Propuesta de acuerdo sobre el lenguaje inclusivo

Álex Grijelmo

Fragmento

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INTRODUCCIÓN

 

 

 

 

Este libro pretende ofrecer una argumentación razonable que conduzca a un eventual acuerdo general para expresarse en español sin discriminación hacia la mujer y, al mismo tiempo, con respeto a la historia, la estructura y la economía de la lengua, así como al uso más cómodo para los hablantes.

Con este fin, los primeros capítulos intentan explicar y desmontar algunos mitos que se han construido sobre el origen patriarcal del genérico masculino y sobre la supuesta ocultación de la mujer, mientras que los restantes están dedicados a describir la creación del léxico identitario del feminismo. La obra se cierra con un borrador de propuestas concretas que parten de los razonamientos desarrollados a lo largo del texto.

El autor no pretende tener la última palabra, ni mucho menos. Por tanto, se trata de un documento abierto a sugerencias, enmiendas y correcciones, incluso a ser desechado en su totalidad.

Todo el texto se ha concebido con tono conciliador, sin que ello suponga dar por buenos algunos tópicos que se han ido imponiendo a fuerza de repetirse y que sin embargo no responden a bases ciertas.

Asimismo, el libro combate frontalmente los contenidos machistas y vejatorios que se han hecho fuertes en el refranero, en los dichos populares y en la mala formación de algunos términos, entre otros aspectos.

Todo lo que se expone a continuación lo conocen de sobra los especialistas. Lo que intentan aportar estas líneas es una argumentación y un orden, mediante la articulación de algunos elementos que los lectores habrán venido recibiendo, quizá de manera dispersa, a través de los medios de comunicación. De hecho, las ideas de este libro han sido manejadas por el autor en artículos publicados en el diario El País durante los últimos años.

Ojalá sirva este empeño para serenar alguna discusión y aunar las voluntades de quienes deseen terciar en este espinoso asunto, origen de tantos conflictos diarios, sin descalificar las posiciones de los demás y escuchando todas las opiniones.

Las propuestas aquí contenidas se acompañan de razonamientos y documentación, como mejor manera de contribuir al debate. Porque, según señalaba el filósofo Gustavo Bueno en una entrevista televisiva, una opinión no vale de nada si no va seguida de un argumento.

 

Advertencia ortográfica: En la presente obra se han acentuado el adverbio sólo y los pronombres demostrativos, opción permitida por las Academias. Asimismo, no se ha situado una coma delante de pero cuando se ha considerado que ello interrumpiría el ritmo de la frase.

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EL ORIGEN DE LOS GÉNEROS

 

 

 

 

La maestra pidió a los alumnos que dibujaran en su cuaderno escolar una persona. Lo hicieron con facilidad y con ilusión infantil. Trazaron un redondel a modo de cabeza, una línea vertical que constituyese el tronco, dos líneas horizontales que salían de él a uno y otro lado para formar los brazos, y otras dos líneas verticales, más abajo y en dirección oblicua, que representaran las piernas.

Resolvieron con éxito el reto, porque cualquiera que observara los dibujos entendería que coincidían con el concepto persona, como lo hacen, por ejemplo, los diseños básicos de los semáforos para peatones que se ven en las calles de todo el mundo.

El dibujo contaba, pues, con dos brazos y dos piernas. ¿Significaba eso en la mente de los alumnos que quienes careciesen de alguna de esas extremidades quedarían excluidos de la idea de persona? Desde luego que no.

Todos los seres humanos, fueran los que fuesen sus rasgos y características, quedaban englobados en ese dibujo del mismo modo que los cojos o los mancos deben esperar ante un semáforo en rojo sin que puedan pretextar que se saltan la señal porque el muñeco iluminado no los representa. Y lo mismo los blancos que los negros, los cobrizos que los amarillos, los mestizos o los mulatos.

Aquel muñeco dibujado en el colegio ejercía el papel de prototipo, una idea que sirve a las personas para facilitar sus comunicaciones. Usamos los prototipos a diario en la imaginación, y vemos a menudo en nuestro entorno los equivalentes de casa, de árbol, de automóvil… También al hablar nos manejamos con ellos para resumir nuestras ideas, porque de otro modo el lenguaje constituiría un engorro inútil.

La señal de tráfico que significa “Animales sueltos” muestra en España un ciervo o una vaca, y con ella se advierte a los conductores de que en la zona pueden encontrarse con individuos de diversas especies que crucen la carretera, incluidos los zorros o los caballos. Los dibujos que representan a esos animales en concreto invisibilizan a los otros en el significante (el signo) pero no en el significado (la idea o función que ese signo representa).[1] Se trata también de prototipos.

Un padre anima a su hija veinteañera a salir más para conocer a los solteros del barrio. Nadie pensaría que entre los solteros del barrio pretendiera incluir a los curas de la zona. Tampoco imaginaría que la palabra solteros abarca a los niños y las niñas o los bebés y las bebés, aunque ninguno de ellos haya contraído matrimonio.

Del mismo modo, cuando un amigo nos cuenta que se ha comprado un pájaro, nunca imaginaremos, hasta que lo veamos ante nosotros, que se refería a un pingüino.

Si nos preguntan qué vehículo con ruedas es capaz de circular a 1.000 kilómetros por hora, tardaremos un tiempo en adivinar el acertijo, porque se trata de una velocidad descomunal. Las palabras vehículo y circular nos remiten a coches, a bicicletas y a motos. Y eso dificultará que encontremos la respuesta correcta: un vehículo con ruedas capaz de circular a una velocidad de 1.000 kilómetros por hora es un avión.

El manejo mental de los prototipos sirve para toda clase de juegos, adivinanzas y crucigramas con truco. Y la trampa consiste precisamente en mostrar primero un prototipo y hacer ver después al interlocutor que éste no incluye las características exactas de todos los ejemplares a los que representa.

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