Fotocopias

John Berger

Fragmento

Contents
Índice
Fotocopias-1.xhtml

 

 

 

 

Para Wolfram Schütte, de la Frankfurter Ruadschan, que fue el padrino y primer editor de estas fotocopias.

Fotocopias-2.xhtml

1. Un hombre y una mujer bajo un ciruelo

Cerca de las siete, un coche amarillo se paró junto a la casa. Era el amarillo de las furgonetas de correos francesas. Pero éste tenía matrícula española. Llevaba el capó pegado con trozos de cinta adhesiva. También pintada de amarillo. Pero no exactamente el mismo. El coche quedó aparcado, no obstante, donde nadie había aparcado antes. Era un sitio razonable. No obstruía. Pero hasta entonces nadie lo había visto.

La conductora iba vestida con pantalones vaqueros y una polvorienta camisa negra con botones blancos. Venía de Galicia.

La había visto una vez en mi vida. Durante cinco minutos, en Madrid. Había ido a presentar un libro, y al terminar, una mujer de unos treinta años se acercó y me dio un rollo de papel marrón. Es un regalo para ti. Lo desenrollé y vi un dibujo. Me dijo que se ganaba la vida restaurando frescos en las iglesias. Cuando echas agua a algo que está cubierto con cal, el blanco se diluye y vuelve a aparecer el color que había debajo. Pero luego, al secarse, muchas veces se queda blanquecino. Incluso te puede pasar con tus propias uñas. Cuando la mujer me dijo que restauraba frescos, me pareció ver esta pátina blanquecina en sus ropas, en las palmas de sus manos. Antes de poderle preguntar nada más, había desaparecido.

Más tarde miré su dibujo. Tenía algo que ver con el mundo de los peces. Me habría gustado darle las gracias, pero no me había quedado con su nombre y no era fácil descifrar la firma en el dibujo. El nombre empezaba con M, y el apellido, me pareció ver, con una C.

Ahora esta desconocida restauradora de frescos había aparecido inesperadamente. Me enteré por fin de cómo se llamaba. Hablamos de unas cosas y otras: de Galicia, de los campesinos, de Paul Klee, de la Documenta de Kassel. De nada en concreto. No había venido a hablar.

Vino como uno de sus dibujos del mundo de los peces o, tal vez, del mundo animal. Vive con animales. Con ciertos animales. Conoce sus secretos, que para ellos no son tales secretos, sino sólo para nosotros. No creo que haya escogido los animales con los que vive; supongo que fueron ellos los que la escogieron. Lo que no es extraño, si se piensa que son ellos los que viven en ella. Los que la habitan. Estaban sentados junto a ella en la mesa, invisibles.

Vive con ellos como uno vive con sus riñones, su esófago o su vesícula. Si la diseccionaran sobre una mesa de operaciones, no se verían sus animales, como tampoco encuentran osos ni zorros ni pájaros carpinteros los leñadores cuando talan los árboles del bosque.

Van y vienen sus animales, y ella es consciente de cada partida, de cada nueva llegada. La irritan, la estimulan y, sobre todo, le enseñan tr

Suscríbete para continuar leyendo y recibir nuestras novedades editoriales

¡Ya estás apuntado/a! Gracias.X

Product added to wishlist