INTRODUCCIÓN
La invasión rusa a Ucrania del 24 de febrero de 2022 marca, sin duda, un parteaguas en la historia del siglo XXI. Regresa el espectro de la Tercera guerra mundial, otra vez comienza en Europa, de nuevo al Este: ante la violenta invasión de Rusia a Ucrania y el inicio de la guerra ruso-ucraniana; discusiones que se creían de otra época vuelven a emerger, tales como la posibilidad de una tercera guerra mundial y la amenaza nuclear. Varias preguntas surgen en las discusiones del ámbito político, diplomático, académico, así como en el periodismo y en las redes sociales: ¿Por qué la guerra? ¿Se pudo evitar? ¿Hasta dónde llegará la “locura” de Vladimir Putin? ¿Cuál ha sido el papel de la OTAN y de Estados Unidos en el estallido del conflicto? ¿Putin quiere reconquistar Europa del Este y convertir a su país nuevamente en una Rusia imperial? ¿Cuenta Rusia con los medios económicos de sus ambiciones geopolíticas?
Todas estas preguntas acerca de nuestro presente inmediato no pueden tener respuesta si no se hace un análisis minucioso de lo que esa nación es y fue. En efecto, pocos países despiertan tanta fascinación e inquietan al mismo tiempo con la fuerza con la que Rusia lo hace. Potencia heredera de un gran imperio para unos, país emergente que no termina de despegar para otros. La Federación Rusa se extiende sobre dos continentes, su superficie abarca 17 millones de km2 equivalente al 11% de la superficie terrestre y cuenta con 11 husos horarios y más de 100 grupos étnicos.1 Actor de primer plano en la carrera armamentista y del espacio, primer productor de materias primas y con una economía dependiente en gran medida de su explotación, el historiador Georges Sokoloff lo resumió en el título de su libro: La potencia pobre,2 para describir una relación particular y contradictoria, entre la política exterior del Estado y el progreso al interior de sus fronteras.
Para comprender la Rusia actual desde un punto de vista económico y los sucesos que en este momento observamos en esa parte del hemisferio, pero que afectan al mundo entero,3 este libro relata la historia económica moderna de Rusia, describiendo las grandes etapas y los sistemas económicos que esta nación ha experimentado a lo largo de su trayectoria, desde la revolución de 1917 y la fundación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en 1922 y hasta nuestros días.
Este libro propone algunas pistas de reflexión a los lectores sobre el lugar que ha ocupado y que ocupa Rusia en el mundo contemporáneo. Para entender la importancia del peso de su pasado y las encrucijadas internas y externas en las que se encuentra, culminando con la actual guerra ruso-ucraniana, privilegiamos una perspectiva de largo plazo.
El primer capítulo describe los inmensos contrastes económicos y sociales en los que se encontraban la economía y la sociedad rusas al final del Imperio zarista, y de qué manera la Revolución de Octubre hizo transitar a Rusia a un nuevo sistema, basado en el poder político controlado por un sólo partido, en la posición dominante del Estado sobre la propiedad y en la planificación. El sistema socialista permitirá a la URSS defender sus fronteras, salir triunfadora en la Segunda Guerra Mundial, transitar de una economía y sociedad en ruinas hacia una potencia mundial y conformar un rival geopolítico para Estados Unidos durante la segunda mitad del siglo XX bajo la llamada Guerra Fría. Los costos humanos fueron altísimos, sobre todo durante la época estalinista (1924-1953). A pesar de inmensos logros en los ámbitos económico, científico y social, y de la indudable y significativa mejoría del nivel de vida del ciudadano soviético a partir del gobierno de Jruschov, la URSS no conseguirá alcanzar o superar a los países capitalistas desarrollados. Varias reformas tendrán lugar a partir de los años de 1970; las últimas, bajo el gobierno de Gorbachov, tendrán como última consecuencia la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en diciembre de 1991. Terminando así una aventura singular que habría durado prácticamente todo el siglo y que habría marcado el destino de millones de personas en el mundo entero.
El segundo capítulo analiza uno de los periodos más trágicos de la sociedad rusa en tiempos de paz: la transformación hacia lo que comúnmente se denomina economía de mercado. Al shock económico y social de la dislocación de su territorio y de la pérdida de su lugar como potencia rival de Estados Unidos en la lucha por la hegemonía mundial, se sumará la crisis económica, social e institucional. Es en estas condiciones, que el gobierno de Boris Yeltsin –bajo la influencia y apoyo de las grandes organizaciones internacionales (sobre todo del FMI)– elegirá realizar una “terapia de choque” para transformar la economía rusa hacia la “economía de mercado”. Esta estrategia de transformación, ampliamente inspirada en las políticas del Consenso de Washington, consistirá en reformas extremadamente radicales de liberalización de precios, apertura económica al exterior, políticas de austeridad y privatización de la economía. Estas grandes transformaciones se caracterizarán por la rapidez con las que se llevarán a cabo y la “denigración del Estado” en el proceso general de reformas. Las consecuencias económicas y sociales fueron dramáticas: caída espectacular de la producción durante los primeros años de transformación, desarrollo de la economía de trueque, desplome de los salarios y de las pensiones, disminución de los niveles de vida, degradación del sistema social, aparición de la pobreza de masas y explosión de la desigualdad. El desastre demográfico de la década de 1990 se tradujo en la caída de la esperanza de vida del hombre ruso con una rapidez e intensidad nunca vistos en un país en tiempos de paz, esto resume la convulsión social de esos años en Rusia.
El tercer capítulo relata la nueva etapa que comienza para la nación rusa y que durará prácticamente la primera década de los años 2000. Ésta estará caracterizada por una extraordinaria recuperación económica, el “regreso” y fortalecimiento del Estado y la mejoría notable en los niveles de vida de la población. Periodo que coincide con los dos primeros mandatos del presidente Vladimir Putin (2000-2008), quien implementará al interior de las fronteras una política vertical y centralizada del poder y recuperará el rol protagónico de Rusia en el mundo. En estos años asistiremos al restablecimiento de la situación fiscal e institucional; a la ejecución de una política industrial activa y a la recuperación por parte del Estado de los inmensos recursos y materias primas del país que habían sido apropiados por los llamados “oligarcas”. Por otro lado, debido a la estrategia rusa sobre el control de la producción y del suministro de los hidrocarburos, las tensiones con sus vecinos próximos (principalmente Georgia, Ucrania y Bielorrusia) aumentarán. Al final de su segundo mandato, Putin tendrá en su haber la recuperación del Estado y del orden institucional de un país que a finales de los años 1990 se estaba prácticamente desmoronando (desde un punto de vista económico, institucional, social, incluso regionalmente); así como una relativa prosperidad económica y social, lo que le confiere popularidad y un apoyo indiscutible por parte de la mayoría de la población.
El cuarto capítulo analiza los principales desequilibrios que aún contiene la nación rusa a pesar de los sorprendentes logros obtenidos durante la primera década del siglo XXI. Comenzando por la fragilidad económica, por lo que la economía rusa sucumbirá ante la crisis económica y financiera internacional de 2008-2009. Entre las debilidades estructurales podemos mencionar un comercio exterior poco diversificado (basado en gran parte en la producción y comercio de hidrocarburos y materias primas); así como la falta de innovación y la subsistencia de un fenómeno ampliamente expandido en la economía y la sociedad: la corrupción. Otros factores de suma importancia que entraban el despegue económico de Rusia son la persistente desigualdad de los ingresos y de la riqueza (a pesar de la disminución significativa de la pobreza) y el declive demográfico. Éste último representa un riesgo de primer orden para el Estado ruso y coadyuvará al refuerzo de una ideología cada vez más conservadora del gobierno y al delineamiento de una política extranjera particular en relación con la zona postsoviética y sus “vecinos próximos”. Veremos que, durante este periodo, la frustración por parte del gobierno ruso se acumulará ante la expansión inexorable de la OTAN y de la UE hacia su tradicional área de influencia. La incursión de Rusia en Georgia en 2008, significará un cambio de dirección de Moscú en la evolución de las relaciones de Rusia con Occidente. A partir de este momento, se dará prioridad absoluta al sector militar.
El capítulo cinco hace un recuento de las nuevas relaciones que el Kremlin construirá para constituir lazos económicos, políticos y culturales a nivel internacional. En primer lugar con “el extranjero próximo”, es decir, con las repúblicas antiguamente soviéticas, formando así la Comunidad de Estados Independientes (CEI). Otras organizaciones se irán conformando, como la Unión Económica Eurasiática (UEEA), la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) y el Foro BRICS. Se debe destacar la relación de primer orden que ha ido entretejiendo con China, socio comercial y estratégico. Ambos países representan (con otras naciones como la India, Brasil o Indonesia) al bloque de países que avanzan en una nueva formación geopolítica para hacer contrapeso a la hegemonía norteamericana, y de manera más general, a lo que se ha dado en llamar “Occidente” o “bloque occidental”.4 Evidentemente, Rusia no podría ocupar este “papel” en las distintas organizaciones internacionales si no se hubiese convertido en la potencia mundial que representa hoy en día, por lo que se analizará en este capítulo su lugar ineludible como productor de materias primas, energéticas y agrícolas; y su estatus de potencia militar, aeronáutica y nuclear. Vladimir Putin ha encarnado como pocos jefes de Estado la imagen de las transformaciones más importantes de su país. Durante sus últimos mandatos se observa una intensificación del control del aparato de Est
