Sexo sabio

Antoni Bolinches

Fragmento

Introducción

Introducción

El amor es más placentero que el matrimonio por la misma razón que las novelas son más interesantes que la historia.

Sebastián R. N. DE CHAMFORT

Cuando escribí El arte de enamorar* tenía claro cuál era el problema y cuál era la solución. Sabía que el arte de enamorar era el arte de mejorar y esa idea fuerza se convirtió en el eje vertebrador del texto.

Pero, si ustedes lo recuerdan, después de exponer mi teoría del enamoramiento, después de hablar del ritual de la seducción, ofrecer pautas para enamorar y describir las distintas variantes del enamoramiento, terminaba el libro donde debo retomar el tema: en las dificultades del amor.

Cuando abrí esa caja de Pandora sabía que tarde o temprano debería introducirme en ella. Sabía que el amor tan pronto como se consolida puede empezar a resquebrajarse y sabía que tarde o temprano asumiría el reto de enfrentarme a esa hidra de tres cabezas (celos, rutina e infidelidad) que dificulta la expresión sexual del amor, cuando éste se instala en su fase estable.

Dice un viejo refrán que cuando el hambre entra por la puerta, el amor sale por la ventana. Y no dudo de la certeza de la afirmación; pero como en nuestra sociedad, y cada vez con más frecuencia, vemos salir el amor por la ventana sin que entre el hambre por la puerta, hemos de suponer que los enemigos del amor sexualizado son otros y creo que tienen que ver más con la abundancia que con la escasez, más con el exceso que con el defecto, más con el uso y abuso que con el deseo y la espera. Creo, en definitiva, que el gran problema de la sexualidad contemporánea está muy relacionado con el gran problema de la sociedad contemporánea: confundir la calidad con la cantidad. Esa es mi teoría y eso es lo que voy a intentar argumentar en esta obra. Voy a hablar de la cuadratura del círculo. Voy a hablar de cómo mantener el interés sexual en la pareja estable, de cómo evitar que el deseo se convierta en una obligación y la sexualidad en débito conyugal. Voy a intentar aportar algo de sentido común al único tema que a todos nos altera el sentido. Por eso este libro no puede llamarse Amor y sexo, ni Instinto y pasión, ni El placer del orgasmo, sino que debe llamarse Sexo sabio, un sexo hecho para durar, un sexo para pervivir en el tiempo y seguir siendo gratificante, un sexo que no convierta a la pareja estable en pareja estática, ni en pareja errática, un sexo para quienes deseen convivir en amor sin consumir la pasión. Y eso requiere un arte todavía mayor del que necesitamos para enamorar, porque siempre es más fácil hacer crecer una flor que evitar que se marchite.

1 La sexualidad de la pareja estable

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La sexualidad de la pareja estable

Aunque el amor suele morir de hartura, lo que nunca se hastía es la ternura.

Ramón DE CAMPOAMOR

Decía en El arte de enamorar que el enamoramiento tiene amigos y enemigos, pero que el amor sólo tiene enemigos. Ahora, puesto que vamos a hablar de la sexualidad de la pareja estable, es el momento de ampliar el tema y vamos a hacerlo realizando una pequeña reflexión sobre ese lugar paradigmático al que tradicionalmente asociamos la sexualidad: la cama.

Tan pronto como la pareja se constituye en unidad de convivencia, tan pronto como la cama deja de ser un lugar para hacer el amor y pasa a ser (como dice el diccionario) un mueble donde la gente se acuesta para dormir, ese mullido y rectangular artilugio deja de tener valor afrodisíaco y de lecho del amor pasa a convertirse en cama por hacer. Antes de convivir las parejas deshacen la cama haciendo el amor. Después, cuando conviven, no es infrecuente ver cómo muchos recorren el camino inverso y deshacen el amor por no hacer la cama. Este es el primer y gran drama que debe superar la pareja estable.

La cama como fuente de conflicto amoroso no es una simple anécdota, sino la primera de las grandes categorías del problema que debemos afrontar. Irse a la cama con alguien es relativamente fácil en una sociedad sexualmente permisiva como la nuestra; disfrutar en ella ya es algo más difícil, pero lo que realmente entraña dificultad es desear quedarse en esa cama noche tras noche. Por eso yo diría que el amor no es querer acostarse con alguien, sino desear levantarse junto a él. Ése es el amor que nos interesa a la mayoría, el que está en condiciones de entender que el sexo gratificante y duradero no puede depender sólo del deseo y la testosterona, sino que necesita un marco de buena comunicación para lograr un equilibrio entre lo que deseamos hacer, lo que nos podemos permitir y lo que podemos aceptar.

Ese juego de equilibrios entre el deseo, la acción y la satisfacción es el gran secreto de una práctica sexual orientada a mantener viva la llama del amor. Porque si algo tengo claro en un tema tan complejo como el sexo, es que sigue una ley inexorable: todo lo que da placer tiende a repetirse y todo lo que produce displacer tiende a evitarse. Pero a la vez y para acabar de complicar las cosas también sabemos que el exceso de satisfacción conduce a la saturación y la saturación es uno de los grandes enemigos de la sexualidad.

Por eso la pareja requiere de múltiples cuidados para pervivir, ya que además de la compatibilidad de caracteres y de un proyecto de vida más o menos convergente, es necesario, también, que en ella exista el nivel de sintonía sexual suficiente como para satisfacer a ambos sin llegar a saturar a ninguno.

El principio de gratificación recíproca es una condición necesaria pero no suficiente para el buen funcionamiento de la pareja. Sólo con disfrute sexual las parejas no funcionan, pero sin disfrute sexual tampoco. Por eso hemos de suponer que cuando hablamos de pareja estable nos estamos refiriendo a dos personas que han decidido unir sus vidas porque como mínimo comparten cuatro requisitos:

1.° Porque se quieren lo suficiente como para plantearse la convivencia.

2.° Porque consideran que vivir juntos les permite un disfrute más pleno de su unión.

3.° Porque desean un futuro conjunto.

4.° Porque suponen que la convivencia facilita una sexualidad más frecuente y gratificante.

Lo malo es que una cosa es lo que se supone y otra es lo que resulta, porque aun en el caso de que las motivaciones de los tres primeros requisitos sean sólidas y coincidentes, toda pareja pasa por una crisis de acoplamiento convivencial y sexual que n

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