Presentación de la autora
Leona, con ascendente en piscis y luna en capri (saquen sus propias conclusiones). Cabezota por naturaleza (de esas que «el que la sigue, la consigue»). Soñadora, de las que vive más entre nubes y a veces hay que bajarla a tierra. Loca, pero «de las lindas», como dicen en su Argentina natal. Natural, sin apariencias, sin filtros, ni medias tintas. Incapaz de no decir lo que piensa. Intensa y apasionada, de todo o nada, de ahora o nunca. Libre, sin ataduras. Intuitiva. Amante de la naturaleza (cuando la busques, seguramente la encuentres bien cerquita del mar). Protectora de los suyos. Justiciera de todos. En contra de lo socialmente establecido. Disruptiva. Mamá de dos bebas, «sus gatas» (y de cualquier animal que pueda rescatar). Bailarina frustrada, con complejo de «negra urbana». Salsera. Amiga y confidente de algunos, amante de pocos. Psicóloga y coach de todo el que decida escucharla. Audaz, valiente y brava. Segura, fiel y mandona. Calma y tormenta. Auténtica y real. Hecha a sí misma. Emprendedora de sus negocios conscientes y otros tantos sueños aún en construcción. Ella primero y el mundo después. El cielo se queda corto. El alma… muy grande. ¡Dejémonos de presentaciones y abramos el telón!
@corinarandazzo
corinarandazzooficial
Nahir Randazzo La Gamma
Agradecimientos
No estaba segura sobre si añadir agradecimientos. Pues quizás me llevaría otro libro completo. Mencionar y reconocer a todas aquellas personas que de forma consciente y, en la mayoría de los casos, de forma inconsciente me ayudaron a crecer, a aprender y a ser hoy quien soy… no tiene cabida en un par de páginas. Así que sintetizaré y lo haré priorizando por el pico más alto en la escala de mis mayores maestros de vida.
Ellos no podrían ser otros que mis padres: Gabriel Julio Randazzo La Gamma y Claudia María Teresita La Gamma (mi madre me matará por revelar aquí su infumable nombre, evidentemente no elegido por voluntad propia, pero siento hacer este reconocimiento por ella y por todo nuestro clan femenino, cuyos nombres vamos olvidando por el camino sin ser conscientes de lo que existe detrás de cada alma enterrada en el olvido).
Así que, mamá, empezaré por ti y lo haré en representación de todas las mujeres que forman parte de nuestro linaje y por las cuales hoy estamos tú y yo aquí.
Mamá, TE PIDO PERDÓN y TE DOY LAS GRACIAS.
Te pido perdón por no haber sido capaz de ver el amor infinito que existe en ti hasta no haberlo reconocido en mí primero. Te pido perdón por todas las veces que no te escuché y que no te permití ejercer como madre, pues en ese entonces tampoco me escuchaba a mí misma ni me permitía ser cuidada. Te pido perdón por alejarme, por desaparecer, por aislarme en mis propios torbellinos de emociones sin compartir mis dolores contigo… Perdóname, mamá, por ocultar mis heridas sin permitirte que me ayudes a sanarlas, cuando solo con dejarte entrar y en compañía de tu presencia quizás ya hubiese sido suficiente… Te pido perdón por no decir más veces en alto lo mucho que te amo, te admiro y te siento, por no gritar a los cuatro vientos lo orgullosa que estoy de que seas mi madre y de ser yo un trocito de ti.
Gracias, mamá, por ser el espejo a través del cual reconozco muchos de mis miedos. Gracias por ser la «oveja negra» que decidió romper con los patrones, programas y creencias arrastradas del clan y poder ser yo quien te preceda.
Siempre tan valiente, tan clara, tan temperamental… Tan segura que asusta y tan tajante que acobarda. Siempre tan única, tan especial, tan soñadora… Tan amante de todo lo que decide hacer y tan pasota y olvidadiza de todo aquello que no le interesa…
Tan guerrera, fiel, honesta, vulnerable, emocional, protectora, exigente, cabezota, mandona, terca y jodidamente inspiradora. Así eres mami. Así soy. Así somos.
Te amo, te admiro, te reconozco y te siento.
Gracias, mamá.
Querido papá, admito que tu parte me costará un poquito más. No porque no me broten las emociones, las palabras y los recuerdos al narrar esta breve carta de confesiones. Sino porque será la primera vez que leas una de ellas. Pues fueron muchas las que te escribí, en mi proceso de sanación personal, durante estos últimos años de crecimiento espiritual. Sé que para vos siempre seré tu loquita linda, tu pato criollo, tu brujita, la que dice «cosas sin sentido» y que seguramente seguiré diciéndolas. Y es que, aunque muchas veces sientas que no hablamos el mismo idioma, sé con total certeza lo mucho que nos amamos, nos admiramos y nos protegemos el uno al otro.
Mi querido papuchi, TE PIDO PERDÓN y TE DOY LAS GRACIAS.
Te pido perdón porque en muchas ocasiones no fui capaz de reconocer tus progresos, tu lucha interna, tus sacrificios y todos los avances hechos en tu vida para que hoy tus hijos estemos donde estamos y seamos quienes somos. Te pido perdón por ser una hija tocapelotas, exigente y bastante insistente en «mejorar» la vida de los demás, sin respetar los procesos de quienes deciden vivir de forma diferente. Te pido perdón por intentar darte constantes lecciones de vida cuando las verdaderas lecciones me las diste siempre vos con tus ejemplos, tus constantes esfuerzos y tu noble corazón en todo lo que haces.
Te doy las gracias, papi. Por ser mi maestro, por mostrarme el camino de la constancia, la disciplina y el esfuerzo, con tu ejemplo. Por enseñarme que detrás de cada «fracaso» solo queda una opción: LEVANTARTE CON MÁS FUERZA Y VOLVER A INTENTARLO.
Gracias, papá, por ser espejo de humildad, de compromiso y de responsabilidad sobre cada acción que decidiste tomar. Gracias, papi, por tu valentía…, por emigrar de país con tres hijos pequeños, aun estando cagado de miedo, por seguir tu instinto en cada emprendimiento que se te ocurrió experimentar, por levantarte después de cada «fracaso», por liderar los grandes cambios a los que nuestra familia ha tenido que enfrentarse, por ser ese fiel amigo en quien confiar, pues sabes que nunca va a fallarte, por transmitirnos seguridad y claridad en momentos en los que hemos estado algo perdidos y, sobre todo, por ser guía y mentor de mis emprendimientos más locos. Pues si algo saqué de ti fue tu tremenda pasión, ilusión y tenacidad por todo aquello que decides hacer y tu enorme enojo y desinterés por aquello que no vibra contigo. Tu nobleza es mi nobleza. Y si por algo me siento tremendamente orgullosa de que seas mi papá, sin duda, es por tu enorme, fiel y noble corazón… (algo con lo que he tenido que aprender a lidiar durante muchos años, pues un gran corazón debe ser primero entregado a una misma. Algo de lo que aún sigo aprendiendo y de lo que mucho hablo en este libro…). Gracias, papá, por ser quien sos. Mi maestro, mi mentor, mi guía, mi motor.
Este libro es para los dos.
Te amo, papu.
Prólogo de Sergio Fernández
LAS PREGUNTAS IMPORTANTES
Vayamos al grano: tienes un libro inspirador entre manos. Verás, cada año me ofrecen prologar decenas de libros. Y cada año decido no prologar decenas de libros. Lo que suele pasar es que leo unas páginas y digo que no porque me aburre, porque me duermo o porque no me inspira nada. Entonces cada uno sigue con su vida y el mundo sigue girando. En esto de prologar libros también sigo el principio de decir que no a casi todo para poder decir que sí a lo poco que es importante.
Pero, cuando Corina me pidió este prólogo, sucedió algo curioso. Empecé a leer su libro y encontré algo que no encuentro en la mayoría de los libros, una mezcla entre autenticidad e inspiración.
Encontré ese duende que tienen algunos textos, ese algo que no se puede fingir y que solo se encuentra cuando hay algo que se ha vivido, que ha calado hasta los huesos y que merece la pena ser contado. Encontré la inspiración que solo despiertan los libros de quien se ha manchado las manos trabajando, de quien se ha dejado la piel en algo que merece la pena, haya salido bien o mal (poco importa eso).
Verás, en esta especie de sociedad del karaoke en la que vivimos, donde alguien compone una canción y los demás simplemente la repiten, en esta sociedad donde uno entre mil escribe un libro interesante y todos los demás simplemente copian y pegan ideas, encontrar algo original es raro.
Lo sé por experiencia, porque he dirigido durante años el programa de radio Pensamiento positivo y, para presentarlo, he leído cientos de libros. Lo sé porque tengo siete libros escritos y, para prepararlos, he leído cientos de libros. Lo sé porque he subido más de mil vídeos con contenido de valor a YouTube y, para crear ese contenido, he leído cientos de libros. Por eso lo sé.
En fin, te diré la verdad (como siempre): no sé si es el libro más ortodoxo de desarrollo personal que se haya publicado, pero sí sé que su historia es inspiradora, que lo que dice es clave en el momento en que vivimos y que su lectura te llevará a hacerte las preguntas importantes para tener una buena vida.
Corina habla con su naturalidad habitual de lo obvio obviado, de aquello importante que con frecuencia olvidamos. Te habla de cosas tales como que, si no cambias tus creencias, nada cambiará. Que las cosas cuestan, que no siempre es fácil transformar tu vida. Que no hay trucos ni atajos y que cada uno tiene que inventar su propio camino. O que necesitas quitarte las etiquetas y los juicios que te están limitando.
Cosas que, posiblemente, ya hayas escuchado antes, pero que, pasadas por la experiencia de Corina, de repente cobran un sentido nuevo y te llevan irremediablemente a hacerte las preguntas importantes. Esas preguntas que, si decides responder con algo de honestidad, te ayudarán sin duda a tener algo que de verdad pueda llamarse una VIDA, con mayúsculas.
Ahora sí, arrancamos.
Sergio Fernández Divulgador en desarrollo personal y profesional.
Director del Instituto Pensamiento Positivo. Director de Másterdeemprendedores.com
y de Másterdedesarrollopersonal.com
Prólogo de Silvia Congost
Corina descubrió quién era y qué quería justo en el instante en el que empezó a amarse. Sin peros. Sin excusas. Sin juicios. Sin más. Porque el amor no existe si hay condiciones, ni crece si no es genuino, sentido y veraz. Se trata del instante del despertar, ese que, aunque pueda parecer repentino, requiere de un largo proceso de análisis, contemplación y conciencia. Requiere enfrentarse a cada uno de los monstruos que albergamos, a cada uno de los defectos autoimpuestos y a los miedos que alimentamos en silencio creyendo que son de verdad.
Al despertar, Corina dejó de esconderse tras los ropajes que cubrían su preciosa figura. Y, al atreverse a mostrarse, surgió la magia. Su voz llegaba lejos, sus palabras reconfortaban, su mirada calmaba el dolor ajeno, sus ojos podían comprender lo que ocurría más allá de su ser.
Y entonces lo entendió. Y empezó a hacerse preguntas. Y no paró hasta encontrar las respuestas. Y se lo cuestionó todo, sin dejar ningún prejuicio por atender.
Y se reconcilió consigo misma construyendo una inspiradora historia de amor y emprendió el vuelo más alto que jamás hubiera imaginado. Y se dio cuenta así de que al volar alto puede verse que el espacio es infinito.
Este es un libro mágico, especial y auténtico, como ella. Tras bucear por las profundidades de su propia oscuridad, Corina nos invita a sumergirnos en un viaje revelador para alcanzar la luz, esa luz que nos indica el camino perfecto, el nuestro, el único, el de verdad. Si te atreves a transitarlo de su mano, verás qué ocurre… Está claro que, con ella, todo es posible.
Silvia Congost
Psicóloga y conferenciante. Autora de best sellers como A solas y Personas tóxicas
