Cómo sufrir un poco menos

Pedro Campos

Fragmento

Título

EL CLUB DE
LOS CORAZONES
QUE SUFREN


Bienvenido al club más grande del mundo. Donde nadie se libra de sufrir. Donde nadie está exento de experimentar dolor, estrés, frustración, angustia, descontento, ansiedad o confusión. Donde hacemos lo mejor que podemos para lidiar con esta vida caótica e incontrolable.

Somos El club de los corazones que sufren y el único requisito para ser miembro es nacer. ¿Será por eso que nacemos llorando?

No es necesario sufrir intensamente para pertenecer a esta bella comunidad. Aquí hay espacio para todos los niveles de sufrimiento: desde los más sutiles malestares físicos, hasta las más desgarradoras crisis existenciales.

Toma asiento. Siéntete como en casa. Aquí nadie va a juzgarte, ya que todos sufrimos por algo:

La pérdida de un ser amado

Las deudas en el banco

La ruptura de una relación

El exceso de trabajo

Los conflictos familiares

El tráfico

El cáncer

La demencia

El hipotiroidismo

La fiesta del vecino a las 3:00 a.m.

El temor a la incertidumbre

La injusticia social

Los platos acumulados en el fregadero

Los hijos que no hacen caso

Los padres que no comprenden

El deseo de ser madre y no poder

La fila que no avanza

La cartera perdida

El amor no correspondido

La muerte de una mascota

El dolor en la espalda baja

La sensación de no ser suficiente

Cabe aclarar que no es la autolamentación ni el victimismo lo que nos caracteriza. Lo que nos interesa en esta agrupación es sentirnos acompañados mientras aprendemos a lidiar mejor con nuestro sufrimiento. No buscamos un alivio temporal, evasivo ni superficial, sino una transformación profunda que nos ayude a enfrentar la vida con amor, ligereza, sabiduría y algo de humor. Queremos sufrir un poco menos.

Nuestra práctica se basa en lo siguiente:

1. Aceptar el sufrimiento como parte natural de la experiencia humana.

2. Abrazar el sufrimiento como una madre abrazaría a su hijo.

3. Prestar atención al sufrimiento para comprenderlo mejor.

4. Reconocer y soltar los hábitos que nos hacen sufrir más de lo necesario.

5. Ajustar aquello que esté dentro de nuestras posibilidades.

6. Crear una vida basada en la sabiduría, el cuidado amoroso y la atención consciente.

7. Acompañar a otros en su sufrimiento y ayudarles a sufrir menos.

8. Divertirnos en el proceso, sin tomarnos a nosotros mismos tan en serio.

Si estas ideas resuenan en ti y es algo que te gustaría practicar, no me queda más que darte la más cordial bienvenida a nuestro club. Siéntete parte, siéntete acompañado, siéntete comprendido, pero, sobre todo, siéntete abrazado.

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ACERCA DE
ESTE LIBRO


En este libro encontrarás enseñanzas budistas que pueden ayudarte a vivir con calma, amor y ligereza en medio de esta realidad imperfecta. A través de reflexiones, historias, dibujos y ejercicios, haremos un recorrido por una metodología práctica para comprender, abrazar y transformar la amplia gama de experiencias insatisfactorias que todos los seres humanos enfrentamos en la vida cotidiana. No necesitas convertirte en budista para comprender y practicar estas propuestas. Verás que son simples y amigables.

Elegí el título Cómo sufrir un poco menos, porque es la descripción que mejor coincide con el resultado de aplicar las enseñanzas del budismo en mi vivir diario. Aunque no soy oficialmente budista, llevo varios años empleando las herramientas que esta tradición milenaria nos ofrece, y puedo decir que me hacen mucho bien. Mi relación con el sufrimiento ha cambiado bastante. Ya no lo veo como un defecto del cual necesito deshacerme, sino como una experiencia que puedo abrazar amorosamente. Sigo siendo una persona con tendencias controladoras y una fuerte inclinación hacia la evasión emocional. Pero una parte de mí se siente más despierta, más tierna, más humana. Abrirme al sufrimiento, me ha ayudado —paradójicamente— a sufrir menos. Por otro lado, en el budismo también he encontrado una guía para crear una cotidianidad más llevadera y con menos dramas innecesarios. A través de hábitos como la meditación, el cuestionamiento constante de mis puntos de vista y el cultivo de una conducta ética, he conseguido establecer prácticas de cuidado personal y colectivo que me ayudan a prevenir que ciertas circunstancias se conviertan en fuente de sufrimiento para mí y para quienes me rodean.

Con el propósito de evitar posibles malentendidos, me gustaría hablar un poco acerca de qué es el budismo y de cómo podemos aproximarnos a él sin ningún tipo de temor.

Existen muchos tipos de budismo. Cada corriente (y cada individuo) tiene su manera particular de estudiarlo y practicarlo. Lo que expondré a continuación, representa únicamente mi propio entendimiento del tema y no pretende hablar por todos los budismos.

Podemos empezar diciendo que Buda no es un dios ni una figura a la cual adorar. El budismo no busca explicar las cosas a través de la existencia (o no existencia) de una deidad. Los budistas no le rezan a Buda. Su práctica se centra principalmente en cultivar un estilo de vida encaminado a reducir el sufrimiento y a potenciar el bienestar. La palabra buda significa «despierto». Un buda es una persona que ha logrado dejar atrás las ilusiones que le hacen sufrir mentalmente, como quien despierta de una pesadilla. En este caso, la pesadilla no es otra cosa más que nuestros propios juicios y expectativas.

Se dice que hace más de 2 500 años existió un hombre que logró convertirse en buda y que, después de despertar, se dedicó a mostrar a otros el camino para lograrlo. Se llamaba Siddharta Gautama y es la persona a la que normalmente nos referimos cuando hablamos del Buda.

Las enseñanzas que el Buda Gautama compartió conforman un conjunto de prácticas que conducen a una vida con menos angustia aquí y ahora. Estas se basan en aceptar la realidad tal como es (cambiante y compleja), en mantener una relación compasiva con quienes nos rodean (procurando no hacer daño) y en liberarnos de los patrones mentales (a través de la meditación) que nos hacen reaccionar de formas impulsivas.

Lo que el Buda compartió en forma de discursos, fue memorizado por sus alumnos, transmitido de boca en boca y puesto por escrito cientos de años después de su muerte. Sus palabras han sido —y siguen siendo— interpretadas y enriquecidas por muchísimas personas a lo largo del tiempo y a lo ancho del planeta. Es por eso que el budismo es una tradición espiritual diversa y dinámica, que ofrece algo valioso a todas las personas, incluso a quienes no se consideran budistas o profesan otra religión.

¿Entonces qué es el budismo? La respuesta dependerá de a quién se lo preguntes. Si me lo preguntas a mí, te diré que es algo que vale la pena conocer y poner a prueba, para que seas tú mismo quien decida si puede ayudarte a sufrir menos, o no. Este libro es un punto de partida para intentarlo. Espero que te sirva.

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ACLARACIONES
NECESARIAS ANTES
DE COMENZAR


Me parece importante dejar en claro desde un inicio que este libro tiene sus limitaciones. Hablar del sufrimiento es hablar de un entretejido de factores, donde lo político, lo histórico, lo social y lo ambiental juegan un rol complejísimo.

Habitamos un mundo en crisis. Las noticias nos lo recuerdan todos los días: guerras, genocidios, cambio climático, violencia e injusticias. Son problemas inmensos y desgarradores que nos afectan a todos, especialmente a quienes viven en condiciones vulnerables, con menos recursos y oportunidades. Lidiar con esta realidad puede ser realmente abrumador.

En estas páginas no pretendo ofrecer una solución al sufrimiento sistemático de la humanidad. Mi propósito es más modesto: brindar herramientas para sobrellevar los malestares cotidianos, como el estrés, la ansiedad, la autoexigencia, la insatisfacción o la dificultad de estar en paz con nosotros mismos, que experimentamos quienes tenemos la fortuna de vivir con nuestras necesidades básicas cubiertas y desenvolvernos en entornos relativamente seguros.

Cabe aclarar que los consejos aquí compartidos no reemplazan el acompañamiento psicológico o médico de un profesional.

Te invito a disfrutar de este libro manteniendo activo tu criterio. Si algo resuena en ti, llévalo a la práctica con curiosidad y explora qué efecto tiene en tu vida. Quédate con lo que te ayude a sufrir menos y descarta lo que no.

Ahora sí, ¡comencemos!

CAPÍTULO 1

LAS CUATRO
NOBLES
VERDADES

LOS CAMINOS
DE LA VIDA


Los caminos de la vida

no son como yo pensaba,

como los imaginaba;

no son como yo creía.

LOS DIABLITOS,

«Los caminos de la vida»

Hace más de 2 500 años, mucho antes de que Los Diablitos interpretaran «Los caminos de la vida» al son de cumbia, un hombre llamado Siddharta Gautama (quien después se convertiría en el Buda), descubrió que los caminos de la vida, efectivamente, no son cómo él los imaginaba.

Se dice que Siddharta pertenecía a una familia privilegiada y poderosa que gobernaba un reino en la región que hoy conocemos como Nepal. El joven Gautama vivía en un gran palacio con lujos y placeres, aislado de la realidad del exterior. Su destino era convertirse en gobernante. Pero, a pesar de tenerlo todo, Siddharta no se sentía plenamente satisfecho. Sentía que le faltaba encontrar una felicidad más profunda.

Un buen día, motivado por su curiosidad, decidió salir de excursión con la intención de descubrir qué había más allá de sus aposentos. Para no ir solo, le pidió a Channa, quien era uno de sus sirvientes más cercanos, que lo acompañara.

En su recorrido, Siddharta presenció cosas que nunca antes había visto, por vivir en la burbuja de su palacio. Primero se topó con una persona afligida por el dolor de la enfermedad. Luego se encontró con un hombre canoso y encorvado que padecía su vejez. Después divisó un ritual fúnebre, donde un cadáver lo hizo caer en la cuenta de que la muerte existe.

Sorprendido por tan impactantes imágenes, le preguntó a su fiel acompañante si todo eso era normal. Y Channa respondió que sí, que todos en este mundo, en algún momento de la vida, enfermaremos, envejeceremos y moriremos.

—¿Mis seres queridos y yo también? —le preguntó el inocente joven.

—¡Pues claro que sí! —le respondió Channa.

Al recibir esta tremenda noticia, Gautama empezó a experimentar emociones de miedo, angustia, preocupación y descontento. Siddharta se encontró cara a cara con el sufrimiento.

Los caminos de la vida

son muy difícil de andarlos,

difícil de caminarlos,

y no encuentro la salida.

Para su buena suerte, antes de regresar al palacio, Siddharta y Channa vieron a una persona más. Era un hombre que caminaba serenamente, con una sonrisa que transmitía mucha paz.

—¿Y quién es esa persona que luce tan plena?

—Es un renunciante, un sabio, un practicante espiritual —le contestó Channa.

En ese momento, Siddharta descubrió que, tal vez, sí era posible encontrar la salida.

Animado a seguir una práctica espiritual, Siddharta tomó la decisión de renunciar a todas sus comodidades y a su futuro cargo como gobernante, para ir en busca de la sabiduría.

En su camino se encontró con distintos maestros que le enseñaron a practicar el ascetismo, un estilo de vida que consiste en mortificar el cuerpo para purificar el espíritu a través de la negación de los placeres materiales. Se dice que únicamente comía un grano de arroz al día y meditaba por largas horas bajo la intensidad del sol quemando su piel.

A pesar de todos sus esfuerzos, estas prácticas no estaban ayudando a Siddharta a alcanzar sus objetivos espirituales y, encima de eso, lo estaban debilitando muchísimo, llevándolo casi al borde de la muerte.

Entonces, Gautama, quien ya había obt

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