El rithmatista

Brandon Sanderson

Fragmento

Creditos

Título original: The Rithmatist

Traducción: Albert Solé

1.ª edición: Enero 2015

© Ediciones B, S. A., 2014

Consell de Cent, 425-427 - 08009 Barcelona (España)

www.edicionesb.com

DL B 212-2015

ISBN DIGITAL: 978-84-9019-933-6

Todos los derechos reservados. Bajo las sanciones establecidas en el ordenamiento jurídico, queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de los titulares del copyright, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo públicos.

Contents
Contenido
Portada
Dedicatoria
Mapa
Defensa Easton básica
Prólogo
Parte primera
Las cuatro líneas ritualísticas
1
Círculos de dos y cuatro puntos
2
Puntos de sujeción y círulos, notas avanzadas
3
La defensa Ballintain
4
El círculo de seis puntos
5
La defensa Matson
6
Parte segunda
Líneas de prohibición
7
La defensa Sumsion
8
La defensa Osborn
9
La defensa Estridge
10
Dibujos hechos con tiza encontrados en la escena de la desaparición de Lilly Whiting
11
Dibujo a tiza descubierto en la escena de la desaparición de Herman Libel
12
La defensa Jordan
13
Líneas de vigor primera parte: uso básico
14
Parte tercera
Programar tizoides
15
La defensa Shoaff
16
Círculos de nueve puntos
17
Solidez de la línea
18
Tipos de tizoides
19
Sujetar tizoides
20
Anclar círculos defensivos
21
Hacer rebotar líneas de vigor
22
La defensa Taylor
23
Dibujo del segundo piso de la residencia ritualística hecho por Joel
24
Defensa de Easton avanzada
25
Otros títulos del mismo autor
Infinity Blade. La espada infinita: redención
Aleación de ley
ritual

Para Joel Sanderson,cuyo entusiasmo nunca defallece.

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PRÓLOGO

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Lilly corría por el pasillo. De pronto se le apagó la lámpara y la arrojó a un lado, esparciendo petróleo sobre el papel de pared y la suntuosa alfombra. El líquido brilló a la luz de la luna.

La casa se hallaba desierta y silenciosa, salvo por la respiración aterrorizada de Lilly. Había renunciado a gritar. Al parecer nadie la oía.

Era como si la ciudad entera hubiese muerto.

Lilly irrumpió en la sala de estar y se detuvo, sin saber qué hacer a continuación. Un reloj de péndulo hacía tictac en el rincón, iluminado por los rayos de luna que entraban a través de los ventanales. Los edificios de la ciudad, de diez pisos de altura o más, se recortaban más abajo, con las vías del resortrén entrecruzándose entre ellos. Era Jamestown, el hogar de Lilly durante dieciséis años, toda su vida.

«Voy a morir», pensó.

La desesperación la impulsó a superar el terror. Apartó de un empujón la mecedora del centro de sala y acto seguido enrolló apresuradamente la alfombra para poder acceder al suelo de madera. Metió la mano en la bolsita sujeta a su falda con un cordón y sacó de ella un trocito de tiza, blanca como un hueso.

Arrodillándose sobre los tablones de madera, Lilly miró fijamente el suelo

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