Un clavado a tu cerebro

Dr. Eduardo Calixto

Fragmento

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CAPÍTULO 1

Amor y cerebro

ENAMORAMIENTO: UN VIAJE QUÍMICO TRANSITORIO DEL CEREBRO

Un inicio feliz

Una noche, los ojos oscuros de él, recorren lentamente un cuerpo femenino, de abajo hacia arriba, ella lo ve, casi no parpadean, sus miradas se encuentran, sus pupilas son brillantes, enormes. Es el instante en que dos miradas se cruzan sin buscarlo, las de un hombre y una mujer que coinciden en el tiempo y el espacio; inicia una secuencia de eventos que bien pueden llevarlos a enamorarse.

Cuando el cerebro recibe la mirada directa de alguien que le atrae activa la liberación de dopamina, la sustancia que produce una dosis de placer. A la fecha, los científicos dedicados a mapear el cerebro han descrito 12 áreas involucradas en el enamoramiento, las cuales pueden llegar a ser 19, todo depende de la emoción esperada, la edad y el lugar.

Los hallazgos confirman que la sensación de estar enamorado es cuestión de química cerebral en un 99.9%. Una química cerebral en la que actúan las endorfinas, los endocannabinoides, la vasopresina, la oxitocina, las hormonas sexuales, el óxido nítrico, serotonina y factores de crecimiento neuronal. Participan alrededor de 15 elementos, entre neurotransmisores, hormonas y sustancias endógenas; pero sin dopamina no hay amor, sin dopamina no se anexa la otra secuencia de neuroquímicos.

La dopamina es un neurotransmisor o sustancia que secretan las neuronas. Está involucrada en el deseo, la felicidad, el enojo y la sensación de placer. Cuando alguien está enamorado, la dopamina se libera lentamente en grandes concentraciones.

Entre más dopamina liberamos, más se activa nuestro sistema límbico, y entonces las sensaciones del enamoramiento predominan. Uno se vuelve más ilógico y menos reflexivo, porque entre más se activa nuestro sistema límbico, más se inhibe nuestra corteza prefrontal, la encargada del razonamiento.

“La dopamina cambia la excitabilidad de las neuronas, por eso nos sentimos diferentes ante la cercanía del ser amado. Nuestra motivación aumenta, el corazón nos palpita con más fuerza, nos invade el nerviosismo… somos felices.”

Triste final

La dopamina tiene una historia triste: su concentración en el cerebro disminuye conforme avanza el enamoramiento. Si a usted le dicen: “Es que ya no me quieres como antes”, es cierto, porque su dopamina no es la misma en cantidad. Nuestro cerebro se sensibiliza en el enamoramiento y se desensibiliza a las mismas emociones en la etapa final de estar enamorados, es decir a los tres años.

En lo amoroso, entre más besos y más caricias comparte la pareja, ambos van liberando dopamina poco a poco. Conforme avanza la relación, los niveles de esta sustancia decaen.

Ante el descenso inevitable, la pareja necesita reforzadores como la expresión del cariño con palabras, los detalles, la cercanía física y otras acciones de aprecio hacia el otro. Es en esta etapa cuando buscamos una nueva pareja, o el compromiso de amar en forma madura a la persona, aceptando sus defectos y analizando objetivamente la relación se decide continuar como un amor maduro.

Esta capacidad de sensibilización y desensibilización de nuestro cerebro hace que estemos biológicamente adaptados para enamorarnos siete veces en la vida, según un estudio en humanos realizado por investigadores del Instituto Karolinska, en Suecia.

El principio es el momento en que estamos embelesados con la persona, queremos acercarnos, sentimos que sin ella no podremos vivir. Pero después nuestro cerebro nos hace capaces de pasar a otra etapa, menos emotiva y más reflexiva, que nos lleva a valorar o a desestimar a la pareja, a continuar una relación o a terminarla.

El enamoramiento es un estado químico cerebral, transitorio, que elimina la objetividad de la conducta. Termina, por necesidad y fisiología neuronal.

Recomendación del cerebro:

Enamórate y sé feliz, tienes un cerebro maravilloso para hacerlo. Sin embargo, toma en consideración que el proceso de enamoramiento no es para siempre.

EL AMOR DE TU VIDA: EN EL CEREBRO

¿Qué le sucede al cerebro después de enamorarnos?

¿El amor verdadero se ubica en las mismas áreas del cerebro que utiliza para enamorarse?

¿Las sustancias químicas cerebrales son las mismas al enamorarnos que al llegar al amor verdadero?

El cerebro enamorado

El tercer año de una relación amorosa es sumamente importante para el cerebro: la liberación de dopamina −ese neurotransmisor que otorga felicidad y emoción a la vida− cae dramáticamente; el enamoramiento se transforma, por lo general en un amor que tolera, asume, acepta y permite un mayor crecimiento solidario entre dos personas, o en contraste: la relación termina. Después de tres años de estar por completo enamorado, el cerebro humano toma decisiones importantes: 1) o busca otra pareja que sea fuente para liberar una vez más dopamina o, 2) defiende la idea de no separarse de la persona que le da amor y estabilidad.

La importancia de enamorarse en la vida

El proceso de enamoramiento además de transitorio proyecta nuestras ideas en la otra persona, es irreflexivo y contradictorio en emociones, arrebatado e incongruente en sus conductas, es una expresión de la región más involucionada de nuestro cerebro: el sistema límbico, que sólo obedece a procesos compulsivos, violentos o relacionados con la felicidad. Estar enamorado tiene la función de buscar íntimamente y de forma más cercana a la persona que se convierta en reforzador de conductas emotivas o bien de capacitar al cerebro para afianzar la relación. El enamoramiento tiene una función primordial: capacitarnos para elegir a la pareja que done sus genes y que junto con los nuestros, permita la perpetuación de la especie. El cerebro necesita definir con mejores detalles y experiencias. En este proceso influye demasiado la dopamina, gradualmente se involucran otros neurotransmisores como la adrenalina y la serotonina. Algunas hormonas como la oxitocina y la vasopresina se relacionan después.

El amor verdadero en el cerebro

“El amor compasivo o el amor verdadero, llega después de un enamoramiento, como una consecuencia congruente con la fisiología y psicología.”

Este amor se debe a un cambio de organización y conexión de áreas de nuestro cerebro, que modifica la actividad en instancias anatómicas relacionadas con la memoria y toma de decisiones: el amor migra de estar en la amígdala cerebral y el área CA3 del hipocampo a la corteza prefrontal, giro del cíngulo, ganglios basales; sucede gradualmente, con recuerdos mezclados y evaluaciones mejor realizadas.

“El amor verdadero logra del cerebro uno de los procesos más evolucionados en el humano: ser objetivo y al mismo tiempo solidario.”

Psicología y fisiología del amor verdadero

A diferencia del enamoramiento, el amor compasivo es reflexivo, racional, congruente, pensante. Otorga a cambio de nada. No condiciona, no demerita. Si ofende pide disculpas y perdona por el bien de la pareja. El cerebro cambia su idea egoísta. La corteza pre-frontal relaciona con sus neuronas en espejo mayor actividad altruista, se preocupa por el otro; si hay hijos, el proceso es irreversible. La dopamina disminuye, pero en esta etapa de la pareja se incrementa la oxitocina, vasopresina, factores de crecimiento neuronal, óxido nítrico y glutamato. Los apegos son muy fuertes. Los celos se controlan más al tener certidumbre y conocimiento de la relación y de la pareja.

Evaluación del amor de acuerdo con las neurociencias

El cerebro logra evaluar por completo tres cosas, después de pasar la etapa de enamoramiento, a través de las cuales otorga certidumbre y contribuye a una relación estable. Dichas características deben estar completamente equilibradas entre sí:

1. Apreciación

La persona que amas te debe gustar. Al cerebro humano le gusta la simetría de la cara (proporción áurea, una relación armoniosa de la nariz con la boca), nos encantan los ojos simétricos. A la mayoría de las mujeres les son muy agradables los varones con mentones grandes y voz grave. Hombros amplios y cadera en armonía con ellos, es decir, musculosos y proporcionados. Los varones aprecian además de la simetría de cara de ellas, los hombros breves, la cadera amplia y el busto.

2. Inteligencia

Ambos sexos tienden a admirar al ser amado. El amor sin admiración es prácticamente inexistente. La inteligencia se valora por dos cosas: 1) El sentido del humor, las risas que se comparten en momentos juntos, la calidad de tiempo que se otorga la pareja. 2) Cómo se ayudan mutuamente a resolver problemas. Una pareja inteligente ayuda de inmediato, no pospone. No se permite diluir tiempos, encuentra soluciones.

3. Reconocimiento social

Nuestra pareja nos parece atractiva cuando tiene un entorno social en el que es admirado por otras personas. Es decir, es exitoso y su éxito se basa en su trabajo, en su talento o en su profesión. Este proceso se acompaña de una promesa de mejora económica en el tiempo. Tiene halagos externos, es admirado o tiene elementos que lo caracterizan como diferente en su entorno social.

Estudios en psicología indican que si el cerebro tiene estos tres elementos, es más difícil ser infiel. La evaluación, a través de estos factores, otorga como resultado altas posibilidades de sostener relaciones más estables. La pareja se mantiene más tiempo unida. Por lo anterior, se sugiere que esas tres condiciones se tomen en cuenta para reconocer el amor verdadero.

Enamorarse es un proceso fisiológicamente favorecido, pero desarrollar el amor es toda una actividad que conlleva conocimiento de la pareja, experiencias, proyección y tiempo. La atracción es un proceso más sencillo que el de amar. Amar es un proceso objetivo, implica decisión e inteligencia de nuestro cerebro.

LA IMPORTANCIA DEL AMOR EN EL CEREBRO

El proceso del amor tiene tres variantes importantes en su inicio y modulación: la parte biológica (neuronas, neuroquímicos), el proceso psicológico (lo que se aprende, se memoriza y fortalece) y el factor social (la cultura y el entorno). Estos tres factores intervienen en el proceso de elegir pareja, enamorarnos, decidir estar con alguien toda la vida o definitivamente separarse de quien no se quiere.

Enamorarnos inicia en el cerebro

Ver a la persona amada, que nos gusta, tiene consecuencias en nuestro cuerpo: acelera la frecuencia cardiaca, nos pone en dificultades para decir las palabras adecuadas, nos sonroja. Las mariposas vuelan y se sienten en el abdomen, las manos sudan, la boca se reseca y procuramos proyectar, aunque en forma nerviosa, lo mejor de nosotros: una sonrisa, una actitud, modulamos la voz y queremos atraer la atención. Enamorarnos activa entre 12 y 19 regiones cerebrales que liberan factores químicos responsables de todas estas respuestas. La vida se motiva. Sentirnos enamorados y correspondidos nos hace revitalizarnos, nos cansamos menos e incluso cambiamos la percepción del dolor.

La liberación de un neurotransmisor, la dopamina, es la responsable de las locuras, las inmediatas decisiones, la felicidad extrema y la obsesión por la persona amada. La dopamina activa el centro de las emociones (el sistema límbico) y disminuye la región más inteligente del cerebro: la corteza prefrontal. El resultado es hermoso y al mismo tiempo catastrófico: se toman decisiones importantes sin los filtros neuronales adecuados, se nos va la inteligencia. El cerebro parece adicto a la emoción y gradualmente pierde el control. Otros neuroquímicos aparecen para fortalecer esta situación: la oxitocina nos permite sentir apego, la vasopresina genera pertenencia y celos, las endorfinas procesan necesidad y búsqueda de placer, la adrenalina procesa motivación y la serotonina nos hace obsesivos. El sistema inmunológico se fortalece y la actividad cardiovascular se activa. Este proceso es mayor en los jóvenes, pero no obstante, no se deja de sentir la belleza de enamorarnos en cualquier etapa de la vida.

El final de esta historia de amor tiene dos variantes, después de 4 o 5 años de enamoramiento, el factor neuroquímico disminuye considerablemente, la persona amada ya no libera en nuestro cerebro los neuroquímicos como lo hacía inicialmente: aparecen los defectos, las discusiones y los problemas. Se decide entonces: 1) continuar con la pareja ante el contexto de que la relación no es como al inicio, pero se le acepta por su capacidad, sus virtudes, el apego que se tiene y la negociación social-biológica que los hijos otorgan, sobre todo en los aspectos negativos que a ese tiempo ya se conocen. El enamoramiento, gradualmente, se convierte en nuestro cerebro en amor compasivo, que aprecia, perdona, que es menos egoísta y se hace más comprensivo. Una etapa de amar, otorgar y negociar. Sin embargo, puede existir 2) la ruptura, terminar la relación. Buscar el proceso de volverse a enamorar de otras personas.

El proceso del amor sigue diversos designios: biológicos, hormonales, áreas cerebrales que al activarse inducen motivación, necesidad; psicológicos-sociales, que funcionan para distinguir a la mejor pareja para reproducirse, proporcionan la sensación de pertenencia y el fortalecimiento de leyes para otorgar los cuidados necesarios de nuestros genes en descendencia.

La ruptura de la relación se da en el cerebro

Tomamos decisiones con el cerebro, no con el corazón como indican los románticos. Ante la ruptura amorosa no nos rompen el corazón, en realidad son diversas redes neuronales las que se activan en áreas cerebrales y procesan la sensación de dolor en el pecho, magnificando la conducta. El duelo de no ver a la persona amada pasa por un proceso de enojo y tristeza, necesitamos justicia y en paralelo deseamos una venganza por alguien que no ve nuestro sufrimiento y no reconoce el sentimiento de amor que experimentamos por él. Este proceso es mayor cuando la fractura del vínculo amoroso se dio por una discusión o peor aún, cuando no se supo la verdadera razón y el ofendido busca encontrar una explicación que le regrese la calma a su vida. Esto va pasando, disminuyendo, se puede manejar la experiencia de una mejor forma en el transcurso de los días, de los meses.

El cerebro aprende más rápido ante situaciones acompañadas por dolor y que se asocian a eventos negativos. Este es el precio del desamor: tristeza, enojo y aprendizaje que capacitan para mejores relaciones futuras. Es evidente que las emociones amplifican las señales de aprendizaje en nuestra vida. Aprender de una separación dolorosa tiene entonces un pequeño lado positivo, además de los muchos elementos que quisiera usted, amable lector, adicionar en forma particular: el dolor de la separación nos hace más fuertes. Efectivamente, fortalece porque en el futuro, las relaciones que terminan comúnmente se manejan mejor, sin procesar el mismo dolor y se restablece psicológicamente más rápido: la corteza prefrontal filtra mejores decisiones. El hipocampo aprendió de elementos sociales y personales que guarda con el objeto de evitar el mismo dolor emocional. La amígdala cerebral aprende a tolerar las insolencias y el giro del cíngulo interpreta mejor las emociones, propias y de quien se encuentra con nosotros.

El amor enseña al cerebro a encontrar y distinguir motivaciones. Interpretar, aprender y responder. A discernir con mejores decisiones, a proyectar una mejor vida futura. El amor se aprende en el cerebro desde las primeras etapas de la vida, lo cual va quedándose en diferentes áreas: la corteza cerebral con diferentes módulos (atención, memoria, motivación, movimientos), el sistema límbico (emociones positivas y negativas), cerebelo e incluso en la médula espinal. Tener una relación y terminarla es un proceso que enseña. El amor y su pérdida son importantes en la vida, pero sin lugar a duda, son importantes para el cerebro.

¿SER FIELES CON EL CEREBRO? LA MONOGAMIA

Cuando el hombre recibe la mirada directa de la mujer que le atrae, su cerebro libera dopamina, la sustancia que produce placer, una descarga emotiva que lo llena de felicidad. El enamoramiento de esta manera es un promotor de lazos afectivos, generadores de apego, fundamentales en el proceso de evitar que una nueva pareja llegue a romper esta hermosa relación.

Neuroquímica básica de la monogamia

Como se anotó antes, son 12 las áreas involucradas en el enamoramiento, las cuales pueden llegar a ser 19 cuando en el cerebro madura el amor, cuando se es fiel. Cambios neuroquímicos se inician cuando una persona nos gusta y nos encanta compartir el tiempo con ella, en este proceso actúan las endorfinas, los endocannabinoides, la vasopresina, la oxitocina, las hormonas sexuales, el óxido nítrico y otras sustancias. Sin oxitocina ni dopamina, no hay amor ni fidelidad, son los primeros neuroquímicos en aparecer y los que motivan la necesidad obsesiva del ser amado.

Áreas cerebrales de la fidelidad

Este proceso de activación cerebral se inicia en el hipotálamo, que es una de las primeras zonas con las que motivamos a realizar conductas con cambios hormonales. El área tegmental ventral es la región cerebral que más libera dopamina, haciendo que todo se mueva para sentirnos felices. El giro del cíngulo interpreta las emociones. La amígdala cerebral realiza conductas de acercamiento, emotivas e intransigentes. El hipocampo almacena y recuerda los buenos momentos y la corteza cerebral en sus áreas prefrontal, parietal y temporal son responsables de otorgar conductas adecuadas: somos agradables, efusivos y evitamos procesos tensos y ríspidos. Se quitan los frenos y somos irreales, irreflexivos y tomamos riesgos en relación con las decisiones que se pueden tomar en ese momento.

Monogamia biológica y social

El inicio de una relación amorosa, cuando estamos profundamente enamorados, es tan intenso, que sólo pensamos en la persona amada. Este proceso dura en promedio entre tres a cuatro años, lo cual nos hace entender en el campo de las neurociencias, que somos monógamos en este periodo por un proceso cerebral que permite escoger a una pareja que otorgue la posibilidad de perpetuar nuestros genes. Es decir, la fidelidad que profesamos por nuestra pareja tiene bases biológicas y evolutivas, y en un inicio nuestro cerebro no permite pensar en otras personas u otras posibles parejas, pero gradualmente, este proceso se reduce, se adapta, se desensibiliza, y al cabo de tres años, otras personas pueden generar nuevamente la motivación de incrementar dopamina en nuestro cerebro, la probabilidad de ser infieles se incrementa en ese tiempo. Si la relación no es buena, ha llegado a ser monótona, al cerebro se da tiempo y estrategias para buscar a una nueva pareja.

En consecuencia, después de tres años de amor intenso, los factores sociales intervienen fuertemente en la toma de decisiones a favor de mantener una relación amorosa, el proceso cultural y los aspectos psicológicos se involucran para decidir que es más conveniente estar con la pareja, cuidar a los hijos y recibir reconocimiento social por realizar estos cuidados. Es decir, después de ser monógamos biológicos nos convertimos en monógamos sociales. El cerebro aprende a reforzar positivamente estas decisiones, ahora la dopamina se libera por el cuidado de una familia, nos hacemos solidarios y gradualmente reducimos el egoísmo que nos caracterizó a edades tempranas. Es el triunfo del factor social sobre el gen egoísta.

Los humanos somos la única especie de mamíferos monógamos. En todas las especies inferiores, después de tener crías, la pareja se separa, se busca un nuevo nido y se inicia de nuevo el ciclo de la vida. Por eso llama la atención que ser fiel a una persona con la que decidimos estar por mucho tiempo o con quien ayuda a cuidar a los hijos por largos periodos, es un compromiso social. Estudios evolutivos concluyen que el proceso de monogamia es una consecuencia de la inteligencia humana; ser fieles es un proceso asertivo, es una decisión. Por ello, ser fiel es un triunfo de la evolución a través de un cerebro que puede controlar adecuadamente las emociones generadas por hormonas o posibilidades, la corteza prefrontal es tan grande en los humanos que nos hace valorar, medir riesgos, evitar peligros o tomar decisiones arbitrarias. Nuestros frenos se encuentran en esta región del cerebro, es la corteza prefrontal la que desempeña el papel de reducir los efectos de la dopamina en nuestra conducta. Los cerebros más grandes se relacionan a comunidades con más reglas sociales de convivencia. No olvidemos que la corteza prefrontal termina su conexión y alcanza su madurez en las mujeres a los 21 años y en los varones a los 26. El incremento del tamaño cerebral se asocia a relaciones monógamas. La fidelidad es un compromiso de la evolución humana.

El poder de la oxitocina

Es un hecho que, no obstante la transformación del amor, después del tercer año de una relación, la oxitocina, también conocida como la hormona del amor, es la responsable de mantener a la pareja unida, es el neuroquímico del apego. Esta hormona se libera con los besos, los abrazos y en el orgasmo. La oxitocina disminuye el estrés, la tensión, la tristeza, nos hace empáticos y reduce la expresión agresiva de algunas conductas. Esta hormona también se libera en nuestro cerebro si vemos la imagen del ser querido en una fotografía o si escuchamos su voz por el teléfono. Con oxitocina evitamos extrañar, disminuimos la sensación de estar solos. Es la hormona por la cual mantenemos a la pareja y a la familia unida por mucho tiempo. La especie humana ha subsistido en este mundo por esta hormona, la cual se incrementa en la convivencia de núcleos de familias. Hallazgos recientes indican que las mujeres tienen más oxitocina en su cerebro que los varones. Una explicación más del porqué una mujer procura más la unión familiar y establece más apego que el varón. Por lo anterior, es un hecho que la monogamia biológica depende de la dopamina y la monogamia social o emocional depende mucho del mantenimiento de la oxitocina en el cerebro humano.

Los hombres son más propensos a la infidelidad

La afirmación de que los hombres son más infieles tiene una base genética. Un estudio realizado en Suiza, en el Instituto Karolinska en Estocolmo en el año 2003 validó la calidad de las relaciones de 552 varones suecos con sus respectivas parejas, la investigación se prolongó durante 5 años y sólo contó con parejas heterosexuales (1.204 personas), este estudio mostró que existe una variante genética del gen RS3-334 que permite una mayor expresión de la hormona vasopresina. Una de las conclusiones más importantes de este estudio es que aquellos individuos que expresaron el gen RS3-334 son más infieles que aquellos que no lo mostraban. Es decir, los hombres que tienen este gen muestran una capacidad genética para ser menos fieles, son menos capacitados para socializar y fracasan con mayor frecuencia en sus relaciones de pareja. Además de este estudio que apoya que la infidelidad puede heredarse, es necesario recordar que el cerebro del varón trabaja con menor velocidad y menor integración, es por eso que es necesario marcar que los varones son menos intensos en sus relaciones amorosas, olvidan con mayor facilidad datos, experiencias, toman con superficialidad los aspectos relacionados con la pareja, etcétera.

El aspecto social es otro factor que influye. La sociedad tolera más la infidelidad masculina, incluso en algunas culturas es premiada o vista como un estatus, por lo que además de un proceso biológico-genético es necesario sumar la esfera social al proceso de decisión de ser infiel.

Algunos aspectos interesantes de perder la monogamia

  1. La sospecha de infidelidad incrementa el deseo sexual en la pareja, por ejemplo, en una etapa de celos, es posible que el cerebro incremente la necesidad de estar con la persona amada, en esta situación se sabe que se incrementan los niveles de noradrenalina y testosterona. El resultado es una activación neuronal para evitar perder a la pareja.
  2. El cerebro puede amar a dos personas al mismo tiempo, sin embargo, esta capacidad siempre jerarquiza los cariños, no es de la misma intensidad la expresión de la conducta por dos personas. No obstante esta posibilidad, el factor social inhibe la probabilidad de realizarlo y aceptarlo.
  3. Algunos estudios en comunidades poliamorosas —individuos que conviven, tienen intercambio sexual y son capaces de mantener un círculo emocional entre varias personas—, indican que son propensos a tener más ansiedad y sentimientos de tristeza.
  4. Es común perder el interés sobre una relación, que el deseo disminuya con el tiempo. Saber que tenemos algo seguro permite que el cerebro busque motivaciones y satisfacción en otras personas o circunstancias. Este factor es el propulsor de la desidia, tensión y enojos con la pareja. Entenderlo nos da mejores elementos para buscar alternativas si es que no se quiere ser infiel o se necesita reforzar el lazo amoroso, una solución resulta simple: un abrazo sincero que libere oxitocina puede ayudar a abrir soluciones. Recordar viejos tiempos o antiguas formas de expresión del amor puede ser otra opción de revertir este proceso común en el cerebro.
  5. Solemos decidir estar con una pareja cuando nuestra etapa biológica es la más hermosa de toda la vida. Es un hecho que ser monógamo es una decisión. Este proceso se fortalece con leyes y normas sociales. Ante la posibilidad de una infidelidad surge el eterno conflicto: lo que se quiere en lucha con lo que se debe. Las instrucciones hormonales indican buscar a varias parejas en la vida. Pero la evolución nos ha hecho entender que es posible parar o disminuir la necesidad sexual por estabilidad emocional.

LA NEUROBIOLOGÍA DEL SEX APPEAL

El cerebro es el responsable de la elección, la evaluación y la fidelidad de la pareja. No el corazón. ¿Qué neurotransmisores hormonas y estructuras cerebrales interaccionan?

A las características físicas y sexuales en conjunto, responsables de la atracción entre personas se les conoce como sex appeal: la mirada, cómo habla, el tipo de olor, el timbre de voz, la tersura de la piel y en el caso de las mujeres las manifestaciones físicas de los cambios hormonales como el tamaño de los senos, largo de las piernas y las caderas y la distribución del pelo, el tamaño del tórax en relación a los varones, son evaluados en cuestión de 6 a 8 segundos por nuestro cerebro.

El amor a primera vista tiene elementos de activación inmediata en el sistema nervioso central, la conexión en serie del hipocampo, el sistema límbico, los ganglios basales y la corteza cerebral son fundamentales para evaluar al ser amado. Los incrementos de neurotransmisores en el espacio sináptico como dopamina y serotonina y de algunas hormonas neuromoduladoras como la oxitocina y la vasopresina constituyen las bases del inicio/mantenimiento de una actitud, de conductas y decisiones de mantener una relación con la pareja.

El sex appeal tiene también como fundamento la búsqueda de satisfacer al otro a través de nuestras capacidades físicas e intelectuales, esto inducido por un proceso psicológico agradable. Pero nuestro cerebro también se ha desarrollado en un contexto social: muchas de las condiciones que nos atraen están delimitadas por el aprendizaje social. Nuestra cultura, juicio crítico y normas con las que limitamos socialmente nuestro desarrollo comunitario frenan o favorecen algunos eventos en nuestra vida: por ejemplo el patrón de belleza física para algunas culturas puede ser diferente −en especial, para algunas culturas labios grandes y cuello largo es sinónimo de belleza−. Muchas veces nos gustan personas o cosas de acuerdo a modas geográficas.

Físicamente, ¿qué debe tener una mujer ideal para el hombre?: A) cintura fina, B) cadera curva y, C) piernas largas y esbeltas. En el caso de los varones, la mujer observa: 1) hombros anchos, 2) pectorales amplios y 3) abdomen plano o musculoso. El cerebro evalúa rápido estas características, los niveles de dopamina y adrenalina se incrementan en la medida que estos rasgos físicos se tengan en una persona que esté cerca de nosotros. En 1998, estudios en la UCLA, EUA, reconocieron que los hombres fijan sus ojos en los senos de la mujer, la cadera y la cara. Las mujeres ubican su mirada en el abdomen, cara y cintura del varón. La información que se obtiene de esto es interpretada de inmediato: senos grandes se asocia a buena salud, estado reproductivo y una pubertad terminada. Si bien nosotros, tenemos marcadores personales de belleza, 68% de la población humana busca en la cintura un proceso de

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