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La verdadera historia de Caperucita Roja es que no hay una verdadera historiadeCaperucitaRoja... Hace mucho mucho tiempo, cuando se contaba junto al fuego el cuento de la niña, el lobo y la abuela era muy diferente al que nos han contado. La niña, para empezar, no se llamaba Caperucita, y el lobo no siempre era un lobo. ¡Eh!–protestaránloschicos.–¡Y las chicas! –corrige Camila. –Tienesrazón.¡Eh! –protestarán los chicos y las chicas–. Vale que Caperucita no se llameCaperucita, que ya es mucho. Pero que el lobo no sea un lobo es demasiado. –Sí–apruebaJacobo–. ¡Caperucita y el lobo son inseparables!–Esta vez estoy de acuerdo con mi hermano –dice Camila–. Esto suena mása la no tan verdadera historia de Caperucita Roja. –Eso es lo que intento deciros, chicos. No hay una única historia deCaperucita Roja. Antes de llamarse Caperucita, por ejemplo, la niña podía conversar en el bosque con un hombre lobo, un licántropo, o encontrarse a una mujer ogro metida en la cama de la abuela. La verdadera historia de Caperucita Roja tendremos que buscarla entre todas esas historias. –¿Y qué hay de la abuela?–Por desgracia, la suerte de la abuela suele ser siempre la misma y lobo,hombre lobo u ogresa, la pobre termina, ay, en la panza de la bestia. –¿Y el leñador?–El cazador, querrás decir.




–No, el leñador. En la Caperucita del cole no hay cazador. –¡Pues en la mía sí! –La profe dice que en los libros para niños no debe haber armas de fuego. –¿Le parece mejor matar al lobo a hachazos? –Vamos, chicos, no hay necesidad de discutir y menos por cazadores o leñadores. Antes de que Caperucita se llamara Caperucita, la historia no incluía cazadores o leñadores de ningún tipo. Es más, cuando Caperucita empezó por fi n a llamarse Caperucita, tampoco los había. –¿Y entonces quién salva a Caperucita? –Buena pregunta. Esa es una de las cosas que vamos a averiguar en la verdadera, o no tan verdadera, historia de Caperucita Roja.








É
rase una vez una niña muy dulce y muy guapa, tan dulce y tan guapa como podamos imaginar, que vivía con su mamá en una casita junto al bosque.¿Cómosellamaba? Je, je –os reiréis–: ¡Todos sabemos cómo se llamaba! Pero no es así. Una niña tan dulce y tan guapa sin duda tendría un nombre, pues todas las niñas lo tienen. Los cuentos, sin embargo, no lo recogen. –Eso quiere decir que podemos darle el nombre que nos apetezca, ¿no? –Noestoyseguro… –¡Claro que sí! ¡Yo voto por Sara! –¡Yo por Matilde! –¡Mejor Julieta! –¡Sí!¡Julieta! –¿Y por qué no Filomena o Pancracia? –¿Estásdebroma? –Sea como sea, a falta de un nombre tenemos un apodo. Resulta que la abuela de la niña, que la quería más que nadie en el mundo, le había regalado una caperuza roja. –¿Porsucumple? –Sí, es posible. O simplemente porque a las abuelas les gusta regalar cosas bonitas a sus nietas, sobre todo si son buenas, e incluso aunque de cuando en cuando sean un poco perezosas o traviesas. La cuestión es que la caperuza le quedaba tan bien a la niña
