Alas rotas

Josefina Vázquez Mota

Fragmento

Título

Prólogo

El combate a la explotación sexual de niñas,
niños y adolescentes desde la
Unidad de Inteligencia Financiera

La obra que nos presenta Josefina Vázquez Mota es una recopilación de textos de autores inmersos en diversos ámbitos, públicos y privados, académicos, educativos, de salud y asociaciones civiles que han enfocado sus esfuerzos en luchar contra este terrible mal desde distintas aproximaciones y enfoques, todos ellos con la intención de hacer visible y generar una reflexión en torno a la violencia sexual infantil. También nos ofrece una visión personal, intercalando historias y experiencias que lamentablemente llegan a vivir nuestros niños, niñas y adolescentes a diario.

La senadora Vázquez Mota es una mujer preocupada por los temas sensibles, y con este trabajo da voz a las víctimas de violencia sexual infantil, lo cual suma bastante en la visibilización de este tipo de agresión. El libro plantea este tema desde dos grandes vertientes: la de las víctimas y la de los expertos. La primera introduce al lector, a través de testimonios, en una realidad violenta en la que por desgracia niñas, niños y adolescentes son abusados y en muchas ocasiones afectados de manera permanente, pero cuya voz alzada también nos permite comprender que tomar decisiones a tiempo, como sociedad nos ayuda a identificar y combatir día con día este tipo de violencia. En la segunda, los expertos comparten valioso conocimiento en diferentes disciplinas, como: detección de abuso y mecanismos para enfrentar problemas diversos derivados de éste; los cuidados necesarios de los infantes para propiciarles un desarrollo pleno; el acompañamiento de la víctima desde el ámbito psicológico, neurológico, fisiológico, social y de percepción; la identificación de los diferentes tipos de maltrato; el impacto de la conducta sexual abusiva en un menor y las secuelas durante su vida adulta en el ámbito privado y social; el abuso sexual, desde la psicología, la medicina y el derecho.

Asimismo, resalta que durante la época de pandemia el abuso sexual, en su forma digital, ha ido en alarmante aumento. Por ello, aborda el grooming, práctica de acoso y violencia sexual en medios digitales cuyos actores, en cuanto adultos, atentan contra la vida de niñas, niños y jóvenes; y el sexting, término que alude a la recepción o transmisión de imágenes o videos de contenido sexual infantil y juvenil a través de redes sociales.

La importancia de hablar de una situación de abuso en todos sus aspectos resulta indispensable para generar acciones de prevención y sanción que contrarresten la violencia sexual infantil, fortalecidas gracias al esfuerzo común de instituciones y la sociedad, refrendando así el compromiso de proteger a a la población más joven.

Los esfuerzos legislativos abordados en el texto serán necesarios para robustecer el entramado legal e institucional que debe combatir la violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes, lo cual mejorará el esquema de protección a menores de edad, homologando así los tipos penales y sus sanciones. Por ello, se propone expedir un Código Penal Nacional que conduzca el orden normativo y permita contribuir con la implementación de medidas de protección para el desarrollo de los agraviados.

Parte importante de esta imprescindible obra es el análisis y la descripción de instrumentos jurídicos que son resultado de la necesidad de protección de las niñas, niños y adolescentes en el ámbito nacional e internacional tales como la Convención sobre los Derechos del Niño, cuyo objetivo es proteger al niño contra toda forma de explotación y abuso sexual; la Convención sobre la Eliminación de toda Forma de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés), y la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Convención de Belém do Pará); la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad, la cual reconoce que las mujeres y las niñas con discapacidad están expuestas a un riesgo mayor de ser víctimas de abuso, por lo que obliga a su protección; la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes; la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia; la Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar los Delitos en Materia de Trata de Personas y para la Protección y Asistencia a las Víctimas de estos Delitos, entre otras.

De acuerdo con lo anterior, la legislación es uno de los medios tradicionales con que cuenta el Estado mexicano para combatir esta grave problemática y garantizar los derechos inalienables de los ciudadanos, especialmente en las etapas más vulnerables de su vida.

A la par, las instituciones del Estado mexicano hemos desarrollado recientemente instrumentos de análisis que nos permiten ser más contundentes al detectar, contener y perseguir delitos, ya que muchos de ellos dejan un rastro financiero tras de sí que puede desenmascarar la compleja arquitectura del crimen organizado.

En este sentido, en el ejercicio de mis funciones, en la Unidad de Inteligencia Financiera he abordado un tema que viola derechos fundamentales y atenta contra la dignidad humana, además de ser profundamente doloroso: la trata y el tráfico de personas. Es una actividad ilícita que no bastando con coartar las libertades de los seres humanos, representa una de las economías ilícitas que más ganancias genera a nivel mundial.

Considero oportuno presentar aquí un ejercicio que ejemplifica la forma de coadyuvar de la UIF en el combate de estas conductas.

Dentro de las facultades de la UIF está la de analizar operaciones financieras y actividades vulnerables que pudieran derivar de este delito. Esto mediante un análisis de riesgo y minería de datos que permita detectar operaciones de trata. La metodología para efectuar el análisis de riesgo es la siguiente:

• Se realiza un monitoreo continuo de los reportes de operaciones inusuales que recibe el sistema financiero al 24 agosto de 2020, relacionadas en las modalidades de trata de personas, adopción ilegal, esclavitud, explotación sexual, corrupción de menores, tráfico de órganos y explotación laboral. Su rastreo se lleva a cabo mediante minería de texto, para lo cual se utilizan expresiones lógicas con patrones o palabras clave relacionadas con el delito y se clasifican por tipo de modalidad. Es un proceso semiautomático que finaliza con una revisión exhaustiva que garantice la precisión de la coincidencia.

• Se genera una distinción para clasificar si el delito se vincula con niños, adolescentes o menores de edad en general.

• Se buscan reportes relacionados con explotación sexual de menores de edad reportados durante el periodo de pandemia por Covid-19; que provenga de redes o sujetos dedicados a la actividad ilícita, con operaciones que van del 16 de marzo al 24 de agosto.

• Los sujetos identificados con al menos un reporte de operación inusual en el que se encuentra una relación con el delito de trata se buscan en el Modelo de Riesgo para Lavado de Dinero (Modelo de Riesgo Global). Este modelo genera una calificación que incluye información financiera y de actividades vulnerables (Avisos) con más de 245 variables o indicadores de riesgo en términos de lavado de dinero sobre el perfil del sujeto, indicadores derivados de tipologías o esquemas de riesgo, operaciones financieras y no financieras, vínculos y temporalidad de las operaciones. La calificación del Modelo de Riesgo Global es el instrumento utilizado por la UIF para priorizar el análisis operativo de los sujetos de manera proactiva y se actualiza periódicamente con la nueva información.

Otra manera de identificar a sujetos de riesgo es de forma reactiva a partir de sujetos ya identificados previamente con elementos de alerta sobre delito por alguna autoridad o fuente externa. Los sujetos son cruzados con las bases de datos disponibles y su calificación se identifica en el Modelo de Riesgo Global para dar una prioridad de análisis de los objetivos o de sus relacionados.

En ese contexto, se determinaron 1,889 reportes de operaciones inusuales relacionadas con delito en las modalidades de trata de personas, adopción ilegal, esclavitud, explotación laboral, explotación sexual, corrupción de menores y tráfico de órganos, de las cuales 363 están relacionadas con menores de edad.

Los reportes de operaciones de trata de menores y otros, por año de operación, se presentan a continuación:

Año

Menores

Otros

Total

Anterior

17

60

77

2010

10

22

32

2011

16

46

62

2012

19

83

102

2013

22

118

140

2014

22

204

226

2015

66

106

172

2016

18

113

131

2017

31

186

217

2018

37

180

217

2019

69

341

410

2020

36

67

103

Total

363

1,526

1,889

Respecto a la explotación sexual en general, los reportes del sistema financiero de operaciones relacionadas con explotación sexual de menores y otros, por año de operación, arrojan los siguientes resultados:

Modalidad

Menores

Otros

Reportes

Trata de personas

16

1,017

1,033

Explotación sexual

250

419

669

Explotación laboral

36

27

63

Corrupción de menores

57

0

57

Tráfico de órganos

1

48

49

Adopción ilegal

3

13

16

Esclavitud

0

2

2

Total

363

1,526

1,889

La trata de personas se incrementó en 2016, 2017 y 2018; a pesar de que en menores se mantuvo baja durante 2016, mostró un aumento en 2017, 2018 y 2019. En relación con los reportes de explotación sexual de menores durante la pandemia, del 16 de marzo al 24 de agosto de 2020 se identificaron 14 reportes de operaciones relacionadas con la explotación sexual infantil vinculadas con redes o sujetos dedicados a la actividad ilícita. De estos reportes, ocho están relacionados con pornografía infantil.

A partir de estos datos, la UIF además de ocuparse del tema financiero se ha dado a la tarea de dar especial asistencia a estos casos, atendiendo de manera personalizada cada uno de ellos, brindando acompañamiento integral a víctimas y proporcionando información sobre instituciones a las que pueden acudir para recibir apoyo psicológico y legal en caso de requerirlo así.

Finalmente, esta compilación nos deja una enorme tarea como ciudadanos, pero sobre todo como seres humanos, pues debemos de proteger a la infancia desde la familia hasta las políticas públicas de prevencion de violencia sexual que los gobiernos generen para ello. Es imprescindible hacer conciencia sobre los grandes temas pendientes como la prevención de conductas abusivas con programas de capacitación y técnicas para padres, instituciones educativas con programas que procuren asegurar el sano desarrollo de los menores y reformas legislativas que eviten dichas conductas y las sancionen en su justa medida para garantizar a toda niña, niño y adolescente un derecho fundamental: el derecho a la felicidad.

Por todo ello me parece indispensable la lectura de esta obra, pues pone de manifiesto el estado actual de este tipo de delitos, la relevancia del conocimiento de estas conductas tiene la finalidad de que, de manera conjunta, instituciones y sociedad civil realicen acciones encaminadas hacia la prevención para hacer frente a este “monstruo de mil cabezas”, como atinadamente lo llama la autora.

DR. SANTIAGO NIETO CASTILLO
titular de la Unidad de Inteligencia Financiera
de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público

Título

Introducción

Tienes en tus manos las voces y los gritos de auxilio de cinco millones de niñas, niños y adolescentes víctimas del crimen de violencia sexual infantil.

Ellas y ellos nos necesitan urgentemente, es tiempo de romper el silencio y acabar con los secretos y la impunidad, es tiempo de fortalecer la prevención y acompañar a las víctimas. Las niñas y los niños no tienen partido, pero sí te necesitan a ti, a mí y a muchos otros para replicar sus voces y colaborar con el mayor de nuestros compromisos: tener acceso a una vida sin violencia, con derecho a la paz, con derecho al respeto, con derecho al amor y a la felicidad.

En estas páginas encontrarás uno de los mejores programas de prevención sexual que existen en México. Asimismo, podrás acompañar a las víctimas que, con coraje y valor, nos comparten sus historias. Aprenderás la forma de ayudar a quienes ya han sufrido este terrible crimen que puede destruir su vida durante décadas, y en ocasiones para siempre.

Tienes razón al afirmar que ésta es una horrible realidad, porque así lo es, pues el silencio, el miedo, la ignorancia, la injusticia, las malas leyes, una cultura patriarcal y machista, la impunidad, entre muchas otras causas, han fortalecido a los criminales y han abandonado a las víctimas.

Te invito a continuar con esta lectura, a que no cedas ante el dolor de estos testimonios y realidades, pues de lo contrario, el temor seguirá protegiendo a los criminales. Te invito a que escuches las voces de quienes por años guardaron silencio y que por fin han decidido hablar fuerte y alto en estas páginas. Te invito a conocer buenas prácticas, caminos de prevención y acompañamiento para las víctimas, que con urgencia deben de conocerse y difundirse.

Tómate un respiro en la página que lo necesites, pero, por favor, no dejes de leer, porque una sociedad que destruye a sus niñas y niños se destruye a sí misma de manera irremediable, pero una sociedad que los protege y exige y trabaja para que tengan una vida sin violencia, sin miedo, con derecho al amor, a la educación, a un sano desarrollo integral, a ser felices y a construir sus sueños tendrá por delante un próspero presente y, en especial, un futuro en el cual la paz y la legalidad serán la norma y no la excepción.

Te invito a convertir este libro en un nuevo principio para la construcción de la paz y para garantizar a millones de niñas, niños y adolescentes una vida libre de violencia.

“No, señora, lo que hizo su hija no es monstruoso, ni es pecado ni es anormal, no necesita terapia, sólo está explorando y experimentando su sexualidad como muchos niños y niñas de su edad, la que necesita venir a terapia es usted.”

Una, dos, tres terapias solamente; pero una noche se asomó Aurelio, rompiendo mi sueño, el vecino que había robado mi infancia hacía 30 años. Entonces comprendí la pesadilla que me había perseguido toda la vida, pero nunca tan vívida y tan clara como aquella noche. Sí, él había abusado de mí cuando tenía apenas 3 o 4 años. Fin de la terapia. “No se preocupe, señora, sólo fue eso, no hay nada más.”

Veinte años más tarde, en el ejercicio de mi trabajo, la pesadilla regresó, y me di cuenta de que sí había de qué preocuparme, que no sólo era eso, sino que me habían robado mis sueños, que me habían roto para siempre, porque nunca pude ser una niña o una mujer plena. Siempre temerosa, siempre desconfiada, siempre antisocial, siempre obediente, siempre sumisa, siempre combatiendo mis náuseas para cumplir con mis “obligaciones” de esposa. Las secuelas, como en miles de niñas y niños, fueron para siempre. Aquí estoy, 50 años después, viendo pasar mi vida, una vida de abuso y de maltrato, sumergida en un silencio lacerante en el que aprendí a conducirme sin importar cuán grande o pequeña fuera la vejación. Aquí estoy, dando respuesta a muchos porqués de mi vida.

La violencia sexual infantil es un monstruo de mil cabezas que amenaza la vida de nuestras niñas, niños y adolescentes en todos los lugares que habitan, en todos sus mundos, comenzando desde su propio hogar, el cual puede convertirse en el peor de los infiernos.

Este crimen es mucho más común de lo que imaginamos, sobre todo en un país con una arraigada cultura patriarcal, cuyas expresiones y comportamientos machistas y misóginos cobran toda su fuerza, abuso y atrocidad.

Después de que un vecino me violó, mi hermano mayor quiso abusar de mí también, pero no me dejé y fui a acusarlo con mi mamá: “¡Mentirosa!, cómo puedes decir algo así”. Quise intentarlo con mi papá, pero la respuesta fue peor, me abofeteó; cómo podía ser capaz de levantarle esas falsas historias a su primogénito.

Los testimonios se multiplican sin que haya cifras exactas, pues la violencia sexual es un crimen que cuenta con al menos tres grandes aliados: por un lado, el silencio y la secrecía; por otro, una casi absoluta impunidad y, por supuesto, el miedo, ese miedo que sienten las víctimas a ser juzgadas, a creer que son culpables, y ese otro miedo a que no les crean e incluso a ser objeto de mayor violencia, estigmatización y rechazo.

A mí me violó mi abuelo, tenía 8 años, no podía decir nada, no podía “destruir” a mi familia. ¿Cómo podía explicarle a mi mamá lo que su papá me hacía? Nadie me creería, y si lo hacía, de sólo imaginar la reacción de mi abuela, mis tíos y mis primos preferí guardar silencio por mucho tiempo; no fue sino hasta 25 años después cuando él, estando en su lecho de muerte, me dijo, “Hija, perdóname, por favor, perdóname, ve y diles a todos que fui un hijo de la &%&=! y platícales lo que hice, que vean que fui un monstruo, y no el hombre que todos pensaron que era”. Lo hice en su velorio, pensando que con ello podría alcanzar un poco de paz, pero no, no lo conseguí.

“Por favor, también escriba sobre la pornografía infantil en redes”, me pide la mamá de una joven adolescente con lágrimas en los ojos. “Nuestros hijos y nosotros como padres nunca podremos volver a dormir igual… El video está ahí, agazapado, esperando a que lo busquen para repetirse una y otra vez.” Cuando la foto o el video permanecen en las entrañas de internet poco o nada se puede hacer, pues los ciberpedófilos que se encargan de viralizarlo se encuentran en todo el mundo.

Hoy en día los videos y las imágenes en internet se han multiplicado de manera abrumadora. El año pasado en Estados Unidos los cálculos de las visitas a estos contenidos ascendían a más de 70 millones y sigue en constante aumento; a pesar de que empresas como Facebook o Google han tratado de frenarlo limitando y denunciando estos contenidos, es cierto que hombres y mujeres que encuentran satisfacción en estos materiales emigran a otras plataformas como Zoom o algunas otras en vivo porque son más difíciles de rastrear (Keller, 2020).1

Durante esta etapa de confinamiento, alumnos de instituciones educativas como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) solicitaron que las clases en línea se dieran en una plataforma diferente a Zoom, pues los ciberdelicuentes sexuales han intervenido las sesiones y han subido pornografía a éstas.

Entre marzo y abril del año 2020 hubo un incremento de 73% en los reportes de pornografía infantil, reveló Radamés Hernández Alemán, director del Centro de Respuesta de Incidentes Cibernéticos de la Dirección General Científica de la Guardia Nacional (Reporte Índigo, 2020).2

Un estudio realizado por el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres)3 destaca que durante 2016 en México 4.5 millones de niñas, niños y adolescentes de 12 a19 años habían sido víctimas de ciberacoso.

De acuerdo con el Unicef,4 el ciberacoso es un tipo de acoso o intimidación gestado por medio de las tecnologías digitales en redes sociales, juegos, teléfonos móviles y correos electrónicos. Durante las últimas décadas, las niñas, niños y adolescentes han estado en constante peligro de ser víctimas de esta práctica.

El sexting, práctica que consiste en compartir fotografías y mensajes de texto de contenido sexual entre adolescentes, también se ha incrementado de manera alarmante; este tipo de contenido también puede terminar difundiéndose inadecuadamente o ser utilizado como forma de acoso o extorsión.

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