
Prólogo
Como una mujer que ha enfrentado sus propios retos de salud y como una farmacéutica defensora de la salud de la mujer, me he dado cuenta de que, en muchos casos, la medicina moderna desestima a las mujeres con problemas de salud. Se les dice que sentirse cansadas o irritables, ganar peso, ver su cabello adelgazarse y experimentar problemas para dormir es “normal”, y sólo deberían acostumbrarse. Si bien tales síntomas pueden ser comunes, te aseguro que no son normales y no tienes por qué vivir con ellos. Puedes sentirte en calma, en forma, bella, descansada y equilibrada nuevamente.
El principio fundamental de La biblia del equilibrio hormonal es que “lo normal no siempre es normal”. Incluso si los resultados de tus análisis indican “normal”, podría no ser tu normalidad. Me encanta cómo el doctor Tassone te empodera para hacerle caso a tu instinto; tú conoces tu cuerpo mejor que nadie.
Si has leído cualquiera de mis libros, los bestsellers del New York Times Tiroiditis de Hashimoto y Protocolo Hashimoto, quizá sepas que yo también tuve que lidiar con mi propio viaje hacia la salud durante muchos años. Sé cómo es tener que buscar respuestas para recuperar o mejorar tu salud. Es posible que estés experimentando fatiga, aumento de peso, cambios de humor, adelgazamiento capilar, insomnio, periodos irregulares, retención de líquidos, estrías o abortos espontáneos recurrentes… y que estés cansada de escuchar a múltiples médicos decirte que tus análisis están bien, o que “simplemente estás envejeciendo”. A mí también me dijeron las mismas cosas cuando apenas tenía 26 años.
Ya pasé por eso y escribí un libro sobre cómo te puedes sentir un ser humano otra vez padeciendo tiroiditis de Hashimoto, la causa principal de hipotiroidismo. Perdí casi una década buscando respuestas porque se encontraban fuera del paradigma de la medicina convencional. Aunque mi viaje estuviera relacionado con la tiroides, es importante destacar que cualquier problema hormonal es capaz de afectar otras hormonas. La biblia del equilibrio hormonal no discute solamente los desequilibrios tiroideos, sino los desequilibrios de estrógeno, testosterona, cortisol y progesterona.
Si tú también estás lidiando con problemas relacionados con los diversos desequilibrios hormonales que suelen afectar a las mujeres, quiero que sepas que estás en el lugar correcto. El libro que tienes en tus manos puede servirte de guía para sentirte mejor. Ojalá me hubiera topado con el doctor Shawn Tassone al inicio de mi viaje. Él es un médico que en verdad mira más allá de la medicina convencional y destapa las múltiples capas de la curación, ayudando a sentirte lo mejor posible. Con el brillo de su entrenamiento, conocimiento y método integral después de 20 años de experiencia con más de 50 000 pacientes, el doctor Tassone hizo en este libro lo que otros libros sobre hormonas no han podido: cierra la brecha entre la medicina convencional y la medicina alternativa de una forma bien documentada y autodirigida, que además funciona. Él nos recuerda que, con la guía de un médico integrativo, los pacientes tienen los medios proactivos para corregir y autorregular sus desequilibrios hormonales. Realmente sigue su premisa de que la medicina es mejor con un paciente comprometido y un médico pasivo.
Lo triste es que, hoy en día, la comunidad médica no siempre escucha la voz de la mujer. Los estudios han demostrado que esperamos más en las salas de emergencia antes de recibir analgésicos, y toma siete años en promedio que una mujer reciba un diagnóstico de endometriosis. Como científica, me encanta el hecho de que el doctor Tassone tenga el trasfondo y la comprensión de investigaciones en todos estos temas —su trayectoria en la medicina integrativa y su título en filosofía confirman que sabe cómo examinar investigaciones relevantes—.
Por otra parte, una de las cosas que más aprecio del doctor Tassone es que sí escucha. Es una persona con décadas de experiencia escuchando historias de mujeres y ayudándolas a recuperar su salud. Gracias a esta habilidad crucial (aunque bastante inusual), así como a las mujeres que le han confiado su salud, el doctor Tassone ha podido desarrollar el primer sistema integrativo de mapeo hormonal.
El nuevo libro del doctor Tassone, La biblia del equilibrio hormonal, te dará una forma sencilla para identificar y comprender tu tipo hormonal al descubrir a fondo los 12 perfiles diferentes de desequilibrio hormonal, caracterizados por arquetipos con los que puedes identificarte fácilmente, y cada uno aporta un protocolo completo desglosado en seis sencillos pasos de cuidados y tratamientos. Me fascina el viaje de la heroína en la historia de cada uno de los 12 arquetipos. Estoy segura de que te verás reflejada en más de uno, pero con la sutil guía que recibirás tanto del libro como del revelador cuestionario, encontrarás el arquetipo que aplica mejor para ti. Sugiero que leas cada uno, ya que el círculo de mujeres en tu vida podría venir a tu mente conforme empiezas a comprender experiencias, historias, síntomas y respuestas, lo que no sólo te ayudará a reconocerte a ti misma, sino a alguien que conozcas.
A lo largo de los años he visto que, cuando las mujeres no se sienten bien, entregan su poder a otros, a sus médicos, a profesionales de la salud que tienen las mejores intenciones, pero quizá no posean el conocimiento ni la experiencia para ayudar en realidad. Este libro deja el poder en tus manos.
Es momento de eliminar los síntomas y descubrir tu verdadero yo otra vez.
Te invito a dar vuelta a la página y comenzar hoy tu viaje hacia la salud.
DOCTORA IZABELLA WENTZ, farmacéutica
Miembro de la Sociedad Americana de Farmacéuticos Consultores
Autora de los bestsellers del New York Times,
Tiroiditis de Hashimoto y Protocolo Hashimoto

Introducción
Hormonas, la invisible fuerza motora en la vida de la mujer
—¿Cuál es tu problema? —le grité a mi madre.
Mi mamá y yo solíamos pelear cuando era adolescente, y en ese momento había hecho un comentario que yo consideré particularmente mordaz. Está bien, admito que pudo haber sido mi ego adolescente sacando lo peor de mí.
—¿Se te olvidó tomarte tu pastilla? —dije bromeando.
Crecí como el hijo único de una madre soltera y decir que éramos cercanos se quedaría corto. Yo estaba al tanto de los problemas personales de mi mamá como ella de los míos, y entre los que más recuerdo con claridad se encuentra una serie de cuestiones ginecológicas significativas con las que lidió en la década de 1980, las cuales empezaron cuando estaba en sus treinta y yo era adolescente. Mi madre sufría de dolor pélvico crónico, un dolor que posteriormente se volvió tan severo que sus médicos ya no pudieron decirle que lo aguantara, aunque no tuvieran un diagnóstico. Tenía terribles cambios de humor y con facilidad podía pasar de la risa a la tensión y al llanto en lo que parecían segundos. Mi yo adolescente pensaba que estaba exagerando y se lo decía, lo que sólo incitaba otra batalla verbal. Pero también sabía qué tan seguido sentía dolor, así que más bien intentaba tolerar los días en que estaba irascible conmigo. Sabía que muchas veces se sentía fatal. Los análisis hormonales eran limitados en aquella época y con el tiempo sus médicos decidieron que era mejor realizar una histerectomía, quitarle el útero y uno de sus ovarios. Esto provocó un descenso inmediato en los niveles de estrógeno, por lo que le prescribieron el popular tratamiento de reemplazo hormonal de aquel entonces, Premarin. Como adolescente, yo entendía muy poco de lo que le estaba pasando a mi mamá y no sabía casi nada de las hormonas femeninas. Tampoco tenía idea de qué contenía esa pastillita que le daba el médico ni los efectos secundarios que la acompañaban. Yo asumía que su sufrimiento empezaba y terminaba con las hormonas, y que éstas eran el problema. En ese tiempo, las hormonas femeninas eran las culpables de casi todo lo que no pudiera explicarse de otro modo.
Durante siglos, la medicina occidental y la sociedad en general han tendido a conectar el estado de ánimo y el estado emocional de la mujer, así como su estado físico, con las hormonas. En la era victoriana, por ejemplo, la “histeria” (que comparte su raíz, hystera, con “histerectomía”) era un diagnóstico médico que surgió para describir una condición neurótica en la mujer provocada por la disfunción del útero. “Seguro está en sus días” se ha vuelto el equivalente moderno de diagnosticar a una mujer con histeria, una forma displicente de equiparar un estado de ánimo o una emoción negativos con el funcionamiento hormonal. Las hormonas también se conectan en ocasiones con emociones positivas: por ejemplo, ese estado de dicha o “resplandor” que asociamos con ciertas mujeres felizmente embarazadas. Pero ya sea que estemos hablando de emociones negativas o positivas, atribuir un estado emocional a las hormonas simplifica en exceso y de manera significativa sus efectos en el cuerpo de la mujer, además de descartar una amplia variedad de explicaciones alternas para la causa de que alguien se sienta de una u otra manera.
Como adolescente afectado por las experiencias de mi madre, no tenía ningún motivo para cuestionar la aseveración de que sus hormonas eran la raíz de su dolor físico y su sufrimiento emocional. Ahora, por supuesto, veo claramente cómo simplificar demasiado la historia que cuentan los síntomas en conjunto puede llevar a pasar por alto la verdadera causa de un trastorno. Considero que esta clase de simplificación excesiva es un poco sexista. No hacemos las mismas aseveraciones sobre las emociones masculinas. Nadie me ha dicho nunca: “Oye, Shawn, te ves apagado. ¿Cómo está tu testosterona?”. Aunque la ciencia apoya la distinción entre las hormonas masculinas y femeninas hasta cierto grado —los hombres producen menos concentraciones de hormonas que las mujeres, y su impacto psicológico tiende a ser menos relevante—, prevalece el hecho de que no se puede limitar la experiencia interna y el comportamiento de una mujer a la actividad hormonal más de lo que podría ser en el caso de un hombre.
Tu viaje a través de La biblia del equilibrio hormonal comienza con esta concreción: no hay nada malo en ti. No estás rota. Es posible que te hayas acercado a este libro porque estés experimentando problemas hormonales de una u otra clase, y tus hormonas quizá no se encuentran en su balance ideal; en cambio, operan en niveles y de formas que perturban tu rutina y te provocan sufrimiento e incomodidad. Pero de nueva cuenta, esto no significa que haya algo mal contigo. De hecho, implica que eres completamente normal. Las pacientes buscan mi ayuda en cada etapa de su vida, desde dificultades premenstruales que les provocan dolor y a veces cólicos tan severos que pueden hacer sentir miserable a cualquiera, hasta retos de infertilidad, preferencias de anticonceptivos, endometriosis, fatiga suprarrenal, agotamiento y los múltiples malestares que sienten las mujeres cuando las hormonas no presentan un desempeño adecuado.
Para las mujeres que están entrando en la perimenopausia o la menopausia, la incomodidad y el desequilibrio pueden estar relacionados con el hecho de que, como humanos, nuestra evolución biológica no logra igualar el paso de los avances médicos que prolongan nuestra vida. La expectativa de vida en Estados Unidos casi se ha duplicado en los últimos 200 años. Mientras que las mujeres estadounidenses del siglo XIX esperaban morir antes de tener que lidiar con la menopausia, sus contrapartes del siglo XXI viven un promedio de 81 años. Piensa en eso. Los ovarios de las mujeres cesan la producción de estrógeno alrededor de los 50. Pero vivir tres décadas más básicamente añade una vida entera intentando existir y funcionar de manera óptima sin producir estrógeno. Esto requiere una estrategia si quieres seguir viviendo con vitalidad, ¡lo que sé que todos queremos! Súmale el despliegue de opciones de estilo de vida que tienen las mujeres hoy en día. Algunas eligen empezar familias a temprana edad y disfrutar su libertad más adelante. Otras retrasan tener hijos o eligen no tenerlos en absoluto. Las mujeres de hoy escogen el ritmo de su vida a partir de sus metas y deseos, y merecen tener las mismas opciones en lo referente a la salud física y hormonal… en todas las edades y etapas de la vida.
Según las estadísticas, las mujeres en Estados Unidos, incluyendo muchas de mis pacientes, ahora tienen hijos más tarde en la vida que sus madres y abuelas. No es poco común hoy en día que una mujer esté en la perimenopausia o la menopausia, y tenga un hijo de cinco años. Las mujeres son increíblemente fuertes y resilientes, pero el cuerpo simplemente no ha evolucionado para soportar muchas de las demandas físicas y emocionales de la maternidad más adelante en la vida, y las pacientes suelen venir a verme después de presionarse durante lapsos prolongados, más allá de lo que su cuerpo puede aguantar razonablemente. Pero sí tenemos estrategias que pueden optimizar lo que nuestras hormonas ofrecen como un recurso, en lugar de verlas como una fuga de energía, claridad mental y salud sexual.
Intentar llevar una vida ocupada con tus hormonas desequilibradas o mermadas es casi como manejar tu auto con el tanque de gasolina casi vacío. En algún momento se va a acabar. Puedes intentar mantenerlo encendido acelerando el motor un poco, y esto quizá te adelante un par de kilómetros más. Pero inevitablemente, tu auto (cuerpo) se va a detener. Entonces estás parada ahí, al lado del camino, con el tanque vacío, y por alguna razón sigues esperando que vaya a 100 kilómetros por hora. ¿Cómo lo vas a lograr?
La respuesta es: no puedes. Es imposible. Pero hay una gran noticia: tu auto simplemente no tiene gasolina. Sólo necesitas llenar el tanque para seguir adelante y continuar tu camino. En otras palabras, se trata de un estado temporal. Hay muchas cosas que puedes hacer para atender los desequilibrios hormonales, pero pocas mujeres se dan cuenta de que es posible cuando se trata de sus hormonas, que pueden sacar todo el partido a sus hormonas corrigiendo los desequilibrios que las hacen sentir drenadas y exhaustas. Las mujeres suelen considerar sus hormonas una molestia, en lugar de un recurso.
Si te quedas con una sola cosa de este libro, quiero que sea esto: eres completamente normal, incluso cuando tus hormonas están fuera de equilibrio. No tienes nada malo. El problema es que tienes una vida más ocupada y más longeva de lo que tus hormonas se han adaptado evolutivamente. Esto no es un problema per se, pero sí indica que aproveches las intervenciones médicas y no médicas que te puedan ayudar a navegar cualquier alteración en tu estado hormonal. Recuerda que tus hormonas se encuentran en un estado casi constante de cambio a lo largo de tu adolescencia y tu vida adulta.
Es poco probable que tales intervenciones, las cuales presentaré en este libro, extiendan tu vida o te vuelvan una persona diferente, pero sí pueden ayudarte a aliviar los síntomas que afectan de manera negativa tu calidad de vida. Estas intervenciones te ayudarán a dormir mejor, mejorarán tu vida sexual y aumentarán tu deseo, y te devolverán parte de la alegría de vivir que quizá hayas perdido.
Cuando hablo de salud hormonal con mis pacientes, muchas veces les cuento la historia de mi abuela italiana de 95 años, quien bromea diciendo que adoptó una postura de “sólo úntale tantito lodo y ahorita se te quita” ante los cambios hormonales y las molestias que tuvo durante la menopausia. Claro, es posible que no recuerde la menopausia muy bien, o quizá genuinamente siguió adelante viéndolo como una cuestión de “sin pena no hay gloria”. Mi abuela es de otra generación después de todo. Sea cual sea el caso, y sin importar la edad o la etapa de vida de una mujer, simplemente no hay una razón por la que los problemas hormonales deban molestar o implicar la necesidad de vivir con dolor.
Sabemos mucho más de la salud hormonal hoy en día que en tiempos de mi abuela, o incluso de mi madre. Tenemos muchas más opciones y acceso a mucha más información, lo que debería empoderarnos. Así como te esforzarías por comprender la importancia del ejercicio y de una dieta saludable, puedes elegir tener un papel activo en la comprensión de cómo funcionan las hormonas en el cuerpo, analizar y trabajar para aliviar el impacto negativo de los desequilibrios hormonales. Las opciones actuales de salud son costeables y accesibles para cualquier mujer que elija atender este aspecto vital de su salud y su bienestar. La gran revelación es que todo lo que tiene que ver con tu salud hormonal hace contacto con cada aspecto de tu vida a través de la calidad de tu experiencia.
Encontrar tu equilibrio hormonal
Quizá te sorprenda saber que todas las mujeres, sin importar su origen, genética o tipo de cuerpo, tienen las mismas hormonas, las cuales incluyen estrógeno, progesterona, testosterona, cortisol, cortisona, hormona tiroidea, DHEA, melatonina y vitamina D. No obstante, las cifras exactas de cada una varían de una persona a otra, y cada mujer tiene un punto de equilibrio único, al cual haré referencia como el punto de equilibrio hormonal a lo largo de este libro. Tal punto mantiene al cuerpo trabajando en su máximo rendimiento, tanto fisiológicamente (en términos de funciones corporales) como psicológicamente (en términos de estado mental y emocional). Determinar los niveles exactos de cada hormona para mantener el cuerpo de una mujer dentro de un rango de equilibrio puede involucrar un proceso de prueba y error al atender los síntomas y evaluar las concentraciones hormonales, así como hacer análisis que puedan revelar más influencias hormonales sutiles sobre una función mental o corporal en particular. Tu punto de equilibrio hormonal será diferente del de tu madre, el de tu hermana y el de tu novia. En los siguientes capítulos entraré en detalles específicos sobre cada hormona y cómo funcionan juntas para crear ese equilibrio, además de explicar mejor qué está sucediendo cuando existe un desequilibrio.
Varias veces, cuando una paciente viene conmigo a consulta dice que ya analizó sus hormonas y sus niveles son “normales”.
—Bueno, ¿y te sientes normal? —le pregunto.
La respuesta común es no.
Los médicos suelen decirle a sus pacientes que sus niveles hormonales están bien porque entran dentro de los rangos clínicos establecidos como “normales”, pero, dentro de este amplio espectro, lo normal para una mujer puede ser algo completamente distinto para otra, y un cierto nivel de una hormona en específico puede hacer sentir enferma a una mujer y de maravilla a otra.
Ahí tienes a la testosterona, por ejemplo. En las mujeres, el rango “normal” de testosterona libre (la forma activa de testosterona en tu cuerpo) es de 0.2 a 6.4 nanogramos por mililitro (ng/ml).1 Esto quiere decir que cualquier persona con una testosterona dentro de este rango puede considerarse “bien”. Pero he visto pacientes con cifras “normales” de testosterona quejándose de tener poca libido, quedarse dormidas en el trabajo a las cuatro de la tarde o sentirse demasiado cansadas para entrenar. Esas mismas pacientes también podrían mostrar señales de osteopenia, la precursora de la osteoporosis. Si el nivel de testosterona de una paciente es 0.2 ng/ml, por ejemplo, algo que veo en casi 90% de mis pacientes, podría aumentar 30 veces sus cifras y seguir dentro de un rango clínico normal. Sin embargo, eso cambiaría todo para ella porque lo más seguro es que se sienta mucho mejor, tenga mucha más energía y le emocione tener satisfacción sexual otra vez. Si la causa de sus síntomas fuera una deficiencia de testosterona, incluso sólo quintuplicar sus concentraciones aliviaría los síntomas en cierta medida.2
El método de La biblia del equilibrio hormonal
Cuando una paciente nueva llega a mi consultorio con algún problema ginecológico, antes de examinarla le pido que liste los principales cinco problemas —tanto físicos como emocionales— que la afectan y quiera tratar en nuestras consultas. Mi meta es ayudar a cada paciente a encontrar su nuevo equilibrio hormonal determinando qué quiere cambiar sobre su experiencia fisiológica y emocional. Cuando mis pacientes hacen su lista, algunos deseos comunes son “tener más energía” y “sentir más alegría en el día a día”. Menos frecuentes, aunque sigan siendo algo común, podrían ser “aumentar la libido” o “perder grasa abdominal”. Al embarcarnos en nuestro viaje juntos por este libro, quiero que hagas tu propia lista de los cinco aspectos físicos y emocionales en que te gustaría sentirte mejor. Sé tan específica como puedas con tus respuestas. Las cinco nos indicarán el rumbo hacia tu punto de equilibrio hormonal, la meta hacia la que trabajaremos juntos. Retomaremos la lista y la reevaluaremos más adelante en el libro.

Introducción a los arquetipos hormonales
Si bien el punto de equilibrio hormonal es único en el cuerpo de cada mujer, en más de 20 años de práctica clínica y escuchar historias de vida de mujeres descubrí que mis pacientes tienden a caer en una serie de grupos consistentemente identificables, los cuales llamo arquetipos hormonales:

Te presentaré cada uno de estos arquetipos en el capítulo 4, además de información detallada y un cuestionario de diagnóstico en línea que puedes usar para determinar qué arquetipos podrías ser. Dicho lo cual, existe una superposición entre los arquetipos debido a que el estado de nuestras hormonas es fluido, y es posible que migres de un arquetipo a otro conforme fluctúan tus hormonas. Los arquetipos hormonales van más allá de los síntomas físicos, para atender también las experiencias emocionales y espirituales que comparten las mujeres identificadas con cada uno, y uso tales experiencias como marco holístico para tratar a mis pacientes y comprender las vivencias y necesidades de salud de cada mujer.
Algunos de los arquetipos se enfocan en una sola hormona. La Reina, por ejemplo, se caracteriza por su alto nivel de estrógeno. Los niveles bajos de progesterona presentan problemas para La Heroína Desequilibrada y un exceso de testosterona maneja a La Guerrera. Otros arquetipos se caracterizan por combinaciones de desequilibrios. La Madre tiende al estrógeno dominante y la progesterona deficiente porque es naturalmente una Reina y una Heroína Desequilibrada. Ninguno de los arquetipos pretende servir como un concepto inamovible de la composición hormonal permanente de una mujer. Es posible que te veas en más de una superposición de arquetipos. Muchas mujeres tienen arquetipos dominantes en relación con su experiencia completa y otros secundarios que también encajan en menor medida. Asimismo, los arquetipos de las mujeres pueden cambiar con el tiempo. A corto y largo plazo, los desequilibrios hormonales tienden a ser fluidos. Las pacientes que he tratado durante dos décadas han buscado mi ayuda por todo, desde deficiencia de progesterona, hasta menopausia, y sus arquetipos van cambiando sobre la marcha.
El marco arquetípico no pretende ser el medio para un fin, más bien un medio hacia el inicio, el principio de un viaje en el que aprenderás cosas no sólo sobre tu cuerpo y su funcionamiento, sino sobre una mejor vida. Estos arquetipos están diseñados para ayudarte a comprender cómo las hormonas afectan tus sentimientos y conducen tu comportamiento, además de cómo amplifican o desvirtúan tus características innatas y adquiridas de personalidad. Análisis cuidadosos de los niveles hormonales y sus síntomas correspondientes revelan cómo trabajan los arquetipos en conjunto, y qué aspectos de cada uno manipulan la sintomatología de una mujer y su actual actitud ante la vida.
El protocolo para brillar
¿Cómo podemos poner a trabajar a tu favor la información del marco de arquetipos hormonales?
La respuesta es el protocolo para brillar, un método multifacético que combina intervenciones médicas y no médicas dentro de un programa integral que puedes personalizar a tus necesidades específicas. Desarrollé estas intervenciones durante mis 20 años como practicante de medicina integrativa, trabajando con mujeres para mejorar su salud física mientras les ayudaba a obtener un equilibrio espiritual, emocional y energético.
El protocolo para brillar, dividido en arquetipos, se presentará con todo detalle en el capítulo 5. Cada protocolo individual se compone de seis modalidades, las cuales laboran de manera aislada y en conjunto para sustentar el funcionamiento óptimo del cuerpo y la mente. Es útil concebir los siguientes seis elementos en una interconexión, trabajando en armonía para promover el bienestar general.
Práctica espiritual
Una práctica espiritual inspira introspección, quietud y paz interior. No necesita ser religiosa, aunque puede serlo. La oración contemplativa puede tener un efecto de enfoque y curación. La meditación guiada o sin guía también puede ser una práctica reparadora útil, al igual que la acupuntura.
Modulación hormonal
La modulación hormonal —o “biohackeo”, como le llaman ahora muchos profesionales de la salud— es la práctica de incrementar o disminuir ciertos niveles hormonales tomando una prescripción oral, transdérmica o en supositorio. Que la modulación hormonal sea lo correcto para tu arquetipo depende de la severidad del desequilibrio subyacente y los efectos potenciales relacionados con la intervención. La observación constante de un médico también ayudará a determinar la dosis adecuada y la duración del tratamiento.
Una nota sobre suplementos hormonales de venta libre: si bien hay tratamientos moduladores hormonales que no requieren prescripción médica, incluyendo DHEA, progesterona y opciones a base de pregnenolona, recomiendo que un médico supervise cualquier biohackeo.
Infocéuticos
Los infocéuticos son remedios energéticos que incluyen modalidades de limpieza energética y aceites esenciales. Representan cualquier propuesta dirigida a tu campo energético.
Nutrición
Para cada uno de los 12 arquetipos tenemos alimentos que se deben incorporar y otros que se deben evitar, así como adoptar ciertas técnicas de preparación y alejarse de otras. En algunos casos, los alimentos tradicionalmente “saludables” se vuelven indeseables, y los alimentos “un poco menos saludables” resultan no ser tan malos para ti. En cada caso, la mirada se encuentra en el impacto que pueden tener ciertos alimentos sobre los desequilibrios hormonales y sus consecuencias nocivas.
Ejercicio
El ejercicio figura de manera prominente en los protocolos para brillar de cada arquetipo. Actividades de diversos tipos y grados de intensidad pueden influir de modo positivo en distintos arquetipos, mejorando la fuerza, el equilibrio y la circulación, al igual que la claridad mental.
Suplementos
Los suplementos alimenticios son un aspecto importante del método para brillar, y yo animo a mis pacientes a incorporarlos dentro de una estrategia más amplia para alcanzar el equilibrio hormonal.
El mensaje implícito en el protocolo para brillar es éste: la verdadera salud hormonal requiere acción. Requiere que seas partícipe activa en tu viaje hacia la salud. Es por lo que constantemente les recuerdo a mis pacientes que el camino hacia la salud hormonal se trata de reescribir su historia. Las estrategias señaladas en este libro, así como el análisis hormonal, los cambios en el estilo de vida y las intervenciones médicas, no son el medio para un fin. Son el principio, parte de una práctica de por vida.
Encuentra tu tipo hormonal
Por favor usa este código para localizar el cuestionario hormonal. Al contestar esta rápida evaluación puedes determinar tu arquetipo hormonal y aplicar este material de manera más efectiva. Es importante destacar, sin embargo, que tu arquetipo hormonal cambiará a lo largo de tu vida, así que encontrarás información valiosa leyendo las descripciones y los planes de tratamiento de cada arquetipo en este libro.


En la introducción te conté un poco sobre mi madre y los problemas de salud por los que pasó durante mis años como adolescente irritable. Pero es claro que no es toda la historia. De muchas maneras, mi madre fue una inspiración para mí. Éramos una familia de tres (contando a mi padrastro), así que éramos excepcionalmente cercanos. Yo supe desde temprana edad que quería ejercer la medicina. Comprendí muy pronto que llegar a la causa de raíz de un problema podía ayudarte a resolverlo con más facilidad. Ver a mi madre sufrir hizo que me decidiera a buscar respuestas. Una vez que entré a la escuela de medicina, decidí especializarme en obstetricia y ginecología en gran parte por las dificultades constantes de salud que enfrentaba mi madre. Cuando estuve en mi segundo año de residencia, mi madre sentía dolores en su costado derecho, lo que resultó ser cáncer de ovario. Mientras ella luchaba contra el cáncer, yo veía cómo la enfermedad y el tratamiento pasaban una factura colectiva a su cuerpo, y recuerdo sentir con toda claridad que no podía ayudarla, y quería más: como hijo, quería más tiempo con mi madre. Como médico, quería más opciones de tratamiento, más información sobre lo que le estaba pasando, y más posibilidades. Durante sus tratamientos, mi madre perdió su cabello, no podía dormir, le dolían las articulaciones, estaba débil y sentía un dolor constante. Su batalla siguió hasta que en algún punto entró a cuidados paliativos, cayó en coma y murió. Yo estaba emocionalmente devastado, pero decepcionado por las limitaciones de lo que la medicina occidental fue capaz de ofrecerle.
Mi entrenamiento médico y mi carrera cobraron forma durante la lucha de mi madre por recuperar su salud, y lo que pasé con ella afectó de forma indeleble mi práctica médica y el cuidado que les doy actualmente a mis pacientes. A inicios de mi carrera hice dos firmes compromisos que siguen guiando mi labor como médico. Primero, me comprometí como médico a nunca permitirme estar tan limitado en el tratamiento de mis pacientes como me sentí durante los problemas de salud de mi madre. Estaba seguro de que debía haber más opciones y se podía hacer más para aliviar el sufrimiento, encontrar soluciones y sanar.
El segundo compromiso vino después de la muerte de mi madre, cuando me volví profundamente consciente de que ella era —como todos— mucho más que el cuerpo que revestía su ser. Esto me llevó a darme cuenta de que hay mucho más en el campo de la salud de lo que permiten las intervenciones médicas tradicionales. Así que me comprometí a estirar los límites de la medicina occidental tradicional y aprender todo lo que pudiera acerca de la forma en que funcionan en conjunto la mente, el cuerpo y el espíritu para determinar nuestra salud, ya sea que estemos prosperando o sólo sobreviviendo.
Poco después de la muerte de mi madre, y de estos dos grandes momentos de concienciación, estaba sentado en un spa en Sedona, Arizona, y causalmente tomé una copia del libro de Andrew Weil, Salud total en 8 semanas, el cual ofrece estrategias prácticas para mejorar la salud empleando un método holístico. Era 2005, y hasta ese momento en mi carrera, cuando trataba pacientes me apoyaba exclusivamente en lo que me habían enseñado en la escuela de medicina y la residencia. El libro de Weil, sin embargo, me abrió los ojos al potencial de poderes curativos que existen más allá del ámbito occidental tradicional. Fascinado, de inmediato decidí aplicar al programa de medicina integrativa de Weil en la Universidad de Arizona. Me aceptaron y estudié ahí durante dos años. La medicina integrativa es lo que practico con mis pacientes hasta este día.
Es importante mencionar que la medicina integrativa no se practica en oposición a la medicina occidental tradicional. En cambio, la medicina integrativa se toma como una capa adicional de conocimiento, práctica y experiencia que les permite a los médicos entrenados combinar el conocimiento, el entrenamiento y diversas especialidades (como la mía en obstetricia y ginecología) occidentales con lo mejor de otras modalidades curativas.
Como mencioné, no soy adepto de las limitaciones ni de las reglas. Cuando una paciente llega conmigo preocupada por un síntoma en particular, el cual puede indicar desequilibrio o enfermedad en el cuerpo, por supuesto quiero aliviarlo. Pero un síntoma es una pequeña parte de la historia, una pieza del rompecabezas que conforma la salud general de la paciente. Por eso me atrae la filosofía de la medicina integrativa, la cual busca comprender el panorama completo de la salud de la persona a la vez que trata los padecimientos y síntomas individuales. La medicina integrativa también sostiene que, si no se atienden las cuestiones internas y externas que afectan el cuerpo —como elecciones de estilo de vida, traumatismos físicos y emocionales, y periodos de estrés intenso—, muchas veces se manifiestan como problemas de salud. La medicina in
