La fábrica de tiempo

Martina Rua y Pablo M. Fernández
Pablo Martín Fernández

Fragmento

Prólogo

El mejor consejo de productividad personal disponible en este momento es… saltearse el resto del prólogo e ir directo a cualquier capítulo del libro. A tal punto resulta nutritivo La fábrica de tiempo, el ensayo que está a punto de comenzar y que pasa lista a las últimas herramientas, hábitos y estrategias disponibles que permitirán ahorrar a futuro miles de horas para invertir en actividades que nos den placer, en procesos creativos más ricos y en una mejor calidad de vida a nivel general.

La agenda de la productividad personal estalló en los últimos años, a tono con el avance de la economía del conocimiento y de las modalidades de trabajo freelancing, que obligan a ser más cuidadosos con el uso de nuestro bien más valioso y escaso: el tiempo. Y aunque al principio el lifehacking —tal es el término más común en inglés que significa “hackear” la vida— era una movida circunscripta al mundo de la tecnología y de los programadores, pronto excedió este terreno y hoy suma cientos de “atajos” que muchas veces no tienen que ver con aplicaciones tecnológicas y que también son sumamente útiles para quienes trabajan en relación de dependencia.

Martina y Pablo, dos “sommeliers de la productividad personal”, testearon en primera persona una selección de las mejores iniciativas para ganar tiempo sin caer en la trampa de lo que llaman una “productividad falsa”: correr más rápido en la ruedita del hámster para no llegar a ningún lado. Como Lauven Vogelio, el corredor imaginado en un cuento de Roberto Fontanarrosa1 que trataba de ganar milésimas de segundo a su récord de velocidad implantándose huesos huecos y hormonas de guepardo, y que termina pulverizándose (de tan rápido que corre) en el altiplano boliviano. En tiempos de cambio acelerado y de jornadas de trabajo muy demandantes, la productividad personal se volvió un vector clave para mejorar los procesos creativos, que requieren tiempo. Las ideas surgen de un proceso inicial de inmersión intensa en un tema, y luego de días o semanas de maduración, cuando el inconsciente trabaja y busca conexiones para el momento de inspiración. Nada de esto es posible si trabajamos 14 horas por día con la mira en un resultado de mañana a la mañana.

A nivel personal, descubrí que el resultado creativo mejora de manera notable cuanto más tiempo se deja pasar entre que surge una idea para una nota, capítulo de libro o ensayo y que ese texto se escribe. Si se producen varios artículos por semana, esto implica tener suspendidas en el aire —como pelotitas de un malabarista— varias iniciativas, y para esto hacen falta disciplina, método y una buena caja de herramientas de productividad personal. Entre otras, yo uso una aplicación que me recomendó Pablo que se llama Trello —que permite dividir cada tarea en distintas etapas estandarizadas y ordenar el flujo de trabajo—. Y antes de cada nota hago un “mapa mental”, una visualización que permite advertir conexiones que no surgen de otra manera, y que lleva a que el texto se vuelque luego de manera más rápida y fluida. A estos mapas mentales llegué luego de conversaciones con Martina.

Como el 40% de las decisiones que tomamos a diario se procesan en “piloto automático”, es clave que las estrategias de productividad personal se conviertan en hábitos, y este libro hace especial énfasis en ese terreno. Como en un “haiku” (el formato de poesía japonés), los atajos más valiosos aquí también son los más simples. Y no sólo permiten obtener resultados en tiempo, sino en energía, que es un recurso finito, al igual que nuestra capacidad de autocontrol, nuestra fuerza de voluntad y nuestra audacia para tomar riesgos.

La fábrica de tiempo presenta un abordaje multidisciplinario —no queda otra— sobre lo más reciente e interesante de la discusión de productividad personal, con ángulos que van desde la mejora en la planificación y el foco hasta las ventajas del contacto con la naturaleza y la estrategia para aprovechar mejor el “empujón” de la cafeína. Es un viaje fascinante, sin desperdicio, escrito en forma simple, con anclaje académico y ejercicios al final de cada capítulo para poner manos a la obra. A disfrutarlo, que vale la pena.

SEBASTIÁN CAMPANARIO

1. Publicado en la compilación Nada de otro mundo (1987).

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