Los Gatos Guerreros | Los Cuatro Clanes 6 - La hora más oscura

Erin Hunter

Fragmento

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Filiaciones

TRUENO.jpgCLAN DEL TRUENO

• Líder

– ESTRELLA DE FUEGO: hermoso gato rojizo.

– Aprendiz: ZARZO

• Lugarteniente

– TORMENTA BLANCA: gran gato blanco.

• Curandera

– CARBONILLA: gata gris oscuro.

• Guerreros (gatos y gatas sin crías)

– CEBRADO: lustroso gato atigrado, negro y gris.

– Aprendiza: FRONDINA

– RABO LARGO: gato atigrado, de color claro. con rayas muy oscuras.

– MUSARAÑA: pequeña gata marrón oscuro.

– Aprendiz: ESPINO

– FRONDE DORADO: atigrado marrón dorado.

– Aprendiza: ZARPA TRIGUEÑA

– MANTO POLVOROSO: gato atigrado marrón oscuro.

– Aprendiz: CENICIENTO

– TORMENTA DE ARENA: gata color melado claro.

– LÁTIGO GRIS: gato de pelo largo, gris uniforme.

– ESCARCHA: dotada de un bello pelaje blanco y ojos azules.

– FLOR DORADA: de pelaje rojizo claro.

– NIMBO BLANCO: gato blanco de pelo largo.

• Aprendices (de más de seis lunas de edad, se entrenan para convertirse en guerreros)

– ESPINO: atigrado marrón dorado.

– FRONDINA: gata gris claro con motas más oscuras, de ojos verde claro.

– CENICIENTO: gato gris claro con motas más oscuras, de ojos azul oscuro.

– ZARZO: atigrado marrón oscuro de ojos ámbar.

– ZARPA TRIGUEÑA: gata parda de ojos verdes.

– CARA PERDIDA: gata blanca con manchas canela.

• Reinas (gatas embarazadas o al cuidado de crías pequeñas)

– SAUCE: gata gris muy claro, de ojos azules poco comunes.

• Veteranos (antiguos guerreros y reinas, ya retirados)

– TUERTA: gata gris claro; el miembro más anciano del Clan del Trueno; prácticamente ciega y sorda.

– OREJITAS: gato gris con las orejas muy pequeñas; el macho más viejo del Clan del Trueno.

– COLA MOTEADA: en sus tiempos, una bonita gata leonada con un precioso manto moteado.

– COLA PINTADA: atigrada clara.

SOMBRA.jpgCLAN DE LA SOMBRA

• Líder

– ESTRELLA DE TIGRE: enorme gato atigrado marrón oscuro, con garras delanteras inusualmente largas; antiguo miembro del Clan del Trueno.

• Lugarteniente

– PATAS NEGRAS: gran gato blanco con enormes patas negras como el azabache; anteriormente fue un gato proscrito.

• Curandero

– NARIZ INQUIETA: pequeño gato blanco y gris.

• Guerreros

– ROBLEDO: pequeño gato marrón.

– CIRRO: atigrado muy pequeño.

– GUIJARRO: gato atigrado plateado; anteriormente, un proscrito.

– BERMEJA: gata de color rojizo oscuro; anteriormente, una proscrita.

– Aprendiz: ZARPA CEDRINA

– COLMILLO ROTO: enorme gato; anteriormente, un proscrito.

– Aprendiz: ZARPA SERBAL

• Reinas

– AMAPOLA: atigrada marrón claro de patas muy largas.

VIENTO.jpgCLAN DEL VIENTO

• Líder

– ESTRELLA ALTA: gato blanco y negro de cola muy larga.

• Lugarteniente

– RENGO: gato negro con una pata torcida.

• Curandero

– CASCARÓN: gato marrón de cola corta.

• Guerreros

– ENLODADO: gato marrón oscuro con manchas.

– MANTO TRENZADO: gato atigrado gris oscuro.

– OREJA PARTIDA: macho atigrado.

– BIGOTES: joven atigrado marrón.

– Aprendiz: ERGUINO

– CORRIENTE VELOZ: atigrada gris claro.

• Reinas

– PERLADA: gata gris.

– FLOR MATINAL: reina color carey.

– COLA BLANCA: pequeña gata blanca.

RIO.jpgCLAN DEL RÍO

• Líder

– ESTRELLA LEOPARDINA: gata atigrada con insólitas manchas doradas.

• Lugarteniente

– PEDRIZO: gato gris con las orejas marcadas con cicatrices de peleas.

– Aprendiz: BORRASQUINO

• Curandero

– ARCILLOSO: gato marrón claro de pelo largo.

• Guerreros

– PRIETO: macho negro grisáceo.

– PASO POTENTE: corpulento gato atigrado.

– Aprendiz: ZARPA ALBINA

– SOMBRA OSCURA: gata gris muy oscuro.

– VAHARINA: gata gris oscuro de ojos azules.

– Aprendiza: PLUMILLA

– TRIPÓN: gato marrón oscuro.

• Reinas

– MUSGOSA: gata parda.

CLAN DE LA SANGRE

Líder

– AZOTE: pequeño gato negro con una pata blanca.

Lugarteniente

– HUESO: enorme gato blanco y negro.

GATOS DESVINCULADOS DE LOS CLANES

– CENTENO: gato blanco y negro; vive en una granja cercana al bosque.

– CUERVO: lustroso gato negro que vive en la granja con Centeno.

– PRINCESA: atigrada marrón claro, con el pecho y las patas de color blanco; es una gata doméstica.

– TIZNADO: rollizo y afable gato blanco y negro; adora vivir en una casa junto al bosque. Es un gato doméstico.

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Prólogo

La lluvia caía intensamente, repiqueteando sobre el duro y negro Sendero Atronador que discurría entre interminables filas de viviendas de Dos Patas. De vez en cuando, un monstruo pasaba gruñendo, con ojos cegadores y con un Dos Patas acurrucado en el interior de su brillante pelaje.

Dos gatos doblaron silenciosamente la esquina pegados a las paredes, donde las sombras eran más densas. En primer lugar marchaba un gato gris y flacucho; tenía una oreja mordisqueada, ojos relucientes y vigilantes, y todo el pelo aplastado y oscurecido por el agua.

Tras él avanzaba un enorme atigrado de anchos omóplatos y músculos que se movían ágilmente bajo su pelaje empapado. Sus ojos ámbar brillaban entre la cruda luz, y su mirada iba de un lado a otro como si esperase un ataque.

Se detuvo en la oscura entrada de una vivienda de Dos Patas que ofrecía cierta protección y gruñó:

—¿Cuánto falta todavía? Este lugar es un asco.

El gato gris miró atrás.

—Ya no estamos lejos.

—Más vale que sea así.

Con una mueca, el atigrado marrón oscuro prosiguió la marcha, agitando las orejas irritado para sa­cudirse las gotas de lluvia. Una fuerte luz amarilla incidía sobre él, que se encogió cuando un monstruo tomó la curva rugiendo y levantando una ola de agua sucia que apestaba a desechos de Dos Patas. El gato soltó un gruñido cuando el agua cayó alrededor de sus patas y le salpicó el pelo.

Le asqueaba todo lo del poblado de Dos Patas: la dura superficie bajo las zarpas, el hedor de los monstruos y de los Dos Patas que llevaban en sus entrañas, los ruidos desconocidos y, muy especialmente, el hecho de no poder sobrevivir allí sin un guía. El atigrado no estaba acostumbrado a depender de otros gatos para nada. En el bosque conocía todos los árboles, todos los arroyos, todas las madrigueras de conejo. Era considerado el guerrero más fuerte y peligroso de los clanes. Ahora, sus aguzados sentidos y sus habilidades resultaban inútiles. Se sentía como si fuera sordo, ciego y débil, siguiendo a su compañero como un cachorro indefenso a la zaga de su madre.

Pero valdría la pena. El atigrado agitó los bigotes lleno de expectación. Ya había emprendido un plan que convertiría a sus enemigos más odiados en presas impotentes en su propio territorio. Cuando los perros atacaron, nadie sospechó que hubieran sido atraídos y dirigidos durante todo el camino. Y ahora, si las cosas salían según lo planeado, la expedición al poblado Dos Patas le proporcionaría todo lo que siempre había deseado.

El gato gris fue en cabeza por el sendero y a través de un espacio abierto que atufaba a monstruos de Dos Patas. Un torbellino de color procedente de antinaturales luces naranja flotaba en los charcos. Se detuvo en la entrada de un estrecho pasaje y abrió la boca para absorber el olor del aire.

El atigrado se paró e hizo lo mismo. Se pasó la lengua por el hocico, asqueado por la pestilencia de comida putrefacta de los Dos Patas.

—¿Es aquí? —inquirió.

—Aquí es —respondió el guerrero gris, tenso—. Ahora recuerda lo que te he dicho. El gato con el que vamos a reunirnos está al mando de muchos gatos. Debemos tratarlo con respeto.

—Guijarro, ¿has olvidado quién soy?

El atigrado dio un paso hacia su compañero, alzándose ante él.

El escuálido gato gris pegó las orejas al cráneo.

—No, Estrella de Tigre, no lo he olvidado. Pero aquí no eres líder de clan.

—Acabemos con esto de una vez —replicó Estrella de Tigre con un gruñido.

Guijarro se internó en el callejón. Se detuvo al cabo de unos pocos pasos, cuando una figura gigantesca se alzó ante ellos.

—¿Quién anda ahí?

Un gato blanco y negro de anchos omóplatos salió de entre las sombras. Sus fuertes músculos se marcaban bajo el pelaje empapado por la lluvia.

—Identificaos. Aquí no nos gustan los forasteros —añadió.

—Saludos, Hueso —maulló el guerrero gris con firmeza—. ¿Me recuerdas?

El gato blanco y negro entornó los ojos y guardó silencio unos segundos.

—Así que has regresado, ¿eh, Guijarro? —maulló por fin—. Nos dijiste que ibas en busca de una vida mejor en el bosque. ¿Qué estás haciendo aquí?

Dio un paso adelante, pero Guijarro se mantuvo donde estaba, sacando las uñas contra el suelo irregular.

—Queremos ver a Azote —respondió.

Hueso soltó un resoplido, medio desdeñoso, medio risueño.

—No creo que Azote quiera verte a ti. ¿Y quién es ese que va contigo? No lo reconozco.

—Me llamo Estrella de Tigre. He venido desde el bosque para hablar con tu líder.

Los ojos de Hueso pasaron de Estrella de Tigre a Guijarro una y otra vez.

—¿Qué queréis de él? —preguntó.

Los ojos ámbar de Estrella de Tigre centellearon como las luces de los Dos Patas que se reflejaban sobre las piedras mojadas que los rodeaban.

—Hablaré de eso con tu líder, no con su patrulla fronteriza.

Hueso erizó el pelo y sacó las uñas, pero Guijarro se apresuró a situarse entre él y Estrella de Tigre.

—Azote tiene que escucharlo —aseguró—. Podría ser ventajoso para todos los gatos.

Durante unos segundos, Hueso vaciló, pero luego retrocedió para dejar pasar a Guijarro y Estrella de Tigre. Los abrasó con su mirada hostil, pero no dijo nada.

Entonces Estrella de Tigre se puso en cabeza, avanzando cautelosamente mientras la luz se desvanecía a sus espaldas. A ambos lados, gatos esqueléticos se escabullían detrás de montones de basura y seguían el avance de los dos intrusos con ojos relucientes. Estrella de Tigre tensó los músculos. Si aquella reunión iba mal, quizá tendría que salir de allí peleando.

Un muro bloqueaba el final del pasaje. Estrella de Tigre miró alrededor, buscando al líder de aquellos gatos del poblado de Dos Patas. Se esperaba una criatura incluso más grande que el corpulento Hueso, y, al principio, su mirada no se detuvo en un pequeño gato negro que estaba agazapado en un sombrío portal.

Guijarro le dio un empujoncito y señaló con la cabeza al gato negro.

—Ahí está Azote —anunció.

—¡¿Ése es Azote?! —preguntó Estrella de Tigre. Su exclamación de incredulidad resonó más que la lluvia que caía—. Pero ¡si no es mayor que un aprendiz!

—¡Chist! —Los ojos de Guijarro se llenaron de pánico—. Puede que éste no sea un clan corriente, pero estos gatos matarían si se lo ordenara su líder.

—Parece que tengo visita. —La voz del gato negro era aguda y quebrada, como hielo resquebrajándose—. No esperaba volver a verte, Guijarro. ¿Has cambiado de idea y has vuelto arrastrándote? ¿Esperas que te reciba con los brazos abiertos?

—No, Azote —respondió Guijarro sosteniéndole la mirada, azul como el hielo—. En el bosque se vive bien. Hay muchas presas, no hay Dos Patas...

—Tú no has venido a ensalzar las virtudes de la vida en el bosque —lo interrumpió Azote sacudiendo la cola—. Las ardillas viven en los árboles, no los gatos. —Entornó los ojos, que refulgían con un débil ardor—. Así que dime, ¿qué quieres?

Estrella de Tigre dio un paso adelante, apartando al guerrero gris.

—Yo soy Estrella de Tigre, el líder del Clan de la Sombra —gruñó—. Y tengo una propuesta para ti.

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Tenues rayos de luz se filtraban a través de los árboles mientras Corazón de Fuego llevaba a su líder a su definitivo lugar de descanso. Con los dientes firmemente cerrados sobre el pescuezo de Estrella Azul, desanduvo la ruta que había tomado la manada de perros, atraída por los valerosos guerreros del Clan del Trueno hasta el despeñadero y hasta su destrucción. Se sentía todo el cuerpo entumecido, y la cabeza le daba vueltas con la espantosa certeza de que Estrella Azul estaba muerta.

Sin su líder, el bosque le parecía diferente, incluso más extraño que el primer día que se aventuró en él, cuando aún era un minino doméstico. Nada era real: sentía que los árboles y rocas podían disolverse como niebla en cualquier momento. Un gran silencio antinatural lo cubría todo. Corazón de Fuego comprendió que las presas se habían escondido, ahuyentadas por los perros desbocados, pero, aturdido por el dolor, parecía que incluso el bosque estaba de duelo por Estrella Azul.

La escena en el despeñadero se repetía una y otra vez en su mente. Vio de nuevo las babeantes mandíbulas del perro que lideraba la manada, y sintió cómo lo atrapaban sus afilados colmillos. Recordó cómo Estrella Azul había aparecido de la nada para abalanzarse contra el perro, empujándolo —y a ella misma con él— por el borde del precipicio hasta el río. Corazón de Fuego se encogió al recordar el helado impacto del agua cuando saltó tras ella, y sus vanos intentos por salvarla hasta que acudieron a rescatarlos dos guerreros del Clan del Río, Vaharina y Pedrizo.

Por encima de todo, Corazón de Fuego recordaba su consternación e incredulidad cuando se agachó junto a su líder en la orilla y comprendió que había sacrificado su última vida para salvarlos a él y al Clan del Trueno de la manada de perros.

Mientras llevaba el cuerpo de la líder a casa, con la ayuda de Vaharina y Pedrizo, no dejaba de detenerse a olfatear el aire, en busca de rastros recientes de perro. Ya había mandado a su amigo Látigo Gris a inspeccionar el territorio a ambos lados de su ruta, para averiguar si los perros habían atrapado a algún miembro del Clan del Trueno en su desesperada carrera hacia el desfiladero. De momento, para su alivio, no había encontrado señales.

Al rodear un zarzal, Corazón de Fuego depositó a su líder en el suelo. Levantó la cabeza para olisquear el aire y se sintió agradecido al saborear tan sólo los limpios aromas del bosque. Unos instantes después apareció Látigo Gris, bordeando una mata de helechos secos.

—Todo está en orden, Corazón de Fuego —informó el guerrero gris—. Hay mucha maleza rota, pero eso es lo único.

—Bien —maulló Corazón de Fuego.

Esperanzado, imaginó que los perros que se habían librado de caer al precipicio habrían huido aterrorizados, y que el bosque volvería a pertenecer a los cuatro clanes de gatos salvajes. Su clan había vivido tres espantosas lunas, cuando se habían convertido en presas en su propio territorio, pero habían sobrevivido.

—Sigamos. Quiero comprobar que el campamento es seguro antes de que regrese el clan.

Él y los guerreros del Clan del Río tomaron de nuevo el cadáver de Estrella Azul y lo llevaron entre los árboles. En lo alto del barranco que conducía a la entrada del campamento, Corazón de Fuego hizo una pausa. Por su mente pasaron los recuerdos de la mañana, cuando él y sus guerreros habían seguido el rastro de conejos muertos. Estrella de Tigre los había dejado para atraer a la manada de perros hasta el campamento del Clan del Trueno. Al final del rastro habían encontrado el cadáver de la dulce reina Pecas, asesinada para que los perros salvajes probaran la sangre de gato. Pero ahora todo parecía tranquilo, y cuando volvió a paladear el aire, sólo detectó olor a gatos, procedente del campamento.

—Esperad aquí —maulló—. Voy a echar un vistazo.

—Yo iré contigo —se ofreció Látigo Gris de inmediato.

—No —respondió Pedrizo, bloqueando el paso al guerrero gris con la cola—. Creo que Corazón de Fuego necesita hacer esto solo.

Tras lanzarle una mirada de agradecimiento al lugarteniente del Clan del Río, Corazón de Fuego comenzó a descender el barranco, con las orejas tiesas por si captaba algún sonido peligroso. Pero el extraño silencio seguía dominando el bosque.

Al salir del túnel de aulagas al claro principal, se detuvo a observar cautelosamente alrededor. Era posible que uno o más perros hubieran llegado hasta allí, o que Estrella de Tigre hubiera mandado guerreros del Clan de la Sombra a adueñarse del campamento. Pero todo estaba tranquilo. Corazón de Fuego sintió un hormigueo de inquietud al ver el campamento desierto, pero no había ni rastro de peligro y ningún olor a perros o al Clan de la Sombra.

Para comprobar que el lugar era seguro, inspeccionó rápidamente las guaridas y la maternidad. Los recuerdos brotaron espontáneamente: el desconcierto del clan cuando les contó lo de la manada de perros, el terror desbocado de la persecución a través del bosque notando el aliento caliente del perro líder... Al pie de la Peña Alta, oyendo el susurro del viento entre los árboles, Corazón de Fuego volvió a pensar en el día en que Estrella de Tigre se encaró audazmente a su clan, mientras sus compañeros descubrían la auténtica profundidad de su traición. El atigrado había jurado venganza eterna, y Corazón de Fuego estaba convencido de que su sanguinario plan de dirigir la manada de perros contra los gatos del Clan del Trueno no sería su último intento de cumplir su amenaza.

Por último, Corazón de Fuego atravesó sigilosamente el túnel de helechos que conducía a la guarida de Carbonilla. Asomándose a la gruta, vio las hierbas curativas de la gata pulcramente ordenadas junto a una pared. Y entonces lo asaltó el recuerdo más fuerte de todos: el de Jaspeada y Fauces Amarillas, que habían sido curanderas del Clan del Trueno antes que Carbonilla. Corazón de Fuego las quería mucho a las dos, y la pena por su ausencia lo embargó de nuevo para mezclarse con la tristeza por su líder.

«Estrella Azul ha muerto —les dijo a las curanderas en silencio—. ¿Está ahora con vosotras en el Clan Estelar?»

Desandando sus pasos por el túnel de helechos, regresó a lo alto del barranco. Látigo Gris estaba montando guardia mientras Vaharina y Pedrizo limpiaban delicadamente el cadáver de la líder.

—Todo está en orden —anunció Corazón de Fuego—. Látigo Gris, quiero que vayas a las Rocas Soleadas ahora. Informa al clan de que Estrella Azul ha muerto, pero nada más. Yo lo explicaré todo cuando vuelva. Sólo debes decirles que es seguro regresar a casa.

Los ojos de Látigo Gris se iluminaron.

—Enseguida voy, Corazón de Fuego.

Dio media vuelta y salió disparado por el bosque en dirección a las Rocas Soleadas, donde el clan había ido a esconderse mientras los perros seguían el rastro de sangre de conejo que Estrella de Tigre había dejado hasta su campamento.

Pedrizo, agachado junto al cuerpo de Estrella Azul, soltó un ronroneo risueño.

—Es fácil ver dónde reside la lealtad de Látigo Gris —señaló.

—Sí —coincidió Vaharina—. En realidad, nadie pensaba que fuera a quedarse en el Clan del Río.

Los hijos de Látigo Gris lo eran también de una guerrera del Clan del Río que había muerto en el parto. Durante una temporada, él había vivido en el Clan del Río para estar con sus pequeños, pero en su corazón nunca había abandonado al Clan del Trueno. Obligado a enfrentarse en una batalla contra su clan de nacimiento, había decidido salvar la vida a Corazón de Fuego, y la líder del Clan del Río, Estrella Leopardina, lo había desterrado. Corazón de Fuego pensó que la sentencia de exilio había liberado a Látigo Gris para regresar a donde realmente pertenecía.

Con un gesto de aprobación a los guerreros del Clan del Río, Corazón de Fuego volvió a tomar el cuerpo sin vida de la líder. Los tres gatos la condujeron por el barranco hasta el campamento. Por fin pudieron depositarla en su guarida, situada bajo la Peña Alta, donde permanecería hasta que su clan se despidiese de ella y la enterrara con todos los honores que se merecía una líder tan sabia y noble.

—Gracias por vuestra ayuda —maulló Corazón de Fuego a los hermanos del Clan del Río. Tras vacilar un momento, consciente del significado de su invitación, añadió—: ¿Os gustaría quedaros a la ceremonia de enterramiento de Estrella Azul?

—Es una oferta muy generosa —contestó Pedrizo, con un leve deje de sorpresa porque Corazón de Fuego admitiera a miembros de un clan rival a un acto tan privado—. Pero tenemos obligaciones en nuestro propio clan. Deberíamos regresar.

—Gracias, Corazón de Fuego —maulló Vaharina—. Eso significa mucho para nosotros. Pero a tu clan le resultaría extraño que nos quedáramos. Ellos no saben que Estrella Azul era nuestra madre, ¿verdad?

—No. Sólo lo sabe Látigo Gris. Pero Estrella de Tigre ha oído lo que hablabais con Estrella Azul en... en la orilla del río. Debéis estar preparados por si se le ocurre revelar esa información en la próxima Asamblea.

Los dos hermanos intercambiaron una mirada. Luego Pedrizo se irguió; sus ojos azules relucían desafiantes.

—Que Estrella de Tigre diga lo que le dé la gana —espetó—. Hoy mismo se lo contaré todo al Clan del Río personalmente. No nos sentimos avergonzados de nuestra madre. Ella ha sido una líder noble... y nuestro padre fue un gran lugarteniente.

—Sí —coincidió Vaharina—. Nadie puede discutir eso, aunque procedieran de clanes diferentes.

El valor y la determinación de los guerreros le recordaron a Corazón de Fuego a la líder caída. Ésta había entregado a sus hijos a Corazón de Roble, lugarteniente del Clan del Río, y los dos hermanos crecieron creyendo que habían nacido en ese clan. Al principio, odiaron a Estrella Azul al enterarse de la verdad, pero esa misma mañana, cuando ella agonizaba en la orilla del río, los jóvenes habían hallado en su corazón la manera de perdonarla. En medio de su tristeza, Corazón de Fuego se sentía tremendamente aliviado porque su líder se hubiera reconciliado con sus hijos antes de irse con el Clan Estelar. De todos los gatos del Clan del Trueno, sólo él sabía cuánto había sufrido Estrella Azul viendo cómo sus hijos se criaban en otro clan.

—Ojalá la hubiéramos conocido mejor —dijo Pedrizo apenado, como si pudiera leerle el pensamiento a Corazón de Fuego—. Eres afortunado de haber crecido en su clan y haber sido su lugarteniente.

—Lo sé.

Corazón de Fuego miró afligido a la gata gris azulado, tendida inmóvil sobre el suelo arenoso de la guarida. Ahora que su noble espíritu había abandonado su cuerpo para ir a cazar con el Clan Estelar, Estrella Azul parecía pequeña y desvalida.

—¿Podríamos despedirnos de ella a solas? —preguntó Vaharina con inseguridad—. Solamente unos momentos.

—Por supuesto —contestó Corazón de Fuego.

El joven líder salió de la guarida para dejar que Pedrizo y Vaharina se acomodaran junto al cuerpo de su madre y compartieran lenguas con ella por primera y última vez.

Mientras bordeaba la Peña Alta, oyó el sonido de gatos aproximándose por el túnel de aulagas. Al acercarse a toda prisa, vio que Escarcha y Cola Pintada entraban tímidamente en el claro. Vacilaron en el refugio del túnel y se aventuraron de nuevo en el campamento. Con la misma cautela, las seguían Fronde Dorado y Flor Dorada.

Corazón de Fuego sintió una punzada de pena al ver a sus gatos tan recelosos en su propio hogar, mientras sus ojos buscaban a un miembro del clan en particular: Tormenta de Arena, la gata melada a la que amaba. Necesitaba saber si ella estaba ilesa tras el papel crucial que había desempeñado atrayendo a los perros lejos del campamento.

Corazón de Fuego reparó en su sobrino, Nimbo Blanco. El

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