
—¡¡¡HOLA REVOLTOSOS!!!
¡BIENVENIDOS AL ARMARIO DE MIS AMIGAS CARLA Y MALENA!
Seguro que muchos de vosotros, al ver la intro de este vídeo, estaréis pensando que me he vuelto completamente majareta: «¿Qué hace Revoltosa entre abrigos, vaqueros y con una bufanda en la cabeza?». Pues es que voy a gastarles a Carla y a Malena una bromita muy divertida..., sí, sí, de esas que tanto os gustan. ¡Ji, ji, ji! Me voy a esconder aquí hasta que alguna de las dos diga la palabra «purpurina» y entonces saldré con una máscara de payaso loco para darles un susto de muerte. Pero ¡tengo que bajar la voz! Que creo que ya vienen...

Y es que justo en ese momento escucho las voces de mis amigas entrando en el salón. Cierro bien la puerta del armario desde dentro, sujeto la cámara encima de una pila de cajas de zapatos y me pongo la máscara. ¡Solo queda esperar!


—bosteza Carla y se deja caer en el sofá.
—PUES ANDA QUE YO... Es el día más rollazo de toda la historia —contesta Malena, tumbándose junto a su hermana.
El salón está lleno de juguetes abandonados por todas partes y no parece que tengan ganas de jugar con ellos ni de recoger. Siempre se me ocurren un montón de ideas para que pasemos un rato alucinante, como aquella vez que nos convertimos en sirenas durante un día entero o cuando salimos las tres a buscar pelos de unicornio en el parque. Pero ¡ahora no puedo decirles nada de nada!

—¿Y si nos vamos a montar en bici? —pregunta Malena, sin muchas ganas.
—PUFFF... Me da pereza solo de pensarlo.
—¡Ya lo tengo! ¡A esto no me dirás que no! —exclama incorporándose de golpe.
—Cuéntame.

—¡Voy a llamar a Revoltosa para ver si podemos bajar a su casa a jugar!
¡Pues claro! Lo que ellas no saben es que estoy aquí, en su armario. Pero ya me extrañaba que no hubieran pensado en llamarme. Y es que no solo somos vecinas, ¡somos las mejores amigas del mundo mundial! Desde que decidí ser niña para siempre y abrir mi canal de YouTube para que ningún niño se aburriese jamás de los jamases, hemos grabado un montón de vídeos superdivertidos juntas.


—Tienes razón, Malena. ¡Vamos a llamarla! Seguro que se le ocurre algo superdivertido y loco que hacer. Aunque...
—¡Peter Pan con Queso! —dicen a la vez.

Al oír su nombre se me escapa un suspiro tan grande... ¡que casi me descubren! Pero me pongo la mano delante de la boca de la careta y ya no se me oye nada más. ¡Es tan difícil estar enamorada! Más aún cuando es de un chico que tiene la mente en otro UNIVERSO.

A ver, en realidad no se llama Peter Pan con Queso, pero ¿a que es el mejor apodo del mundo? Al fin y al cabo, ¡se llama Pedro y trabaja en una quesería! Adora el queso. Y mi libro favorito desde siempre fue Peter Pan, porque mi padre siempre me lo leía cuando era pequeña. Estamos destinados el uno para el otro, lo que pasa es que él no se ha dado cuenta... Aún. ¡Todos los planes que he hecho para que se enamore de mí han sido un auténtico fracaso! ¡Siempre acaban fatal, y yo muerta de vergüenza! Jo, es que ni siquiera se fija un poquito en mí.
—Menudo fastidio que no le haga caso, ¡con lo guapa y divertida que es!

—Ojalá pudiéramos ayudarla a conquistarlo.
—A lo mejor sí que podemos... Trae un folio, que vamos a apuntar las mejores ideas para que Peter y Revoltosa puedan estar juntos por fin.
Acerco un ojo a la rendija del armario para ver mejor. ¿Qué estarán tramando? Carla ha ido a buscar papel y, mientras tanto, Malena ha sacado un boli rosa del bolsillo del pantalón. Las dos se sientan juntas y se ponen manos a la obra. ¿Será esta la solución definitiva a mis problemas del corazón?

Mmm... Pues sí, mejor pedir ayuda, porque me parece que con esas ideas no íbamos a llegar muy lejos...
—Pedir ayuda ¿a quién? —pregunta Carla, extrañada.
—Pues a alguien que haya visto mucho mundo y sepa de cosas sobrenaturales, como enamorar a un chico que no se fija en ti.
—Alguien como...
—¡Roberto Revoltoso! —exclaman al unísono.
¿A Roberto?
¿A MI PADRE?

—Revoltosos, ¿qué hago? —planteo a la cámara, en voz superbajita—. ¿Debería salir del armario y estropear la broma? Si no lo hago... ¡van a pedirle consejo a mi padre sobre cómo ligar! Y eso es una idea terrible.
—Mira, ¡aquí tengo su número! —anuncia Carla—. Y ya estoy llamando. ¿Es posible que sepa tanto de amor como del mar?


—¡Qué desastre! —le digo a la cámara—. Pero ya no hay nada que pueda hacer, así que tendremos que esperar a ver qué pasa.
Fijo la mirada para no perderme nada y veo como ponen el manos libres. Menos mal, así al menos la Pandilla Revoltosa también podrá oírlo todo. Eso sí, como la conversación sea muy vergonzosa...

