse. Pensemos, por ejemplo, en un perro que salta cuando llegamos a casa. Si en ese momento le damos cariño (experiencia positiva), tendrá una tendencia más acusada

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