Introducción
Si te has sentido traicionado por tu pareja en una relación de compromiso, sabes muy bien que la traición íntima es un dolor como cualquier otro, que golpea el centro de nuestra capacidad de amar y de confiar. Este dolor, extraordinariamente fuerte y duradero, casi siempre inunda otras áreas de la vida. La eficiencia en el trabajo de la mayoría de las personas que sufren de ello se va a pique. Algunos se sienten incapaces de retomar su nivel normal de atención en cualquier relación, incluyendo amigos, padres e hijos. Muchos se quedan con la sensación de que no son merecedores de amor. La mayoría soportan largos periodos de dolor adormecido o depresión, que de repente incluyen torrentes de ira, vergüenza, culpa, ansiedad, resentimiento y tristeza.
La fuerza destructiva y los efectos duraderos de la traición íntima provienen de su violación a la promesa implícita que nos da valor para amar en primer lugar: la promesa de que, sin importar lo que suceda, la persona a la que amas y en quien confías se preocupará por tu bienestar y nunca te lastimará intencionalmente.
Esos dos elementos clave clasifican los tipos de traición íntima. Comportamientos que lastiman intencionalmente incluyen la mayor parte del abuso emocional, la agresión verbal y la violencia doméstica. El no preocuparse por tu bienestar abarca la mayor parte de los engaños, infidelidades, mal uso de recursos comunes, resentimiento, enojo, crítica, bloqueo y otros comportamientos que lastiman.
Piensa en sanar y crecer, no en poner etiquetas
Para fines de este libro, definiré la traición emocional como cualquier cosa que te dejó sintiéndote traicionado, herido, enojado y desconfiado, con efectos secundarios de recuerdos dolorosos. Dicho esto, etiquetar comportamientos específicos, como “traición” o “engaño”, no es el objetivo de este libro, y no sólo porque las etiquetas simplifican en exceso tanto los patrones de comportamiento complejos como los contextos en que se presentan, lo más importante es que nadie debe hacerte sentir que necesitas explicar tu experiencia o justificar tu dolor con el fin de calificar para una etiqueta determinada. Intentar definir tu circunstancia mediante etiquetas específicas evitará que te mantengas concentrado en la magnitud y las causas de tus heridas en vez de en sanarlas y superarlas; es decir, grabará las huellas de la traición en tu corazón y tu alma. Probablemente has tenido discusiones con la persona que te traicionó respecto a las etiquetas que corresponden a su comportamiento: tú lo viste de cierta manera y él negó, minimizó, evadió o culpó. Dichas discusiones son tan inútiles como frustrantes. Lo peor es que oscurecen el tema más vital: tu dolor, que pareció perderse en disputas sobre etiquetas de comportamientos y caracterizaciones.
Vamos a declarar algo desde el principio: No tienes que justificar tu dolor ni encajar en ningún tipo de categoría. Tampoco caracterizar el comportamiento de tu pareja con etiquetas sacadas de un libro. Lo único que importa es que te lastimó y mereces enfocar tus enormes recursos emocionales en la difícil tarea de sanar, recuperarte y crecer. Este libro te dará el valor y las habilidades para lograrlo.
Primero sal del hoyo
No usaré las páginas de este libro para explorar detalles sobre tipos específicos de traición íntima ni cómo se presentan. Es probable que hayas investigado lo suficiente al respecto, pues existe la tendencia de preocuparnos por las minucias de cómo hemos sido maltratados, lo cual sólo distrae del proceso de sanación.
Tampoco voy a especular sobre las motivaciones de tu pareja carente de fe, pues existe una inclinación igualmente terrible a vivir demasiado en la cabeza de la persona que te traicionó, lo que fácilmente puede hacerte perder la brújula en cuanto a quién eres. En lo que se refiere a recuperarse de una traición íntima, es mejor salir del hoyo antes de especular sobre por qué te metiste en él. En este sentido, el libro se enfocará en sanar las heridas comunes a todas las formas de traición y en superar los efectos negativos de las fallas de tu pareja, sin importar qué las haya o no ocasionado.
Si decides reparar la relación con la persona que te traicionó, estoy convencido de que debes pasar por el proceso de sanación individual que se propone en este libro antes de reparar ésta. De lo contrario, quizá termines sacrificando sanación y crecimiento personales en aras de salvar una unión dañada, que no se puede reparar de manera significativa mientras todavía haya heridas abiertas. Por ello, los capítulos sobre cómo reparar relaciones se encuentran al final.
La mayor parte del libro se centra en cómo superar las muchas barreras para sanar y en forjar un camino a través de aquellos obstáculos que inhiben el crecimiento y opacan la recuperación total.
Asombro y valor
Me asombra el gran valor de muchos pacientes con los que he tenido el privilegio de trabajar en mis muchos años de consulta. Casi 3 000 están más que curados de las heridas causadas por diversas formas de traición íntima; han trascendido todos los efectos secundarios de su dolor para convertirse en las personas compasivas, emocionalmente abiertas y de mentalidad justa que estaban destinadas a ser. El espíritu humano es increíblemente resistente e inspirador en su habilidad de crecer más allá de las cicatrices del maltrato.
De la misma manera en que mis pacientes me han inspirado, espero que este libro llene de poder, valor y tranquilidad a quienes sufrieron. Mi trabajo con personas que han soportado el peor tipo de dolor emocional me ha convencido de este hecho:
Concentrarse con determinación en sanar, crecer y crear una vida que valoras profundamente es la única forma confiable de sanar del pasado e impedir la traición en el futuro.
Nota de estilo: En un esfuerzo por evitar la incomodidad en el uso de pronombres y eliminar la imparcialidad de género, me he propuesto alternar los pronombres personales.
Parte I
El inicio de la sanación y el empoderamiento
A las numerosas formas de traición íntima le sigue una espantosa montaña rusa de emociones perturbadoras. Como si no fuera ya bastante malo, las defensas naturales para lidiar con el dolor intolerable, a la larga y con mucha frecuencia, sirven para prolongar el sufrimiento, retrasar la sanación e inhibir el crecimiento. Esta sección del libro te permitirá entender más a fondo el dolor, que evolucionó para mantenernos seguros y bien. Te mostrará cómo usar la motivación natural para sanar, reparar y mejorar. Lo más importante: te mostrará cómo desarrollar una “identidad sanadora” para poner en marcha todos tus recursos intelectuales, emocionales y espirituales, y así sanar y crecer.
1. Huellas en el corazón y en el alma
Fuertes razones biológicas explican por qué la traición íntima duele tanto y es tan difícil de superar. Las relaciones amorosas se sostienen por lazos emocionales estrechos que son cruciales para la supervivencia de nuestra especie.
La mayoría de los antropólogos están de acuerdo en que los primeros seres humanos no habrían podido sobrevivir sin fuertes lazos emocionales, que nos hicieron cooperar para recolectar alimentos y defender territorios. No es de sorprender que hayamos desarrollado reacciones emocionales preverbales, prerracionales, y automáticas a comportamientos y actitudes que amenazan los lazos emocionales; éstas se desarrollaron en nuestro cerebro desde tiempos prehistóricos, cuando abandonar el núcleo de la tribu significaba una muerte segura por inanición o ante el ataque de un tigre dientes de sable.
Las reacciones a la traición íntima a menudo incluyen una sensación vaga de que podrías morir. Esa sensación es sumamente irracional, porque emana de una parte primitiva del cerebro; sin embargo, es potente y real. De hecho, la mayor parte de los suicidios resultan de la pérdida de apego, al igual que los homicidios más íntimos.
De qué manera te afecta
La traición íntima altera tu vida por completo en una de dos maneras: mediante una revelación repentina o al “irte cayendo el veinte” poco a poco.
Con el engaño, el fraude y la infidelidad, descubres que tu pareja ha mentido, manipulado, robado o engañado. Tal vez hayas pensado que algo andaba mal, pero ninguna sospecha mitigará la sorpresa y el dolor del golpe de la confesión de tu pareja, la narración de un testigo, los correos electrónicos o mensajes de texto descubiertos, o la incontrovertible evidencia. En un instante te das cuenta de que tu vida no volverá a ser la misma.
Algunos rostros de la traición íntima —como el abuso o verte obligado a andar siempre de puntitas para no alterar a un compañero crónicamente resentido, enojado, crítico, cerrado u obsesivo— golpean con la misma fuerza, pero te das cuenta de una forma más gradual de en qué se ha convertido tu vida. Tal vez durante mucho tiempo trataste de ver de la mejor manera el mal comportamiento de tu pareja, al pasarlo por alto, disculparlo o simplemente negarte a identificarlo. Es probable que tu instinto para adaptarte, cooperar y confiar resulte útil en la mayoría de las relaciones. No obstante, tus nobles esfuerzos por mantener los lazos con tu pareja (y proteger a sus hijos, si los tienen) pueden retrasar el reconocimiento de la traición sufrida.
El piso de la seguridad se derrumba
Ya sea que te golpee una revelación o que te des cuenta poco a poco, la traición íntima te mueve el piso. La mayoría de mis pacientes describen el resultado inicial de la revelación como una caída libre, sin fondo a la vista. La sorpresa y el descrédito se acompañan por olas de crueles dudas respecto de uno mismo: ¿Fui lo suficientemente atractivo, inteligente, exitoso, interesante, presente, atento, amoroso, paciente o sacrificado?
El nuevo piso: enojo
La sorpresa, el descrédito y las dudas respecto de uno mismo tal vez dieron paso a un intenso enojo que corre por tus venas cada vez que piensas en la traición, que puede ser a menudo. La atemorizante inseguridad y la total impotencia de esta situación de caída libre explican por qué la traición de cualquier tipo estimula los tipos más virulentos de enojo. La traición y el enojo son típicamente inseparables, por un tiempo. Las razones se deben más a la biología que a la psicología.
El enojo, una emoción de supervivencia común a todos los mamíferos, tiene poderosos componentes analgésicos y anfetamínicos que, durante cierto lapso, adormecen el dolor y proporcionan una fuente de energía para superar la amenaza percibida. Dichos efectos permiten a los animales huir cuando son vulnerables a una amenaza o luchar cuando escapar no es posible. Por esta razón, los debilitados tienden a ser asustadizos y los heridos se vuelven feroces.
El mismo mecanismo protector común a todos los mamíferos se activa por la traición íntima. La fuente de energía y las cualidades que adormecen el dolor en el enojo, temporalmente alivian la sensación de indefensión, la duda en uno mismo y la vulnerabilidad.
Riesgos altos en el resultado de la traición íntima
Casi todo mundo bebe más alcohol tras una pérdida de cualquier tipo, incluyendo la traición íntima. Aunque es un cliché, “ahogar las penas” después de la pérdida de apego tiene un apoyo empírico considerable (Byrne, Raphael, Arnold, 1999: Wingood, DiClemente y Raj, 2000).
Una forma más sutil de trampa adictiva afecta a quienes no beben. El efecto analgésico del enojo alivia el dolor de manera temporal. Por ello dices una grosería cuando te pegas en el pulgar al colgar un cuadro. Por ello los atletas que se enojan en el juego se rompen un hueso sin darse cuenta. Por ello nos ponemos irritables cuando estamos enfermos o sentimos dolor. Cualquier cosa que lo alivie puede volverse psicológicamente una adicción, o por lo menos un hábito, dado que el cerebro asocia de manera indeleble el dolor con aquello que lo alivia.
La mayor trampa adictiva del enojo se presenta a partir de su efecto anfetamínico. Las anfetaminas (drogas que “aceleran”) proporcionan una fuente de energía, un aumento de seguridad y una sensación de poder. Por supuesto, los efectos de empoderamiento duran poco. La fuente de energía, seguridad y poder termina de manera abrupta; en otras palabras, te desplomas. Los brotes de enojo y resentimiento siempre te dejan en un punto más bajo del que te encontraron; por lo menos te sientes un poco deprimido o adormecido.
Así que éste es el ciclo que generalmente surge como resultado de la traición íntima: Piensas en la traición y te enojas. El enojo incrementa tu energía, seguridad y sensación de poder. Luego se presenta el desplome anfetamínico. La pérdida de energía y poder crea un vacío, que pronto se llena con dudas sobre uno mismo, depresión o adormecimiento. Vuelves a pensar en la traición y te enojas de nuevo, sólo para volverte a desplomar perdiendo el ánimo, con dudas y depresión, o en un total adormecimiento. No seguiré repitiendo este ciclo para que tu cerebro piense en la traición de tal manera que el enojo temporalmente te empodere contra los terribles sentimientos que vienen después de un desplome anfetamínico. No es que te guste pensar en ello, es sólo que al hacerlo se siente mejor que el dolor, la depresión y el adormecimiento, por lo menos mientras duran los efectos analgésicos y de adrenalina del enojo que, para la mayoría de las personas, no es por mucho tiempo.
Pocos podemos tolerar una montaña rusa de enojo intenso, depresión, enojo intenso, depresión y así sucesivamente. Tendemos a reducir las crestas y valles al mantenernos un poco resentidos todo el tiempo. El resentimiento contenido impide que nos enojemos y nos deprimamos mucho. Es comprensible y natural usar el resentimiento para evitar esa montaña rusa de enojo y depresión que sigue a la traición íntima. Todos mis pacientes traicionados lo han hecho por un tiempo antes del tratamiento. Sus vidas se habían convertido en impulsos desprovistos de alegría para hacer las cosas. Hacían todo lo que necesitaban —el resentimiento contiene suficiente energía para mantenerte en marcha— pero no estaban interesados en lo que hacían y no disfrutaban prácticamente nada. (El resentimiento crónico devora la energía emocional que normalmente se invertiría en interés y disfrute.) Cometían más errores que de costumbre en el trabajo, se sentían tensos e irritables la mayor parte del tiempo y no eran tan dulces como quisieran con sus hijos. La pérdida de la alegría es sólo una de las muchas consecuencias de la traición íntima.
Lo más injusto de la traición íntima
El enojo evolucionó para proporcionar una sensación de poder ante una amenaza. El enojo es la única emoción que moviliza por completo al sistema nervioso central, a cada órgano, grupo muscular y a la mayor parte del sistema metabólico para generar el poder necesario en respuesta de lucha o huida. Más que cualquier otra experiencia interna, el enojo incrementa los sentimientos de poder. Si la pérdida de éste fuera el problema en la traición íntima, el enojo sería la respuesta. Pero el gran dolor de la traición íntima tiene poco que ver con la pérdida de poder. La carencia de valor que percibes es lo que causa tu dolor... te sientes menos susceptible de ser amado.
Para recuperarte, debes hacer lo que te haga sentir más valioso y más apreciado, no lo que te haga sentir más temporalmente poderoso. No obstante, las reacciones defensivas a la traición íntima —aunque muy naturales y justificables— te obligan a desarrollar respuestas estrechas y rígidas que inhiben tu crecimiento y erosionan aún más el valor que tienes a tus ojos. Si permites que marchen en piloto automático, te convertirán en alguien que no eres.
Por qué es tan difícil ser tú mismo: reactividad emocional
Las reacciones emocionales son una respuesta automática, generalmente inconsciente y visceral, ante acontecimientos, situaciones o personas percibidos como negativos; te dificultan ser tú mismo después de la traición íntima. Casi todo (escenas de una película, sucesos deportivos, correos electrónicos, llamadas inesperadas) puede detonar recuerdos o impresiones de la traición y desencadenar emociones intensas. Los detonantes se pueden generalizar a casi todas las personas con las que interactúas, es decir, un sentimiento negativo en cualquier otra persona —por la razón que sea— puede estimular un caos emocional o una actitud defensiva en quienes sufrieron una traición íntima. En su peor punto, las reacciones profundamente emocionales se apoderan de tus pensamientos y sentimientos, y con demasiada frecuencia hacen que te comportes de manera extraña. Por ejemplo, mi paciente Debbie, que ha tratado con pinzas durante más de veinte años a una pareja resentida y muy crítica, de repente estalló en un torbellino de enojo y llanto cuando una agobiada cajera del supermercado suspiró en respuesta a que ella le arrebató su tarjeta de crédito. La vergüenza y los remordimientos de Debbie por haber sobreactuado sólo hicieron que la escena resultara aún más incómoda para ella, la cajera y los demás compradores que estaban en la fila.
Debbie vino a verme por esto y otras reacciones desmedidas cada vez más frecuentes desde su divorcio. (No todas estas reacciones sucedían como en el supermercado, algunas las internalizaba como una gran tensión o depresión.) Su terapeuta anterior había trabajado con ella para explorar sus sentimientos respecto a la traición de su marido —enojo, resentimiento, vergüenza, pérdida, abandono, entre otras— con la creencia de que los sentimientos inexplorados y “reprimidos” ocasionaban sus reacciones desmedidas. Cuando éstas se volvieron más frecuentes, el terapeuta quiso que tomara medicamentos y Debbie se negó.
Mi manera de tratar la sanación emocional es distinta. Tranquilicé a Debbie diciéndole que sus sentimientos y reacciones eran naturales tras una herida autoinfligida a causa de la traición íntima. Sus reacciones tan emocionales eran parte de un sistema de defensa mayor construido para proteger de futuros daños un corazón lastimado. Mi estrategia terapéutica fue fortalecer la percepción de su valor personal y su empoderamiento, y, en consecuencia, hacer que su sistema de defensa fuera innecesario.
Las reacciones de defensa de Debbie, como las de prácticamente todos mis pacientes que sufrieron una traición, eran ya un hábito cuando la conocí. (Cualquier actividad mental repetida a menudo formará una secuencia relativamente inflexible de disparos neuronales en el cerebro, es decir, un hábito.) Una vez que se forman, sólo pueden ser remplazados por otros nuevos. Condicionar nuevos hábitos mentales, emocionales y conductuales es mi cimiento para tratar la sanación y el crecimiento.
Volveremos a Debbie más adelante en este capítulo. El punto que deseo subrayar aquí es que las reacciones muy emocionales no son un problema de psicología individual. No había nada malo en Debbie y no lo hay en ti si reaccionas desmedidamente ante molestias menores de la vida o por problemas mayores. Las reacciones desmedidas, internas o externas, resultan de una función cerebral normal conocida como “unión de patrones”.
Casi nunca interactuamos directamente con nuestro entorno. El cerebro une pensamientos, recuerdos, emociones e impulsos conductuales con miles de “instantáneas” neuronales, y luego selecciona una que “empata” con esa percepción del entorno. Esto normalmente es una forma eficaz de funcionar, porque conserva una atención consciente metabólicamente costosa; es decir, invertimos la energía adicional que implica prestar atención sólo cuando algo se sale de nuestras “instantáneas” previamente condicionadas. Puedes entrar cien veces en una habitación y no observar una lámpara hasta que un día desaparece, y entonces el patrón de tu cabeza ya no corresponde con la apariencia de la habitación.
En circunstancias normales, el proceso en que el cerebro empata los patrones es muy preciso y nos comportamos de manera más o menos “apropiada” la mayor parte del tiempo. Sin embargo, la traición íntima presenta un problema especial para unir patrones. Cuanto más fuerte es el componente emocional de las instantáneas neuronales del cerebro, menos precisa será la unión de patrones. Esto es especialmente cierto en las emociones relacionadas con amenazas (enojo, miedo y molestia) que tienen prioridad en el cerebro. Ver una taza de crema en la mesa puede ocasionarle náuseas a alguien intoxicado con carne o verduras descompuestas, pues la sensibilidad incrementada hace que la crema, a pesar de no relacionarse con la comida que ocasionó la intoxicación, parezca una amenaza. Una sombra en la pared ocasiona que la víctima de una violación o un asalto tenga un ataque de incomodidad o terror, aunque habitualmente las sombras se muevan en las paredes. Que un coche frene, lo cual no suena para nada como un combate, puede detonar recuerdos terribles en los veteranos de guerra. Si una expareja te engañó en el pasado, un poco de color en la mejilla de tu actual pareja podría ocasionar enojo, celos y ansiedad. En resumen, después de una traición íntima tu cerebro percibe el mundo como un sitio más amenazante de lo que realmente es. Este
