Money Mindfulness

Cristina Benito

Fragmento

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La gran pregunta

En los últimos tiempos se habla mucho de la capacidad de prestar atención a nuestro cuerpo y nuestra mente a través del mindfulness, que es una adaptación moderna de la meditación que enseñaba Buda hace dos milenios y medio.

Así como los meditadores son conscientes de cada respiración para vivir con plenitud sin dejarse arrastrar por el caos, la salud de nuestras finanzas personales también depende de lo conscientes que seamos de ellas.

A lo largo de mi carrera como economista me han hecho muchas veces la gran pregunta: «¿El dinero da la felicidad?», que va unida a otra pregunta complementaria: «¿Se puede ser feliz en esta vida?». Y mi respuesta para ambas es: depende de en qué inviertas tu dinero y tu vida.

Puede resultar chocante, pero la mayoría de las personas no son conscientes de cómo es su relación con el dinero, y eso les provoca toda clase de problemas que les impiden ser felices. En este punto podemos retomar la clásica pregunta para llegar a una conclusión:

El dinero no lleva necesariamente a la felicidad, pero una mala relación con él es un camino seguro hacia la infelicidad.

En ese sentido, el money mindfulness (al que a partir de ahora me referiré como MM cada vez que hable de la conciencia del dinero) es una vía directa para evitar amargarnos la vida con algo que fue creado para facilitarla.

Al entender el dinero y hacernos responsables de él, tomamos las riendas de nuestra vida. Y eso nos permite ser libres, con independencia de que tengamos mucho o poco. Y es que el MM no tiene que ver con cuánto poseas, sino con prestar atención al dinero, al igual que el meditador se fija en el aire que pasa por sus fosas nasales. Esto, y nada más, nos permitirá aprender a generarlo, conservarlo y multiplicarlo a través de las nueve leyes que iremos descubriendo a lo largo de este libro.

imagen Un poco sobre mí

Dado que vamos a pasar muchas horas juntos, considero necesario presentarme antes de sumergirnos en las claves del MM.

Nací en el seno de una familia numerosa de los setenta. Fui la pequeña de ocho hermanos y crecí con pocas cosas a mi alrededor, pero con mucho amor.

Mi casa era un matriarcado, como lo había sido en las generaciones anteriores. Además de trabajar como auxiliar de farmacia en un hospital, mi madre llevaba el peso de la casa y de nuestra educación, todo ello con mucho apoyo de mi abuela y de mis tías, que vivían en el mismo edificio. Mi padre trabajaba sin descanso en la empresa de conservas que antes había pertenecido a mi abuelo.

Siempre parecía que el dinero faltaba. No obstante, salíamos adelante.

Durante años, esta cuestión fue un misterio para mí. Habría jurado que mi madre hacía cada mañana el milagro de los panes y los peces, pero con el tiempo he comprendido que se trataba de algo mucho más sencillo. Ella no hacía una planificación minuciosa más allá de lo que permitía un lápiz y una libreta, pero era consciente de cada gasto, de lo que costaban las cosas que compraba y, especialmente, de la utilidad o la satisfacción que nos reportaban.

Nos enseñó a no vivir por encima de nuestras posibilidades y, sobre todo, a recibir como un regalo precioso cada cosa que se salía de lo rutinario, sin dar nada por garantizado. Era una maestra a la hora de estirar el dinero, por lo que he incluido alguno de sus trucos prácticos en este libro.

Por mi parte, yo utilizaba la paga de los domingos para las actividades de ocio típicas de una chica de la época. Comía pipas, iba al cine y ahorraba lo que sobraba.

Pronto empecé a trabajar durante los veranos y también algunas horas durante el curso. Con ello pagué mis primeros viajes, además de comprarme ropa, algo que siempre me ha encantado. Es curioso que todavía me acuerde de las prendas que adquirí en aquella época, aunque han pasado más de veinticinco años. Eso es porque, por aquel entonces y gracias al ejemplo de mi madre, era muy consciente del valor de cada céntimo.

Cuando empecé la carrera de económicas, lejos de mi ciudad, desde el principio me fascinó esta ciencia que analiza, según su definición, cómo satisfacer las necesidades humanas con recursos escasos. Había asignaturas de microeconomía, en las que estudiábamos el modo en que el comportamiento de hogares y empresas afecta a la oferta y la demanda de bienes y servicios, qué determina los precios… Y también de macroeconomía, que estudia la inflación, los tipos de interés y de cambio, la deuda, el déficit…

Mi primer trabajo a tiempo completo fue en AB Asesores, una de las sociedades de valores más influyentes en la década de los noventa. Luego fue adquirida por la multinacional Morgan Stanley, para la que continué trabajando varios años como asesora de finanzas personales. Informaba y aconsejaba a mis clientes de forma global sobre sus inversiones para maximizar su rentabilidad financiera y fiscal.

Me pasaba el día hablando de dinero. Y mientras invertía el capital de otros, aprendí cosas que me han sido de gran utilidad y que voy a explicar en este libro. Una de ellas es que nuestra relación con el dinero es un reflejo fiel del grado de claridad o confusión que tenemos acerca de nosotros mismos.

Buscando una vida menos estresante, saqué unas oposiciones que me permitieron trabajar para mi gobierno autonómico, primero como auditora y más tarde en Hacienda.

Cuando parecía que teníamos todo lo que podíamos desear, mi marido y yo decidimos hacer un cambio en nuestra vida y nos mudamos a Londres, una ciudad en la que todo gira alrededor del dinero y cuyos habitantes hablan de él sin ningún pudor.

Nueva aventura, nuevos comienzos. Mientras perfeccionaba el idioma trabajé en una tienda de New Bond Street, una de las calles más lujosas del mundo. Veía pasar por la caja tarjetas transparentes, negras, verdes, de oro, de platino. Los tíquets de compra eran astronómicos, pero me di cuenta de que los quebraderos de cabeza, las discusiones y los anhelos de los clientes eran los mismos que los de cualquier mortal.

Parece que el dinero es un problema para todo el mundo. Quien tiene mucho se preocupa por cómo invertirlo, cómo conseguir más; se pregunta si la gente que le rodea está con él o con ella por su riqueza… El que tiene poco se siente fracasado, se aísla o se endeuda más de la cuenta, pretendiendo llevar un tren de vida que no puede permitirse.

Fue entonces cuando dentro de mí empezó a brotar la idea de escribir este libro. Si tomamos conciencia del funcionamiento del dinero, también en nuestra mente, es perfectamente posible tener una relación amable y equilibrada con él.

El MM te permitirá ostentar el control de tu vida y ser tú quien tome las decisiones en lugar de ir a remolque de tu situación financiera.

En este sentido, si lees y aplicas las claves que veremos a lo largo de este libro, lo que has pagado por él será la mejor inversión de tu vida.

CRISTINA BENITO

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DEL

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