Gaturro 16. Gaturro y el rubí de los mil millones

Nik

Fragmento

Gaturro y el rubí de los mil millones

—Que nadie se vaya, que aún falta lo mejor

—anunció Elizabeth con voz altiva. Hacía gala de

su

resplandeciente

corona de piedras preciosas

y de un vestido tan

lujoso

como el de la

princesa de Holanda.

—Obvio, todo bien. ¡Es una fiesta divina! ¡Me

re cabe la onda que hay! —respondió Gateen,

cambiando repentinamente su actitud.

Guirnalda Party tomó la palabra. Estaba

hiperproducida

: su pelo platinado se alzaba en

un peinado que desafiaba la ley de gravedad y

su vestido era tan

brillante

como su cabello.

Comenzó su discurso:

—Cara Elizabeth…

—¿Cómo “cara”? —murmuró Gaturro—. ¿La

está por vender? ¡Hay que salvarla! —agregó

envalentonado

.

—¡No seas animal! —lo corrigió Ágatha—.

“Cara” quiere decir “apreciada”.

—Bueno, Agathita, en realidad no puedo dejar

de ser un animal, soy un gato —dijo Gaturro,

haciéndose el gracioso.

—Shhhhhhhhhhhh —los retaron los que

estaban alrededor.

Gaturro y el rubí de los mil millones

—En esta fiesta

extraordinaria

—continuó Guirnalda

Party con su particular

voz punzante—, le

haremos entrega de la

medalla de Graduada

de Honor, enviada

por el licenciado

Mecreo Mill,

director del London

Miau Institute.

Elizabeth tomó el galardón y todos

aplaudieron.

—Seguramente ya sepan que, además,

tenemos una sorpresa inigualable —siguió

la event planner número uno—. El Museo

de Piedras Preciosas quiso ser parte de este

evento

increíble

y le ha prestado a nuestra

distinguida Elizabeth su mayor

tesoro

para

que lo exhiba esta noche.

—Guauuu —dijo Canturro. Y los gatos

invitados lo miraron con cara de “¡qué

desubicado!”.

Gaturro y el rubí de los mil millones

—Es una pieza única —enfatizó Guirnalda,

y agregó—: pocas personas en el mundo han

tenido la oportunidad de contemplarla.

Entonces, la propia Elizabeth los invitó a pasar

a la sala contigua. Apenas cruzaron la arcada que

la separaba del salón principal, todos quedaron

extasiados: el famoso

R U B Í

de los mil millones

brillaba en el medio de la habitación como un

sol rojo.

Gaturro y el rubí de los mil millones

Pero no solo su fulgor era impactante: la joya

estaba protegida por varios sistemas de seguridad

de última generación, que parecían transformar el

cuarto en una oficina de la

NASA

. Además de

estar al reparo de una vitrina de cristal blindado,

alrededor del rubí se veía un tejido de rayos láser

que lo atravesaban en todas las direcciones. Y

en la base del pedestal en el que estaba ubicado

había varios visores digitales que controlaban

constantemente la temperatura, la humedad, la

presión y vaya a saber qué otras variables que solo

podría entender un

experto

en dispositivos de

seguridad.

Después de unos cuantos suspiros, se oyeron las

primeras voces:

—¡Alucinante, men! —soltó Gatunislao—. ¡Quién

pudiera tener una joya tan cool! —dijo dejándose

llevar por sus fantasías—. Además, haría juego con

el estuche de mi celular y mi camisa de moda… —Y

pensándolo un poco más, añadió—: también me

permitiría conseguir muchas otras posesiones.

—El dueño de este rubí tiene la fama asegurada…

—sostuvo Katy Kit con firmeza, mientras acariciaba a

su perrito con más devoción que nunca.

Gaturro y el rubí de los mil millones

Gatovica, con gesto soñador, dijo:

—Con ese rubí podría conquistar a la gata de

mi vida…

Por su parte, Catito se acomodó el pelo teñido

de colores

FLÚO

y acarició sus finos y largos

bigotes tornasolados. Era un look que había

adoptado hacía algún tiempo, en homenaje a

un pintor veneciano al que admiraba: el famoso

Cat Pop. Luego afirmó que la

PERFECCIÓN

de esa

joya lo inspiraba. Y se puso a un costado de la

sala a bocetar un dibujo nuevo. Según dijo, tenía

un block de hojas exclusivo que quería estrenar:

pergamino especialmente traído de

Indonesia. Y un grafito ¡con

partículas de oro!

—¿Cómo se ve desde

arriba, Gatulongo?

—preguntó

Gaturrón, cuya

estatura le quitaba

perspectiva.

Como la voz de

Gatulongo tenía un

largo

camino por recorrer y la

Gaturro y el rubí de los mil millones

respuesta se hacía esperar, Gateen pasó por entre

ellos y aprovechó para seguir sacando fotos con su

celular desde todos los ángulos.

Gaturro estaba junto a Ágatha, detrás de todos,

casi en la entrada de la sala. Cuando notó que ella

contemplaba emocionada esa belleza

hipnótica

,

aprovechó para arrimarse un poco más.

Entonces ocurrió algo inesperado. Todas las

luces se apagaron a la vez y los dejaron en una

osc

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