Magia en el bosque (La diversión de Martina 6)

Martina D' Antiochia

Fragmento

cap-2

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Vaya rollo.

«Martina, deberías estar más atenta», me he dicho esta mañana en clase. Pero es que ¡¡¡vaya rollo ponerse a estudiar otra vez para un examen de ciencias!!!

Este será el tercero que tendremos que hacer desde que empezó el curso. Y eso que, después de las vacaciones de verano, yo tenía unas ganas locas de empezar las clases... pero ahora resulta que voy a tener que pasar los próximos días, EL FIN DE SEMANA (¡encima!), con la nariz metida en los libros.

Es que hemos comenzado un curso nuevo en la escuela. El primer día de clase me levanté supermotivada, pero es porque siempre caigo en la misma trampa. Siempre empiezo ilusionada porque me dejo convencer por los anuncios de la tele. Esos que dicen: «¡¡¡Ya es septiembre!!! Vuelve al cole con la superlibreta de unicornio» para, acto seguido, mostrarte un primer plano de una libreta preciosa con el dibujo de un unicornio y preguntar: «¿No te dan ganas de empezar ya?». Pero es que, claro, luego ¿a quién le apetece estudiar veinte hojas del libro para que después en el examen solo caiga una pregunta?

A mí, seguro que no. Por eso estaba sentada en mi pupitre, sin escuchar nada de lo que decía el profesor. Primero, porque seguía preocupada por el examen. Y segundo, porque resulta que teníamos un compañero nuevo en clase. Se llamaba Ricardo. Apenas había hablado con él, pero me estaba preguntando cómo sería, si podríamos hacernos amigos, y también pensando que era muy mono. Entonces alguien me ha dado un golpecito en el codo. ¡Sofía! Sofía siempre se sienta a mi lado en clase. Hoy me ha susurrado superflojito:

Sofía: Oye, Martina, ¿quedamos este finde para estudiar para el examen?

Suena bien, ¿no?

Sí que suena bien: quedar el finde, estudiar... PERO ¡ES UNA TRAMPA!

Cuando una amiga pregunta eso (y más si se trata de Sofía) se sabe de sobra que haremos cualquier cosa menos ESTUDIAR. Y yo, en ese preciso instante, ya he sido consciente de que mi padre no se tragaría esa excusa ni en sueños.

Le he contestado mientras ojeaba toda esa BARBARIDAD de información que tendríamos que aprendernos para el próximo examen de ciencias:

Yo: Lo siento mucho, Sofía. Pero como no apruebe este examen, mi padre me va a quitar el móvil hasta que vaya a la universidad.

Sofía entonces ha clavado sus ojos en mí, con una cara que quería ser inocente pero que NO LO ERA. NO CUELA, SOFÍA.

Sofía: ¿Y quién dice que no vayamos a estudiar?

Yo: Sofía, eres la mejor compañera de aventuras y diversión del mundo... Y cuando estoy aburrida tú te encargas de animarme, pero... Pero no eres la mejor compañera que se pueda tener para estudiar que digamos... Y tú y yo lo sabemos.

Se lo he soltado como a trompicones porque el profe no nos quitaba el ojo de encima. Ella ha continuado mirándome, pero ya no con cara inocente, sino de pilla.

Sofía: Bueno... como tú quieras. Entonces llamaré a Nico y estudiaré con él.

Sé que no debería molestarme que estudiara con Nico. Total... Nico también es mi amigo. Pero que Sofía me lo dijera así me ha dado un poco de rabia. ¿Qué estaba insinuando? ¿Que si le decía que no ya no querría estudiar conmigo nunca más? ¿Que dejaría de ser mi mejor amiga? ¿QUÉÉÉ?

Yo: Vale, vale. Le voy a preguntar a mi padre si este domingo le viene bien.

Entonces Sofía ha cambiado su sonrisa de pilla por otra de SUPERSATISFECHA.

Sofía: ¡Bien! Llámame cuando sepas algo, ¿de acuerdo?

Yo: Sí, sí...

Entonces ha sonado el timbre. ¡Fin de las clases por hoy! No, aún mejor: como era viernes, ¡fin de las clases para el resto de la semana!

Sofía me ha insistido mientras nos levantábamos de nuestros pupitres y comenzábamos a recoger los libros y los bolis:

Sofía: ¡El domingo! ¡Que no se te olvide!

Yo le he vuelto a decir que no se preocupara, que no se me olvidaría...

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cap-3

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Y no, no se me olvidó, pero hoy es domingo y, desde luego, Sofía no ha venido a estudiar.

Voy a confesarlo: ha sido un poco por mi culpa que mi padre no dejara que Sofía viniera a estudiar (o, bueno, a fingir que estudiábamos cuando, SEGURO, estaríamos haciendo cualquier otra cosa).

De todos los fines de semana horribles de mi vida, creo que este es de los peores.

A quien tenga curiosidad por saber por qué al final lo de estudiar acabó tan mal le diré solo una palabra: CALOR.

Me explico:

Cuando acaban las clases, hay días que mi padre viene a recogerme en coche para irnos juntos a casa.

Pero, para mi desgracia, hay días que mi padre trabaja hasta tarde. Y como trabaja hasta tarde, yo tengo que regresar a casa A PIE.

Y yo vivo en Marbella.

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*El mar.

*Que es una ciudad tranquila pero que, aun así, pueden hacerse actividades interesantes.

*Mi colegio y mis amigos.

Pero hay una cosa que no me gusta si tengo que ir andando del colegio a mi casa, como ese viernes:

EL CALOOOOOOOOOOOOOOOR

Hace mucho, muchísimo calor en Marbella. Pero que MUCHO.

Salí del colegio en dirección a mi casa y al principio pude aguantar bastante bien porque caminaba por la sombra que daban los edificios, pero a medio camino esos edificios se convirtieron en casas más bajitas.

Casas más bajitas es igual a: MENOS SOMBRA.

Entonces comencé a sudar y a sentir, en serio, que ME AHOGABA. ASÍ ES EL CALOR DE MARBELLA.

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No me quedaba mucho para llegar a mi casa (y llegar a mi casa significaba una cosa: ¡aire acondicionado!), pero es que tenía la sensación de que, si seguía al sol, acabaría derretida en el suelo.

Necesitaba sombra, PERO ENSEGUIDA.

Por suerte (bueno, en ese momento pensé que era una suerte...) me di cuenta de que ya había llegado al bosque que hay detrás de donde vivo. Normalmente siempre lo rodeo, pero ese día pensé en la brisa que soplaría entre los árboles, en la sombra y en el fresquito...

En serio. BRISA FRESCA. SOMBRA.

Así que decidí introducirme en el bosque y atravesarlo hasta mi casa.

Me arrepentí al momento.

Nada más poner los pies entre los árboles pensé que aquel no parecía el bosque en el que tantas veces había estado jugando y explorando con mis amigos. El bosque que yo recordaba era bonito. Tenía esos árboles que daban sombra y helechos y flores... Se escuchaban los pájaros. Pero el bosque en el que entré escapando del calor parecía...

¿Puede estar enfermo un bosque?

¿Sí?

Pues el bosque de detrás de mi

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