Escucha a tu intuición

Dra. Ana Asensio

Fragmento

cap-1

INTRODUCCIÓN

UN SUPERPODER QUE TENEMOS TODOS

No siempre es fácil verlo, pero es real, os prometo que lo es.

Existe un superpoder que todos tenemos de serie pero que es necesario entrenar: se llama intuición y es tan sabio y certero que te indica claramente el camino que te lleva a las cosas.

¿Quieres saber más acerca de él?

Siempre fui intuitiva, aunque tardé en saberlo. Todos somos intuitivos, te lo aseguro; la intuición no es un don, no es algo mágico que te toca o no; es un sentido animal que el ser humano ha desarrollado muy poco, pero parece que empezamos a esbozarlo.

En mi caso, no sabía que ya desde pequeña estaba desarrollando la intuición; tenía la sensación de saber ciertas cosas, a pesar de equivocarme en otras.

Había una Ana que tomaba las decisiones en base a la intuición: dejaba que las cosas sucedieran, discernía cuándo esperar y cuándo actuar. Con un carácter sabio, y quizá muy adelantado a cierto momento evolutivo, es cierto que a veces me secuestraba la amígdala, me podía la emoción, el impulso, me nublaba la impaciencia, o no gestionaba bien un miedo o una ira. Entonces sentía mucho pesar, incluso cuando algunas de las decisiones tomadas en ese estado no fueron malas tampoco. Lo que marcó un antes y un después fue el medio para llegar a ellas.

Me explico: si para permitirme sentir que una determinada carrera universitaria era adecuada para mí —aunque la razón me dijera que no y encontrara mil y un argumentos de que no era adecuado estudiarla— tenía que recurrir a dormir más de una noche la situación, me hacía espontáneamente curas de sueño, me hacía listados de pros y contras, reflexionaba en una placentera divagación consciente, sentía y sin saber encontraba información serena… Todo de manera espontánea. Así descubrí que había un lado de mí que no era impulsivo, era reflexivo, sereno, lúcido y me daba paz, pero iba en sentido contrario al otro lado de mí que sabía muy bien controlar, decidir y actuar sin tener en cuenta ninguna emoción ni sensación.

Con los años, mi naturaleza sensitiva (y diría que ultrasensible emocionalmente) no pudo reprimirse más y empezó a decirle a mi cabeza: «Aquí estoy yo». En ese momento sentí tanto descontrol que necesité investigar más acerca de la naturaleza del ser humano.

Rondaba entonces los diecisiete años y se produjo mi primer choque frontal con la vida: me di cuenta de que lo que planificaba y decidía con la cabeza no era lo que mi alma, mi ser, me decía que estaba esperándome.

A través de mis experiencias descubrí esta frase: «Lo que es para ti te encuentra». Antes o después tu naturaleza va a querer SER y no vas a poder evitar que el camino te lleve a las cosas que te convienen. Pero has de saber que ese camino puede ser arduo y que lo tengas que recorrer a golpes, o puede ser sereno y vayas adquiriendo sabios aprendizajes que ilustrarán tu vida.

Aquel primer aterrizaje derivó, contra todo pronóstico, en que yo estudiara Psicología, me iniciara en el desarrollo personal y lo uniera a mi gran pasión, la ciencia, y a una llamada interior de entender mi alma. De todo ello nace una relación con la intuición que la acompaña, y me trae a escribir este libro por si a ti te puede resultar útil también para reconocer eso que ya eres, o para aceptar esa naturaleza sabia y preciosa que nos está pidiendo hablar.

Diré que la intuición es eso que a todos nos pasa cuando sabemos algo, a veces algo que nos choca, pero no podemos argumentar cómo lo sabemos. Lo único que podemos decir es que lo sentimos, y se trata de un sentimiento sereno, que no te provoca confusión sino seguridad, aun sin saber muy bien por qué.

LA INTUICIÓN ESTÁ DENTRO DE CADA UNO DE NOSOTROS.

Parte de nuestra memoria no consciente, de toda la información almacenada que no se borra y pude resultar útil. Se nutre de la limpieza de los pensamientos rumiantes y del control mental, se nutre de la calma de la amígdala y también de la desactivación del impulso emocional, al que somos bastante adictos, por cierto.

La intuición no está destinada a protegerte, para eso está el miedo, sino a llevarte a las cosas que son buenas para ti. La intuición no es una emoción ni un arte adivinatorio, es una cualidad del ser humano que le permite saber algo obteniendo la información de una manera de la que no eres consciente.

En definitiva, la intuición es una aliada para tu vida, es un recurso, una herramienta tan potente y tan bella que merece invertir tiempo para desarrollarla y convertirla en nuestro sexto sentido.

Habrá veces —me ha pasado, te lo aseguro, es inevitable— en que pensarás que simplemente te estás dejando llevar por lo que deseas, pero no, la intuición no es la expresión de tus deseos, aunque a veces coincida con ellos.

A veces creerás que solo te quieres autoengañar, y sentirás que estás confundida…, pero la intuición no es un engaño, es certera, nace de una sabiduría interior que sabe más de ti de lo que tu razón imagina.

Por eso te ofrezco este libro, para darle a la intuición el lugar relevante que se merece, para avalar su relación con la ciencia y para mostrarte recursos y que la puedas entrenar desde ya.

Imagina por un momento que estás caminando en un bosque. No hay camino marcado, solo árboles altos y el susurro del viento. Sin embargo, en algún lugar profundo de ti, hay una voz suave que te indica: «Sigue adelante, gira a la derecha, ahora a la izquierda y sintiendo que por ahí es». Esa voz es la intuición.

LA INTUICIÓN ES UNA HERRAMIENTA PODEROSA, UN RADAR INTERNO QUE NOS GUÍA EN LA VIDA.

Pero ¿qué es exactamente: un sentimiento, un pensamiento, una corazonada? La respuesta es sí a todo lo anterior. La intuición es ese conocimiento profundo que no siempre sabemos cómo hemos adquirido, pero que sentimos con certeza.

Es extraño dejarnos llevar por la intuición porque no podemos observarla ni, por tanto, analizarla directamente. Así, muchas veces desconfiamos de ella porque no es algo tangible, sino más bien relacionado con la fe (en el sentido de creer lo que no se puede ver); la sentimos, pero no estamos acostumbrados a guiarnos por nuestro sentir profundo, por nuestro saber acumulado, por nuestros valores, y no solo por las emociones más primarias o el análisis de la situación.

De este modo, podemos decir que la intuición es una mezcla de acumulación de mis experiencias vitales —aquellas que guardo aunque no recuerde— más mis valores —esos que están en mi corazón— y mi silencio cerebral, que permite escuchar al corazón para saber hacia dónde quiero ir y entonces sentir esas señales que nos parece que son magia, y claro que lo son, porque hay magia en tu interior.

LA INTUICIÓN NO ES MAGIA, PERO ES MÁGICA.

Es la voz interna que nos recuerda que, aunque no siempre podamos ver el camino claro, tenemos una brújula interna que sabe exactamente hacia dónde ir. La próxima vez que sientas esa corazonada, esa chispa de conocimiento interno, detente y escúchala. Puede ser el susurro de la sabiduría interior, guiándote hacia el próximo gran descubrimiento de tu vida.

LA CIENCIA AVALA LA INTUICIÓN

Todos hemos tenido esa experiencia de saber algo sin saber cómo lo sabemos. Tal vez fue al conocer a alguien y sentir inmediatamente que podíamos confiar en esa persona, o quizá cuando tomamos aquella decisión importante en unos segundos y resultó ser la correcta.

Es cierto que cada día se habla más de la intuición. Sin embargo, en este mundo dominado por los datos y la lógica en un nivel más racional y consciente, a menudo subestimamos nuestra intuición porque la hemos dejado dormida. Nos enseñan a confiar en hechos y cifras, y a desconfiar de las corazonadas. Pero la intuición no está en conflicto con el razonamiento lógico; más bien, es su complemento. La mejor toma de decisiones ocurre cuando combinamos ambos: la lógica y la intuición, o la razón al servicio del corazón.

Las preguntas son muchas: «¿Me puedo fiar de mi intuición?», «¿Cómo sé que es intuición y no miedo?», «¿De dónde proviene?», «¿La intuición realmente existe?».

La intuición tiene un gran vínculo con la ciencia, la psicología y la filosofía. Pero las explicaciones que se aportan desde estas materias sobre este sexto sentido tienen un matiz aún muy racional para explicar acciones basadas en una toma rapidísima de decisión, en la experiencia acumulada, en una destreza aprendida, en el análisis de aquello que se intuye. Para mí hay un algo más, un «ingrediente secreto» que hace que la intuición sea algo más que un deseo lleno de sesgos cognitivos y algo más que un procedimiento únicamente fisiológico, con un toque importante racional.

Las investigaciones en neurociencia sugieren que la intuición se basa en nuestra capacidad de procesar información de manera no consciente. Nuestro cerebro recopila datos, patrones y experiencias a lo largo de nuestra vida y los almacena. Cuando enfrentamos una nueva situación, nuestra mente accede a ese vasto almacén de información y nos proporciona una respuesta rápida e intuitiva.

Una investigación realizada por el doctor Antonio Damasio, un reputado neurocientífico, mostró que la intuición juega un papel crucial en la toma de decisiones. Damasio estudió a pacientes con daños en la corteza prefrontal ventromedial, una región del cerebro asociada con las emociones y la toma de decisiones. Descubrió que estos pacientes podían analizar problemas lógicamente, pero tenían serias dificultades para tomar decisiones simples. La razón, según Damasio, es que habían perdido el acceso a sus respuestas emocionales e intuitivas, lo que sugiere que nuestras emociones y corazonadas son esenciales para tomar decisiones efectivas.

Voy a compartir una historia que me encanta: Albert Einstein, el genio que enunció la teoría de la relatividad, solía decir que su mayor descubrimiento no nació de un razonamiento lógico, sino de una intuición, a través de un pensamiento visual en el que se imaginó cabalgando sobre un rayo de luz. Sí, el hombre que revolucionó la física moderna lo hizo confiando en ese destello intuitivo que salió de lo más profundo de su ser. Por supuesto, luego tuvo que validarlo con matemáticas y física, pero la chispa inicial fue pura intuición.

«La intuición es un don sagrado —afirmó Einstein—, el espíritu que nos lleva a nuevas verdades». Y atribuía sus ideas no solo a cálculos matemáticos, sino a un juego mental que le permitía visualizar el universo de formas nuevas. «La única cosa realmente valiosa es la intuición», llegó a decir.

Steve Jobs, el legendario cofundador de Apple, habló mucho sobre cómo su intuición guiaba sus decisiones más importantes. Una vez dijo: «Ten el coraje de seguir tu corazón y tu intuición. De alguna manera ya saben lo que realmente quieres ser».

En el ámbito laboral Daniel Kahneman, psicólogo y premio Nobel en Economía, ha investigado desde un punto de vista muy racional cómo tomamos las decisiones. Kahneman distingue entre dos sistemas de pensamiento: el rápido e intuitivo, y el lento y deliberativo. Argumenta que, aunque el pensamiento lento y analítico es crucial para ciertas decisi

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