Mucho se ha escrito del éxito y de la tragedia de Supersubmarina (de cómo llegaron a ser el grupo que encabezaba cualquier festival de música en España y de aquel maldito accidente de tráfico en agosto de 2016 que truncó su carrera y casi les cuesta la vida); pero no tanto de su origen: de su primer nombre, Inflamables; de los ensayos en el garaje de la casa de los padres de uno de los chicos (que empezaron siendo cinco), de los ahorros para comprar un equipo medianamente profesional, de los primeros conciertos en salas repletas de amigos y familiares... En el libro «Algo que sirva como luz» (Aguilar), el periodista y crítico musical Fernando Navarro narra, después de años de entrevistas con los cuatro protagonistas y todo su entorno, la bella y conmovedora historia de una banda llamada a ser generacional; en este breve extracto de la biografía, Navarro se centra precisamente en esos primeros meses, en aquellos días marcados por la ilusión, las expectativas, los sueños por cumplir... y la fiesta.