Familia adicta

Mauro Federico

Fragmento

Prólogo

Desde la pantalla de C5N, el periodista Mauro Szeta describía el horror de una noche de pesadilla. Costa Salguero se había transformado en el escenario de una nueva tragedia donde las víctimas eran (otra vez) jóvenes participando del festival de música electrónica Time Warp. En la puerta del Hospital Rivadavia, el movilero recogía el testimonio del padre de uno de los internados. “Mi hijo es un chico sano, no toma nada, ni siquiera alcohol, no entiendo por qué hablan de sobredosis”, se indignaba el hombre entre sollozos.

Sentados frente al televisor de la cocina, Ariel y yo seguíamos el relato con atención. Por un instante pensé en todo lo que estábamos viviendo juntos y cómo podía afectar esta historia a su tratamiento de rehabilitación que, entre idas y venidas, ya llevaba para entonces seis largos años. Al escuchar las palabras de ese padre, apesadumbrado por el dolor de tener a su hijo al borde de la muerte, me miró con sus ojos claros humedecidos y me interpeló: “Te das cuenta, viejo, que ustedes no entienden nunca nada hasta que nos la pegamos en la pera”.

Ese “ustedes” fue una trompada en la cara de todos los padres. En ese preciso momento pensé que algo debíamos hacer para colaborar con la toma de conciencia en un tema que sigue siendo tabú para esta sociedad hipócrita.

Así nació este libro que ustedes están a punto de leer, escrito a cuatro manos entre Ariel y yo. Una historia que ocurrió simultáneamente con otra que, tal vez, algunos de ustedes conocen: la de mis investigaciones relacionadas con el narcotráfico. Mientras desde mi rol de periodista me infiltraba en bandas de criminales para obtener información, denunciaba la corrupción policial connivente con la delincuencia organizada y entrevistaba a narcos encarcelados en Argentina, el mayor de mis hijos empezaba a introducirse de manera violenta en el mundo de las drogas, como consumidor primero y como adicto después.

Cuando el segundo tratamiento de rehabilitación entraba en la etapa final, le propuse escribir este libro con un solo objetivo: compartir nuestra experiencia con las miles de familias adictas que hoy sufren en este país por la falta de información y contención.

Todos sabemos que las drogas existen, muchos entendemos que la supuesta “guerra frontal” contra los narcos es uno más de los tantos versos con los que nos envuelven los políticos para justificar los frondosos presupuestos que destinan a financiar este combate estéril que pone a toda la sociedad en peligro.

Pero ¿qué hacemos nosotros para protegerlos? ¿Cuál es nuestro verdadero rol en esta disputa desigual contra los mercaderes de la muerte que quieren arrebatarles la vida a los seres que más amamos? ¿Somos conscientes de que la adicción es una enfermedad que no se cura con ningún medicamento que podamos comprar en la farmacia y que detrás de un pibe adicto hay una historia de postergación afectiva, dolor e incapacidad para expresar sus sentimientos?

Este libro se propone cachetearnos donde más nos duele, sin piedad, partiendo de la premisa de que la mayor parte de ese enorme y heterogéneo colectivo de individuos que integramos los padres no tiene la más pálida idea de cómo tratar con un adicto. Y mucho menos si ese adicto es su hijo.

MAURO

Ahora me toca a mí, que en mi puta vida escribí un prólogo. En principio, tal como me sugirió mi viejo (que sí tiene experiencia porque ya escribió cuatro libros), voy a contarles quién soy y por qué acepté la propuesta de hacer un libro como el que están a punto de leer.

Soy Ariel y vengo de una familia que solo tiene dos cosas en común: el amor por la música y a mí. Por fuera de eso se podría decir que fui criado en un ambiente plagado de desacuerdos, discordias y confrontaciones entre el “bando paterno” y el “bando materno”. Estoy convencido de que el arte puede salvar el mundo, porque sé muy bien que salvó el mío (y más de una vez).

Mi juguete a partir de los ocho años fue una guitarra, y desde entonces mi vida resbala en seis cuerdas. La viola me dio amigos y me ayudó a conectar con los demás cuando estuve “entre volver y no volver”. Sí, como se desprende de esa frase que le afané a Fito Páez, pasé momentos difíciles, como todo el mundo, no pretendo sacar chapa de mártir por eso, pero el solo hecho de estar enfrentándome a este desafío de contar mi historia en un papel me recuerda lo mucho que me costó llegar hasta acá.

Durante estos veinticinco años la vida me paseó por libros, guitarras, bandas, barrios, trabajos, discos, me sacudió con miedos y me calmó con abrazos. Así soy yo, hablo mucho, digo poco, soy soberbio y cínico, puta herencia de la cual tengo que aprender a tomar lo que quiero y descartar el resto. Puta dualidad que hace que me pare en un lugar donde coqueteo con Dios y con el Diablo. Suelo tener la autoestima bajísima, razón por la cual vivo masturbando un falso ego con mis ironías, lo que suele transformarme en infumable.

Al principio me costó entender para qué carajo podía servir este libro, pero finalmente comprendí que, si lográbamos contar lo que vivimos durante los últimos diez años, podía ser útil para mostrar que hay forma de salir de esa encrucijada en la que nos metemos cuando la adicción se apodera de nosotros. Para los adictos, esas ganas de drogarnos siempre van a estar ahí, agazapadas, acechándonos. Los que “saben” de estos asuntos dicen que los adictos debemos prepararnos para dar esa batalla de por vida.

¿Por qué decidí drogarme? ¿Por qué lo sostuve durante tanto tiempo? Responder a estas preguntas fue lo que me abrió el camino de la recuperación. Drogarme casi me mata, literalmente, sin victimizaciones berretas. Sostener la decisión de recuperarme me permitió —y aún hoy me permite— llevar una vida menos rota que antes y pensar el futuro de otra manera.

Desde fines de 2014 no consumo drogas ilegales, lo que no me transforma ni en mejor, ni en peor persona. Mis problemas existenciales no desaparecieron, mis angustias y mis fantasmas tampoco, pero aprendí que el mejor camino para resolverlos no es evadiéndome, sino enfrentarlos.

Este libro cuenta esa lucha.

ARIEL

Capítulo 1
Vos también estabas verde

“Vuelve”. En el enorme cartel sobre la autopista, la cara sonriente de Marcelo Tinelli anunciando el reestreno número no sé cuánto de su exitoso programa televisivo distraía

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