Brujiland 3 - ¡Cuidado con los búhos!

Maria Ayguadé

Fragmento

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Es tan temprano que todavía no ha salido el sol. Las grandes puertas del parque de atracciones Brujiland aún están cerradas y todo está en absoluto silencio. Ni siquiera se oyen animales, porque los nocturnos ya se han ido a dormir y los diurnos aún no han abierto los ojos. De hecho, Nía se ha despertado con tanto sueño que se ha puesto sus siete faldas de bruja encima del pijama.

En cambio, su amiga Paula está completamente despierta, saltando y brincando a su alrededor. ¡Está emocionadísima!

Y es que va a quedarse a dormir en casa de su amiga toda la semana. Bueno, a dormir, a comer, a ducharse, a jugar… Además, la casa de Nía no es una casa normal: ella vive en un castillo encantado dentro del parque de atracciones de su familia, los Búho. ¿Cómo no va a estar emocionada?

Nía se anima cuando ve a su abuela, Nana Búho, a lo lejos. Los últimos metros hacia ella los hacen las dos amigas corriendo y gritando para llamar su atención.

—Pero, niñas, ¿qué hacéis aquí tan pronto? —les pregunta la bruja abrazándolas con cariño.

—Queríamos desearte un muy buen viaje —responde Nía.

—¡Y ver cómo despegas en tu escoba voladora! —añade Paula.

Nana se ríe y las vuelve a achuchar.

—Me temo que esta vez viajaré como los humanos. Anton vive un poco lejos para hacer todo el viaje en escoba. Además, ¡me hace ilusión ir en avión!

El tío Anton es el hermano mayor de Nana Búho, un brujo muy importante y un poco cascarrabias. Nana va a pasar unos días de vacaciones a su casa, un antiguo palacio encantado.

—Se acerca un coche —informa Nía, que tiene un oído de bruja muy fino.

—¡Será mi taxi, por fin! —exclama Nana, entusiasmada.

La bruja abre las puertas de Brujiland con un toque de varita mágica, mientras les confiesa a las niñas que jamás se ha montado en un taxi.

Al taxista le cuesta un buen rato encajar las pesadas maletas de Nana Búho en el maletero. Lleva cinco... ¡Imposible cargarlas en la escoba! Y, entre tanto, aprovecha para recordarles a Nía y Paula todas las tareas que han de realizar en su ausencia:

—Sobre todo, no os olvidéis de darles a los dragoncitos solo comida bien podrida, si no ¡podrían tener una indigestión! Ah, y hay un truco para los búhos cantores: si no queréis que os piquen…

—… nos acercamos cantando Do-re-mi. Lo sabemos, Nana —dice Nía, que tiene bien anotado en un cuaderno todo lo que tienen que hacer mientras Nana no esté en Brujiland.

—Y hay que ir antes de que salga el sol —añade Paula, emocionada.

A Paula le hace mucha ilusión probar su nueva linterna: ¡tiene cuatro modos de luz distintos!

—Pues, ale, daos prisa porque ya se está haciendo de día. ¿Un último abrazo?

Las dos amigas, Nía la brujita y Paula la humana, esperan a que el taxi desaparezca tras las puertas de Brujiland, diciendo adiós a Nana con los brazos sin parar. Y, como a Nía no le dejan tener varita hasta que cumpla los diez años, cuando el taxi ya se aleja y apenas se ve, deben arrastrar las pesadas puertas del parque de atracciones para cerrarlas.

—¿A qué hora llega tu tía? ¡Tengo un hambre que me muero!

—Primero, los búhos, Nía. Cuando acabemos te prometo que vamos a investigar qué hay en su taquilla.

—Vaaaale.

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Sara, la tía de Paula, trabaja en Brujiland y es también estudiante de pastelería. Así que en su taquilla siempre hay magdalenas de arándanos o bizcochos de chocolate que ha hecho en clase.

Los búhos cantores de Brujiland viven en el Bosque embrujado, donde hay también la zona de pícnic del parque de atracciones. Es un lugar que a los visitantes les encanta, porque pueden comer a la sombra de los árboles y, con un poco de suerte, escuchar el precioso canto de algún búho que se ha despertado en pleno día.

Y es que los búhos son animales nocturnos: están despiertos por la noche y duermen de día. ¡Por eso las dos niñas tienen que llegar al Bosque embrujado antes de que salga el sol! Su misión es darles los buenos días antes de que se acuesten, igual que las personas nos damos cada día las buenas noches.

—Do, re, mi…

—Fa, sol, la…

Las dos amigas se acercan cantando tal y como les ha dicho Nana Búho.

MI... SOL… DO… SI… FA…
RE… DO… DO… LA…

¡Menudo guirigay! ¡Y menudo desastre!

Nía y Paula se miran con cara de horror: ¡justo el día que Nana no está!

Y es que hay por lo menos ocho cosas que están mal:

• UNO: los búhos no parece que tengan sueño.

• DOS: los búhos suenan totalmente desafinados.

• TRES: hay muchísimos más búhos de los que Nía y Paula pueden recordar.

• CUATRO: la linterna de Paula venía sin pilas…

• CINCO: ... y se ha olvidado las de recambio.

• SEIS: del susto, a Nía le ha entrado todavía más hambre y está de mal humor.

• SIETE: está saliendo el sol.

• Y OCHO:

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