La guerra senderista

Antonio Zapata

Fragmento

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PROTAGONISTAS

SENDERO LUMINOSO

1. Abimael Guzmán, “Presidente Gonzalo”. Líder máximo de Sendero Luminoso. Capturado en 1992.

2. Augusta La Torre, “camarada Norah”. Número 2 de Sendero Luminoso y miembro de su Comité Permanente. Se ocupaba del análisis político. Fue esposa de Abimael Guzmán desde 1964 y murió en circunstancias no esclarecidas en 1988.

3. Elena Yparraguirre, “camarada Miriam”. Número 3 de Sendero Luminoso y miembro de su Comité Permanente. Tras la muerte de Augusta La Torre, asumió el número 2. Fue su secretaria de organización y “sin ella la máquina de guerra senderista hubiera sido menos eficiente”. Capturada en 1992 junto a Guzmán, de quien es pareja sentimental.

4. Óscar Ramírez Durand, “camarada Feliciano”. Desde la muerte de Augusta La Torre, fue el número 3 de Sendero Luminoso y miembro de su Comité Permanente. “Un guerrero bien cuajado, pero sin gran refinamiento político”. Detenido en 1999.

5. Osmán Morote, “camarada Nicolás”. Miembro del Comité Central de Sendero Luminoso. Fue uno de los seis únicos senderistas que viajaron a China, al igual que Abimael Guzmán y Augusta La Torre. Detenido en 1988.

6. Edith Lagos. Joven miembro de Sendero Luminoso. Carlota Tello y ella fueron las únicas dos mujeres senderistas que escaparon de la cárcel de Huamanga en marzo de 1982. Tenía 20 años cuando fue asesinada en Umaca, Andahuaylas, en 1982. Su entierro en Ayacucho fue multitudinario, pues era vista como una “joven y romántica militante”.

7. Carlota Tello. Joven integrante de Sendero Luminoso. Escapó junto con Lagos de la cárcel de Huamanga en marzo de 1982. Reconocida no por su romanticismo, sino por su dureza. En palabras de Elena Yparraguirre, “estuvo en Iquicha y Uchuraccay, y aplicó justicia popular en contra de la matanza de los periodistas”. Según Yparraguirre, fue torturada y asesinada en el cuartel Los Cabitos, en 1984. Jesús Sosa, futuro miembro del Grupo Colina, declaró que fue él mismo quien la mató y arrojó a una fosa común.

8. Hildebrando Pérez Huarancca. Escritor, autor del libro de cuentos Los ilegítimos y miembro de Sendero Luminoso. Según la Comisión de la Verdad, dirigió la masacre de Lucanamarca (1983). Sin embargo, Mark R. Cox pone en duda esta aseveración al contrastar los testimonios. Posiblemente murió en 1984.

9. Carlos Arana. Administrador de la academia César Vallejo y encargado de la economía de la dirección de Sendero Luminoso. Detenido en 1992 por el GEIN y liberado para hacerle seguimiento. A partir de él llegan a la casa de Surquillo donde capturaron a Guzmán.

FUERZAS ARMADAS

10. Clemente Noel. Jefe del Comando Político Militar de Ayacucho durante 1983, el año con mayor cantidad de muertos según la Comisión de la Verdad. Fue el primer militar en funciones en ser requerido por la justicia peruana por violaciones de los derechos humanos, en marzo de 1983. Murió el 2005, con orden de captura por los crímenes cometidos en el cuartel Los Cabitos.

11. Adrián Huamán Centeno. Jefe del Comando Político Militar de Ayacucho desde fines de 1983 hasta agosto de 1984. Procesado por el caso Pucayacu; fosas descubiertas en agosto de 1984 que contenían los cadáveres de cincuenta personas, muchos de ellos con las manos atadas y balazos en la cabeza.

12. Wilfredo Mori. Jefe del Comando Político Militar de Ayacucho desde el cese del general Huamán en 1984 hasta la matanza de Accomarca en agosto 1985. Afinó las labores de inteligencia, formó unidades de oficiales que empezaron a entender los documentos internos requisados a los senderistas, sistematizó la recopilación de informes e impulsó las labores de espionaje.

13. Telmo Hurtado. Responsable de la matanza de Accomarca. Sus reportes de la acción no indicaron nada fuera de lo normal, pero al ser interrogado confesó haber matado subversivos. Luego confesó haber encerrado a medio pueblo en una choza y haberla incendiado después. Sentenciado en 1992, fue amnistiado por Alberto Fujimori en 1995. Huyó del país el año 2000, pero fue extraditado el 2011 y sentenciado nuevamente el 2016.

14. Santiago Martin Rivas. Jefe operativo del Grupo Colina, un destacamento militar creado “para eliminar terroristas” responsable de las matanzas de La Cantuta y Barrios Altos. Amnistiado por Alberto Fujimori en 1995, fue recapturado en el 2004.

15. Nicolás de Bari Hermoza Ríos. Fue comandante general del Ejército de 1992 a 1998. Permitió la gran autonomía de la que gozaba el Servicio de Inteligencia Nacional, de Vladimiro Montesinos, y habría cobijado al grupo Colina. Preso desde el 2001 y sentenciado el 2005.

16. Jorge Ortiz. Comandante retirado de la Marina, doctor en historia y profesor de la Academia de Guerra. Escribió el libro Acción y valor: historia de la Infantería de Marina del Perú. Allí se encuentra un capítulo que trata sobre “la lucha contra el terror”, una “versión oficiosa” de la Marina sobre la guerra interna.

POLICÍA NACIONAL

17 Benedicto Jiménez. Artífice y director del Grupo Especial de Inteligencia Nacional (GEIN), organización que finalmente capturó a Abimael Guzmán. Esta acción le dio un gran prestigio en medios policiales. Sin embargo, en octubre del 2014, fue detenido por pertenecer a la red criminal de Rodolfo Orellana y está recluido en el penal de Piedras Gordas.

18. Agustín Mantilla. Militante aprista y ministro del Interior entre mayo de 1989 y julio de 1990. Acusado de formar el Comando Rodrigo Franco, un cuerpo parapolicial que realizó secuestros y ejecuciones extrajudiciales. Durante su gestión se creó el GEIN.

MRTA

19. Víctor Polay Campos. Líder del MRTA detenido en Huancayo en 1989. Junto a otros 47 emerretistas, fugó del penal de Canto Grande a través de un túnel en 1990. Nuevamente fue detenido en Lima, en 1992.

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ESTRUCTURA ORGANIZACIONAL
DE SENDERO LUMINOSO
  • El organismo base es el Congreso. Es el que da las directivas, pero no ejecuta debido a que casi nunca se reúne.
  • Después del Congreso, el Comité Central es la instancia de mayor importancia. Este sesiona una vez al año o cada dos años.
  • Por encima del Comité Central se encuentra el Buró Político. Posee menos miembros y se orienta a labores ejecutivas.
  • En la cúspide de poder se ubica el Comité Permanente. Está conformado por tres miembros. Desde el inicio de la lucha armada hasta 1988 estos fueron Guzmán, Yparraguirre y La Torre. Feliciano reemplaza a La Torre en 1988. Su residencia siempre estuvo en Lima. Desde 1988, el comité permanente es presidido por Abimael Guzmán, quien ejerció como líder indiscutible de Sendero Luminoso: Abimael Guzmán, que se convierte en el guía máximo con el “pensamiento Gonzalo”.
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PREFACIO

En el año 2009 fui a dictar una charla en el penal de máxima seguridad de Chorrillos, donde tuve oportunidad de conocer a las internas condenadas por actos de terrorismo. Fue una buena experiencia y conversando quedamos en organizar un curso de historia latinoamericana sobre la época de la independencia. Era el año del bicentenario de parte de los países vecinos y había interés de las presas. En el transcurso de esas conferencias tuve ocasión de conocer a Elena Yparraguirre y hablamos sobre la posibilidad de hacerle una entrevista de vida. Con ese motivo, durante los dos años siguientes, la visité en veintiún oportunidades para conversar libremente sobre sus experiencias personales; ella quería hablarme sobre todo de sus reuniones partidarias y yo la animaba a contarme episodios más personales. Las entrevistas eran sin grabadora y a veces sin papel; por ello, al finalizar corría a casa a poner por escrito la conversación que habíamos tenido. Una vez reunida la información la dejé reposar unos cuantos años hasta decidir cómo publicarla. Por lo pronto sabía que, a falta de un balance de Guzmán sobre la guerra, lo que había reunido era lo más parecido a una reflexión integral de Sendero sobre su propia historia, en este caso pensada por la número tres de la jerarquía.

Poco tiempo después, pude conocer las memorias de las instituciones estatales que habían participado de la guerra interna. En primer lugar, el libro oficial del Ejército peruano, titulado En honor a la verdad, que contiene el punto de vista del principal agente armado del Estado. Este libro destaca tanto por su carácter de versión oficial como por la elaboración de una interpretación bastante sofisticada. Incluso, el libro del Ejército considera otras interpretaciones, empezando por la elaborada por la Comisión de la Verdad, CVR. Es decir, este libro no es una loa de la participación militar ni pertenece al género hagiográfico. Por el contrario, es un estudio bien articulado para defender el parecer de la institución militar y en cierto sentido constituye la respuesta del Ejército al Informe final de la CVR.

En efecto, el punto de partida es el Informe de la CVR. Ahí se halla una impresionante masa de información articulada alrededor de un punto de vista, las víctimas. La CVR no partió del aire sino de destacar que hubo un conflicto armado que colocó entre los contendientes a un grupo grande de peruanos(as) que pagaron un elevado precio en sufrimiento a causa de quedar atrapados en medio de lógicas de tierra arrasada. De una manera consciente, la CVR defiende a las víctimas, las escucha y construye un relato en el que la esencia es su sufrimiento. Esa interpretación se enfrenta a la actuación de los agentes armados de la guerra interna. En primer lugar, a Sendero, que declaró la guerra y empleó métodos terroristas contra la población civil prácticamente desde el comienzo. Pero también a las fuerzas del orden, que defendieron al Estado combatiendo a la subversión empleando sus mismas armas. De ellas, solo el Ejército ha sentido la necesidad de contestar y dejar por escrito una versión propia de su participación en la guerra senderista.

Por su parte, la Marina de Guerra ha procedido de una manera oficiosa. Un destacado historiador, comandante retirado de esa institución, Jorge Ortiz, ha escrito una historia de la Infantería de Marina, especialidad a la que perteneció mientras estuvo en actividad, dentro de la cual se halla un capítulo sobre la guerra interna. En estas páginas se encuentra una versión oficiosa de la guerra de la Marina contra Sendero, aunque no formal como en el caso del Ejército. Obviamente la información es menor, es un solo capítulo versus un libro entero, pero el punto de vista es semejante. Ambos textos niegan enfáticamente todo atisbo de terrorismo de Estado, por el contrario, según estos escritos, el terrorismo es la característica esencial de los subversivos, tanto el PCP-SL como el MRTA. Asimismo, todo abuso contra los DDHH cometido por uniformados habría sido consecuencia de actos individuales de oficiales que perdieron los nervios y no siguieron los reglamentos ni los planes del comando militar. Cabe destacar que ambos textos incluyen una reflexión sobre el sufrimiento causado por estos actos y que el libro del Ejército es notable por las sentidas frases con las que explicita su sentimiento con las víctimas.

Asimismo, Ortiz incluye una reflexión lapidaria sobre la clase política, a la cual enfrenta por no haber procesado una reflexión sobre su papel. El Estado ha exigido autocrítica a las instituciones armadas que enfrentaron directamente al terrorismo, mientras que los políticos no han realizado la suya. Es decir, la clase política en su conjunto no ha aprendido lo mínimo suficiente sobre la guerra interna. Esa debilidad se explica porque en realidad los partidos políticos democráticos habrían hecho poco. No habrían conducido políticamente la guerra interna, sino que transfirieron el paquete “guerra” a las Fuerzas Armadas y se despreocuparon de las acciones necesarias para legitimar al Estado y aislar a la subversión.

Aunque es una institución clave, la Policía carece de un texto propio, no obstante haber protagonizado el golpe definitivo que definió la guerra, al capturar sin derramamiento de sangre a la cúpula de Sendero. Afortunadamente, en vez de un vacío existe un escrito del coronel Benedicto Jiménez, quien en dos tomos sintetizó la experiencia de la Dincote y el GEIN. Como se sabe, posteriormente Jiménez ha sido acusado de diversos delitos y actualmente se halla en la prisión de Piedras Gordas. Pero su lamentable situación actual no niega que fue el artífice de la captura de Guzmán. Gracias a ello, su libro es bastante claro sobre lo esencial, cómo estaba organizada la Policía, que misión le fue conferida al GEIN, cómo procedió este equipo y finalmente cuándo y quiénes participaron del acto final. De tal modo que, a falta de una versión más formal, se puede tomar el texto de Jiménez como el punto de vista policial sobre la guerra interna. Aunque, evidentemente, requiere de cuidado en la valoración de la fuente por ser un recuerdo personal de quien buscaba colocar su expertise en la sociedad.

Por último, el año pasado, Víctor Polay me hizo llegar el manuscrito de sus memorias, que espero pronto salgan publicadas. He podido apreciar que es un escrito igualmente institucional, porque su texto está construido por Polay en tanto comandante general del MRTA, cargo que ejerció mientras existió esta organización. Así, este texto contiene un balance de su actuación, comprendiendo la síntesis de sus hechos y la evaluación a la luz de los veinticinco años que han transcurrido desde entonces.

En ese momento concebí el libro que ahora entrego a los lectores. Tomando todas las versiones institucionales, he escrito una historia general de la guerra interna, desde sus antecedentes hasta la caída de Guzmán y el derrumbe del PCP-SL. Coloco a Sendero en el centro de la narración porque su historia me es familiar, dada mi entrevista con Elena Yparraguirre y mi antigua militancia en la izquierda legal, que me hace entender sus categorías; pero trato de integrar todos los puntos de vista y, donde me ha sido posible, muestro las versiones opuestas sobre los mismos hechos. Mi valoración se halla a lo largo de las páginas, pero busco resumir con objetividad el punto de vista de todos los aquí mencionados. Si de algo debe precaverse el lector es de mi inclinación a introducir el parecer de la izquierda legal en el relato. Aparece más que el resto de partidos y casi como un actor armado por mi afán de presentar a los míos.

Una fuente clave de este trabajo es el Informe final de la CVR, porque la masa de información es inmensa y aún es una mina a seguir explorando. Asimismo, porque su punto de vista es coherente y ejemplar, no lo pierde a lo largo de su inmenso relato y sigue con fidelidad el interés de las víct

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