Tómale una selfie a tu alma

Marcelo Rittner

Fragmento

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A MODO DE INTRODUCCIÓN

Una de mis mayores inquietudes ha sido la de estar permanentemente a la búsqueda del sentido de la vida. Poder alcanzar la plenitud y el significado. Poder reflejarme en un espejo y verme a mí mismo, no al Marcelo que yo imagino, sino al Marcelo que soy. Poder llegar a detectar cuál es la misión para la que fui creado. Cuál es el propósito de mi existencia. Cómo poder asimilar la urgencia del tiempo, la conciencia de que somos finitos y que por lo tanto tú, yo, todos, tenemos una fecha de caducidad.

Claro que lo maravilloso del viaje es que, como no sabemos cuál será esa fecha, deberíamos vivir cada día como si fuera el último. Algo que no te planteo como una reflexión trágica, por el contrario, me refiero a poder aprovechar cada día, cada momento. Y especialmente, a tomar conciencia de ello.

Cada uno de nosotros ha sido creado o concebido como un ser único. Imagínate que, entre miles de millones de seres humanos que habitamos el planeta, ¡no hay otro u otra como tú! Como lo escribiera Aaron Burr: “Soy lo único que puedo controlar en la vida. Soy inimitable. Soy original”. Y, sin embargo, la triste realidad nos confronta con el hecho de que vivimos imaginándonos y esforzándonos en ser otro u otros.

En lugar de ser tú mismo, recorres el viaje alejando tus sueños personales para vivir los de otras personas o personajes que tocan tu vida de las formas más diversas. Y así pasan los días, los soles y las lunas, hasta que comienzas a tomar conciencia de las palabras del poeta Pablo Neruda: “Algún día, en cualquier parte, en cualquier lugar, indefectiblemente, te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas”.

La hora que no tiene engaño, porque estarás frente a ti mismo. ¿Qué verás? ¿A quién verás? ¿Reconocerás la figura, la persona, reconocerás el interior de ese ser? ¿Podrás sonreírle, o te alejarás? ¿Estarás a gusto contigo mismo o buscarás ser otro? ¿Serás una voz o un eco? ¿Serás un original o serás una copia? ¿Serás un mago o serás la magia de tu vida?

Un relato del folclor judío cuenta sobre un renombrado sabio, Zusya, que yacía en su lecho de muerte rodeado de sus discípulos. Ellos vieron que los ojos de su maestro estaban llenos de lágrimas. Se dirigieron a él: “Maestro, ¿por qué está llorando? Usted ha vivido una buena vida, llena de buenas acciones, deja muchos estudiantes, ¿por qué llora?”. Y el maestro les respondió: “Cuando me presente frente al Creador, nadie me preguntará por qué no fui el patriarca Abraham, o el profeta Jeremías. No se espera que yo sea Abraham o Jeremías. Me preguntarán: ‘¿Por qué no fuiste Zusya?’ Por ello estoy llorando. Porque deberé responder por qué no fui Zusya”.

Y esta pregunta tan sencilla y a la vez dramática es el propósito de esta nueva publicación: ¿Por qué no fuiste o no eres tú mismo?

Compartirles herramientas que nos ayuden a responder esa pregunta con la que cada uno nos enfrentaremos en algún momento de nuestra vida para alcanzar el verdadero y más completo sentido y significado. Para recuperar y reencontrarte con el ser único que eres. Para que cuando ocurra la hora del encuentro sea una hora feliz.

Lo hago a partir de textos que en su mayoría utilicé como mensajes a las familias de mi propia comunidad, o que en forma de conferencias transmití en muchos lugares. De estos mensajes me permití seleccionar aquellos con los que más me identifiqué o que interpreto serán de mayor ayuda en el objetivo de lo que les propongo como tarea personal. Me apoyo también en textos y autores que menciono a lo largo de estas páginas y a quienes les agradezco. Tampoco faltan algunos pensamientos que he recibido de lectores de mis libros anteriores y otros que circularon anónimamente por internet.

Casi todos ellos te hablan en primera persona, es mi forma de sentir que te hablo a ti de manera directa. No son textos sobre religión, sino sobre la fe, sobre la vida, sobre el alimento espiritual que tantas veces dejamos olvidado. Son mensajes universales, escritos por un rabino que trata de ver el mundo como una gran hermandad con valores compartidos y el compromiso de hacer de nuestro mundo un lugar mejor, una sociedad más justa, y especialmente hacernos más sensibles sobre el compromiso de hacerlo juntos.

Seguramente recordarán el relato de la inundación que se avecinaba y el aviso para que todos los residentes evacuaran sus hogares. “No se preocupen por mí —dijo un hombre—. Dios me salvará.” El caudal de aguas aumentaba y él se fue al segundo piso de su casa. Pasó un bote con policías que lo llamaban. “Gracias, estoy bien. Dios me salvará.” Finalmente, el hombre estaba en el techo y pasó un helicóptero para rescatarlo. Le arrojaron una escalera, pero él respondió: “Gracias, estoy esperando a que Dios me salve”. La siguiente escena es la del hombre quejándose ante Dios:

—Yo he vivido con fe perfecta. ¡Cómo pudiste haberme abandonado!

—¿Qué te pasa? —respondió Dios—. Te mandé un aviso de evacuación, un bote y hasta un helicóptero. ¿Qué más esperabas que hiciera?

El hombre murió esperando una señal. Quería que Dios se manifestara precisamente como él lo imaginaba.

La moraleja de la historia nos dice que Dios se manifiesta de mil maneras, pero no necesariamente como nosotros lo esperaríamos.

Se trata, pues, de vivir con los ojos abiertos y el cerebro conectado, sin por ello perder nuestra fe. Vivir como si todo dependiera de Dios y actuar como si todo dependiera de nosotros.

Bien, yo quisiera pedir a cada uno de quienes les tocó vivir el terremoto de septiembre de 2017 (me encantaría poder escribir el último) que durante unos instantes reflexione para responder a mi pregunta: Durante el temblor, ¿qué pensamientos pasaron por tu mente?

Me animo a decir —y me incluyo— que pensamos en nuestros seres queridos —en quienes amamos—, nos comunicamos con ellos, rezamos, pensamos en lo precario de la vida y pensamos en la muerte. Y, al mismo tiempo, estoy seguro de que nadie pensó en aquellas cosas que a diario nos llenan de tristeza y enojo.

Abraham Joshua Heschel escribió en uno de sus libros: “El hecho de ser mortales debe ser un factor importante en nuestra comprensión de la vida”.

En otras palabras, si hoy les menciono la muerte, no es porque estemos obsesionados con ella, sino porque lo estamos con la vida. Y el hecho de que estemos compartiendo esta lectura se debe a que anhelamos una nueva oportunidad. Por lo tanto, este día debe ser un recordatorio que resalte cómo es esencial y urgente que dejemos de esperar y comencemos a vivir.

Ahora bien, si realmente queremos aferrarnos a la vida, necesitamos transitar por nuestra memoria, nuestros recuerdos y encontrar las minas que nosotros mismos sembramos a lo largo de nuestro camino personal al postergar, esconder, desenlazar nuestro ser interior de nuestro ser exterior, las cuales ponen en peligro que logremos una vida más significativa.

Cuando nos tomamos tiempo pa

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