Regreso al hogar

Fragmento

INTRODUCCIÓN

Este libro está inspirado en mis últimos cinco años como nómada alrededor del mundo compartiendo la espiritualidad y la luz en Mujer Holística. Cuando salí de mi país deseaba conocer diferentes culturas y vivir nuevas y emocionantes experiencias. No sentía que pertenecía al lugar en el que había nacido y me preguntaba si había alguna ciudad en el mundo en la que sí lograría pertenecer. Me convencí de que, si recorría el mundo, llegaría el momento en que encontraría una ciudad que podría llamar mi hogar. Pero lo que no sabía en ese momento es que mi verdadera búsqueda era por encontrarme a mí misma. Estaba iniciando el largo camino de regreso a casa.

Los primeros años de nómada no fueron fáciles, me sentía frustrada porque no lograba encontrar esa ciudad perfecta que estaba buscando y, para serte honesta, me sentía muy sola y lejos de las personas que amaba. Los dos primeros años fueron difíciles de salud, me enfermé mucho. Primero, porque me generaba ansiedad viajar sola y estar segura físicamente. A esto le tenía que sumar el cambio de climas, zonas horarias y alimentación. Además, cuando inicié estaba también comenzando el proyecto de Mujer Holística y en ese momento no estaba segura si podía mantenerme económicamente, lo cual generaba un estrés adicional. Más de una vez me convencí de que debía regresar a Costa Rica, pero no podía mantenerme mucho tiempo allí. Amo mi libertad y viajar por el mundo se volvió una adicción. Mis problemas de salud y ansiedad venían de mi propia lucha interna y del miedo a no encajar. Yo amaba y disfrutaba viajar por el mundo, pero tenía una voz crítica interna que me decía que estaba perdida, que no era seguro lo que estaba haciendo o que nunca iba a encontrar en dónde vivir. Además, a menudo escuchaba a algunos amigos cercanos decir que si seguía viajando tanto nunca llegaría a conformar una familia o a encontrar a la pareja ideal que pudiera viajar conmigo. Todo esto creaba un caos grande en mí. Pero, por otro lado, mi felicidad era inmensa al viajar. En cada destino encontraba un regalo para mi alma, una nueva amistad o una sonrisa de un extraño que me recordaba lo lindo que es el mundo.

Cuando uno viaja alrededor del mundo permanentemente, los días se pasan rápido y el tiempo se vuelve irrelevante. En mi caso, los años pasaron y yo continuaba con esa lucha interna por encontrar un hogar físico. Mi frustración crecía, pero también mi conexión interna se hacía más fuerte y cada vez me acercaba más a mí misma, lo cual me encantaba. Lentamente comencé a prestar atención a mis pensamientos y a observar cuándo me enfermaba y qué sentía frente al mundo. Me di cuenta de que me enfermaba cuando dudaba de mí misma y del camino que había decidido emprender. Mi mente me convencía de que yo no estaba segura en el mundo o de que estaba perdida en la vida y mi cuerpo físico reaccionaba con enfermedad. Las herramientas como la meditación y la atención plena me ayudaron a entender lo que estaba ocurriendo y a callar la mente. Poco a poco todo iba teniendo sentido y cada vez sentía más paz interna. A medida que la mente se callaba, podía escuchar mi corazón con mayor claridad y sabía que no tenía que dejar de viajar, que pronto iba a entenderlo todo. Eso fue exactamente lo que ocurrió.

Hace dos años publiqué mi primer libro, Soy una mujer holística, que se convirtió en un best seller. Al año siguiente publiqué mi siguiente libro, Una nueva realidad, que habla sobre el proceso de manifestación y la creación de la realidad. Estos dos libros cambiaron mi vida. Lo que antes había sido un camino solitario y de confusión de repente se convirtió en un camino en que me acompañaban miles de mujeres. Comencé a darme cuenta de que lo que yo estaba viviendo era una inspiración para otros y de que no estaba perdida en el mundo. Esto me inspiró a continuar viajando y a ver a dónde me llevaba mi búsqueda interna. Encontré un propósito en estos viajes y entendí que mi confusión hacía parte del proceso de encontrar mi misión de vida. Hace un año tomé la decisión más importante de mi vida: me di el permiso de disfrutar mi existencia y todo lo que había creado. Me permití disfrutar la abundancia que me rodeaba y de tomar mis propias decisiones sin importar la opinión de otros. Me di el permiso de ser yo misma, sin la necesidad de justificar mis viajes, mi estilo de vida o mis decisiones personales.

Lo que descubrí cuando me di permiso de ser feliz me sorprendió. En menos de un año mi vida se transformó en su totalidad. Dejé de enfermarme, ya no me estresaba por no encontrar un hogar físico y comencé a sentir una paz y felicidad que nunca antes había experimentado. Comencé a encontrar el placer en todo lo que hacía, mi cuerpo físico se relajó y mi mente se calmó. Podía ver mi camino con más claridad. Experimenté el placer absoluto tanto en mi cuerpo físico como en la conexión con la divinidad. Mi corazón se abrió y pude experimentar el amor profundo por la creación y por la experiencia humana. Sentía una paz incondicional, inclusive en medio de momentos difíciles. Entendí que no estaba sola y que hay un orden más grande que está guiando mi vida con sabiduría. Además, logré separarme de mis pensamientos lo suficiente como para poder sentir las emociones en mí sin ingresar en el drama o en la historia que giraba alrededor de ellas. Esto me trajo aún más paz. Me di cuenta de que no me molestaba no tener un hogar físico y que podía seguir siendo nómada por mucho tiempo más. Comencé a agradecer naturalmente la libertad que tenía al comprar un pasaje para viajar al otro lado del mundo al día siguiente. Comencé a bendecir mi camino y todo lo que me había traído aquí. Podía sentir con más facilidad la energía y era más fácil distinguir las creencias y los patrones energéticos de la sociedad. Comencé a cuestionar los patrones que tiene la sociedad alrededor de temas como el dinero, la energía femenina y la divinidad. Mis raíces comenzaron a crecer y así también mis alas. Entre más profundo iba, más alto podía volar. Cada vez mi voz crítica era más baja y las opiniones de otros me importaban menos. Mi realidad externa comenzó a reflejar ese mismo proceso interno y naturalmente dejaron de llegar a mi campo energético personas con opiniones negativas sobre mi camino. Entendí que vivo una ilusión creada por mí misma y que todo está aquí para ayudarme a crecer y a encontrar mi verdad, a regresar a mi hogar. Ese día descubrí lo que era estar en casa.

El permiso de ser feliz requiere de mucha fuerza interna y valentía. La sociedad está diseñada para que aceptemos las creencias y los patrones de comportamiento, muchas veces sin cuestionarlos, y los tomemos como la realidad correcta. A veces, las creencias de la sociedad, los retos diarios y las opiniones de otros pueden parecer una nube oscura que distorsiona esa conexión interna tan importante para el regreso a casa. Para poder mantenerme fuerte y alineada con mi misión, desar

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