“Me emociona mucho que este libro exista. El Eneagrama cambió rotundamente mi entendimiento sobre cómo amar a las personas que forman parte de mi vida, mejoró la calidad de mi matrimonio y me dio una visión del propósito de Dios para mi vida. Este libro facilita la comprensión del Eneagrama con historias prácticas, humor, calidez y un lenguaje claro. Necesitaré una caja, como mínimo”.
Shauna Niequist, autora de Savor [Saborea] y Bread and Wine [Pan y vino].
“¿Qué darías por resolver el misterio más grande del mundo? ¿Tu vida misma? ¿Por qué actuamos, pensamos, sentimos y creemos de la manera en que lo hacemos? No conozco una mejor herramienta que el Eneagrama. Y no conozco a mejores maestros para enseñar esta herramienta que mis amigos Ian Cron y Suzanne Stabile. Uso el Eneagrama en los negocios y en mi vida personal todos los días. El camino de regreso a ti abrirá tus ojos y verás lo más profundo de tu corazón”.
Michael Hyatt, coautor de Living Forward [Planifica tu futuro].
“Gracias a El camino de regreso a ti, agregué un volumen a la corta lista de libros que recomiendo a todo el mundo. Es imposible encontrar una mejor presentación del Eneagrama que este libro y es imposible encontrar mejores guías que Cron y Stabile. Si en la actualidad necesitamos una pizca de conciencia de nosotros mismos para orientarnos en la vida, este libro debe ser tu mapa”.
Nadia Bolz-Weber, autora de Accidental Saints [Santos por accidente].
“Cron y Stabile, dotados de un ingenio tan encantador como incisivo, nos ayudan a explorar nuestra vida interior al poner a nuestra disposición el misterio del Eneagrama. Si quieres comprenderte a ti mismo y comprender a aquellos que te rodean, este libro profundo y brillante es un excelente punto de partida”.
Wm. Paul Young, autor de The Shack [La cabaña].
“El Eneagrama fue un instrumento fundamental en mi travesía de descubrimiento personal y El camino de regreso a ti cumple con su cometido, al poner en manos de los cristianos modernos esta antigua herramienta”.
Michael Gungor, cantante y compositor.
“Un libro que todos deben leer y una guía complementaria para vivir de manera generativa en este viaje que dura toda la vida. El camino de regreso a ti, un libro con sabiduría, discernimiento y humor, crea un camino hacia casa colmado de dulzura y de gozo”.
Makoto Fujimura, artista, director del Centro Brehm del Seminario Teológico Fuller, autor de Silence and Beauty [Silencio y belleza].
“Ian Morgan Cron, junto con Suzanne Stabile, nos ha regalado otro libro escrito de manera oportuna y brillante. Hacía ya demasiado tiempo que necesitábamos un enfoque fresco y basado en la espiritualidad para ayudar a que las personas maduren en el conocimiento de sí mismas y en la compasión. Este es un manual encantador y razonado”.
Mark Batterson, pastor principal de la National Community Church y autor best seller del New York Times por el libro The Circle Maker [El hacedor de círculos].
“Yo era una novata en términos del Eneagrama y El camino de regreso a ti me brindó una manera placentera y accesible de examinar mis motivaciones y evaluar el mejor camino hacia el crecimiento y el desarrollo. Es un libro que deben leer todos aquellos que quieran comprenderse mejor a sí mismos y a los que los rodean”.
Jena Lee Nardella, cofundadora de Blood: Water, autora de One Thousand Wells [Mil pozos].
“Los libros que me ayudan a ser una mejor versión de mí misma ocupan un lugar especial en mi corazón. Con este libro, Ian Morgan Cron y Suzanne Stabile han cumplido su promesa de brindar una hoja de ruta hacia nuestro ser. El camino de regreso a ti te ayudará a encontrarte a ti mismo por primera vez”.
Claire Diaz-Ortiz, autora y emprendedora.
“El Eneagrama ha sido una herramienta poderosa para la transformación espiritual de mi vida, tanto es así que hoy soy una capacitadora certificada. Leí muchos de los libros disponibles sobre esta materia. Este es un análisis maravillosamente profundo del Eneagrama y la mejor noticia es que alcanzará tanto a los novatos como a los veteranos del Eneagrama”.
Anita Lustrea, Faith Conversations Podcast [Podcast de conversaciones sobre la fe], autora, oradora, capacitadora en medios.
Señor, que me conozca a mí, que te conozca a ti.
SAN AGUSTÍN
Ian: A Anne, Cailey, Aidan, Maddie y Paul, con amor.
Y a Wendell y Ella, mis queridos compañeros.
Suzanne: A Giuseppe, mi amor.
Y a Joey, Jenny, Joel y BJ, nuestra esperanza.
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UNA TEORÍA CURIOSA
DE ORIGEN DESCONOCIDO
Un sábado por la mañana, mi teléfono celular sonó a las siete. Hay una sola persona en todo el mundo que se atrevería a llamarme a esa hora.
—¿Habla mi hijo menor, Ian? —dijo mi madre, fingiendo que no estaba segura de haber llamado al número correcto.
—Sí, soy yo —respondí, siguiéndole la corriente.
—¿En qué estás trabajando? —preguntó ella.
En ese momento no estaba trabajando en nada. Estaba parado en la cocina, en calzoncillos, preguntándome por qué mi Nespresso emitía sonidos apocalípticos e imaginando todos los lamentables desenlaces que podría tener una conversación con mi madre en las primeras horas del día si mi cafetera se descomponía y yo no podía tomar mi primera taza del día.
—Estaba pensando en escribir un manual básico sobre el Eneagrama —respondí, agradecido al ver que un chorro de amor en forma de café llenaba mi taza.
—¿El sonograma? —preguntó ella.
—No, dije el…
—¿El anagrama? —dijo ella, una segunda pregunta antes de que yo pudiera frenarla.
—Eneagrama. ¡Eneagrama! —repetí.
—¿Qué es el a-nia-gra-ma? —dijo ella.
Mi madre tiene ochenta y dos años. Durante sesenta y siete de esos años, fumó cigarrillos Pall Mall, evitó hacer ejercicio y comió tocino con impunidad. Nunca necesitó gafas ni audífonos y es tan ágil y perspicaz que uno podría pensar que la nicotina y su falta de actividad fueron las claves para una vida larga y feliz. Había escuchado lo que yo dije la primera vez.
Sonreí y continué con uno de mis discursos de ventas del Eneagrama.
—El Eneagrama es un sistema antiguo que describe los distintos tipos de personalidad. Ayuda a las personas a comprender quiénes son y cuáles son sus motivaciones —dije.
Después de eso, se produjo un silencio largo y prácticamente sin sonido de la respiración del otro lado del teléfono. Sentí que había sido arrojado, de repente, a un agujero negro en una galaxia lejana.
—Olvida el angiograma. Escribe un libro acerca de ir al cielo y volver a la tierra —dijo ella—. Esos autores sí que ganan dinero.
Me sentí avergonzado.
—Pero deben morir primero.
—Esos son detalles —añadió ella y ambos nos reímos.
La respuesta indiferente de mi madre frente a la idea de escribir un libro sobre el Eneagrama me hizo reflexionar. Yo también tenía mis reservas con respecto al proyecto.
Cuando mi abuela no sabía cómo describir algo, decía que era “novedoso”. Sospecho que usaría esa palabra para describir el Eneagrama. Nadie sabe con certeza cuándo, dónde ni a quién se le ocurrió la idea de este mapa de la personalidad humana. Lo que sí queda claro es que ha sido una obra en construcción durante mucho tiempo. Algunas personas sostienen que su origen se remonta a un monje cristiano llamado Evagrio, cuyas enseñanzas sentaron las bases para lo que, con el tiempo, se convirtió en los siete pecados capitales, y a las madres y los padres del desierto del siglo IV, quienes lo usaban para brindar consejería espiritual. Otras personas dicen que algunos elementos del Eneagrama también aparecen en otras religiones del mundo, tales como el sufismo (la tradición mística del islam) y el judaísmo. Durante los comienzos de la década de 1900, un profesor, sin duda extraño, llamado George Gurdjieff usó la figura geométrica de la estrella de nueve puntas, el Eneagrama, para enseñar materias esotéricas que no estaban relacionadas con los tipos de personalidad. (Sí, ya sé. Si terminara la historia en este punto, podría agregar a Harrison Ford y a un mono y ya tendría la historia de fondo para una película de Indiana Jones. Pero aguarda un momento, la trama se aclarará.)
En los comienzos de la década de 1970, un chileno llamado Óscar Ichazo se encontró con el Eneagrama e hizo aportes importantes, así como uno de sus alumnos, un psiquiatra con capacitación en los Estados Unidos llamado Claudio Naranjo, quien lo desarrolló con mayor profundidad mediante la incorporación de conocimientos de la psicología moderna. Naranjo llevó el Eneagrama a los Estados Unidos y se lo presentó a un grupo reducido de estudiantes en California, incluido un sacerdote católico de la orden jesuita y formador en la enseñanza del Sabbat del Seminario de Loyola, llamado padre Robert Ochs.
Ochs, asombrado por el Eneagrama, regresó a Loyola, donde se lo enseñó a los seminaristas y los sacerdotes. Pronto se hizo conocido entre el clero, los directores espirituales, los líderes de los retiros y los laicos como una herramienta útil para la formación espiritual cristiana.
Como si sus orígenes sospechosos no fueran suficientes para espantar a los indecisos, no hay evidencia científica que compruebe que el Eneagrama es una determinación confiable de la personalidad. ¿A quién le importa que millones de personas afirmen que es acertado? El protagonista del documental Grizzly Man pensó que podía hacerse amigo de los osos y todos sabemos cómo terminó la historia.
Entonces, ¿qué fue lo que me hizo pensar que era una buena idea escribir un libro acerca de un sistema arcaico que describe los tipos de personalidad, dudoso en cuanto a su historia y que carece de evidencia científica?
Para responder a esta pregunta necesito presentarte a un monje alto, con gafas, una mirada cómplice y una sonrisa compasiva llamado hermano Dave.
Durante varios años, serví como el pastor fundador de una iglesia en Connecticut. Amaba a las personas pero, en el séptimo año, la asistencia a nuestro servicio de los domingos estaba cerca de las quinientas personas y yo estaba por quedarme sin fuerzas. Era evidente que la iglesia necesitaba un pastor con dones diferentes, alguien que tuviera las manos firmes en el timón, en lugar de un espíritu emprendedor como el mío.
Por tres años lo intenté todo —menos una cirugía— para transformarme en el tipo de líder que creía que la iglesia necesitaba y quería que yo fuera; sin embargo, este proyecto estaba destinado al fracaso desde el inicio. Cuanto más intentaba, peor se ponían las cosas. Di más pasos en falso que un joven que atraviesa un campo minado calzando zapatos de payaso. Cuando me fui, había mucha confusión, resentimiento y malentendidos. El final me rompió el corazón.
Después de mi partida, me sentía desilusionado y confundido. Con el tiempo, un amigo que estaba preocupado por mí me animó a visitar al hermano Dave, un monje benedictino y director espiritual de setenta años.
La primera vez que vi al hermano Dave él vestía su hábito negro y sus sandalias, y estaba parado en la rotonda cubierta de césped que está ubicada al final de la entrada del monasterio, con ansias de saludarme. Todo lo que hacía, desde la manera en que usaba sus dos manos para tomar las mías hasta la forma en que sonrió y dijo: “Bienvenido, viajero, ¿le puedo preparar un café?”, me indicaba que estaba en el lugar preciso.
Algunos monjes se pasan la vida en la tienda de regalos del monasterio, donde venden velas votivas y ruedas de queso casero, pero el hermano Dave no era uno de ellos. Era un director espiritual sabio que entendía cuándo consolar y cuándo confrontar.
Durante nuestras primeras sesiones, el hermano Dave me escuchó con paciencia mientras yo relataba el listado de confusiones y errores que había cometido en mi ministerio que, en retrospectiva, me desconcertaban. Pensaba cómo pude haber dicho y hecho tantas cosas que, en su momento, parecían correctas pero, al recordar el pasado, claramente no tenían sentido y me herían o herían a otras personas. ¿Cómo se le podía permitir a una persona con tantos puntos ciegos manejar un carro? Me sentía como un extraño en mi propio cuerpo.
En nuestra cuarta sesión, ya comenzaba a sonar como un senderista perdido a punto de delirar, que buscaba el camino para salir del bosque mientras debatía en voz alta consigo mismo acerca de cómo era que se había perdido, en primera instancia.
—Ian —dijo el hermano Dave, quien no me permitió continuar deambulando—. ¿Por qué estás aquí?
—¿Disculpe? —dije yo, como si alguien acabara de tocarme el hombro para despertarme de mi fantasía.
Él sonrió y se inclinó hacia adelante en su silla.
—¿Por qué estás aquí?
Dave solía plantear preguntas que, en principio, parecían tan simples que eran ofensivas, hasta que uno intentaba responderlas. Miré por las ventanas de vitral emplomadas que estaban en la pared ubicada detrás de él. A través de ellas, divisé un olmo gigante y pude ver cómo las puntas de sus ramas se doblaban hacia la tierra debido al peso del viento. Intenté encontrar los términos para exteriorizar lo que quería decir, pero no lo logré. Las palabras que se me ocurrieron pertenecían a otra persona, pero reflejaban perfectamente lo que deseaba expresar.
—Porque lo que hago no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago —dije, sorprendido de que un joven a quien le costaba recordar su número de celular pudiera sacar las palabras de Romanos 7 del sombrero.
—Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago —respondió el hermano Dave, citando un versículo del mismo capítulo.
Permanecimos en silencio por un rato, reflexionando acerca de las palabras de Pablo, las cuales giraban y brillaban en el aire entre nosotros como motas de polvo en un haz de luz solar.
—Hermano Dave, no sé quién soy ni cómo terminé en este problema —confesé y acabé con la fantasía—. Pero estaría agradecido si usted pudiera ayudarme a averiguarlo.
El hermano Dave sonrió y se sentó en su silla.
—Muy bien —dijo—. Ahora sí podemos comenzar.
En nuestra siguiente reunión, el hermano Dave me preguntó:
—¿Estás familiarizado con el Eneagrama?
—Un poco —dije yo, mientras cambiaba de posición—. Pero es una historia un poco loca.
El hermano Dave hizo muecas y se rio mientras yo relataba mi primer encuentro con el Eneagrama. Esto había sido en los comienzos de la década de 1990, cuando era un estudiante universitario en un seminario conservador. En un retiro de fin de semana, me topé con una copia del libro del padre Richard Rohr, Discovering the Enneagram: An Ancient Tool for a New Spiritual Journey [Descubriendo el Eneagrama: una herramienta ancestral para emprender un nuevo camino espiritual]. En este libro, Rohr describe las características y las motivaciones internas que conducen a cada uno de los nueve tipos básicos de personalidad del Eneagrama. Sobre la base de mi experiencia de vida y de lo que había aprendido en mi capacitación como consejero, las descripciones de los tipos que hacía Rohr eran increíblemente acertadas. Estaba seguro de que había encontrado un recurso asombroso para los cristianos.
El domingo por la mañana, le pregunté a uno de mis profesores si había oído hablar de él. Si hubieras visto su cara, pensarías que yo dije pentagrama.
—La Biblia condena los conjuros, la hechicería, el horóscopo y las brujas —me dijo él, pero yo no recordaba haber visto nada de eso en el libro. También me dijo que lo debería desechar de inmediato.
En ese tiempo, yo era un evangélico joven y susceptible y, aunque mi intuición me decía que la reacción de mi profesor era casi paranoica, seguí su consejo (salvo por lo de tirarlo a la basura). Para los bibliófilos, este es el pecado imperdonable que entristece al Espíritu Santo. Sabía perfectamente en qué estante de mi estudio estaba la copia subrayada del libro de Rohr.
—Es una lástima que tu profesor no te haya animado para que estudiaras el Eneagrama —me dijo el hermano Dave—. Está lleno de sabiduría para las personas que quieren dejar de ser un obstáculo para sí mismos y vivir la vida para la que fueron creados.
—¿Qué significa “salir de sus propios caminos”? —pregunté, con la certeza de que había querido hacer eso muchas veces en mi vida, pero simplemente no sabía cómo hacerlo.
—Está relacionado con el autoconocimiento. La mayoría de las personas dan por sentado que comprenden quiénes son, pero no es verdad —explicó el hermano Dave—. No se cuestionan las lentes a través de las cuales ven el mundo, de dónde surgieron o cómo moldearon sus vidas; ni siquiera se cuestionan si ofrecen una visión verdadera o distorsionada de la realidad. Lo más preocupante es que la mayoría de las personas no son conscientes de que las cosas que los ayudaron a sobrevivir cuando eran niños son las que impiden su desarrollo como adultos. Están dormidos.
—¿Dormidos? —respondí, con un gesto de confusión.
El hermano Dave miró hacia el techo por un momento y frunció el ceño. Ahora era él quien buscaba la combinación de palabras acertada para responder una pregunta que, aparentemente, era muy sencilla.
—Lo que no sabemos acerca de nosotros puede dañarnos y, sin lugar a duda, lo hará; y también lastimará a los demás —dijo él, mientras se señalaba a sí mismo y me señalaba a mí—. Mientras no sepamos cómo vemos el mundo y cómo nuestras heridas y creencias nos moldearon, seremos prisioneros de nuestra historia. Continuaremos viviendo en piloto automático y haciendo cosas que nos lastiman y confunden, a nosotros y a quienes nos rodean. Con el tiempo, estaremos tan acostumbrados a cometer los mismos errores vez tras vez que estos terminarán haciéndonos dormir. Necesitamos despertar.
Despertar. Eso era lo que más quería en el mundo.
—El trabajo con el Eneagrama permite que las personas desarrollen el tipo de autoconocimiento que necesitan para comprender quiénes son y por qué ven el mundo y se relacionan con él de la manera en que lo hacen —continuó el hermano Dave—. Cuando eso sucede, puedes comenzar a abandonar tus hábitos perjudiciales y parecerte más al modelo de persona que Dios proyectó para ti.
Habiéndose enterado de que se había cancelado su compromiso de la tarde, el hermano Dave pasó más tiempo conmigo para hablar acerca de la importancia del autoconocimiento en el camino espiritual, sobre cómo, tal y como lo expresó Juan Calvino, “sin conocimiento de uno mismo no hay conocimiento de Dios”.
—Durante varios siglos, excelentes maestros cristianos dijeron que conocerse a uno mismo es tan importante como conocer a Dios. Algunas personas dicen que esto es una teoría psicológica que solo sirve para sentirse bien, pero, en realidad, es buena teología —dijo él.
Por un momento, pensé en todos los maestros de la Biblia y los pastores que conocía que habían hecho cosas que al final acabaron con su vida y su ministerio, quizá a gran escala, debido a que no se conocían a sí mismos ni conocían la capacidad de los seres humanos para autoengañarse. Estudiaban y conocían la Biblia de tapa a tapa, pero no se conocían a sí mismos. Pensé en cuántos matrimonios cristianos se desmoronaron, sobre todo, porque los cónyuges no comprendían el esplendor y la decadencia que cargaban en su alma.
Luego pensé en mí. Siempre creí que era más consciente de mí mismo que la mayoría de las personas, pero los tres años anteriores me habían enseñado que todavía tenía mucho por aprender sobre el autoconocimiento.
El hermano Dave miró su reloj y se puso de pie lentamente.
—El próximo mes no estaré aquí porque debo liderar unos retiros —anunció mientras se estiraba para activar de nuevo la circulación sanguínea, luego de pasar casi dos horas sentado mientras conversábamos—. Mientras tanto, sácale el polvo a tu copia del libro de Rohr y vuelve a leerlo. Notarás que explica el Eneagrama desd