Tierra mínima

Fernando Butazzoni

Fragmento

Tierra mínima

Noticia y prólogo

Eduardo Bleier fue secuestrado por militares uruguayos en Montevideo el 29 de octubre de 1975. Estaba casado, tenía cuatro hijos, andaba clandestino, era dirigente del Partido Comunista, tocaba el violín, hacía propaganda contra la dictadura, luchaba. Y era judío. Un judío comunista. En los interrogatorios, sus captores lo torturaron con saña durante meses hasta matarlo, y para concluir la faena lo desaparecieron. Judío rojo, le gritaban cuando aún estaba vivo, reventado pero vivo. Y también le decían judío de mierda. Lo buscó su mujer, lo buscaron sus hijos, sus compañeros, lo reclamaron desde la ONU, la OEA, la Cruz Roja, Amnistía Internacional. Nada, ningún rastro.

Un equipo de antropólogos forenses encontró sus restos cuarenta y cuatro años después, sepultados en los fondos de un cuartel del Ejército. Esqueleto completo, desnudo, enterrado a un metro de profundidad y cubierto de cal, casi en la orilla de un arroyo. Primero fue una mancha blanca en la tierra marrón. Después un hueso, el cráneo. Así comenzó el rescate.

Ese día, a pesar de la niebla y los silencios, con la ayuda de un puñado de científicos Eduardo Bleier empezó a regresar de esa condición espectral que es la desaparición, un estado donde la vida y la muerte rondan en la memoria de los otros, los que buscan y no se resignan al olvido. Uno de sus hijos lo expresó con esa lucidez que solo puede nacer de la poesía: «Un día desapareció y otro lo mataron y después vino».

Un desaparecido es alguien forzado a atravesar todos los límites para ubicarse en un territorio dominado por la incertidumbre. Es quien es sin ser. Quien está sin estar. Emerge un trastorno simbólico, un vacío, viene el desespero y luego la desesperanza y después la porfía. Hasta que por fin lo encuentran y comienza el retorno. No hay celebración sino duelo, no hay alegría sino tristeza. Las verdades de unos prevalecen, las mentiras de otros se derrumban. El empeño sigue. Como un viajero del tiempo, el desaparecido regresa de aquella aparente nada del pasado y se hace presente.

Aquí se relata apenas uno de esos regresos, un descubrimiento, la recuperación. Fue una jornada de treinta y nueve horas sin sueño ni descanso, marcada por los apremios de una carrera contra las aguas de una inundación. Antes había sido la pulseada de años con fracasos y amenazas y, después del hallazgo, el trabajo minucioso para encontrar en esos huesos las huellas de un nombre y una vida. Este libro cuenta esa historia, que es también la historia de muchas otras proezas de antes y de ahora, todas de apariencia mínima y sin embargo esenciales, porque en lo chico está lo grande, como está la madera en el palito.

1

Suscríbete para continuar leyendo y recibir nuestras novedades editoriales

¡Ya estás apuntado/a! Gracias.X

Añadido a tu lista de deseos