El Grupo Monterrey

Abraham Nuncio Limón

Fragmento

Índice

Índice

Nota al lector

Agradecimientos

I. Se divisa el panorama

Escasez de agua, exportación de cerveza

Estrategias espectaculares, resultados pobres

Triunfo empresarial, aguas inequitativas

De Carta Blanca City a Heineken City

El futbol como segunda piel cultural

Empresa verbalmente responsable

Abriendo puertas abiertas

La simbolización imperial

II. Jano y sus dos caras: economía y política

La chispa de la muerte

Buceo en aguas gaseosas

De pobres gordos a gordos pobres

Reportajes con sabor a exotismo

Coca-Cola y sus fichas

Las siniestras puertas giratorias

La quinta columna cocacolera

El gesto tecnológico de Mandrake

Sucesoras de la United Fruit

Bajo la soberanía transnacional

Globocolonización

III. Rayos X del poder privado

Propensión golpista

El patrocinio a la oposición política

Frena a gritos

La ciudad y sus dueños

El reino de la doble moral

Los medios, a la voz del amo

Su educación y cultura

La oleada del 68 en el Tec

De nuevo: el “virus comunista”

El éxito vía Nxium

IV. De donde son los cuñados

Calor, cerveza y siderurgia

La mano protectora del gobierno

Raíz cuadrada del antiguo reino

Arras e inversiones

Conflicto y unidad de los contrarios

V. El paraíso nunca perdido y siempre recobrado

Sindicalismo blanco vs. libertad sindical

Al grito de “Viva Cristo Rey”

La hidra y el cauterio

VI. Músculo privado contra músculo público

Educación privada vs. educación pública

La alternativa empresarial a la educación superior

La incierta arena electoral

De Cárdenas a los empresarios

Un presagio adverso para el cardenismo

Crisis, oportunidad y ganancia

VII. Se les hizo el milagro

El Hada Modernidad y el impacto exterior

Cárdenas y el fuego amigo

Viejos vicios, nuevas envolturas

Viaje a las estrellas de la elite regiomontana

La crisis como oportunidad

VIII. En la esfera del global power

La neodoctrina Monroe

El nuevo pacto con mexicanos selectos

De la blanca espuma a los heraldos negros

Abuso, castigo y culpa compensatoria

Utilidades privadas; deuda pública

IX. Hacia la toma del poder público

El conflicto gobierno/empresarios

Populista, allendista, comunista

La estrategia partidaria del Grupo Monterrey

Reforma política y participación empresarial

X. El clasismo del ogro filantrópico

Las medidas dolorosas pero neoliberales

A los ricos colmó de bienes

Tomen todo

Dime quien te aplaude y te diré a quién sirves

A dentelladas por la supremacía

La crisis: golpe para unos, oportunidad para otros

Caer para arriba en plena recesión

XI. El mundo ancho y privado

O compras o te compran

Reto a domicilio

Las ilusiones de trineo salinista

El arca de la alianza

Alfa da gracias a Dios

visa-Femsa

Nuevas tendencias y relevo generacional

La tan afamada cocalización

Vitro

cydsa

XII. El discreto encanto de la compañía

Cemex

imsa

Pulsar-Savia

Gruma

Proeza

DeAcero

Privilegiados del proteccionismo e intermediarios de la enajenación

Darwinismo imperial

XIII. Entre Forbes y una crisis desnuda

Las fortunas más grandes del mundo

¿El tigre del tlc?

El crepúsculo de los jefes máximos y el Estado protector

Cambiar para multiplicarse

XIV. Los born winners del mercado despótico

La caída de un gran símbolo

Regreso al futuro

Disputas familiares

Unión de Cuauhtémoc y Moctezuma

La ceba del poder económico

XV. La banca ajena de cada día

Privatizar para extranjerizar

El subsidio al capital extranjero

En el mapa de la inversión extranjera

Las naciones compiten de otra manera

XVI. El espectro de Enron

El estallido de la burbuja

Con bombas los fraudes se notan menos

La entronización siamesa

La salida: invadir a Irak

La corrupción transnacional

XVII. Debe ganar el que más tiene

Inercia y distorsiones de una alternancia

Fraude premiado

De la maquila es la pobreza

Lastres sin pausa

Mismos fenómenos, mismos resultados

El poder en la sombra

Al cierre

Anexos

Referencias bibliográficas

Índice de nombres

Galería fotográfica

Genealogías

Para Carmen Lira y Luis Hernández

En Monterrey solo hay dos estaciones:
el verano que dura seis meses y los Garza Sada
que duran todo el año.
vox populi

Monterrey es, sin duda, la capital
del capital en México.
rosana fuentes-berain

Nota al lector

En los anales del Departamento de Tránsito de Monterrey, si los hubiere, se podría encontrar el registro de un accidente automovilístico ocurrido el 1 de enero de 1974 sobre la carretera de Monterrey a Saltillo. El azar cambiaba mi vida. Y continuaba en su trama. Protagonista, entre otros, del múltiple accidente —por fortuna nadie resultó herido—, debí permanecer en la ciudad obligado por las circunstancias. La carretera era de doble sentido y dos autos se habían impactado adelante de mí. En el intento de evadirlos me hice hacia la cuneta, pero un “fantasma” me esperaba. Mi Volkswagen chocó contra la pieza de concreto y fui a parar al fondo de una alcantarilla. Se dice que en los últimos instantes de vida los humanos le dan la vuelta a toda su biografía. Señal de que en el trayecto hacia aquel barranco no eran los últimos de la mía fue mi expresión: “Chingue a…”. No hubo tiempo para más.

Mientras mi Volkswagen era reparado en algún taller y yo cursaba los trámites viales derivados de la volcadura tuve poco más de una semana de asueto no previsto. En la unidad de promoción cultural del Colegio de Ciencias y Humanidades, Roberto Escudero, su responsable, me respondió: “No jodas, con el cerro de trabajo que tenemos”, cuando le comuniqué por teléfono el porqué de mi ausencia.

Tenía un puñado de amigos en Monterrey con motivo de mi participación, años atrás, en el diario El Porvenir (yo vivía entonces en Saltillo). Indagué dónde podía encontrar a uno de ellos, a quien solo recuerdo por su apellido: Palacios, anterior reportero de nuestro diario. Laboraba en la sección informativa de la Universidad Autónoma de Nuevo León alojada en la torre de su Rectoría. Por lo que conversamos en torno a mi trabajo en el Colegio de Ciencias y Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam), me presentó con un abogado que había sido rector de la universidad pública del estado: Eduardo L. Suárez, entonces también traductor de planta del Fondo de Cultura Económica. Este disciplinado intelectual tenía en sus manos un proyecto de preparatoria abierta que su amigo, el médico Luis Eugenio Todd, entonces rector de la institución, le había pedido que desarrollara. Con ademán enfático, me confesaba que no sabía nada sobre el tema. Así que el tema de la charla fue uno diferente: el de la traducción y sus problemas. De su oficina salí, poco más de media hora después, con un nuevo empleo: la coordinación de aquel proyecto.

Esa tarde fue de relajamiento y decidí ir al cine. Me aguardaba un reencuentro con la hermosa mujer que es mi esposa.

El periodista Federico Arreola, años más tarde, confundió una broma mía y pocas se le hicieron las flechas de su aljaba para lanzármelas. Por ahí pude decir que yo había venido a Monterrey, así como Marx en relación con Inglaterra, por considerar que el capitalismo mexicano mostraba un mayor grado de desarrollo en la capital de Nuevo León. ¿Cómo podía compararme con Marx?, decía el joven Federico. Yo no era más que un mal epígono del teórico de Tréveris. No hacía mucho había salido de prensas El Grupo Monterrey, una crónica documentada sobre la existencia del núcleo de industriales que aparece en el primer plano del panorama empresarial de la ciudad.

Pero Federico tenía razón: coincidía parcialmente, en serio, con lo que yo había dicho en broma: el capitalismo más desarrollado, desde el punto de vista material, en México, estaba en Monterrey. La verdad, no fue una inspiración intelectual fincada en la obra de Marx la que me trajo a esta ciudad. De acuerdo con su lectura, también tenía razón en juzgarme un mal epígono de Marx. Pero el hecho es que nunca he tratado de imitar al gran pensador del socialismo. Ni siquiera podría yo decir que camino a hombros de un gigante. Acaso me pueda sentir más cerca del Marx periodista que escribía en la Gaceta Renana, que del teórico de El capital, si bien comparto en lo básico el macizo de sus ideas.

Estas páginas están escritas con un ánimo periodístico —y también dentro del ejercicio de este oficio—.

El Grupo Monterrey, publicado hace cuatro décadas, no pretendía ser más que una crónica. Su versión actualizada tampoco pretende ser otra cosa. La crónica es el único género a caballo entre la literatura y el relato de hechos que permite abordar la realidad social desde una mirada panóptica y con una gran libertad. Y se diferencia del periodismo informativo, pues su cadencia no obedece a la definición de literature under pressure, que mejor le viene al reportaje. Su paso no es el de Mercurio de veloces alas, sino el de la tortuga de Aquiles: morosa y lejos de ser “competitiva”, salvo el crepúsculo —diría Julio Cortázar—.

El neopositivismo que se ha instalado en la educación y la ciencia en México, y del que apenas se empieza a dibujar una salida creativa con el plan de educación del actual gobierno, consagra como científico el estudio unidimensional de cada uno de los aspectos que entraña la realidad: los politólogos estudian el fenómeno político como si en su envés no se hallara el fenómeno económico y los economistas estudian la economía como si en su revés no estuviera la política. El sociólogo estudia la pobreza (semipobreza, cuasipobreza, pobreza extrema, pluscuampobreza) pero no, de manera complementaria, a la que es en mayor medida su causa: la riqueza. Por un lado, el análisis; por otro, la historia, la antropología, el derecho por un tercero y un cuarto. Como si la realidad estuviese hecha de jirones y no conformada como una totalidad. Engañoso ordenarla por la idea de Napoleón Bonaparte ni por la vía de Funes, el memorioso (oh, Borges) y tampoco expresarla pretendiendo decir todo de ella. Esta pretensión es —parafraseo a Voltaire— tan peregrina como tediosa. Para ello están la imaginación y la creatividad validas de los conceptos, las categorías, la síntesis y la capacidad significativa del lenguaje. Este entramado subyace a la crónica que ofrezco al lector.

Aquellos acostumbrados a leer papers y libros académicos no encontrarán en la confección de estas páginas el aparato crítico tradicional ni sus citas para justificar cierta erudición, honestidad intelectual y obsequio a los eventuales investigadores. Estas últimas las empleo, pero para dar voz a todos los autores de notas, reportajes, estudios e investigaciones en los que me apoyé para su desarrollo. Y además porque creo que los libros, aun los de poesía, son fruto de un trabajo colectivo —precedente o sincrónico—. Por ello, aquí consigno esas voces: desde las de grandes teóricos hasta las de quienes se ganan la vida, modestamente, como reporteros de diarios y revistas, y aun las de opinantes en las redes sociales.

Agradecimientos

Me sentiría muy mal si un solo nombre de quienes me apoyaron en la elaboración de este libro —fueron muchos— pudiera no tenerlo yo presente al momento de escribir estas líneas. Por lo mismo no consigno el nombre de nadie. Pero a todos les pido, cuando salga a la luz, que asuman, como si vieran su nombre grabado en bronce, mi acto de absoluta gratitud por su gesto al pasar o bien por su esfuerzo para conseguir alguna o varias de las notas informativas o exegéticas que he empleado en su realización.

I Se divisa el panorama

Escasez de agua, exportación de cerveza

Esa mañana se extendió el rumor como los ruidos automotrices de Monterrey en los albores del día: la cervecería iba a cerrar sus puertas. Después de más de ciento treinta años de fabricar la popular bebida, esa planta dejaría de formar parte del paisaje urbano y cultural de la ciudad.

Al día siguiente, el presidente de la República haría el anuncio formal: debido a la escasez de agua, las cerveceras no debían seguir operando en donde se presenta esta situación; sin embargo, podrían continuar sus actividades productivas al sur del país, donde hay agua en abundancia. Incluso llegó a afirmar que habría veda en los estados del norte: “No es decir, ya no vamos a producir cerveza, es ya no se va a producir cerveza en el norte. Ya, veda. ¿Quieren seguir produciendo cerveza, aumentando la producción? Todo el apoyo para el sur, sureste, ahí está el Grijalva, el Usumacinta, el Papaloapan”.

Con motivo de la severa sequía que se abatía en Nuevo León en el verano de 2022, los recortes y la suspensión del servicio eran una medida asimétrica, pues se aplicaba sobre todo a las colonias pobres, donde la gente salió a la calle: unos para disputarse unos pocos litros de agua de la que repartía una flotilla de carros-tanque (pipas), otros para realizar bloqueos de avenidas cuando transcurría hasta una semana completa sin recibir el servicio o bien para comprar con urgencia un tinaco (se agotaban pronto las existencias), y otros más para reclamar al gobierno del estado: “No es sequía, es saqueo”.

A las colonias residenciales, donde no son pocas las casas que tienen piscinas, nunca les faltó el líquido. El lema popular cobraba realidad por una serie de evidencias de las que el propio gobernador del estado hizo uso mediático para magnificar su intervención. En incursiones realizadas personalmente por diversos rumbos de la campiña neoleonesa descubrió que varios particulares se robaban agua en cantidades semejantes a las de una presa. Los acusaba de “malandros”. Nunca se abrió una sola carpeta de investigación para dar seguimiento a las “denuncias” del funcionario.

Por otra parte, nunca se concretó su promesa de que promovería una auditoría del agua en el estado convocando al servicio local de Agua y Drenaje de Monterrey y a la Comisión Nacional del Agua (Conagua), como lo anunció al principio de la crisis. En las redes circularon cifras de las que el gobierno nunca ha echado mano para informar a la población. Los mayores consumidores de agua, 34 particulares y las 15 industrias que consumen más agua (acereras, cerveceras, de refrescos y otras), disponen de un mayor volumen del que se destina al consumo de la población para uso doméstico.

Se explicaban las declaraciones del presidente: “Es importante poner orden en las concesiones de agua y darle la prioridad al usuario, al que utiliza el agua para alimentarse”. Con ello reafirmaba la declaración oficial de que el agua en Nuevo León está “sobreconcesionada”; en consecuencia, se dijo, iban a ser clausurados dos mil pozos. Pero ninguna acción concreta fue llevada a cabo para racionalizar el gasto hídrico. Los cortes del servicio eran una medida de emergencia. Solo más tarde se hizo saber del apoyo de la federación para la pronta construcción de un acueducto de la presa más grande en la región (El Cuchillo) con el fin de conducir el agua hacia la zona metropolitana de Monterrey.

Antes ya lo había dicho López Obrador: empresas como la transnacional Heineken, de la que viene a ser subsidiaria la Cuauhtémoc-Moctezuma, no pueden extraer el agua que falta a la población para convertirla en cerveza. Su volumen no queda claro hasta dónde es materia de exportación.

México, primer lugar de exportación de cerveza en el mundo desde 2010 y cuarto lugar en su producción, ya no iba a poder fabricarla en el norte. Aparte de la declaración presidencial, nada parece atender su contenido.

Estrategias espectaculares, resultados pobres

Ante la crisis del agua se habían desplegado diferentes informaciones. El gobierno de Nuevo León emitió una declaratoria de emergencia en la que destacaban medidas para suspender obras que implicaran gasto de agua y un freno a toda actividad que no supusiera su empleo absolutamente necesario. La sequía y el abatimiento de las presas Cerro Prieto y La Boca presagiaban un zaratán en el seno social. Samuel García, el gobernador, culpaba al gobierno federal por no prevenir la escasez hídrica desde hacía cuatro años; también a Jaime Rodríguez Calderón, su predecesor (“No ha llovido en cuatro años y el Bronco se acabó las presas”), y a gobiernos anteriores: “El Cuchillo II estaba programado para ejecutarse desde 1996 […] Ahora la mentada de madre también me llega porque no hay luz, como si yo manejara la cfe; y ahora resulta que la mentada de madre es porque no hay agua, como si a mí me tocara el abasto de agua”.

La Cámara de la Industria de Transformación Nuevo León (Caintra), luego de una reunión de sus representantes con el primer mandatario, lanzó el programa Sumemos un Chorro. Respondía a cinco puntos:

  • Cesión de agua de los pozos concesionados por (Conagua) a la industria.
  • Rehabilitación de pozos para aumentar la capacidad de suministro para la red pública.
  • Instalación de tinacos comunitarios en las colonias más vulnerables.
  • Suministro de agua a la ciudadanía mediante pipas.
  • Incremento de agua tratada y reducción de uso de agua en procesos industriales.

Salvo los puntos uno y cinco, los otros tres no eran sino confirmar la incapacidad del neoliberal gobierno del estado y del federal, que no quieren serlo, pero se ven desbordados por la realidad para resolver el problema de disponibilidad de agua y de su distribución inequitativa, que se ha venido presentando en las diferentes regiones del país, sobre todo aquellas como las del noreste mexicano.

La intervención más focalizada de la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de Monterrey fue para oponerse al acuerdo del Congreso del estado —su mayoría ya en malos términos con el gobernador— de que Servicios de Agua y Drenaje de Monterrey suspendiera el cobro de los recibos de agua mientras se superaba la crisis. El responsable de la institución respondió que esa medida traería como consecuencia la paralela suspensión del servicio. La dependencia siguió cobrando.

El Consejo Nuevo León, un organismo híbrido dominado por los grandes empresarios —lo lideran representantes de Femsa, el corporativo identificado con la cerveza y la Coca-Cola—fue el responsable de la política estratégica del Bronco y lo sería de la de Samuel García. Nunca emitió un solo señalamiento de la estrategia del gobierno anterior, presuntamente comprometida con la sostenibilidad y que a la postre desembocó en un estrepitoso fracaso. Ese mismo organismo elaboró un documento llamado “Plan Maestro para Garantizar el Agua en Nuevo León”. En él se daba a conocer una serie de acciones más bien rutinarias que un servicio de esa naturaleza supone: rehabilitación, reparación de fugas, desazolves, nuevas perforaciones, búsqueda permanente de alternativas para satisfacer la demanda, gestión de recursos. Y lo que no podía faltar: la elevación de las tarifas del servicio.

La distribución del agua delató el clasismo para el que ninguna estrategia operaba: la emergencia parecía exclusiva de las colonias pobres, donde los vecinos debían hacer largas colas y aun reñir con sus iguales para poder recibir unos pocos litros del líquido de las pipas destinadas a dar el servicio durante la crisis.

El Consejo Cívico de las Instituciones de Nuevo León, igualmente dominado por empresarios —agrupa desde clubes deportivos y todo tipo de organismos ciudadanos, entre ellos algunos vinculados a la sostenibilidad del ambiente—, propuso actuar de inmediato para evitar crisis futuras, creando un fideicomiso responsable del acopio de recursos y cuya función sería “realizar las urgentes inversiones en la conservación, protección y regeneración de la infraestructura verde y los servicios ambientales que proveen las áreas naturales, ubicadas en nuestras cuencas…”. La propuesta planteaba la participación de expertos y especialistas en el tema y donde sea obligatoria la supervisión “de la sociedad civil organizada a través de un consejo de administración en coordinación con autoridades estatales”. Sonaba a privatización de recursos públicos. Lo mismo que hace el Consejo Nuevo León y otros tantos cientos de organizaciones que han resultado fraudulentas en su gestión y solo beneficiosas para sus administradores.

El “plan maestro” establecía que con sus medidas podría garantizarse el agua hasta 2050, si bien los ciudadanos deben acostumbrarse a usar menos agua, bañarse en tres minutos, cerrar la llave al cepillarse los dientes, “cuidarla al cien”. En el video promocional de la cultura del agua, una niña, su hermanita, su papá, su mamá y más tarde unos vecinos cantan felices una cursi y mal rimada tonadilla sobre el tema del ahorro hídrico. No se produjeron videos semejantes para industriales, grandes agricultores ni dueños de casa con piscina. La cultura del agua es solo para la gran mayoría de los habitantes del Monterrey metropolitano. “El verano no es excusa para no ahorrar agua”, se decía en los recibos de primavera-verano.

Más pozos, las obras necesarias para concluir la presa Libertad, el acueducto El Cuchillo II, traer agua del caudal del río Pánuco y más tarde de la presa Vicente Guerrero en Tamaulipas y una desaladora (controlada desde Texas) están contempladas en ese plan. Viejas y nuevas ideas que todavía no son realidad contante y brotante. Fuera de la cuenca natural de cualquier territorio es impertinente querer disponer de agua, dice Américo Saldívar (Las aguas de la ira: economía y cultura del agua en México).

Triunfo empresarial, aguas inequitativas

La crisis del agua vino a ser resuelta por las nubes, al menos para los efectos de la emergencia. A finales de julio se precipitaron sobre territorio estatal copiosas lluvias que devolvieron el nivel de las presas a un nivel bajo aún, pero suficiente para atender las necesidades más inmediatas.

En previsión de cómo pudieran evolucionar las condiciones climatológicas del fenómeno de La Niña (aguas de menor temperatura en los océanos y por lo tanto menor evaporación y menos lluvias) y su transición al de El Niño (aguas de mayor temperatura y en consecuencia mayor evaporación y más lluvias), Visión Nuevo León, una organización ciudadana, convocó en marzo de 2023 a una mesa de debate sobre la situación del agua en Nuevo León en el marco del Decenio del Agua declarado por la Organización de las Naciones Unidas (onu) en 2018 y en cuyo centro se señaló el derecho humano al agua. Varias fueron sus conclusiones:

  • La escasez del agua se debe no solo a fenómenos climáticos, sino a su mala distribución y uso específico. En Nuevo León se traducen en contaminación, ganancias y acaparamiento, así como en evasión de su pago por parte de los grandes consumidores. De hecho, no hay una política hídrica que permita regular los diferentes consumos ni establecer tarifas proporcionales y progresivas.
  • En el curso de la crisis no hubo pronunciamientos sobre el derecho humano al agua, que debiera ser prioritario, según el mencionado Decenio del Agua, y el Plan Nacional de Desarrollo.
  • Si el problema del agua no se aborda a la par del ambiente y los efectos en el aire y las aguas de la depredación ecológica (árboles, suelos, abuso hídrico), los daños serán inevitables en la naturaleza y la vida humana.
  • Todo ello se agrava por la falta de una Ley General de Aguas acorde a la escasez o indebido acaparamiento del líquido en diferentes regiones del país, sin considerar el derecho humano al agua como máxima prioridad.

Solo pasarían unos meses para que la realidad les diera cuerpo a algunas de estas conclusiones. La ola de calor que se abatió sobre el país adquirió dimensiones infernales en el norte. En Nuevo León hizo estragos. La inequidad en la distribución del agua fue su hierro candente. Muchas familias se vieron privadas del agua bajo los techos de lámina de sus viviendas. Las albercas públicas se cerraron (no las decenas privadas de estos recipientes) y a la población que se sirve del líquido para satisfacer las necesidades inmediatas del hogar se les impuso la ultima ratio de la cultura del agua: la suspensión intermitente del servicio. No así a las fábricas ni a los 34 mayores consumidores de su volumen disponible. En el otoño de 2023, luego de elevadas temperaturas estivales, el problema, con sus inequidades y ausencia de un horizonte real de solución, repitió las mismas escenas de castigo para las familias de las colonias pobres del Monterrey metropolitano. Y con la expectativa de que a falta de soluciones el problema tenderá a agravarse con la llegada de más empresas de China, India y otras latitudes del planeta en el perímetro del mágico nearshoring.

Hecho el anuncio sobre el cambio geográfico de la cervecería anclada en Monterrey, su cierre distó por completo de ser una realidad. Desde el gobierno de Nuevo León se hizo saber que la red de abasto para las empresas sería conectada a la del gasto público. Fue, en este sentido, un episodio más en una larga historia de aparentes perjuicios sufridos por los empresarios de la oligarquía regiomontana. Todo quedó en una suerte de amenaza, como la que hizo Lázaro Cárdenas a los hombres de negocios en 1936: si no se sujetaban a las decisiones de la autoridad laboral, ya podían ir pensando en entregar sus empresas a los trabajadores o al gobierno. La advertencia cardenista se tradujo, como en otros conflictos similares, en un provechoso desenlace para los empresarios regiomontanos.

De Carta Blanca City a Heineken City

En el cruce de dos de las principales avenidas de Monterrey se veía, hasta el invierno de 2023, un enorme anuncio con el logotipo de la marca más popular de la Cervecería Cuauhtémoc: Carta Blanca. La escritora Ximena Peredo escribió un artículo titulado “Carta Blanca City: la cerveza como símbolo de identidad”.

El Monterrey que hoy conocemos nace en 1890 con el Acta Constitutiva de la Fábrica de Hielo y Cerveza Cuauhtémoc, con las firmas al calce de los comerciantes Isaac Garza, José A. Muguerza, Francisco Sada y el maestro cervecero Joseph M. Schnaider, quien se desempeñaba como agente de la cervecería Schnaider (de San Luis Missouri) en México. Con esta sociedad se conservó el proyecto de José Calderón Penilla, quien comercializaba en su Casa Calderón (fundada en 1864) y producía la primera cerveza artesanal, la León, que se distribuía en barriles […] El proyecto, sin embargo, siguió su curso no solo porque los cimientos ya estaban dispuestos, con una fábrica de hielo instalada al lado de los ojos de agua de Santa Lucía, sino por la política de exención de impuestos del gobernador, el general Bernardo Reyes, quien facilitó un brote industrial que cambiaría el espacio de la ciudad. Así, un año después, en 1890 se fundó en Monterrey la primera cervecería industrial del país, con maquinaria y mano de obra extranjera.

Muchos hombres, al igual que el coronel Aureliano Buendía en el mítico Macondo, pudieron conocer por primera vez el hielo y saborear una bebida espirituosa, alternativa al mezcal, el aguardiente, el sotol y una treintena más de las hasta entonces conocidas. Aunque era popular en la región desde los años sesenta del siglo xix, la cerveza ahora se producía de manera masiva.

Desde muy temprano la publicidad fue un recurso al que los industriales de la Cuauhtémoc acudieron para aclimatar su producto. En su artículo, Ximena Peredo menciona la revista Trabajo y Ahorro —la segunda más antigua de México— como

el órgano difusor de los valores y filosofía empresariales de la Sociedad Cuauhtémoc y Famosa y, puede decirse, un vehículo discursivo poderoso en la formación del sujeto regiomontano moderno. Además de este órgano de autoconsumo, la empresa destacó por apostar en grande a la publicidad […] haciéndose presente en prensa con anuncios insertados y con una intensa campaña de desprestigio al pulque y otras bebidas tradicionales.

Medios impresos primero, y después la radio, la televisión y todos aquellos objetos donde el logotipo de sus marcas pudiera aparecer formaron un mapa del tamaño de la ciudad (para emplear la metáfora superlativa de Borges) con mensajes persuasivos que se fueron posando en el inconsciente colectivo. A ello se agregó, de manera natural, la existencia de cantinas, bares, restaurantes, prostíbulos, salones de fiestas y aun estadios deportivos. Así concluye Peredo:

A partir de redes políticas, producción de espacio urbano y una maquinaria de publicidad potente, el paisaje regiomontano, con sus temperaturas extremas, es una sábana publicitaria de la bebida embriagante. Está tan presente en el discurso de identidad y en el espacio público, que solo se necesitan disparadores cotidianos como el cansancio, el estrés o la ansiedad, todos estos productos inequívocos de la misma sociedad industrial, para ceder a la invitación permanente a consumir cerveza. La insaciable sed regiomontana fue una característica diseñada que al paso de los años logró asumirse como un rasgo de identidad local.

El futbol como segunda piel cultural

Quizá no haya habido ningún otro fenómeno social más propicio al consumo de incontables hectolitros de cerveza que el del espectáculo deportivo, particularmente el de dos de los deportes de pelota y cancha: en México, primero fue el beisbol, y más tarde el futbol. El siglo xx vio nacer el uso económico y político del deporte con las Olimpiadas y eventos similares. Famosos fueron los Juegos Olímpicos d

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