Cómo empezar a leer clásicos: guía fácil para disfrutar la literatura clásica
Leer clásicos no tiene por qué ser complicado. Por eso hemos preparado una guía de lectura con la que podrás acercarte a la literatura de forma sencilla y realista, con recomendaciones y sugerencias de títulos para todo tipo de lectores.
Cuando pensamos en la literatura clásica, muchas veces solemos pensar en libros inaccesibles, bien sea por su gran extensión o por su supuesta dificultad. Títulos como Don Quijote de la Mancha o El conde de Montecristo suelen encabezar nuestras listas de eternos pendientes, siendo libros, para muchos, de obligada lectura, pero a los que no todos nos atrevemos a enfrentarnos.
En ocasiones esta distancia con los clásicos viene dada por una mezcla de respeto, inseguridad y, seamos francos, también cierta pereza. Porque cuando se habla de literatura clásica solemos pensar en esos títulos que eran de lectura obligatoria durante nuestros años académicos o en libros escritos en un lenguaje que puede parecernos más complejo de entender por su antigüedad.
Con esta guía de lectura lo que pretendemos es demostrarte que leer clásicos no tiene por qué ser un sinónimo de dificultad ni de aburrimiento, sino más bien todo lo contrario. Así que, si eres de los que siempre dice que quiere leer más clásicos, pero nunca sabe por dónde empezar, esta guía de lectura es perfecta para ti. Porque hemos preparado una serie de consejos con los que poder acercarte a la literatura clásica, de forma accesible y realista.
De qué hablamos cuando hablamos de clásicos
Sabemos que el término «clásico» puede resultar imponente por sí mismo, ya que normalmente pensamos en libros complejos y de gran extensión. Aunque muchos han intentado precisar qué es exactamente un clásico o qué tiene que tener un libro para ser considerado así, lo cierto es que no existe un consenso definitivo.
Cuando hablamos de literatura clásica, simplemente estamos haciendo referencia a aquellas obras que han perdurado en el tiempo y que siguen ganando lectores con el paso de los años, generación tras generación. Y es que estos libros se han convertido en clásicos por su capacidad para resonar con los lectores incluso años (o siglos) más tarde de su publicación.
En esta definición caben libros de múltiples estilos y géneros, distinta extensión e incluso diferentes periodos históricos. Porque hay clásicos que se remontan tan atrás como a la Antigua Grecia, mientras que otros pueden ser de este mismo siglo. Por eso pensar en los clásicos como un bloque homogéneo es uno de los primeros errores que se comete cuando queremos acercarnos a ellos.
Empieza por los géneros que más te interesan
Esta puede parecer una premisa obvia, pero es uno de los principales fallos que se cometen a la hora de acercarse a la literatura clásica. Y es que muchas veces nos dejamos llevar por ideas preconcebidas de qué clásicos deberíamos leer, en lugar de enfocarnos en nuestros propios gustos. El mejor punto de partida no tiene por qué ser el título más prestigioso, sino el que más te interese a ti como lector.
Tus gustos lectores importan (y mucho) a la hora de elegir tu próxima lectura, también en el caso de los clásicos. Puedes dejarte llevar por tus gustos más generales. Por ejemplo, si disfrutas de libros románticos, un buen punto de partida podría ser, por ejemplo, Orgullo y prejuicio, considerada la primera romcom de la literatura. O, si eres un amante del thriller, puedes empezar leyendo Las aventuras de Sherlock Holmes. Y si te interesan las distopías, por supuesto, tienes que leer 1984 de George Orwell.
También puedes, incluso, ir a gustos más concretos. Por ejemplo, si eres un amante de los perros, puedes leer Flush, de Virginia Woolf, una novela que captura toda una época a través de los ojos del cocker spaniel de la gran poeta victoriana Elizabeth Barrett Browning. Y es que te aseguramos que hay un clásico perfecto para cada lector, sean cuales sean tus gustos literarios (o no tan literarios).
Libros accesibles o cortos
No siempre tenemos por qué tirarnos de cabeza a la piscina y empezar por libros inmensos o complejos. Sino que también podemos comenzar con libros más sencillos, quizá más cortos. Ya que empezar por obras breves es una forma de facilitarnos el camino, que puede ser también muy útil sobre todo para aquellas personas que no sean lectores tan habituales. Comenzar con libros cortos puede ser una buena forma de adquirir el hábito de la lectura.
Que un libro sea corto no significa que sea menos importante, sino todo lo contrario. Hay títulos que, incluso en su brevedad, consiguen condensar grandes historias. Y además permiten una primera experiencia de contacto más accesible.
Así hay títulos como Noches blancas que pueden ser un gran punto de acceso a la literatura clásica, ya que en esta obra Fiódor Dostoievski, publicada en 1848, es un virtuoso ejercicio de introspección psicológica y una peculiar muestra de los vínculos de su autor con el romanticismo.
Otro buen ejemplo sería El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, con el que Robert Louis Stevenson creó uno de los grandes mitos de la literatura victoriana y que sigue resonando con los lectores incluso hoy en día.
Aquí también podíamos incluir títulos como Alicia en el país de las maravillas o El principito. Que, aunque puedan asociarse con la infancia, cuentan con la profundidad suficiente para fascinar a lectores de todas las edades.
El contexto también importa
No todos los clásicos se leen igual, ni todos se entienden de la misma forma. Y es que conocer el contexto en el que los libros fueron escritos o incluso la vida de sus autores puede llegar a ayudarnos a entender y disfrutar mejor de su lectura.
La clave aquí es buscar siempre buenas traducciones e incluso ediciones que incluyan anotaciones o introducciones que nos permitan situarnos mejor como lectores en el momento histórico en el que los libros fueron escritos.
Libros con adaptaciones cinematográficas
Una buena forma de acercarnos a la literatura clásica puede ser a través de sus adaptaciones a la pantalla. Ver la película, ya sea antes o después de leer el libro, puede ser una gran forma ayudarnos a entender mejor las historias, así como su contexto. Lejos de restarle valor a la lectura, las adaptaciones audiovisuales pueden ser un gran punto de apoyo o de acceso a la literatura clásica.
Este puede ser el caso de la reciente adaptación de Frankenstein de Guillermo del Toro, basado en la novela de Mary Shelley, o Nosferatu de Robert Eggers, una reinterpretación Drácula de Bram Stoker. O incluso Cumbres borrascosas de Emerald Fennell, que aunque se distancia bastante del clásico de Emily Bronte, puede ser una buena primera toma de contacto antes de meterte de lleno a conocer esta historia. Así como las múltiples adaptaciones de un clásico tan querido como Mujercitas.
Estas reinterpretaciones de los clásicos nos pueden ofrecer un punto de partida, acercándonos a estas historias y permitiéndonos disfrutar de la lectura con cierta sensación de cercanía, reduciendo así la incertidumbre o confusión inicial.
Tómatelo con calma
Si te quieres atrever con clásicos más extensos, una buena forma de hacerlo puede ser a través de una aproximación pausada pero constante. Es decir, abordar estos libros poco a poco. Puedes ponerte una meta de tiempo diaria y dedicar quince o veinte minutos cada día a leer. Esto puede ser mucho más efectivo que intentar avanzar mucho en una sola sesión de lectura y es, además, una gran forma de adquirir el hábito de lectura.
A veces cuando vemos un libro de muchas páginas nos asusta porque creemos que son inabarcables, pero lo cierto es que no hay ninguna clase de prisa. Puedes combinar varias lecturas o ir avanzando en sesiones más cortas de forma que no te resulte tan agobiante. Te aseguramos que leer aunque sea diez minutos cada día hará que la lectura sea mucho más fácil de lo que crees.
Divide los libros en partes
Muchos de los libros que hoy conocemos como clásicos, en su momento fueron publicados de forma serializada. Es decir, que estaban pensados para ir leyéndolos por fascículos, en periódicos o revistas, con entregas semanales o mensuales. Así que una buena forma de aproximarnos a estas lecturas puede ser, por ejemplo, dividiéndolas en partes.
Charles Dickens, por ejemplo, publicó gran parte de su obra en entregas mensuales y semanales, siendo posteriormente reimpresas en libros, entre las que se encuentran novelas como Oliver Twist, David Copperfield o Grandes esperanzas.
También Alexandre Dumas recurrió a la serialización de sus novelas históricas de aventuras, como Los tres mosqueteros o El conde de Montecristo, concebidos para mantener al lector en vilo entre una entrega y la siguiente. Fiódor Dostoievski hizo lo propio con novelas como Crimen y castigo o Los hermanos Karamázov, que aparecieron inicialmente publicadas en revistas literarias.
Victor Hugo podría ser otro ejemplo, ya que Los miserables se publicó en varias partes en diversos países al mismo tiempo, creando un gran expectación entre los lectores. E incluso Don Quijote de la Mancha, la obra cumbre de la literatura española, originalmente fue publicada en varias partes.
No hay un orden incorrecto
Es posible que el mayor error que cometemos a la hora de acercarnos a los clásicos sea pensando que existe una forma correcta (o incorrecta) de hacerlo. Cuando la realidad es mucho más sencilla que todo eso, ya que el mejor clásico para empezar a leer es el que más curiosidad te despierte. Ni más, ni menos.
Ya sea Orgullo y Prejuicio o Frankenstein, Noches blancas o Los miserables, cualquier título puede ofrecernos una gran puerta de acceso al mundo de la literatura clásica. Porque el objetivo no es leer todos los clásicos, sino disfrutar de la lectura.
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