Flores negras

Lara Siscar

Fragmento

cap-3

—¿Hola? ¿Hay alguien al otro lado?

—¿Berta?

—Sí, soy yo. Te escucho. Te escuchamos.

—No sé cómo empezar.

—No hay prisa. Si quieres podrías decirnos dónde estás.

—…

—¿Sigues ahí?

—Sí, sí. Aquí sigo. Perdona. Es que esto es muy pequeño.

—¿Pequeño?

—Sí, el pueblo. Es que no sé cómo empezar.

—Dar el primer paso es lo peor. No tengas prisa. No tenemos prisa. Llamar es lo más difícil.

—No creo. Lo difícil vendrá después. En cuanto cuelgue.

—Queremos ayudarte.

—…

—Si quieres.

—Quiero, pero tengo miedo.

—Aquí no juzgamos.

—Aquí sí.

—Pero ahora estás con nosotros y tenemos toda la noche. Lo que necesites.

—Lo siento, no puedo.

—¿Entonces? Has llamado porque tenías algo que contar, ¿no? Para compartir.

—Sí… supongo que sí.

—Pues adelante. Nosotros ni juzgamos ni culpamos.

—Tampoco creo que sea culpa mía.

—Nadie busca culpables.

—Pues los hay.

—Pero no es nuestro cometido señalarlos.

—Mira, déjalo, da igual.

—¿Prefieres colgar?

Y bum. Sonó un disparo como el trueno que sigue al rayo de Zeus.

cap-4

En el valle

Y le siguió un eco que resolvió toda duda: era un disparo. De escopeta. Todo el que tenía un reloj a mano lo miró.

Las dos y cuarto.

cap-6

En la radio

—¡Su puta madre! ¡Su puta madre!

—¡Música! ¡Música te digo!

—¡¿Qué mierda de música quieres que ponga?!

—¡Un sinfín! ¡Pon un sinfín! ¡Cabecera! ¡Cabeceraaa!

Y el medio millón de oyentes, más o menos, que a esa hora no estaban muy seguros de lo que había pasado pero que no podían dejar de imaginarlo, escucharon estupefactos una voz masculina, profunda, que les erizó el vello de la nuca: «En la vida ya pagas demasiadas comisiones…».

—¡¡Quita la publi, gilipollas!!

Y enseguida, casi cuando debía, sonó «Blue Monk», de Thelonious Monk. A los más imaginativos les pareció lo mejor de la jornada. Al resto les fue imposible concentrarse en la melodía; la adrenalina electrizaba mentes y potenciaba extremos. Había mucho que husmear, los dedos temblaban; una noche entera por delante y toda una historia deconstruida que tuitear.

cap-7

En el cementerio

Nunca entendió Berta por qué la gente se extrañaba de que ella saliese a correr por La Almudena. Comprendía que la superstición y el miedo a las cosas de los muertos, aún hoy, hacían de las visitas al cementerio algo trascendente. Eso y la falta de costumbre. Nunca había demasiada gente, a no ser que fuese 1 de noviembre. La reticencia del personal a aceptar con normalidad que La Almudena se utilizase como un espacio más le parecía fuera de lugar. Un sentimiento antiguo. Viejo. Se impresionaban como si de verdad hubiese algo de transgresión en un gesto que a ella le parecía natural. Si te alejabas lo suficiente del muro perimetral, el tráfico no se oía. Ni el parque del Retiro a primera hora era tan apacible, tan poco ciudad.

Berta corría concentrándose en hacer de sus pasos vuelos, jugando a que apenas sonasen en la grava, a dejar poca huella. Movimientos ligeros, cada vez más leves. Imagina que flotas, pensaba, y al menos conseguirás no trotar como un animal de carga. Cuando Berta corría se convencía de que era un samurái. O un ninja. Era su manera de meditar.

No seguía rutas fijas porque las ciento veinte hectáreas del cementerio de La Almudena dan para perderse sin temor a no regresar. ¿Qué podía pasar en un recinto cerrado con más habitantes bajo tierra de los que tiene la ciudad a pleno rendimiento? No había coches ni semáforos; no había perros ni niños. Nada móvil con lo que tropezar. Por eso, porque no tenía que prestar atención a nada más, se concentraba en respirar, y a la parte de cerebro que le quedaba libre le daba por la ensoñación. Así llegó una vez a resolver la trama de una novela complejísima que no escribió jamás.

Berta sólo tenía un límite en sus carreras: el paso de un cortejo fúnebre. Si asomaba el coche de muertos, abandonaba la ruta por el primer ramal. Una tipa en zapatillas de colores haciendo footing no era el mejor recuerdo para alguien que se encuentra en plena despedida. Se requería un gran sentido del humor para sacar partido a esa imagen, y no todo el mundo lo tenía. Era mucho arriesgar. Dejó de correr con auriculares el día que no oyó que le llegaba un muerto por la espalda. A Berta aún le escocía la mirada de la viuda, o de la hermana, o de la hija. No había manera de saber quién sería aquella mujer sufriente, pero daba igual, la cuestión es que el conductor del coche fúnebre tuvo que dar un toque breve de claxon para pedir paso. Y el susto que se llevó. De un salto se plantó sobre una lápida a ras de suelo que le hizo de cuneta. Qué vergüenza tan intensa.

Renunciar a la música potenció la avalancha de pensamientos agolpándose en su cabeza, en ocasiones de forma violenta. El absurdo dice que no hay mal que por bien no venga, algo con lo que nunca estuvo de acuerdo Berta. Los males vienen. Y casi siempre solos.

Todos los pensamientos giraban alrededor de lo ocurrido la noche anterior, porque, de verdad, con la de emisoras que había, ya era mala suerte que hubiese tenido que llamar a la suya. Y en esa época, además. Con la mierda del Twitter dando alas al mundo entero en plan jurado popular. Había sido furiosamente insultada incluso desde Canadá.

Lo bueno de correr por La Almudena era que ese rato la ayudaba a relativizar. Cruzarse con lo que quedaba de Vicente Aleixandre, Dolores Ibárruri o Millán Astray hacía que todo lo demás perdiese solemnidad.

Berta había decidido seguir la ruta que le marcase la sombra, así que no tuvo ni que pararse a pensar en qué tumba de esquina hacer el giro. Subió unas escaleras, se desvió hacia un baño que avistó a lo lejos y forzó el ritmo en una cuesta. A la media hora llegó hasta la placa que nunca nunca aparecía cuando la buscaba:

LAS JÓVENES LLAMADAS

«LAS TRECE ROSAS»

DIERON AQUÍ SU VIDA POR LA LIBERTAD

Y LA DEMOCRACIA EL DÍA 5 DE AGOSTO DE 1939.

EL PUEBLO DE MADRID RECUERDA SU SACRIFICIO.

5 DE AGOSTO DE 1988

Tampoco era para tanto lo de Berta. Eso pensaba ella. Tampoco es para tanto lo mío, no hay que exagerar. Tocó la tapia y le dio la espalda.

Suscríbete para continuar leyendo y recibir nuestras novedades editoriales

¡Ya estás apuntado/a! Gracias.X

Product added to wishlist