PRÓLOGO

Acepté investigar y escribir este trabajo sobre la desaparición de la niña Paulette Gebara Farah, con cierta premura de tiempo —acabo de publicar El caso Wallace—, por una razón fundamental: estoy convencido de que a México se le debía una explicación seria, profunda y real de este suceso.
No se trata, en este libro, de hacer un recuento del caso, ni mucho menos una síntesis. Nada más alejado del propósito original.
La intención es aportar nueva información, sin especulaciones, aunque sí recurriendo a hipótesis, cuestionamientos o planteamientos válidos dentro del ejercicio periodístico. Compartir con los lectores situaciones inéditas que, hasta hoy, eran archivos escondidos bajo tres llaves en las gavetas de la historia que se pretende olvidar.
Nuestras herramientas fueron la investigación, la revisión exhaustiva de documentos, la entrevista, las narraciones de uno de los casos más impactantes y dramáticos de la época contemporánea del país.
Se obtuvieron averiguaciones ministeriales y dictámenes confidenciales, identificados plenamente en estas páginas. Versiones hasta hoy desconocidas. Infinidad de datos que ayudan a construir una historia. Detalles que, aparentemente, podrían ser triviales, pero que acomodados como piezas de rompecabezas, adquieren vida propia.
Doy las gracias a quienes tuvieron la valentía de proporcionarme documentos oficiales tan valiosos, hasta ahora inexplorados. Ignotos si se quiere.
Gracias a aquellos que nos dieron su confianza, su tiempo, sus explicaciones y, sobre todo, su invaluable aportación personal.
Tras conocer con mayores detalles la desaparición de Paulette, y sin asumir poses detectivescas, pero sí recurriendo a mi experiencia profesional, puedo decir, como periodista que, con base en lo que aquí se escribe, ninguno de los protagonistas de esta historia está exento de cualquier sospecha.
Ni Mauricio Gebara, ni Lisette Farah, los padres.
Ni Érika, ni Martha Casimiro, las nanas.
¿Por qué?
Porque entre Mauricio y Lisette se acusan de haber planeado la desaparición de Paulette, o de tener conocimiento de lo que en realidad ocurrió. “Sé dónde está mi hija…”, confiesan durante los interrogatorios oficiales, mucho antes de que la niña fuera encontrada muerta al pie de su propia cama.
Lisette acusa a Mauricio de haber urdido un plan. Mauricio acusa a Lisette y a las nanas de estar involucradas.
¿Cuál es la verdad?
¿Por qué la policía no los apretó más para aclarar lo que, en realidad, sucedió con Paulette?
Padres confesos de saber dónde estaba la niña, avalando que todo había sido una farsa.
Peritos que reconocen haber sido obligados a firmar un dictamen errado, equivocado, insuficiente.
Un procurador de Justicia —Bazbaz—, que ordena mutilar un peritaje.
Un subprocurador —Castillo—, que impide a los peritos hacer un trabajo profesional.
Expertos que desmienten, científicamente, la versión oficial.
Hipótesis que se manejan en niveles privados y entre autoridades federales.
Lo que no se dijo del caso Paulette.
Lo que se ocultó.
Eso
