Sintonizarse con la existencia

Osho
Osho

Fragmento

OSHO

introducción

El hombre está llegando a un punto único desde el cual será posible un salto cuántico. La conciencia humana no ha cambiado durante muchos siglos, ha permanecido igual. Algunos individuos, pocos y muy distanciados en el tiempo, han evolucionado —un Buda, un Cristo, un Krishna, un Zaratustra— pero son excepciones; no son la regla.

Muy raramente un ser humano ha dado el salto cuántico —ha saltado más allá de la humanidad, ha sobrepasado a la humanidad— pero ellos han preparado el camino. Poco a poco, lentamente… el trabajo ha sido duro, ha sido lento; durante diez mil años por lo menos, muchos pioneros han tratado de crear la posibilidad de un cambio drástico, no para los individuos sino para la conciencia humana como tal, de forma que toda la humanidad pueda dar un salto cuántico.

El momento se está acercando, particularmente en el mundo occidental. Porque por primera vez, la sociedad ha llegado a un estado en el que es posible, es práctico. Por otra parte, en Oriente la gente ha vivido en una hambruna tal… ¿Cómo pensar en la conciencia? Las personas han sido tan pobres que la misma idea de conciencia parece estar muy lejos, una ficción, lujosa, aristocrática. Quizá unos cuantos ricos pueden hablar de ello, sentarse a discutir sobre ello, pero la gran masa no puede entender siquiera la palabra, no tiene relación con ellos.

Para ese salto cuántico se necesita cierta riqueza, y ello ha ocurrido en Norteamérica y en otros países occidentales. Ha tenido lugar esta abundancia y la sociedad ha llegado a un nivel en el que la pobreza ya no es la regla. La gente puede permitirse pensar en cosas más elevadas. ¡Las personas pueden volverse soñadoras, pueden volverse lotófogas, pueden cerrar los ojos y mirarse al ombligo! Ha llegado la posibilidad. Y también la frustración…

La sociedad ha evolucionado materialmente. Cuanto más ha crecido la riqueza material más clara se ha hecho la pobreza espiritual, por contraste. Así que, por una parte riqueza y por la otra, pobreza interior. ¡Duele! Cuando eres pobre por fuera y por dentro también, no duele, porque no hay contraste; no se puede comparar. La pobreza simplemente parece ser predestinada.

Pero cuando uno se vuelve rico por fuera, surge la idea: «¿Por qué no puedo ser rico por dentro también? ¿Por qué no? Si la sociedad puede llegar a un estatus tan rico y hermoso, ¿por qué la conciencia no puede llegar a lo mismo?». De aquí surge la gran exploración.

La nueva generación está vibrando y el impulso crecerá cada vez más. Hacia el final de este siglo se abrirá una gran puerta. No es absolutamente seguro que el hombre aproveche la ocasión, puede que la desaproveche. Es solamente una oportunidad, una posibilidad. Pero nunca ha sido mayor de lo que lo es hoy.

Los próximos años van a ser de un impulso constantemente acelerado. Van a enloquecer a muchas personas, nadie podrá vivir cómodamente porque en cada espíritu surgirá un gran anhelo. Será casi como fuego, abrasará a la gente.

Muchos se extraviarán. Tratando de encontrar un camino, muchos encontrarán caminos errados, seguirán a la gente equivocada, eso es natural. Cuando las personas empiezan a explorar, exploran en todas las direcciones. Explorarán en la meditación, explorarán también en las drogas, porque uno nunca sabe dónde se va a abrir la puerta.

Muchos se volverán locos, porque cuando la gente vive de una forma normal y no pesa sobre ellos un gran deseo, nada puede enloquecerlos, pero cuando surge un gran deseo, es enloquecedor. Muy pocos serán capaces de anhelarlo profundamente y sin embargo permanecer cuerdos, será un tumulto, un caos. Pero la época va a ser emocionante. Va a suceder cada vez con más frecuencia, cada vez más personas se darán cuenta de que algo se queda sin realizar y debe ser realizado.

Buscarán todo tipo de métodos y de posibilidades, y habrá toda clase de gurús y de falsos gurús. Pero eso es natural, no puede evitarse. E incluso esos falsos gurús ayudan, porque tarde o temprano uno se harta de ellos y empieza a buscar lo real.

El salto cuántico es el último descubrimiento de la física moderna. Hasta ahora la evolución se había considerado siempre como un proceso lento. De ahí que siempre se contraponía a la revolución. La revolución era rápida, la evolución era muy lenta.

Pero un salto cuántico no puede llamarse ni siquiera rápido. Es instantáneo: de un punto, de un nivel, se desaparece, y se aparece en un punto diferente, en un nivel diferente.

Al principio causó perplejidad porque nunca se había pensado en una cosa así. Pero lentamente, la física se ha ajustado a ello, a que es una realidad. Los electrones desaparecen de un punto y aparecen en otro, y entre los dos no hay un lapso de tiempo. Desaparece aquí, aparece allá; la distancia se recorre, pero no toma tiempo recorrerla.

En física ahora se ha llegado a aceptarlo. En metafísica, en lo que se refiere a la conciencia humana, puede ser incluso más rápido. Si la materia puede dar tales saltos que se mueve casi más allá de la imaginación, más allá de la velocidad del tiempo, en la conciencia son posibles muchos más milagros, porque, por supuesto, la conciencia es lo más florido de la existencia. Parece ser que toda la existencia ha estado trabajando para alcanzar el nivel de Gautama Buda.

Gautama Buda siguió el camino de la evolución, lentamente, porque era la única posibilidad en aquellos tiempos. Después de veinticinco siglos es posible afirmar que los saltos cuánticos están disponibles, para aquellos que tengan el valor, en el campo de la conciencia también. Particularmente en la conciencia, el tiempo no tiene relevancia, la conciencia es intemporal. Uno puede pasar del sueño al despertar instantáneamente; ¿o crees que supone un proceso largo y lento? ¿Que primero uno está parcialmente despierto, después un poco más despierto y por la tarde uno está completamente despierto? ¿Y entonces comienza el segundo proceso, comienzas por estar parcialmente dormido, después más, después más, después a medianoche estás profundamente dormido?

Sabemos que a todo el mundo le ocurre despertarse instantáneamente. Cualquier recurso sirve, simplemente un despertador, que no tiene nada que ver contigo. El despertador ni siquiera es consciente de ti, no le importas, pero puede ser suficiente para pasarte del sueño profundo a un despertar rápido. Igual puede suceder en lo que se refiere al sueño espiritual. Es sólo cuestión de encontrar un recurso. El problema es un poco complicado porque un despertador sirve para todo el mundo, pero los dispositivos espirituales son sólo para individuos únicos. Un dispositivo no funciona para todos, porque las personas son muy diferentes, únicas. La naturaleza no produce copias al carbón, todo el mundo es original. Por eso necesita un dispositivo original.

En el pasado, se han descubierto ciento doce métodos de meditación, ésos son

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