El libro de los mitos III

Pedro Peña

Fragmento

HISTORIAS DEL LAGO

En las vacaciones de verano de hace un año, Eric y Laura conocieron Lake of the Woods. Se trata de una región a doscientos kilómetros de la ciudad de Winnipeg, en la que ambos viven con Cristina, su madre, y Paul, su pareja. El viaje por la ruta panamericana hasta Kenora les llevó algo más de dos horas. Justo antes de llegar se encontraron con el camino cortado por un accidente. Debían esperar a que la situación se solucionara, así que Eric y Laura se extraviaron en el bosque al lado de la ruta. Allí Eric tuvo su primera visión: una niña que, como desvanecida en el tiempo, le envió saludos de su padre muerto.

Al llegar a Kenora se embarcaron hasta la isla donde estaba la hermosísima cabaña que su madre y Paul habían alquilado. Uno de los entretenimientos que Eric y Laura encontraron disponible fue el curso de historias extrañas del lago, dictado en la Biblioteca de Kenora por Mrs. Slater, una dama muy mayor que de inmediato reparó en la inteligencia superior de Laura y en las distracciones de Eric. En el curso también conocieron a Emma Whiteway, una chica residente en el lago, acostumbrada a moverse en él con facilidad.

Pronto Eric y Emma descubrieron que los unía una misma condición: eran soñadores. Emma ya lo sabía, pero para Eric fue todo un nuevo mundo. Sus sueños intervenían en la realidad de una manera inusual y misteriosa. En ellos podían ver imágenes que transcurrían en otros planos de la existencia, en otros tiempos, antes o después, y en otros lugares. Entre esas imágenes destacaban las de un libro: El libro de los mitos.

¿QUÉ ES EL LIBRO DE LOS MITOS?

En esta primera parte de la historia, el libro es ocultado por un extraño personaje de nombre Pierre Lundgsvren, antes de ser atacado por una criatura misteriosa en su propia cabaña del lago. Después de una ceremonia de iniciación en la que Eric realiza la promesa que todos los soñadores deben realizar, descubre que su destino está atado a ese libro y que debe encontrarlo antes de que lo haga la Secta Purpúrea.

La Secta ha buscado el libro desde el inicio de su existencia con un solo fin inconfesado: utilizarlo para su beneficio o, tal vez, destruirlo.

Mientras tanto, algunas de las historias del libro salen a la luz relatadas por distintos personajes. Así es que se mencionan criaturas como el Wendigo, que puede tener relación con lo que le sucedió a Pierre Lundgsvren muchas décadas atrás.

Finalmente, Eric, Emma y Laura logran encontrar el libro, que pasa a ser custodiado por Eric. Pero también descubren que la Secta Purpúrea está más cerca de lo que pensaban en un principio, y son muy peligrosos.

Al regreso a Winnipeg, Eric y Emma se despiden de un verano que les ha cambiado sus vidas.

LOS NIÑOS PERDIDOS

En el segundo libro la acción se traslada a Winnipeg. Eric custodia el libro y todas las noches lee algunos pasajes. Luego, en sus sueños, las imágenes del libro lo acompañan y se completan. Al principio no entiende demasiado qué quieren decir todas esas cosas que ve. Y a su vez siente que ha olvidado muchas de las cosas que vivió durante el verano.

Winnipeg es una de las ciudades más frías del mundo en invierno. Y este invierno no es la excepción. Aun así, Eric y Laura deben vivir su cotidianeidad: asistir a clases, realizar complicadas pruebas de matemáticas y participar de las primeras fiestas adolescentes en las casas de sus amigos. Otros personajes surgen en la historia. Entre ellos destaca Alice, una hermosa chica que de inmediato se interesa por Eric. Y también Daniel, un chico apasionado por inventar cuentos con moralejas edificantes.

Emma también ha tenido sueños extraños durante estos meses. Mientras Eric no logra resolver el misterio de sus visiones, ella aparece de visita con su padre desde Lake of the Woods. Junto a Laura, quien descubrirá pronto que también es una soñadora, los tres deciden aclarar cómo es que sus sueños se interconectan. Las imágenes los conducen a dos lugares especiales: la estación de trenes de Winnipeg y el hotel Fort Garry.

Ya se preguntarán, queridos lectores, qué es lo que sueñan Eric, Emma y Laura. Los tres sueñan con niños. Y estos niños tienen en común algo muy perturbador: por alguna razón, están perdidos. Uno de ellos se ha extraviado en un bosque europeo y es acechado por una manada de lobos. Otro es un nativo assiniboine que ha sido arrancado de su familia y llevado a una ciudad. Otro aparece y desaparece de las vías del tren. ¿Son distintos o son el mismo? Hay algo importante que los une: El libro de los mitos.

Pero no es todo. Eric y Emma encuentran una nueva y secreta forma de comunicarse: a través de un espejo que no les permite mentir. Y algo aun mejor: luego no pueden recordar de qué hablaron. Así que los lectores descubrirán lo que sienten el uno por el otro sin que ellos mismos puedan suponerlo.

El final de esta aventura tiene lugar en el hotel Fort Garry, pero también en una zona de cataratas, en una región y un tiempo distintos. Eric, Emma y Laura han descubierto un objeto especial del que la Secta Purpúrea pretende valerse para apropiarse del libro: la piedra cúbica —una de ellas, en realidad—, cuyos poderes permiten viajar a través del espacio y el tiempo.

Eric, Emma y Laura logran escapar de la Secta Purpúrea. El libro de los mitos todavía está seguro en manos de Eric. Pero ya no es tan sencillo separar la realidad de los sueños.

A propósito, ese beso que Eric y Emma se dan al final ¿es realidad o sueño?

Todo final, dicen, es un nuevo comienzo. Por esa razón, aquí estamos de nuevo.

1

El camino se extendía hacia el horizonte. En su cercanía los bosques raleaban. El pasaje constante de hombres y mujeres que huían de la peste los había disminuido. Un joven caminaba hacia el norte. Vestía los hábitos de un monasterio. De a ratos miraba hacia atrás para asegurarse de que nadie lo siguiera. Había atravesado los cálidos valles y se disponía a cruzar las montañas. Su nombre era Micchelle.

Ocultaba algo entre sus ropas. Era un libro grueso, con tapas de madera forradas en cuero y páginas de papel y lienzo. Un monje amigo de Micchelle había escrito en él lo que decían otros libros. Y otro monje, uno viejo que había llegado al monasterio durante la última primavera, habí

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