Yo y la supremacía blanca

Layla F. Saad

Fragmento

Prólogo

POR ROBIN DIANGELO

«¡Muy bien!» dices. «¡Lo comprendo! ¿Y ahora, qué debo hacer?».

Soy una educadora antirracista blanca. Invariablemente, la pregunta número uno que me hace una persona blanca al final de una presentación es «¿Qué debo hacer?». Puede parecer una pregunta razonable, una vez que caes en cuenta de que eres cómplice de la supremacía blanca. Sin embargo, la pregunta es problemática. En primer lugar, es problemática porque creo que no es sincera. Habiendo dirigido programas de educación antirracista durante los últimos veinticinco años, constantemente constato que la mayoría de las personas blancas realmente no quieren saber qué hacer con respecto al racismo, si requiere algo que les resulte inconveniente o incómodo.

De hecho, hacer esta pregunta es con frecuencia una forma de mitigar o desviar los sentimientos de incomodidad racial. Mientras que para mí, como persona blanca, el statu quo racista me brinda comodidad prácticamente las 24 horas del día, los siete días de la semana, desafiar ese mismo statu quo es incómodo. Desarrollar la fortaleza racial requerida para desafiar el statu quo racista es, por lo tanto, una parte crítica de nuestro trabajo como personas blancas. Precipitarse hacia las soluciones, especialmente cuando apenas comenzamos a pensar críticamente sobre el problema, echa a un lado el trabajo personal y la reflexión necesarios y nos aleja de comprender nuestra propia complicidad. De hecho, el malestar racial es inherente a un examen auténtico de la supremacía blanca. Al evitar este malestar, se protege el statu quo racista.

Creer que tenemos derecho a respuestas simples también nos permite descartar la información si no recibimos respuestas («¡No nos dijo qué debemos hacer!»). Esto es especialmente arrogante cuando exigimos estas respuestas de personas negras, personas indígenas y personas de color (personas BIPOC por sus siglas en inglés). Básicamente estamos diciendo «Haz tú todo el trabajo y enfrenta los riesgos, y luego dame los frutos de tu trabajo. Yo me quedaré sentado y los recibiré sin correr ningún riesgo personal». ¿Y qué sucede cuando no nos gustan esas respuestas porque no son rápidas, convenientes o cómodas? ¿Qué sucede cuando las respuestas cuestionan la imagen que tenemos de nosotros mismos como individuos progresistas, de mente abierta, libres de todo condicionamiento racial? Tal y como las personas BIPOC han experimentado una y otra vez, cuando no estamos de acuerdo con las respuestas que hemos exigido, con demasiada frecuencia nos sentimos calificados para descartarlas.

La supremacía blanca es posiblemente el sistema social más complejo de los últimos siglos. ¡Si la respuesta fuera simplemente ser agradables y sonreír! Pero, por supuesto, no hay respuestas fáciles para acabar con la supremacía blanca.

En mi esfuerzo por responder la pregunta de qué se debe hacer, he comenzado a hacer la pregunta opuesta: «¿Cómo has conseguido no saber qué hacer?». En la era de Google y las redes sociales, la información sobre lo que las personas blancas pueden hacer sobre el racismo está en todas partes, y las personas BIPOC nos han estado diciendo lo que necesitan durante mucho tiempo. ¿Por qué no hemos buscado la información por nuestra cuenta? ¿Por qué no la hemos buscado, así como lo habríamos hecho para cualquier otro tema que nos interesa? Preguntar a las personas blancas por qué aún no saben la respuesta implica desafiar la apatía que he llegado a creer que la mayoría de la gente blanca siente a propósito de la supremacía blanca. Pero también es una pregunta sincera. Si hiciéramos una lista de por qué no sabemos qué debemos hacer, tendríamos una guía para seguir adelante. Nada en esa guía sería simple o fácil de cambiar, pero el cambio sería posible. La lista podría lucir más o menos así:

  • No me educaron sobre temas de racismo.
  • No hablo de racismo con otras personas blancas.
  • No hablo de racismo con las personas de color en mi vida.
  • No hay personas de color en mi vida.
  • No quiero sentirme culpable.
  • No me ha importado lo suficiente como para averiguarlo.

Layla F. Saad nos ha dado una hoja de ruta para abordar cada uno de estos puntos, así como para entender todas las dinámicas que he planteado, y más. Este libro es un regalo de compasión de parte de una brillante mujer negra dispuesta a guiarte a través de un examen profundo del condicionamiento racial blanco, al servicio de tu liberación. Yo y la supremacía blanca es un nuevo recurso extraordinario, un acto de amor hacia las personas blancas dispuestas a alinear lo que profesan valorar (igualdad racial) con su práctica real (acción antirracista). De manera clara y accesible, Saad ha respondido la pregunta. Ahora, cada vez que una persona blanca me pregunte: «¿Qué debo hacer?», mi respuesta va a incluir «Trabaja con este libro».

PRIMERA PARTE
Bienvenidos al trabajo

Querido lector:

¿Cómo te sentiste la primera vez que leíste el título de este libro? ¿Te sorprendió? ¿Te confundió? ¿Te intrigó? ¿Te incomodó? ¿Tal vez todo lo anterior? Quiero comenzar asegurándote que todos esos sentimientos y más son completamente normales. Este es un libro simple y directo, pero no fácil. Bienvenidos al trabajo.

Soy Layla, y durante (¡al menos!) los próximos veintiocho días, te voy a guiar por un camino que te ayudará a explorar y comprender tu relación con la supremacía blanca. Este libro es una herramienta antirracista personal única en su tipo; está estructurado para ayudar a las personas que disfrutan del privilegio blanco a comprender y asumir su participación en el opresivo sistema de la supremacía blanca. Está diseñado para ayudarlas a asumir la responsabilidad de desmantelar las formas en que este sistema se manifiesta, tanto dentro de ellas mismas como en sus comunidades.

La fuerza principal que impulsa mi trabajo es un deseo apasionado de ser un buen antepasado. Mi propósito es ayudar a crear un cambio, facilitar la sanación y sembrar nuevas posibilidades para aquellos que vendrán después de que yo me haya ido. Este libro es una contribución a ese propósito. Es un recurso que espero que te ayude a hacer el trabajo interno y externo necesario para que seas también un buen antepasado. Para dejar este mundo mejor de lo que lo has encontrado. El sistema de supremacía blanca no fue creado por nadie que esté vivo hoy. Pero es mantenido y sostenido por todas aquellas personas que disfrutan del privilegio blanco, sin importar si así lo desean, o si están de acuerdo con él o no. Es mi deseo que este libro te ayude a cuestionar, desafiar y desmantelar este sistema que ha lastimado y asesinado a tantas personas negras, personas indígenas y personas de color (personas BIPOC, por sus siglas en inglés).

Este libro comenzó como un desafío gratuito de veintiocho días en Instagram, que luego se convirtió en un cuaderno de ejercicios gratuito en PDF descargado por casi noventa mil personas alrededor del mundo. Ahora está en tus manos como un libro publicado, que espero sirva como un compañero confiable que llevarás en tu (metafórica) mochila antirracista.

Este libro es parte educación y parte activación. Vas a ampliar tu comprensión intelectual acerca del racismo y la supremacía blanca, pero aún más importante, vas a hacer un trabajo individual para ayudar a desmantelar este sistema. Este libro te va a ayudar a tener una visión clara sobre los diferentes aspectos de la siempre multifacética supremacía blanca, y de cómo operan de manera sutil y directa dentro de ti y dentro de los demás. Actúa como un espejo para que puedas examinar la manera en la que has sido cómplice de un sistema intencionalmente diseñado para beneficiarte a través de privilegios no ganados, a expensas de las personas BIPOC. Este libro es para personas que están listas para hacer este trabajo, personas que desean crear un cambio en el mundo activando primero su propio cambio personal.

Estamos en un momento muy importante de la historia. A muchas personas blancas progresistas y liberales les gusta creer que estamos en un momento posracial. Pero lo cierto es que el racismo y la antinegritud están vivos. Más aún, siguen prosperando. Las personas BIPOC sufren diariamente los efectos de los colonialismos históricos y modernos. El nacionalismo derechista y antimusulmán está ganando popularidad en todo el mundo occidental. Y la antinegritud sigue siendo una forma de racismo que se puede encontrar en todo el mundo. Puede parecer que estamos en un momento de la historia en el que el racismo y la supremacía blanca están resurgiendo, pero la verdad es que nunca se fueron. Si bien es cierto que eventos históricos recientes, como las elecciones presidenciales de 2016 en Estados Unidos, han puesto estos temas en primer plano, la realidad es que estos problemas siempre han estado ahí. Y las personas BIPOC, en las sociedades y espacios dominados por las personas blancas, han sido víctimas de constantes discriminaciones, inequidades, injusticias y agresiones.

Las personas con privilegio blanco están hoy aprendiendo sobre dinámicas raciales y terminologías de justicia social como nunca antes. Están cayendo en cuenta de que su privilegio blanco los ha protegido de tener que comprender lo que significa navegar por el mundo como una persona BIPOC, y han comenzado a entender las formas en las que han causado daños involuntarios a las personas BIPOC, a través de agresiones raciales. Este libro está aquí para cambiar eso. Está aquí para despertarte, haciéndote ver y decir la verdad. Este trabajo no se trata de esas personas blancas «allá afuera».

Se trata de ti. Solo de ti.

Es importante que comprendas que este es un trabajo profundo, crudo, complicado y personal. Romperá tu corazón, pero también lo ensanchará. Este libro te desafiará de maneras las que no has sido desafiado antes. Pero estamos viviendo en tiempos difíciles. Hay mucho trabajo por hacer. Y el trabajo comienza siendo honesto contigo mismo, educándote, volviéndote más consciente de lo que realmente está sucediendo (y de cómo eres cómplice de ello) y sintiéndote incómodo al cuestionar tus principales paradigmas raciales. Si estás dispuesto a hacer eso, y si todos nos comprometemos a hacer el trabajo que tenemos que hacer, tenemos la oportunidad de crear un mundo y una forma de vida más cercanos a lo que todos deseamos para nosotros y para los demás.

Este trabajo suena abrumador, intimidante y poco gratificante. No te mentiré: lo es. Te abrumarás cuando comiences a descubrir las profundidades de tu supremacía blanca interiorizada. Te sentirás intimidado cuando comiences a darte cuenta de cómo este trabajo necesitará un cambio de proporciones sísmicas en tu vida. Te sentirás sin recompensa porque nadie te va a agradecer el que hayas hecho este trabajo. Pero si eres una persona que cree en el amor, la justicia, la integridad y la equidad para todas las personas, entonces sabes que hacer este trabajo no es negociable. Si eres una persona que quiere ser un buen antepasado, entonces sabes que este trabajo es uno de los trabajos más importantes que serás llamado a hacer en tu vida.

Por hacer lo que es correcto y no lo que es fácil.

Un poco sobre mí

Como vamos a pasar un tiempo bastante largo juntos haciendo un trabajo profundo y delicado, creo que es importante que sepas un poco sobre mí, tu guía, antes de comenzar.

Lo primero que debes saber sobre mí es que me encuentro en diversas intersecciones de identidad y experiencias al mismo tiempo. Soy una mujer negra. Más específicamente, soy una mujer negra de África Oriental y del Medio Oriente. Soy una mujer musulmana. Soy ciudadana británica. Vivo en Qatar. Y hablo, escribo y enseño a una audiencia global.

Mis padres emigraron al Reino Unido desde Zanzíbar y Kenia en la década de 1970, y allí se conocieron y se casaron. Mis dos hermanos menores y yo nacimos y pasamos los primeros años de nuestra infancia en Cardiff, Gales. Luego nos mudamos a Swindon, Inglaterra, y luego a Doha, Qatar, donde todavía vivo. Mi padre, que ahora se acerca a la jubilación, pasó toda su carrera navegando por el mundo como marinero. Viajaba a lugares lejanos y nos traía regalos e historias de otros países. Creo importante decir que él inculcó en mis hermanos y en mí la idea de ser ciudadanos del mundo. Esta idea de que no hay ningún lugar en el mundo al que no pertenezcamos, y de que no tenemos que limitarnos a los intentos de nadie por etiquetarnos o definirnos, me ha acompañado hasta el día de hoy. Mi increíble madre asumió la tarea hercúlea de ser padre y madre para mis hermanos y para mí durante los largos meses en que mi padre trabajaba en el mar. Ella se dedicó a crear un ambiente en nuestro hogar donde nuestra identidad cultural y nuestras creencias religiosas fueron cultivadas y practicadas. El fundamento amoroso que ella construyó durante nuestra infancia todavía se mantiene fuerte hoy.

Y, sin embargo, cada vez que salíamos de la casa, cada vez que íbamos a la escuela, cada vez que veíamos televisión, cada vez que nos conectábamos con el resto del mundo, estábamos interactuando con la supremacía blanca. Todos los días, de maneras sutiles y no tan sutiles, se nos recordaba que éramos el «otro». Que éramos menos que los que tenían privilegio blanco. Puedo contar con los dedos de una mano la cantidad de veces que experimenté un racismo evidente. Pero ese otro racismo, el sutil, sí que lo sentí a diario, de innumerables maneras. Y esos mensajes indirectos —desde ser tratada de manera ligeramente diferente por los maestros de la escuela, pasando por casi nunca ver personajes de ficción o representaciones mediáticas que se parecieran a mí, o comprender que tendría que trabajar mucho más duro que mis compañeros blancos para recibir el mismo trato, hasta entender que mis necesidades no eran una prioridad (¿por qué nunca podía encontrar una base que complementara exactamente mi tono de piel mientras que mis amigas blancas siempre podían hacerlo?)— pintaron una imagen indeleble en mi mente. Una imagen que me enseñó que las niñas negras como yo no importaban en un mundo blanco. Pasaré el resto de mi vida luchando contra esta imagen y pintando una nueva que refleje la verdad: las niñas negras importan. En todas partes.

A lo largo de mi vida, he vivido en tres continentes diferentes: Europa, África y Asia. He pasado poco más de la mitad de ese tiempo viviendo fuera del mundo occidental, pero eso no significa que los efectos de la supremacía blanca no continuaran afectándome. Quiero dejar muy en claro que, aunque soy una mujer musulmana negra, también disfruto de muchos privilegios. No vivo en una sociedad supremacista blanca. La religión que practico es la religión nacional del país en el que vivo. Mis privilegios son socioeconómicos, cisgénero, heterosexuales, de capacidad física, neurotípicos y educativos. No he experimentado ni puedo hablar de la profundidad del dolor que las personas negras que son descendientes de personas esclavizadas en toda la diáspora experimentan a través del racismo. Al vivir en el Medio Oriente, no estoy expuesta a la experiencia más directa de racismo institucional a la que mis hermanos más jóvenes y mi sobrina y sobrino están expuestos, viviendo en el Reino Unido. Sin embargo, la infancia que tuve al crecer como una niña musulmana negra en una sociedad cristiana primordialmente blanca impactó mi desarrollo y el concepto que tenía de mí misma de manera negativa. Y como adulta, en Internet, donde más del 50 por ciento de la población mundial pasa su tiempo y donde yo hago mi trabajo, estoy expuesta a la supremacía blanca todos los días.

Como alguien que comparte su trabajo con una audiencia global (la mayoría de mis lectores y oyentes de podcasts están en Norteamérica, Europa, Australia y Nueva Zelanda), enfrento la inevitable fragilidad blanca que implica ser una mujer musulmana negra con una voz. No vivir en un país occidental no me protege de recibir correos electrónicos o mensajes de redes sociales abusivos, solo por hacer el trabajo que hago.

Pero, aun así, es posible que te estés preguntando, «¿Por qué tú?».

Como alguien que no vive en una sociedad dominada por personas blancas y que no lleva a cuestas un linaje de los horrores de la esclavitud de mis antepasados, ¿por qué he elegido escribir este libro y facilitar este trabajo? ¿Por qué desmantelar la supremacía blanca es tan importante para mí?

Me importa porque soy una mujer negra. Mi trabajo nace tanto del dolor como del orgullo de ser una mujer negra. Es doloroso para mí saber cómo ven y tratan a las personas BIPOC como yo debido al color de nuestra piel. Al mismo tiempo, me siento increíblemente orgullosa de esgrimir la plenitud de lo que soy como mujer negra y de apoyar a otras personas BIPOC a hacer lo mismo, desmantelando el sistema que nos ha impedido hacerlo.

Hago este trabajo porque la supremacía blanca ha impactado negativamente cómo me veo a mí misma y cómo me ve y me trata el mundo. Hago este trabajo porque la supremacía blanca tendrá un impacto negativo en mis hijos y en mis descendientes, porque afectará cómo se ven a sí mismos y cómo el mundo los verá y tratará. Hago este trabajo porque pertenezco a la familia global de la diáspora africana, y me duele que las personas negras de todo el mundo sean tratadas como inferiores debido al color de nuestra piel. Hago este trabajo porque la gente de color de todas partes merece ser tratada con dignidad y respeto —algo de lo que la supremacía blanca los despoja. Hago este trabajo porque tengo una voz, y es mi responsabilidad usar mi voz para desmantelar un sistema que me ha causado daño y que causa daño a las personas BIPOC todos los días. Hago este trabajo porque fui llamada a hacerlo y respondí a ese llamado.

Los conceptos que he reunido en este libro nacen de mis propias experiencias personales (tanto de niña como de adulta, independientemente de dónde haya vivido físicamente en el mundo). Y se profundizan e ilustran a partir de ejemplos de experiencias que he presenciado, contextos históricos, momentos culturales, literatura de ficción y no ficción, los medios de comunicación y más. Solo soy una mujer musulmana negra contribuyendo con todo el trabajo y el esfuerzo de personas BIPOC mucho más valientes y que han arriesgado mucho más que yo en todo el mundo, durante siglos, para desmantelar la supremacía blanca. El privilegio de poder contribuir a este cuerpo de trabajo global y colectivo es un honor que me llena de humildad.

Espero que este trabajo —una combinación de aprendizaje y de escritura reflexiva en un diario personal— genere un cambio profundo en ti que ayude a crear un mundo sin supremacía blanca.

¿En qué consiste la supremacía blanca?

La supremacía blanca es una ideología racista que se basa en la creencia de que las personas blancas son superiores en muchos aspectos a las personas de otras razas y que, por lo tanto, deben dominarlas.1 La supremacía blanca no es solo una actitud o una forma de pensar. También se extiende a la manera en que los sistemas e instituciones están estructurados para mantener este dominio blanco. Para los propósitos de este libro, solo vamos a explorar y examinar cómo se manifiesta la supremacía blanca a nivel personal e individual. Sin embargo, dado que muchos individuos crean y mantienen sistemas e instituciones, espero que en la medida en que más personas hagan su propio trabajo interior, se produzca un efecto dominó que facilite un cambio en la forma en la que supremacía blanca se mantiene en el mundo. Por lo tanto, este trabajo no se trata de cambiar solamente la apariencia de las cosas, sino de cómo ocurren realmente: de adentro hacia afuera, una persona, una familia, un negocio y una comunidad a la vez.

Quizás te preguntes por qué he elegido usar el término supremacía blanca para este libro y no algo más sutil o menos controvertido como Yo y el privilegio blanco o Yo y el prejuicio inconsciente ¡Ciertamente habría hecho que comprar este libro en la librería o compartirlo con tu familia y amigos fuese menos incómodo! La gente muchas veces piensa que la supremacía blanca es un término que solo se usa para describir a personas de extrema derecha y neonazis. Sin embargo, esta idea de que la supremacía blanca solo se aplica a personas supuestamente malas es tanto incorrecta como peligrosa, porque refuerza la idea de que la supremacía blanca es una ideología que solo es respaldada por un grupo marginal de personas blancas. La supremacía blanca está lejos de ser marginal. En las sociedades y comunidades en las que prevalece el etnocentrismo blanco, es el paradigma dominante que forma la base a partir de la cual se crean normas, reglas y leyes.

Muchas personas blancas escuchan las palabras supremacía blanca y piensan “eso no es conmigo”. Suponen no creer en tal supremacía, sino en que todos somos iguales. Asumen que no modifican la manera en la que tratan a las personas en función del color de su piel. Sin embargo, lo que este libro, que es una herramienta de autorreflexión profunda, te ayudará a entender es que eso no es cierto. La supremacía blanca es una ideología, un paradigma, un sistema institucional y una visión del mundo en la que has nacido en virtud de tu privilegio blanco. No estoy hablando de que el color físico de tu piel sea intrínsecamente malo o algo por lo que debas sentir vergüenza. Me refiero a la legislación histórica y moderna, al condicionamiento social y la institucionalización sistémica de la construcción de que las personas blancas son inherentemente superiores a las personas de otras razas. Sí, los sistemas de opresión racistas externos como el cautiverio, el apartheid y la discriminación racial en el empleo se han vuelto ilegales. Pero la discriminación sutil y manifiesta, la marginación, el abuso y el asesinato de personas BIPOC en comunidades dominadas por personas blancas continúa aún en el presente porque la supremacía blanca sigue siendo el paradigma dominante bajo el cual operan las sociedades blancas.

Por lo tanto, debemos llamar a las cosas por su nombre.

Debemos mirar directamente a las formas en que esta ideología racista de la supremacía blanca, esta idea de que lo blanco es mejor, superior, más digno, más creíble, más merecedor y más valioso perjudica activamente a cualquiera que no disfruta de este privilegio blanco. Si estás dispuesto a atreverte a mirar la supremacía blanca a los ojos y verte reflejado, estarás mejor equipado para desmantelarlo dentro de ti y dentro de tus comunidades.

La supremacía blanca es un sistema en el que has nacido. Lo sepas o no, es un sistema que te ha otorgado privilegios, protección y poder no ganados. También es un sistema que ha sido diseñado para mantenerte dormido y sin darte cuenta de lo que tener ese privilegio, esa protección y ese poder ha significado para las personas que no se parecen a ti. Lo que recibes por tu color de piel tiene un alto costo para aquellos que no son blancos. Esto puede asquearte y hacerte sentir culpa, enojo y frustración. Pero no puedes cambiar tu color de piel para dejar de recibir estos privilegios, al igual que las personas BIPOC no pueden cambiar su color de piel para dejar de ser racialmente discriminados. Pero lo que puedes hacer es despertar y entender lo que realmente está sucediendo. Te invito a desafiar tu complicidad con este sistema y a trabajar para desmantelarlo dentro de ti y del mundo.

¿Para quién es este trabajo?

Este trabajo es para cualquier persona que disfrute del privilegio blanco. Cuando digo cualquier persona, me refiero a personas de cualquier identidad de género, incluidas las personas de género no conforme, y por quien disf

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