No todos los besos son iguales

Élmer Mendoza

Fragmento

Título

UNO

Aaaahhh, la Bella Durmiente se incorporó agitada, respirando grueso, desconcertada. Oh ah, pelo dorado revuelto, piyama de pequeñas flores, telarañas en los ojos. El hada guardiana, que desde el hechizo cuatro años atrás se encargaba de vigilarla, se acercó temerosa y sorprendida. Oh ah, ¿está despierta, Bella Durmiente? La chica la contempló y experimentó una profunda aversión: ¿Y este engendro?, pensó. No, estoy en mi peor pesadilla, enana patagorda, ¿estás ciega? Disculpe. ¿Quién eres, qué haces aquí? Voz gruesa, impositiva. Soy Plumantela, el hada que la cuida, y estamos en la torre del castillo de su padre, el rey Guasave, y de su madre, la reina Cosalá. ¿Qué hacemos aquí, por qué no estoy en mis aposentos? Alatela le había anticipado: Cuando despierte no recordará nada. Seguramente no te tocará a ti porque sólo la cuidarás cincuenta años, pero es bueno que lo sepas; se pondrá furiosa e impertinente.

No obstante, algo había ocurrido para que despertara antes, porque las hadas no se equivocan, ¿o sí? Oh ah, querida princesa. Déjate de arrumacos y explícame, ¿qué pasó con mis damas de compañía, qué hacemos en este inmundo cuchitril? Ellas están abajo, con todos. Llámalas, su lugar es a mi lado, que se apuren. Se sentó, colocó dos almohadas en la cabecera y se recargó, sintió un poco de pereza. Permítame que le cuente su historia. ¿Historia, qué historia? No estoy de humor para cuentos. Oh ah, hace cuatro años usted cumplió quince: todas las hadas, menos una, fuimos invitadas a otorgarle dones, yo le concedí el de la orientación; cuando terminamos, usted estaba feliz, dispuesta a recibir a sus chambelanes y aparecer en el salón principal; pero llegó Espolonela, que ahora se hace llamar Crestacia, y le plantó un hechizo con el que usted dormiría cien años y sólo podría despertar con el beso amoroso de un príncipe. ¿Cien años? Pero algo no le funcionó porque apenas han pasado cuatro y usted ya está preguntando. La joven bostezó. ¿Tengo diecinueve? Se podría decir. Qué horror, ¿estoy casada? Se casará con el príncipe que... ¿Y mis padres, dónde están mis gordos? Dormidos, lo mismo que el reino entero, bueno, al menos lo estaban antes de que usted despertara; el hechizo funcionó para todo el País de Mey. ¿Cómo pudo el hada Espolonela lograr eso? Usó varita negra, que generalmente es infalible; usted estaba comiendo leviatán a las finas hierbas y se pinchó la lengua con una espina, en ese momento se quedó dormida y los demás también, por eso está usted aquí; es un lugar seguro con una única ventana pequeña donde la podemos proteger con facilidad, ya ve que apenas cabe una persona. ¿Me hechizó para que durmiera cien años? Qué desgraciada. Durmió a todos, incluyendo animales domésticos, y no sólo al personal de palacio, todos los habitantes de este país están dormidos; el palacio está deteriorado y húmedo, las plantas han invadido algunos pasillos, y el bello bosque que lo circundaba se ha convertido en una selva impenetrable, poblada de fieras salvajes que llegaron después, se comieron a las que dormían y son las que ahora se enseñorean en el lugar. ¿Puede un hada hacer todo eso? Sólo si es muy maligna y poderosa, y Espolonela lo es. ¿Y ustedes no pudieron hacer nada? Es que… ¡Son unas inútiles, incapaces de proteger a nadie!, ¿acaso no sabían que odio el pescado? Oh ah, por favor, princesa, hicimos grandes esfuerzos, pero si un hechizo entra completo en una persona, y es con varita negra, es imposible extirparlo, y ella nos sorprendió, nunca pensamos que le haría algo, llegó con la reina Cosalá e hizo su felonía. ¿Me concediste orientación, para qué diablos me sirve eso? Para que no se pierda en el bosque. ¿Qué tengo yo que hacer en el bosque con todas esas fieras que mencionas? Plumantela abrió la pequeña ventana cubierta con una tapa de madera. Era media tarde. Es muy hermoso e intrincado, y a ciertas horas una tentación, ¿quiere verlo? No quiero ver nada, un montón de árboles apiñados no me seduce, bostezó. Quizá tenga razón, tal vez no soportaría ver la explanada de las Doce Fuentes convertida en un muladar que desfigura completamente el frente del castillo, y el jardín interior no está mejor. La Bella Durmiente se volvió a la ventana pero no se movió. Bueno, ya desperté, ¿y ahora? Oh ah, pues aunque está bastante adormilada, veamos si despertaron los demás. Tráeme un espejo, dijo y se sentó con las piernas cruzadas en loto. Y que vengan mis damas, la vestuarista en primer lugar, esta piyama huele a menstruación. El hada le acercó un espejo con fino mango de plata. Bella se observó. ¡Qué horrible! Trae a mi peinadora de inmediato, a la maquillista, necesito que me arreglen las uñas, no puedo presentarme así, ¡estoy espantosa! El hada salió por la única puerta que daba a la escalera de acceso y un minuto después estaba de vuelta. Oh ah, querida princesa, todos duermen; si me lo permite será un honor arreglarla, mi varita blanca puede convertirse en peine, incluso en rizador y brocha de maquillar. La chica bostezó de nuevo. ¿Qué esperas? Si me jalas un pelo te ahorco.

Plumantela voló rodeando a la Bella Durmiente dejando que su varita actuara con maestría. ¿Quieres decir que en estos cuatro años no nos ha afectado el paso del tiempo? Oh ah, usted se ve de quince, y bueno, la naturaleza no sabe de hechizos; cerró sus ojos pardos. Me refiero al reino, a todos. Oh ah, en efecto, no los ha perturbado, al menos nadie ha envejecido, sus padres se ven igual de jóvenes, ¿usted cómo se sintió? No me explico cómo pude dormir tanto, ¿qué hay del príncipe Kóblex? Sabemos que un día antes de que usted se pinchara salió a recorrer el mundo y que es el sucesor del rey Octavio I de Mocorio. Idiota, murmuró la Bella Durmiente en medio de un bostezo y se puso seria. Orientación, no me has dicho para qué me servirá. Dicen que las mujeres se extravían en cualquier parte, en caso de ser cierto a usted no le ocurrirá, podrá salir de un bosque o de un mercado sin problemas, ¿quiere verse en el espejo? Estoy mejor, pero tengo la piel seca y mis ojos son un desastre; también estoy aturdida. Nuevo bostezo. Cuatro años no es poco, ¿tuvo sueños? Recuerdo haber soñado muchas veces, Kóblex aparecía en algunos y eran especiales, aunque seguía siendo el tarado de siempre, ¿puede un hombre ser idiota toda la vida? Plumantela pensaba que sí pero no lo dijo, sólo sonrió y se posó sobre la cama, que era pequeña y cómoda. Los seres humanos están llenos de pequeños misterios. ¿Las hadas sueñan? No, porque estamos hechas de sueños. Este día soñé algo diferente, de hecho fue cuando desperté. Se sentó con los pies colgando, quiso ponerse de pie pero se mareó. Cuidado, princesa. Se acostó de nuevo. Tengo sueño. Lo sé, pero va a estar bien; me decía que soñó algo diferente. Soñé un gran dado. ¿Cuántos puntos le podía ver? Rodaba, quizá no iba a detenerse nunca. En estos tiempos hay misterios que ni las hadas podemos descifrar. Se hizo un silencio que la Bella Durmiente rompió. ¿Qué hice para merecer esto?, ¿qué le hice a esa mirruña infeliz? Nada hay más fuerte que el rencor, presérvese de él lo más que pueda. Maldita bruja, está a punto de echarme a perder la vida, tengo

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