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Big bang musical
6
I
Carta astral
de la música
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II
Detrás de la
música
36
III
Ya no saben
ni qué inventar
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IV
Entre versos y vinilos: el arte de las
portadas y las letras de canciones
98
V
Los métodos
más insólitos
para componer
un hit
146
VI
De la grada al escenario:
un viaje al corazón
del fandom
172
VII
El futuro de la música
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ÍNDICE

BIG
BANG BANG
MUSICAL

Todo comenzó con una simple pregunta: si
tuvieras que explicarle a un alien qué diablos es
la música, ¿cómo lo harías? ¿La música es algo
que se toca?, ¿que se baila?, ¿que se escucha?,
¿que se canta?, ¿que se siente y se comparte?
Si el fuego, aire, tierra y agua son considerados
como los cuatro elementos de la naturaleza
que nos permiten subsistir, yo colocaría a la
música como un quinto elemento que nos
acompaña y define como humanos.
Está presente desde que nacemos con
las canciones de cuna que nos arrullan y
dan consuelo; nos ayuda a aprendernos el
abecedario, los números, las partes del cuerpo.
Después llegan las canciones con las que nos
enamoramos y aquellas que nos reconfortan
cuando nos rompen el corazón. Llega la
canción que bailamos en nuestra boda, y
también la del divorcio o ruptura. Permanecen
las canciones con las que recordamos a las
personas, algunos momentos, ciertos lugares
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y, por supuesto, está también la canción con
la que nos despiden cuando morimos.
La música es un lenguaje universal que nos
conecta entre humanos, desde el washawasheo
que todos hemos hecho en algún momento
de nuestras vidas, hasta los nuevos íconos del
k-pop. En la música no importan las fronteras,
las culturas o los idiomas, e invariablemente,
siempre logra conectar con nuestras
emociones más profundas (alegría, tristeza,
amor, nostalgia, esperanza o motivación)
de una manera en la que las palabras
simplemente no lo consiguen.
La música nos abraza, nos acompaña y nos
define como seres humanos sin importar
géneros o artistas. Al mismo tiempo,
hay canciones que tienen el superpoder
de hacernos llorar, de gritar en éxtasis, de
perrear involuntariamente y de darnos esas
endorfinas que necesitamos para estar
alegres y sonrientes.
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Este libro no busca ser un
documento científico ni una tesis
de musicología. Por el contrario,
es una invitación a divertirnos a
través de la música, a repasar la
manera en la que esta ha marcado
nuestras vidas y, al mismo tiempo,
conocer aquellas historias y
curiosidades que nos ayudan a
entender cómo diablos algo tan
simple como una canción termina
transformando nuestro mundo.
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Así que, para empezar, ¿quién es tu artista o banda
favorita? Ya sabes, cuál escucharías si vivieras
en una isla desierta, esa que pones sin parar.
Pimpón, ¿eres tú?
La canción que
marcó tu niñez:
Fecha, lugar y artista del
primer concierto al que fuiste:
El póster de qué banda
o artista pegaste en tu
cuarto de adolescente:
El primer disco
que compraste
con tus ahorros:
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¿A qué banda o artista
le has dejado más
quincenas?
La canción que dedicaste
a ese gran amor:
La canción que te han
dedicado (cuenta, rata de dos
patas, que no te dé pena):
¿Por qué
ese fue el mejor
concierto de tu vida?:
¿Cuál es la última
banda o artista
que has conocido
y te ha gustado?
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CARTA
ASTRAL
DE LA
MÚSICA


No es una cita de algún filósofo, científico o
astrofísico. Es una teoría que, personalmente,
me ayuda a mirar atrás y entender que la
música ha existido desde siempre. Vaya,
podríamos decir que fue uno de los primeros
lenguajes creados por el ser humano —incluso
antes que las palabras—, ya sea tocando algún
cuerno de animal, un palo con semillas, los
caracoles o conchas para comunicarse durante
las asambleas y ceremonias o labores de
caza. Ni qué decir del siempre y tan primitivo
ritual de apareamiento; algo que hoy en día los
chavos llaman “el playlist del amor”.
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“LA MÚSICA
NO SE CREA
NI SE DESTRUYE,
SOLO SE TRANSFORMA”.

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La música ha estado presente desde
la prehistoria, evolucionando como una
herramienta que nos ayuda a entender qué
somos, a dónde vamos o cómo le digo que la
amo sin decirle que la amo. La música ayudó al
ser humano a entender el universo, desde Pitágoras
y su teoría titulada “La armonía de las esferas”, a
la que el premio Nobel, Richard Feynman, achaca el
origen de la física —¡gracias por todas las materias
reprobadas!—, hasta el día en el que Brian May
decidió hacer su tesis sobre la luz zodiacal en el
observatorio del Teide, en las Islas Canarias. Llegó
a la isla solo con su maleta, sus libros y su guitarra
para practicar y relajarse en su tiempo libre.
Fue por entonces, un día de 1970, que recibió
la llamada de su amigo Freddy (Mercury)
para sonsacarlo y fundar Queen.
El resto es historia.

Brian May pudo terminar su tesis en el 2008
tras tomarse un “pequeño sabático” de 30
años para rockear por todo el mundo. Pero ni
toda la fama ni toda la fortuna le quitaron la
angustia de la tesis, un trabajo que examina
el misterioso fenómeno conocido como
luz zodiacal, que no es otra cosa más que
esa franja de luz que se llega a ver desde el
horizonte antes del amanecer o después
del atardecer y que sigue la dirección del
zodiaco.
El estudio fue publicado en un libro titulado
A Survey of Radial Velocities in the Zodiacal
Dust Cloud, un libro que nos deja ver que no
importa que seas el guitarrista de una de las
bandas más icónicas del mundo, no importa
que tengas millones de libras en tus cuentas
bancarias o millones de seguidores en todo el
mundo, ¡la angustia de terminar la maldita la
tesis siempre te perseguirá!: “Disfruté mucho
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mis años tocando la guitarra y grabando
música de Queen, pero es extremadamente
gratificante ver la publicación de mi tesis. No
puedo explicar el alivio que significa para mí”.
Brian May no es el único artista influenciado
por el cosmos, junto a él podemos encontrar
una larga lista de músicos que encontraron
en el universo, en los astros y las estrellas
una inagotable fuente de inspiración que
nos ha regalado piezas tan icónicas como
la “Sinfonía n.º 41”, conocida como “La
sinfonía de Júpiter”, completada en 1788
y considerada una de las mejores en la
historia de la música clásica, sin contar
que es la sinfonía más larga que Wolfgang
Amadeus Mozart compuso en toda su vida.
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Otro fuera de serie que nos acercó al espacio
a través de su música fue David Bowie, quien
con su Space Oddity, de 1969, nos cuenta
la historia de Major Tom, un astronauta
que comanda una misión al espacio, quien
al llegar ahí experimenta la soledad y el
aislamiento del resto de la humanidad (una
metáfora sobre el desamparo, la confusión
y la búsqueda de significado en la era
moderna).
A tan solo días de estrenarse, la cadena
de televisión BBC eligió “Space Oddity”
como la canción ideal para su cobertura
del alunizaje del 21 de julio de 1969, y en el
2013 el tema pasaría a la historia por ser
la primera canción transmitida en vivo en la
Estación Espacial Internacional, cortesía del
astronauta Chriss Hadfield, quien se llevó al
espacio una guitarra e interpretó la canción
con gravedad cero, en un video que todos
podemos ver y disfrutar a través de YouTube.
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Sin embargo, la primera canción que sonó
en el espacio se cantó muchísimo antes
de “Space Oddity” y el alunizaje. En plena
carrera espacial, la Unión Soviética quiso
apañarse ese honor, y en la misión Vostok
3, el astronauta ucraniano Pavlo Popovych
calentó garganta y se echó a capela una
canción llamada “Дивлюсь я на небо та й
думку гадаю” —yo tampoco entendí ni
mais—, que según Google Translate quiere
decir “Miro al cielo y pienso” (¿quién no lo
ha hecho?).
Claramente, este primer hito enfureció
a los Estados Unidos, pues fijaron toda
su energía para vengar semejante afrenta
soviética. ¿Cómo lo hicieron? Enviando
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a dos astronautas al espacio el 25 de diciembre
de 1965 para “sembrar el terror” en todas las
galaxias al interpretar ni más ni menos que
“Jingle Bells”, la que se convirtió en la primera
canción que se tocó con un instrumento
musical en el espacio.
Como podemos ver, la música y el cosmos
han estado entrelazados desde el origen de
la humanidad hasta los días del perreo sucio
y siniestro. Y, por supuesto, si hablamos de
astronomía, tenemos que hablar de astrología,
que parecen lo mismo, pero no lo son. Mientras
la astronomía estudia el cosmos, estrellas y
planetas, la astrología se encarga de estudiar
el comportamiento de los astros, ya saben,
que si los aries son puro fuego y los virgo son
perfeccionistas. Que si eres fuego, aire, tierra
o agua (por cierto, ¿no les parece irónico que
los acuario sean considerados un signo de aire
y no de agua?).
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Todo este relajo, confusión y justificación
de vida se lo debemos a los babilonios,
que hace más de 2 mil 500 años crearon
los horóscopos y signos zodiacales, por lo
que si hablamos de música, astronomía
y astrología, lo menos que podemos hacer
es imaginar cómo sería una… carta astral
de la música.
Que si el fuego de aries es del metal, que
si los capricornio son rebeldes y les gusta
el punk. Hay miles de combinaciones
posibles.
Dejemos que los astros hablen de los Dejemos que los astros hablen de los
géneros, de los músicos, de las bandas, géneros, de los músicos, de las bandas,
de lo que está escrito y, por supuesto, de lo que está escrito y, por supuesto,
de lo que todavía no. de lo que todavía no.
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