Venus triste

Ana Romero

Fragmento

Título

Prólogo

Se llamaba María Teresa Landa, pero la posteridad la conocería como la Viuda Negra.

Nació en 1910, un 18 de octubre. Trece días después de que Madero hiciera público el Plan de San Luis. Su padre siempre vio en ella el recordatorio de que el país se fue al carajo a los pocos días de que ella llegó. Su madre siempre supo que su hija, nacida bajo el signo de Libra y, por lo tanto, al amparo de Venus, no había llegado sólo a habitar el mundo, sino a revolucionarlo.

En ambas fotografías María Teresa es una mujer notable, aunque en una de ellas todavía tiene los rasgos de la niña que bregaba por dejar de serlo.

img-13

En la primera, tomada durante un paseo domi­nical, tenía medio año de haberse convertido en la primera Señorita México. Sesenta mil personas acudieron a su desfile triunfal.

img-14

En la segunda volvía a ser famosa, pero por haber asesinado a un general brigadier vaciándole encima el cargador de un revólver Smith & Wesson. La Viuda Negra mató a su marido el 25 de agosto de 1929.

También era domingo.

En la primera fotografía María Teresa era feliz. Tenía 17 años y en su tocador, por encima de polvos y perfumes, reinaba una muñeca. En la imagen sonríe y esa sonrisa descubre a la niña que sigue siendo: una que todavía juega a que la vida está por iniciar y se anuncia tan hermosa como ella misma. Y no es que el espejo o su madre lo digan, es que su belleza también ha sido declarada como la mayor del país, según lo declara la banda de Señorita México 1928, aunque para ese momento, su dueña sólo la recuerda cuando se la topa por casualidad en algún baúl; o al fondo del ropero, metida en una caja de zapatos, en vecindad de algunos recortes del semanario Jueves que jamás volvería a revisar. ¿Para qué más tendría necesidad de recordarla si, con o sin acreditaciones nobiliarias, tenía un reino entero a su disposición? El reino de La Vida Por Llegar.

¿Cómo no iba a sonreír? Hacía unas cuantas semanas se había casado con el amor de su vida e incluso su madre, Débora, su sostén, había terminado por aceptar el enlace con ese señor de dudoso pasado, con la suficiente edad para ser su padre y, para colmo, militar. Pero por su hija, por verle la sonrisa colgada de los labios, aceptó salir con la pareja, como lo atestigua la primera fotografía tomada en un airoso día de octubre, pongamos que en el transcurso de la celebración por el cumpleaños de la recién casada.

La segunda fotografía sí puede fecharse: 28 de noviembre de 1929, el día que comenzó el juicio del pueblo de México contra la Viuda Negra. Fue tomada en su dormitorio de la Cárcel de Belén, horas antes de que se encendieran miles de aparatos de radio para asistir, aunque fuera de oídas, al veredicto que daría el jurado popular, conformado por nueve varones elegidos por sorteo. Los periódicos calcularon que, además de las cien almas que alcanzaron boleto para entrar al Palacio Real de Belén, había unas seis mil abarrotando las inmediaciones del lugar en el primer día del juicio.

A duras penas puede creerse que se trata de la misma persona.

En la segunda imagen, una amiga y su madre acaban de asistir a María Teresa al momento de vestirse, cual si fuera una reina a punto de salir al balcón para que la turba exija su cabeza. Su madre sigue siendo su sostén, pero ya no hay sonrisas en ninguno de los dos rostros. Nunca volvió a haberlas.

En ambas fotografías aparece el mismo vestido. En la primera lo lleva Débora. En la segunda, su hija. Relevo. Cuerpos trasvasados.

El calendario indica que entre una imagen y otra hay poco más de un año, pero para María Teresa ha transcurrido la misma eternidad que habita tras el pestañeo que cambia la vida. Ésta es la historia de un pestañeo ocurrido una mañana de domingo.

Título

Sábado 24 de agosto de 1929. 22:15 hrs.

De soltera, a María Teresa siempre le gustó dejar abierta su ventana en las noches de verano, cuando la lluvia la sacaba de las gruesas paredes de la casa familiar para remontarla a tierras ignotas, a viajes jamás realizados.

img-17

Cuando ya casada regresó a la casa de sus padres y su recámara de hija de familia se vio colmada con la presencia de Moisés, le gustaba el sonido de la lluvia todavía más porque la música del agua ya no sólo la conducía a un anhelo, ahora también la hacía viajar al pasado, a los recuerdos felices, a una panga meciéndose en la laguna de Catemaco y, admirándola, a las demás mujeres que rondaban por allí y la instaban a protegerse con una hermosa sombrillita de encaje. Levísimo artefacto que no parece haber nacido para proteger, sino para ser protegido.

También le daba por acordarse de los cadetitos en ascenso tan comedidos con ella, quién sabe si por quedar bien con el general brigadier Moisés Vidal y Corro, o porque querían tocar la piel de la Señorita México, aunque fuera sólo la de la mano que rozaban cuando ella aceptaba el ofrecimiento de apoyo para subir a la lancha que, siendo tres tristes palos, adquiría magnificencia cuando los recién casados la usaban para surcar esa laguna en donde, dicen, habitan brujas.

Cuando Teresa oyó la lluvia caer aquella noche citadina de agosto, víspera de todo, no sintió presagio alguno, pura añoranza por aquellos, los días más felices de su vida en las aguas de su luna de miel en Catemaco.

—Pero ¿qué dices, mi alma?, ¿qué les falta en felicidad a estos días? Y los que están por venir todavía —replicó Moisés sin poder despegar los ojos del trasero de su mujer y ya pensando en futuros felices e inmediatos, cuando sus manos de volcán se prendieran al menor contacto con la brasa de aquel cuerpo que le pertenecía.

—Es un decir. El pasado siempre parece mejor —contestó Teresa con una sonrisa que delataba su condición de jovencita. De haber sabido que al reír dejaba asomar unos dientes que aún parecían de leche, habría dejado de hacerlo. Pero no lo sabía y la risa se le atropellaba en los labios desde muy temprano, cuando apenas abría los ojos.

—¿Qué bobadas dice mi Teye de días pasados? ¡Si son bien poqui­tos! Eres una chiquilla. Con 18 no se completan los años que hacen falta para juntar un pasado —r

Suscríbete para continuar leyendo y recibir nuestras novedades editoriales

¡Ya estás apuntado/a! Gracias.X

Product added to wishlist