Meditación. La primera y última libertad

Osho

Fragmento

Introducción

Introducción

Todo el mundo conoce esta sensación: llegar a casa y darte cuenta de que no recuerdas nada del viaje. Has vuelto perfectamente con el piloto automático puesto, mientras, al mismo tiempo, estabas inmerso en una especie de sueño diurno o trance. Es como si hubieses estado en una película imaginaria que sucedía en otro lugar.

Las investigaciones sugieren que los seres humanos pasamos la mitad de nuestras horas de vigilia en esos espacios «ausentes». Más extraño aún es que esas mismas investigaciones nos muestran que somos más felices cuando estamos presentes que cuando estamos ausentes, independientemente de lo que nos diga nuestra mente de lo poco que nos gusta la tarea que nos ocupa en ese momento.

¿La mitad de nuestras horas de vigilia? ¡Eso es la mitad de nuestra vida! Imagínate que vas al médico y te dice que tu estado actual ha reducido tu esperanza de vida a la mitad. ¿Y lo que te preocupa es la cantidad de sal que tomas en las comidas?

A lo largo de nuestra vida, resulta interesante ver con qué frecuencia la gente nos recuerda que asistamos a una reunión, o a un evento, o que no deberíamos perdernos una película o dejar de leer un libro. Esto ha sucedido siempre: recordatorios para que vayamos al colegio, al trabajo, a la iglesia, a las bodas de los amigos... Y, sin embargo, nadie nos recuerda que debemos estar presentes en nuestra propia vida.

No importa demasiado no asistir a la boda de un amigo, pero ¿no asistir a nuestra propia vida? ¿Y ser menos feliz en el proceso? Para una especie, en principio, tan inteligente como la nuestra, esta es una situación un poco extraña. Quizá no resulte tan sorprendente que el planeta Tierra esté hecho un desastre si caemos en la cuenta de que siete mil millones de personas están yendo por ahí con el piloto automático la mitad del tiempo.

¿Realmente podemos dudar de que las cosas vayan mejor cuando estamos presentes? Siempre resulta de gran ayuda estar presente, ya sea peleando para que nos salga a devolver el impuesto sobre la renta o paseando con un amigo.

Tienes que preguntarte de qué va todo esto. Parece como si estuviésemos funcionando con una versión de hardware/software que fue diseñada para un tipo de mundo, mientras estamos tratando de vivir en otro. Quizá solo se trate de esto. Hemos estado viviendo en los árboles millones de años. Olvídate de la cantidad de sal que tomas en las comidas. ¡Durante casi todo ese tiempo fuimos felices, simplemente evitando convertirnos en el desayuno de cualquier animal salvaje! Y, además, solo nos preocupaba cazar las mejores piezas para nuestras comidas. Ahora, la única caza en la que estamos empeñados es en rascar aquí o allá tratando de pagar la tarjeta de crédito.

De modo que los siete mil millones de sonámbulos a tiempo parcial que somos nos seguimos complicando la vida a nosotros mismos y a los demás, así como al planeta. Y como estamos medio dormidos, ni siquiera nos damos cuenta de lo que está sucediendo; olvídate de la posibilidad de disfrutarlo.

Al final, alguien tuvo que darse cuenta. Y cuando la gente se fijó en esta circunstancia, fue para descubrir que en eso consiste la meditación: estar presente y despierto.

Para el ser humano contemporáneo, posmoderno, es natural. Tiene más interés en su calidad de vida que en la cantidad de cosas que posee. Está más abierto a lo femenino, a la paciencia, y contempla los valores patriarcales como algo primitivo. Por contra, le interesa menos la autoridad externa, bien sea la religión o la ciencia, y en cambio indaga en su interior sobre qué es lo correcto. Quiere adecuar su vida a él mismo; no es un borrego fabricado en serie en busca de un pastor. Para este tipo de personas la vida en sí misma es un arte, no un medio para quién sabe qué.

Luego los académicos se dieron cuenta. Las mejores universidades estadounidenses cuentan con departamentos que están descubriendo que los meditadores envejecen más despacio, padecen menos estrés, están más sanos, son más considerados con los demás, son mejores líderes, más creativos, más productivos... Y por encima de todo, han descubierto que el cerebro es un órgano que tiene plasticidad. Es como un ordenador, que cambia dependiendo de cómo lo uses. ¡Solo depende de ti!

Más tarde, los empresarios se dieron cuenta. ¿Has dicho más productividad? Si estás pagando a alguien por trabajar, y se pasa la mitad del día soñando, seguro que te choca. Y ¿qué pasa con mi propia productividad? ¿No sería lógico estar presente en lo que estoy haciendo? Y ¿has mencionado el estrés y la salud? Dos tercios de las consultas médicas están relacionadas con molestias asociadas al estrés. Y luego todas las bajas laborales... Esto supone una cifra nada modesta de trescientos mil millones de dólares. Sin mencionar siquiera el sufrimiento de la gente.

O dicho de otro modo: ¿no sería bueno para ellos, para la empresa y para la comunidad, en general, una mano de obra implicada, entusiasta y saludable? No resulta sorprendente que en todas partes las empresas se estén moviendo en esa dirección: una cuarta parte de las compañías estadounidenses en este momento están ofreciendo algún tipo de programa para la reducción del estrés. Están comenzando a darse cuenta de que a las empresas con empleados que no están bien, a ellas tampoco les va bien.

Por eso, te importe o no tu propia situación, la de tus vecinos o la del mundo a tu alrededor, la meditación sería el lugar por donde empezar. De acuerdo, por lo menos deberíamos probarlo.

Antes de salir corriendo a ver qué es eso de la «meditación», hay un par de cosas importantes que deberías tener en cuenta. Las personas de hoy en día no son las mismas que aquellas a las que en el pasado les bastaba con «quedarse sentadas». Estamos empezando desde un lugar muy diferente. Vivimos en un mundo extremadamente complejo y sofisticado en el que interactúan ideas y emociones; un planeta y un estilo de vida muy diferentes al de los primeros meditadores. El hecho es que estamos emocionalmente cargados. No es extraño que los principales profesores de meditación y mindfulness se estén dando cuenta de que para la mayoría de las personas no funciona simplemente estar sentados. Y es posible que no funcione del todo para nadie. En pocas palabras: no puedes esperar poder relajarte si te encuentras sentado encima de un volcán.

Por este motivo, en este libro encontrarás una amplia variedad de meditaciones activas que te darán la oportunidad de dejarte ir de verdad, de dejar salir el vapor. Después, siéntate tranquilamente y comprueba la diferencia.

Al final, también te darás cuenta de que el enfoque de Osho sobre la meditación incluye muchos movimientos corporales o meditaciones basadas en el movimiento que a menudo incorporan el baile. Hoy en día todos hablamos de la mente y el cuerpo como una unidad. En el fondo, lo que normalmente queremos decir es que la

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