Cultura en venta 2

Ricardo Pérez Montfort

Fragmento

Título

Introducción

RICARDO PÉREZ MONTFORT
ANA PAULA DE TERESA
ISAAC GARCÍA VENEGAS

Desde finales de 2018 quienes participamos en el proyecto de investigación “La razón cultural en el capitalismo contemporáneo. Un análisis comparativo sobre las representaciones y estereotipos culturales en México y América Latina”, convenimos en la necesidad de continuar nuestro trabajo discutiendo y elaborando una serie de propuestas teóricas que partieran de los estudios de caso que aparecieron en el libro Cultura en venta. La razón cultural en el capitalismo contemporáneo (Debate, 2019). En dicho libro se publicaron los resultados de diversos trabajos de campo realizados entre 2016 y 2017 por 18 integrantes del proyecto antes mencionado. Esto se pudo llevar a cabo gracias a un generoso financiamiento del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y al apoyo del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), en su sede de la Ciudad de México. Después de discutir y revisar los resultados de los trabajos de campo, durante diversos seminarios que se llevaron a cabo a lo largo de aquellos años, el manuscrito fue completado con un estudio introductorio a cargo de Ana Paula de Teresa y Ricardo Pérez Montfort, así como con un prefacio de uno de los principales mentores de este proyecto de investigación, el antropólogo francés Jean-Loup Amselle. Concluido dicho trabajo quedó claro que era imprescindible avanzar en la crítica a las principales ideas que atañen a lo que desde entonces se identificó como la “razón cultural”. Dado que todavía contábamos con el apoyo del Conacyt y del CIESAS emprendimos la tarea a lo largo de todo el año 2019.

Como se menciona en la introducción del primer volumen, la idea central de la razón cultural subyace en la construcción de representaciones y estereotipos integrados en una visión culturalista que concibe a la sociedad estructurada verticalmente en grupos identitarios confrontados por el reconocimiento de sus particularidades, suplantando los análisis socioeconómicos y políticos de carácter clasista. Más aún, tal razón cultural se encarga de sancionar la autenticidad y el valor de saberes tradicionales o inventados de esas mismas representaciones identitarias, gestando así una dimensión esencialista que invisibiliza los procesos de mercantilización y se convierte en instrumento político y de acceso a recursos. Apuntalada por las miradas externas, los medios de comunicación y el turismo, la razón cultural parece justificar y naturalizar las desigualdades y diferencias sociales, mismas que han dejado de ser competencia del Estado y de la propia sociedad, como consecuencia de la imposición del modelo neoliberal en el mundo globalizado actual.

Los trabajos presentados en el volumen antes dicho pretendieron mostrar la complejidad de los fenómenos culturales sometidos a los procesos de mercantilización contemporánea y dar cuenta de que los escrutinios exclusivamente económicos sólo muestran un fragmento de las realidades concretas de las localidades, los pueblos y los espacios analizados. Los estudios de caso evidenciaron que la reducción que se lleva a cabo al vincular exclusivamente los fenómenos culturales a los procesos mercantiles contemporáneos resulta particularmente limitada a la hora de tratar de entender de manera crítica los usos y abusos de la relación entre el mercado y la cultura. Fue por ello que se consideró identificar cuidadosamente los temas e ideas eje que permean el propio fenómeno de la razón cultural, tanto desde una perspectiva histórica como antropológica.

Reunidos, a partir de los primeros meses de 2019, en un grupo de cuatro investigadores y cinco estudiantes de posgrado, quienes continuamos con esta reflexión teórica en torno de la razón cultural, reconocimos por lo menos seis grandes ejes que merecían una atención particular. A saber: el papel de los estudios de las tradiciones, del folclor y de las ciencias sociales en la construcción de los estereotipos culturales; la función de la intermediación y los intermediarios en el proceso de selección de valores y referencias culturales; la importancia de los procesos de autentificación; el carácter de la moda, el gusto y lo inmaterial en el propio consumo cultural; la relevancia del valor de cambio y el principio de la reciprocidad como referentes de modelos sociales contemporáneos; y finalmente, el papel que desempeñan las resistencias en el propio campo de lucha que implican las imposiciones de tales o cuales representaciones culturales.

Cada uno de estos temas fue abordado por el grupo formado exprofeso, quedando uno o dos responsables de la redacción de las reflexiones conjuntas. A lo largo de diversas sesiones de discusión se fueron conformando los textos que contendrían las principales ideas surgidas en torno de cada uno de los temas hasta lograr el capitulado definitivo de nuestras propuestas teóricas. Es éste el contenido del presente volumen, una derivación de nuestro primer libro: Cultura en venta. La razón cultural en el capitalismo contemporáneo. Aun cuando cada capítulo de este segundo volumen tiene uno, dos o tres autores, lo justo es reconocer que se trata, en un sentido estricto, de una obra colectiva.

En este libro, como en el anterior, participaron estudiosos y estudiantes de tres generaciones distintas. Una cuyos inicios académicos y políticos se ubican en las décadas de los setenta y ochenta del siglo pasado. Otra que lo hace durante el último decenio del siglo XX y, finalmente, una más que entra al medio de las ciencias sociales durante los primeros años de este siglo. Y el lector tal vez se pregunte: ¿qué es lo que permite esta colaboración intergeneracional, más allá del gusto o de la simple tarea académica?, ¿qué tipo de discursos, de reflexiones y de intereses son los que inspiran el conjunto de este par de libros?

En primera instancia habría que reconocer que lo que une a quienes participamos en esta aventura académica es la CRÍTICA. Esto quiere decir que estamos conjuntamente involucrados en identificar los discursos positivos, en hallar sus contradicciones, sus huecos, sus aporías, sus falsedades.

La crítica pareciera ser propia de la Ilustración y uno de sus principales exponentes indudablemente fue, Immanuel Kant con su clásica obra Crítica de la razón pura. Sin embargo, fue Carlos Marx el que la planteó como el núcleo de una cientificidad hasta entonces inexistente. Por eso mismo, y no sin razón, se le consideró radical. Hoy en día, esta radicalidad se quiere mediar con la distinción entre crítica positiva y crítica negativa, crítica buena y crítica mala, crítica constructiva y crítica destructiva. Estas distinciones no son el resultado de un malentendido, son más bien estrategias que anulan aquel planteamiento inicial de Marx que consiste en que la crítica es crítica de un discurso positivo y hegemónico que, en general, está allí para justificar y aceitar la realidad en sus condiciones desiguales, opresivas, de expoliación y explotación. No hay que olvidar que Marx era un filósofo, y que, como escribió en 1931 Walter Benjamin, la filosofía tiene, entre otras muchas funciones, un carácter destructivo, cuya tarea fundamental es dejar espacio, despejar. De ahí que la crítica no sólo proponga, sino que destruya; en ella no está necesariamente la construcción de un discurso de verdad, de uno de carácter positivo, sino más bien, aunque parezca tautológico, se fundamenta en un discurso crítico.

Y lo que se critica en estos libros es la exaltación del discurso cultural en el capitalismo contemporáneo, lo que llamamos la “razón cultural”. Y lo hacemos porque tal discurso anula otros tipos de análisis, particularmente el socioeconómico, como si la cultura se gestara en una esfera carente de conexiones con otras realidades “más prosaicas” pero también “más decisivas”. También se ejerce la crítica al discurso cultural contemporáneo porque éste justifica muchos tipos de olvidos, envanecido por el hallazgo de románticos esencialismos, que se validan en el consumo mercantil, y no en la capacidad de otorgar sentido a quienes crean esas expresiones culturales. Al hacer esto, el discurso cultural contemporáneo también promueve una fragmentación social exaltando la diferencia cultural y anulando la acción política concertada para transformar las realidades opresivas en las que actualmente viven las mayorías. Este discurso cultural también se ha convertido en un proceso de intermediación que impone su poder, no solamente en la academia o en la política, sino en los medios de comunicación masiva y en los grandes trusts internacionales que terminan por sancionar, validar y determinar lo que se consume, particularmente en y por medio del turismo. Por su parte, también se desentiende del hecho ya consumado de que en su expansión el capitalismo ha vuelto la cultura una mercancía más. Podría decirse que con ello el capitalismo quizá ha dado la vuelta de tuerca definitiva de su dominio.

A menudo, ante la magnitud de la ofensiva del capitalismo, y las probadas incapacidades de transformar la realidad de manera revolucionaria, los opositores al capitalismo hallaron en la cultura un reservorio enorme para presentar una resistencia diversa ante la voluntad cosificadora del capital y su ansia de volverlo todo mercancía, acto en el que se consuma el hecho capitalista: comprar barato para vender caro. Hoy el capitalismo ha logrado convertir la cultura en una mercancía, y ha impuesto como discurso la razón cultural.

A lo largo de la realización de nuestros dos libros sobre la cultura en venta (el anterior, de estudios de caso y el que el lector tiene ahora en sus manos, de reflexiones teóricas), hemos tratado de apelar a la responsabilidad de la propia crítica, entendida no como sola construcción sino como principio de destrucción, de desmontaje de las falsas pretensiones de verdad en que incurren los discursos positivos. Creemos que la tarea nuestra en estos libros consiste en eso: dudar de la razón cultural, hacer aire, despejar. No para minimizar la cultura, sino para cuestionar el uso de la razón cultural para ignorar las realidades de un proyecto neoliberal y global que sigue los dictados del capital. Y lo hacemos para advertir que el reservorio parece estar agotado y que las estrategias de resistencia y de oposición tienen que repensarse seriamente. Lo hacemos porque creemos que la academia, más que ser un privilegio, es uno de los escasos espacios en los que aún se puede ejercer la crítica. Sería un suicidio renunciar a ella, cuando precisamente hoy lo que se nos pide por todos lados es creer sin más, tener fe, no dudar. Nosotros hemos decidido no renunciar a la duda, al más genuino impulso del pensamiento occidental. Por ello apelamos, en primera y última instancia, a la crítica de la razón cultural.

Título
img18

Cartel noruego sobre América Latina expuesto en
la Universidad de Bergen

(Foto: RPM)

Título

Presentación

ALICIA CASTELLANOS GUERRERO
UAM-I

Cultura en venta vol. 2. Claves de la razón cultural en el capitalismo contemporáneo en México y América Latina es un libro producido con especial compromiso de sus coordinadores, dos reconocidos estudiosos de la antropología económica y la historia, Ana Paula de Teresa y Ricardo Pérez Monfort, y por una pléyade de jóvenes investigadores que emprenden una rigurosa crítica a la denominada “razón cultural”, desde la profundidad histórica y el contexto del capitalismo neoliberal. Este libro es continuidad de Cultura en venta. La razón cultural en el capitalismo contemporáneo, escrito por 16 investigadores, y sustento empírico y metodológico primordial del esfuerzo teórico contenido en este segundo volumen. La lectura de los dos es independiente, y, a la vez, indisociable y necesaria, en razón de la riqueza y diversidad de experiencias de investigación reunidas en aquel extenso volumen. Los aportes derivan de un largo proceso de discusión y análisis del grupo que hizo suya la crítica para proseguir la teorización de los fenómenos estudiados en campo. Esto produjo una obra, en su conjunto, sui generis para la experiencia de la investigación académica.

El estudio es un denso recorrido por una geografía donde la razón cultural se despliega con particular fuerza y poder de representación, el cual examina, desde una perspectiva marxista, la instrumentación de la cultura y la identidad cultural y su mercantilización en la globalización neoliberal.

Cultura en venta vol. 2 proviene de una investigación cuyo desarrollo se convierte en espacio de formación, debate e intercambio, en el que fluyen ideas, observaciones, recomendaciones, propuestas y críticas, logrando configurar un universo con unidad y coherencia interna, en el cual los trabajos guardan su especificidad a partir de los ejes rectores. Se trata de un diálogo permanente en donde los textos se articulan, desde sus campos de análisis, y se entretejen con otros trabajos, hasta lograr un extenso entramado de conocimiento sobre una realidad compleja, una estrategia metodológica y una experiencia de singular trabajo colectivo en la academia. Es, igualmente, una aproximación multidisciplinaria micro y macrosocial, que busca trascender fronteras, una tarea de las ciencias sociales en tiempos de la mayor mundialización de la historia.

Aparece este volumen en una coyuntura política, de resistencias y luchas con alto grado de tensión, en la que la hegemonía del modelo de acumulación capitalista militarizada desencadena todas las formas de violencia posibles, y se expande a todos los rincones del continente americano. Tiempos en los que el Estado pierde rectoría, impone reformas legislativas para la privatización y despojo de territorios, recursos naturales y de la cultura. El uso de la cultura y la representación esencializada del “otro” por las políticas de desarrollo han originado la extensión de las resistencias de las comunidades y los pueblos que se reivindican originarios y se organizan en forma independiente del Estado, con un fuerte protagonismo de las mujeres.

Cultura en venta vol. 2 es un libro polémico; renueva debates de larga data, particularmente la preeminencia de la razón cultural en las políticas institucionales, que se estructura con el multiculturalismo, y es instrumentada por el neoliberalismo y la recolonización corporativa, y múltiples intereses de diversos grupos sociales.

Es una crítica que parte de considerar que el capitalismo encuentra en esta razón cultural una forma para su expansión, a través de la cual oculta y niega las profundas desigualdades socioeconómicas existentes en nuestras sociedades, y despliega una estrategia de control y fragmentación de las luchas sociales. La razón cultural refiere, entonces, al uso que convierte la cultura y la identidad cultural en un “instrumento político y de acceso a recursos”,1 que “utiliza el argumento cultural y se desentiende de los procesos sociales”2 y es “una estrategia para ocultar y justificar las relaciones de desigualdad y explotación”.3

Pero, igualmente, reconoce en su horizonte de análisis un amplio espectro de actores con intereses muy diversos, que operan en esta lógica cultural, cuyos objetivos dependen del lugar que ocupan en la estructura social, de las circunstancias específicas y de su postura política en relación con la cultura, con la representación comercializada de la que pueden ser objeto y oponerse o ser partícipes determinadas colectividades y pueblos; de allí la inminencia de pensar el sujeto que actúa en su condición de heterogeneidad social, política, ideológica y geográfica. Esto significa un uso muy diverso de la razón cultural, que puede sostener intereses opuestos al Estado y empresas transnacionales, desde resistencias de signo anticapitalista, antipatriarcal y antirracista. Esto es: la cultura no es sólo un recurso para la dominación y la movilidad social en el ámbito individual, también lo es para los movimientos sistémicos y antisistémicos. Lo que incita a seguir complejizando las realidades sociales, las herramientas teóricas para su estudio, la acción de los sujetos, para evitar generalizaciones homogeneizadoras.

En el orden metodológico, en este libro prevalece la trama del contexto histórico y el modo en que el modelo de acumulación capitalista, en “constante movimiento y expansión”, es tratado en cada uno de los trabajos, descubriendo la forma en que el neoliberalismo opera, estereotipando las expresiones culturales estudiadas. En razón del espacio, acentuamos aspectos del contenido de cada uno de los textos, e invitamos al lector a no dejar una página sin escudriñar.

El trabajo de Ricardo Pérez Montfort, “Estudios folclóricos, ciencias sociales y construcción de estereotipos en América Latina y México”, es un aporte indiscutible en el campo de estudio de los estereotipos, una prolífera investigación realizada desde un vasto conocimiento de la literatura latinoamericana, que describe y explica los procesos de construcción de lo popular, del pueblo y de los estereotipos culturales, en el contexto de los grandes momentos de la historia y de los procesos de construcción de identidad y hegemonía de la ideología nacionalista, posteriormente, neoliberal. En estas condiciones específicas surgen y se fijan los estereotipos que devienen en símbolos nacionales y representan el “ser nacional” en diversos países de la región latinoamericana, mismos que hoy se desfiguran y diversifican para el mercado turístico.

El itinerario sigue la evolución de estos estereotipos culturales, evocando la imagen de un territorio marcado de estampas de origen rural y predominantemente mestizo, en un mapa multidiverso, que hace memoria de la proximidad de la Patria grande y prueba el poder de representación del Estado y sus instituciones educativas y culturales, de élites políticas y comerciales, estudiosos del folclor y científicos sociales, asociaciones que ayer y hoy son la autoridad para definir y salvaguardar la tradición, poder que ejercerán crecientemente la empresa privada, las instituciones turísticas y los promotores del turismo. Actores, intermediarios todos que fijan descripciones, cualidades, supuestas diferencias y esencias de los representados, contribuyendo a reproducir estructuras y relaciones de poder, a perpetuar el lugar subalterno que ocupan en la sociedad.4

Aquí la periodización es un recurso metodológico que otorga un espacio privilegiado al contexto histórico, la especificidad de los procesos de cambio y transformación de nuestras sociedades, al poder de los artífices más activos de estos estereotipos, que, en su momento, impulsan los nacionalismos, los regionalismos y la defensa del patrimonio cultural. Vienen tiempos en que la razón cultural no estará más bajo el control nacional; Pérez Montfort precisa que todavía durante los dos primeros periodos, que recorren el siglo XX, los gobiernos preservan la rectoría y es en el tercer periodo que renuncian a “las áreas medulares del control de contenidos y formas, consideradas como referentes imprescindibles de pueblos, localidades, naciones y regiones”. Justamente, cuando el neoliberalismo irrumpe, y la identificación, la autentificación y la intermediación dejan de ser un campo exclusivo de estudiosos, instituciones gubernamentales e intérpretes, para dar paso a las grandes empresas y los valores que persiguen el beneficio económico.

En prospectiva, Pérez Montfort prefiere expresar incertidumbre por el “rumbo que tomará este proceso de transformación, utilización y tergiversación de las expresiones culturales que se han considerado estereotípicas en México y América Latina”, y mantener una mirada crítica, “estar pendientes de las resistencias” en el continente. Queda la pregunta en la que subyace el futuro de las controvertidas identidades e ideologías nacionales, y de otro signo, en el marco de esta avasallante expansión del neoliberalismo, que “se adueñó paulatinamente del espacio latinoamericano hasta convertirse en el factor determinante de las dinámicas culturales”.5

Isaac García Venegas y Liliana Toledo Guzmán, en su estudio “Entre ustedes, nosotros. Formas dominantes de la intermediación cultural en México, siglos XX y XXI”, profundizan igualmente en el contexto histórico en el que esta intermediación emerge y se desarrolla, lo que otorga fuerza a su argumentación sobre esta controvertida figura, que a lo largo de tres grandes periodos de cambio y transformación social, económica, política y cultural, su perfil, propósitos y estrategias de acción responden a los intereses de los poderes dominantes. Los investigadores son contundentes: “Los contextos son importantes y, aunque diferentes, sirven para explicar los ritmos de intermediación cultural y evitar generalizaciones”.6

El estudio explica el lugar y la función de la razón cultural en la historia reciente y el papel estratégico asignado al intermediario cultural. En el marco de un Estado que surge de la Revolución, con un proyecto educativo y cultural que tiene la tarea de construir cultura, identidad y unidad nacional y regional, se configura una intermediación político-cultural con la particularidad de que sus integrantes pertenecen a un grupo privilegiado del centro del país, “designado, reconocido y usado por el poder político”, mientras que la intermediación económica y cultural se extiende en un periodo atravesado por la Segunda Guerra Mundial, en el que se crean condiciones para la industrialización en México y América Latina, tiempo de “relativa bonanza y paz”, en que la mexicanidad es un debate que encuentra espacio en las instituciones culturales y académicas fundadas entre los años cuarenta y setenta. Ésta es una intermediación que favorece la vida económica y cultural en el ámbito local, y su propia condición de clase, dado que su objetivo es el beneficio económico.

Muy diferente de estas intermediaciones culturales será la intermediación mercantil surgida en los años sesenta, una década en la que se extienden las desigualdades y se gestan luchas sociales a las que el Estado responde con violencia; en el campo cultural, encuentra una “clase creativa”, esto en el marco de la crisis del petróleo que se avecina y la existencia de una burguesía fortalecida por el Estado benefactor, escriben García Venegas y Toledo Guzmán.

No hay equívoco, con la llegada del neoliberalismo, la cultura experimenta un proceso de mercantilización, y la intermediación cultural incorpora actores extremadamente diversos, incluyendo a los mismos consumidores y a los turistas, lo que acontece en el marco del fin del protagonismo del Estado en el campo de la cultura, que cede su función al capital, mientras la intermediación se encuentra entre el Estado, “traductor autorizado de la sujetidad abstracta del capital”, y su población. El capítulo demuestra que sólo es posible entender al intermediario cultural en un tiempo histórico y contextual, que García Venegas y Toledo Guzmán analizan con especial soporte.

Estos dos primeros capítulos, desde su espacio de análisis, guardan una articulada relación, confirman la continuidad y el creciente predominio de la razón cultural y complejizan el fenómeno de la intermediación cultural, su diversidad y especificidad. La imagen del intermediario cultural quedará perfilada profusamente.

El capítulo de Marcos García de Teresa: “La autenticidad y los procesos de certificación”, ocupa un lugar privilegiado, luego de estos trabajos sobre los estereotipos y los intermediarios culturales, con los que forma un mismo núcleo problemático, que en esta obra parece irse desdoblando para configurar ese “extenso entramado de conocimiento” sobre la denominada razón cultural. El reconocimiento de que la autenticidad y su certificación es un tema que “se encuentra en el centro de muchos debates contemporáneos”, es, sin duda, una constatación valiosa que otorga especial interés a su trabajo en la actual coyuntura. En otras palabras, para García de Teresa la autenticidad es una categoría, concerniente a realidades de orden muy diverso y trascendental, en las que es perentorio evaluar y certificar el valor, la originalidad, lo verdadero, la verdad, la identidad de objetos y personas, pertenencias identitarias, tradiciones y autoctonías y representaciones colectivas, documentos y noticias, particularmente aquellas que hoy conocemos como fake news.7

La exposición es prolífica en el examen de los casos estudiados por el grupo de investigación, en los que la autenticidad parece ser una práctica incansable y vuelve inminente la figura de los intermediarios culturales y políticos que certifiquen lo típico, lo verdadero, la verdad, y la validen en los múltiples casos en que ésta se ha vuelto una exigencia de nuestro tiempo.

En el contexto de un turismo que se expande estrepitosamente en el ámbito mundial y en el territorio nacional, y de las políticas institucionales que lo promueven, la lucha por la representación y autenticidad de la tradición entre el Estado y los “otros” sujetos nacionales, étnicos y campesinos, populares y ciudadanos, es una constante en diversas regiones y ciudades turísticas; un campo de lucha en el que organizaciones indígenas independientes del Estado disputan la autenticidad de la tradición y se oponen a su esencialización para el mercado turístico. La controversia teórica clásica sobre la autenticidad en los estudios sobre el turismo, expuesta por García de Teresa, es representativa de esta búsqueda de lo auténtico que, desde hace décadas, origina por doquier el montaje de escenificaciones y mercantilización de las otras culturas.

Desde el discurso científico, los antropólogos han ejercido el poder de definir al “otro” interno y externo a su sociedad; ésta ha sido una práctica histórica en la antropología mundial. En los dos primeros capítulos queda ampliamente documentado el papel de los científicos sociales en la construcción de los estereotipos nacionales.

El debate sobre el que reflexiona García de Teresa entre antropólogos y la intelectualidad originaria y escolarizada en Oceanía y África, en relación con la definición de lo propio y de la verdadera tradición y autoctonía, adquiere una dimensión distinta en el contexto de la emergencia de una intelectualidad escolarizada, lo que ha acontecido en diversos ámbitos. La cuestión es que esta disputa tiene repercusiones de índole muy diversa en los procesos de mercantilización y esencialización de personas y objetos, de culturas, relacionando al científico y a los sujetos de estudio en la certificación de documentos en situaciones de disputa por la propiedad entre comunidades, como lo mencionan Ana Paula de Teresa y Karla Montes en su capítulo correspondiente, y al que volveremos más adelante.

Lo anterior, sin embargo, pone en evidencia que los científicos todavía gozan de un poder y una autoridad, en ocasiones, cuasi incuestionable, que pueden actuar en forma arrogante al pretender imponer su “autoridad científica”, por encima, o sin reconocer el punto de vista del sujeto a definir, reproduciendo relaciones asimétricas existentes.

La postura de García de Teresa consiste en identificar que se trata de una lucha por el monopolio de la representación legítima, “de la producción de un discurso de verdad sobre las poblaciones indígenas”, argumento inobjetable, que no excluye la inminencia de reconocer la naturaleza de los intereses que se oponen y los fines que se persiguen en contextos específicos en donde se producen estas luchas por el monopolio de la representación legítima, distinción clave a la hora de estudiar el sentido de la razón cultural.

Esta conceptualización de la autenticidad es una herramienta de estudio en diversos campos problemáticos, según la cual la autenticidad es una cuestión relacionada con la calificación de expresiones culturales y de legitimación política en los casos estudiados, “de expertos no de esencias”, “es un juicio”, “un proceso de certificación”, que atribuye propiedades al fenómeno cultural como asunto de intermediarios que establecen criterios de veracidad: “una categoría política de reputaciones”, “un campo de lucha” y disputa, de exclusión y estereotipación. “Es en la trama social donde hay que buscar la autenticidad y no en un problema de objetividad, ya que esta certificación es un reflejo de la autoridad y de las jerarquías dentro del campo.” Existe entre “los expertos y quienes aceptan su autoridad”, y no existe entonces “lo verdaderamente auténtico, lo que existen son procesos que permiten identificar la autenticidad y descartar lo falso”.8

De aquí, el lector debe pasar al capítulo “Consumo y gusto. La cultura y lo espiritual como nichos de mercado”, de Eugenia Iturriaga Acevedo y Karla Alejandra Montes Ramírez, que sitúa su temática en las lógicas del consumo de la cultura auténtica, ligada a una indagación estrechamente vinculada al turismo cultural. Este texto es una incursión en un campo relativamente novedoso en la antropología mexicana, que se ocupa de esta nueva forma de consumo, en este capitalismo contemporáneo, inscrita en la crítica al consumo masivo y fundamentalmente material, de exceso y compulsivo, que produjo el capitalismo industrial fordista, precisan las autoras. Esta nueva práctica es la de un “consumo de lo simple”, de experiencias que protegen el medio ambiente, privilegian el viaje y la comida, el placer y la felicidad, un estilo de vida más próximo a la naturaleza y su cuidado, “lo que es más significativo para la existencia”, señalan. El viaje, antes exclusivo de las élites, desde hace tiempo se tradujo en una práctica de las clases medias y populares, por lo que instituciones y empresas diversifican la oferta turística y multiplican los nichos del mercado de la cultura. Lo espiritual es hoy un camino para marcar “distinción, identidad y buen gusto”.

Este consumo transcurre en un tiempo no lineal, de inmediatez, así definido con base en Bauman y Maffesoli, un tiempo que, en consecuencia, multiplica deseos y dinamiza una economía “que produce mercancías con obsolescencia programada o experiencias que caducan con rapidez, lo cual obliga a renovar continuamente el consumo”;9 lo cual, sabemos, está originando inimaginables toneladas de basura, “fenómeno moderno”, “desconocido en las sociedades precapitalistas”, que “fundadas en el valor de uso no producen montes de desecho”, escribe Jean Robert.10

El lector encontrará una exposición precisa del pensamiento marxista y estudios clásicos y más contemporáneos sobre el consumo y el gusto, que sustentan teóricamente la investigación, los modos en que el sistema capitalista cambia y modifica estilos de vida, apoyada en múltiples casos que lo ilustran. Los cambios que experimentan el consumo y el gusto son expuestos con especial claridad; el consumo no se reduce a satisfacer necesidades, es también un signo de distinción y el gusto un conocimiento y un instrumento de poder, sostienen Iturriaga y Montes, con base en Jean Baudrillard y Pierre Bourdieu. Esto lo verifican en prácticas específicas de consumo y gusto a través de los viajes que promueven el turismo para un consumidor cada vez más heterogéneo social y culturalmente y una oferta que puede ser altamente sofisticada para vivir experiencias en extremo diversas e inimaginables. De la misma manera, contextualizando históricamente el estudio, sugieren no desvincular movimientos sociales contestatarios que ejercen una crítica a la decimonónica cultura única, del multiculturalismo de los Estados y la mediación de los organismos internacionales en la promoción del valor de lo inmaterial del patrimonio cultural y de la cultura como “motor de desarrollo”. Tal vez, habría que registrar la influencia de movimientos indígenas emergentes en América Latina y sus demandas por el reconocimiento de la diferencia y sus derechos colectivos en este viraje al multiculturalismo, precisamente desde una crítica a los procesos homogeneizantes de los cuales la cultura única y dominante, la nacional, ha negado su existencia como colectividades diferenciadas durante más de un siglo.

La exposición de la crítica a la teoría de la distinción de Bourdieu, hecha por Richard Peterson y los tipos de consumidores que distingue, enriquece el debate y captura el interés del lector, con las figuras y prácticas de consumo de los omnívoros y unívoros, que oscilan entre “un gusto por consumir de todo, apreciando y valorando positivamente la diversidad cultural” y preferencias o gustos por un solo estilo musical. Lo cierto es que el omnívoro, por ejemplo, termina en una nueva estrategia de distinción y de supuesta tolerancia y gusto por la diversidad.

Para reflexionar sobre la emergencia de la cultura y lo espiritual como “nichos de mercado”, Iturriaga y Montes eligen la world music o música raíz y el turismo cultural, y se basan en categorías que caracterizan las nuevas formas de consumo y gusto. La figura del omnívoro parece convertirse en lo específico del capitalismo que conduce a encontrar la felicidad mediante el consumo irrestricto de mercancías. El estudio encuentra en la mercantilización de la cultura y el crecimiento espiritual individual formas distinguidas de consumir que se imponen en un mundo donde las desigualdades sociales permanecen y se profundizan. Así, dejan al descubierto la lógica de la fórmula neoliberal estudiada en este libro, que pareciera seguir la ecuación de: a mayor instrumentación de la diferencia cultural, mayores son estas desigualdades sociales, que, eso sí, no pasan desapercibidas para quienes las viven.

“Entre el valor de cambio y el principio de reciproc

Suscríbete para continuar leyendo y recibir nuestras novedades editoriales

¡Ya estás apuntado/a! Gracias.X

Añadido a tu lista de deseos