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El nuevo mundo (Almas perdidas 2)

Ariana Godoy
Ariana Godoy

Fragmento

el_nuevo_mundo-4

I

MORGAN VON BUZTEN

Después de la Purificación del mundo

Mentira.

¡Es una mentira!

Esa voz…

Una sonrisa retorcida se expande en mi mente, mostrando un par de colmillos afilados, de los que gotea sangre.

Dolor…

«¿Por qué duele? ¿Qué duele? ¿Qué está pasando?».

Estoy tan cansada, tan débil… ¿Adónde se ha ido mi energía? Mi mente sigue ahogada en oscuridad; algo importante pasó, algo… que no puedo pensar ahora. Dedos helados se enroscan alrededor de mi cuello, cortando mi respiración. No.

Morgan…

No puedo respirar. ¿Por qué no puedo moverme? La mano aprieta mi cuello con aún más fuerza, los huesos crujen, quebrándose, ahogándome en mi propia sangre. Intento luchar, pero solo puedo toser sangre, su sabor metálico invade mi boca.

Con gran esfuerzo, abro los ojos de golpe, tosiendo con desesperación, aspirando para atraer el aire a mis contraídos pulmones, expandiéndolos, mi pecho subiendo y bajando. Algo caliente me gotea del mentón y me limpio con el dorso de la mano; no necesito mirar para saber que es sangre.

Siento un coágulo en mi garganta, toso y lo escupo, completamente asqueada.

¿Por qué estoy sangrando? ¿No ha sido un sueño?

Estoy empapada, mi larga melena pegada a las mejillas. Estoy sentada en el suelo… Hay agua debajo de mí, poco profunda; si me levanto, lo más probable es que apenas me llegue a los talones. Alzo la mirada y soy consciente de que no tengo ni idea de dónde estoy. Lo último que recuerdo es la Purificación, el caos, y luego el vacío oscuro y absoluto.

Frío…

Una ligera brisa de aire helado me roza los brazos y me provoca escalofríos. Me pongo de pie y echo un vistazo a lo que me rodea: solo oscuridad, a excepción de unas pequeñas luces verdosas alineadas y agrupadas de dos en dos que iluminan un camino, como si me guiaran. Ando entre ellas, mis pasos creando ondas en el agua que brillan con el reflejo de la luz. Al desplazarme, me doy cuenta de lo mucho que este lugar me está debilitando, es como si absorbiera mi energía.

—Finalmente has llegado. —Una voz femenina emerge de algún sitio próximo a mí y me detengo de inmediato.

—¿Quién está ahí? —susurro, un reflejo de mi debilitado estado—. Muéstrate.

—Morgan Von Buzten, la segunda de nuestra especie que llegó a realizar la Purificación.

«¿Nuestra especie?».

Frunzo las cejas, volviéndome constantemente, tratando de ver dónde está la criatura. Abro la boca para preguntarle, pero ella habla de nuevo:

—Pronto ya no podrás despertar, te quedarás aquí.

—¿Despertar? ¿Esto es un sueño?

—No, es el hogar de los Durmientes.

—¿Los Durmientes?

Ella suspira.

—¿Por qué explicártelo cuando puedo mostrártelo?

Una figura aparece al final del camino iluminado por las luces. Lleva un vestido largo de color blanco cuyo borde roza el agua y que se agita como si estuviera debajo de esta; su cabello es, asimismo, completamente blanco y también flota alrededor de su joven rostro. Lo que más me llama la atención de este son las marcas negras que luce: dos líneas suben desde su pecho por las mejillas, cruzan sus ojos y se encuentran en su frente. Sus brazos también están cubiertos de esas líneas. Son muy parecidas a las que vi sobre Milosh en la batalla de la playa.

—¿Quién eres tú?

Ella me sonríe, pero no es una sonrisa franca. Sus ojos están apagados, como si estuviera muy cansada. Alza las manos y yo me pongo en posición defensiva. Susurra algo en un idioma que no entiendo y comienzan a encenderse más luces verdes a cada lado de donde me hallo; mis ojos las siguen y lo que iluminan me deja sin aliento.

Cápsulas transparentes a derecha e izquierda, llenas de agua, conectadas por unos largos puentes de energía, visibles. Sin embargo, lo que me paraliza es lo que hay dentro de ellas: son personas, o no sé qué especie de criaturas, pero semejantes a nosotros. Unas parecen tan jóvenes como yo y otras, un poco más maduras. Cada una de ellas está flotando inconsciente en medio de su cápsula, las cuales están colocadas horizontalmente, una al lado de la otra. Un puente de energía sale de sus pechos y se conecta a un punto oscuro que va más allá de la sustancia acuosa. Todos tienen el cabello blanco, con independencia de la juventud que reflejen en sus rostros, surcados por líneas negras y alrededor de los cuales se agita.

¿Qué significa esto? Esas líneas… ¿No son algo solo de Purificadores y Protectores? No, eso no tiene sentido. Kain y yo somos los únicos Purificadores vivos en el mundo. Mi mirada recae de nuevo sobre la figura femenina a unos cuantos pasos de mí. ¿Esto es real? ¿O estoy soñando? Porque nada parece tener sentido.

—¿Estos son los Durmientes?

Ella asiente.

—¿Qué son?

—Purificadores.

«¿Qué?». Vuelvo a observarlos, eso es imposible.

—Mientes.

—No puedo mentir, no en este lugar.

—Kain y yo… somos los únicos Purificadores.

Recuerdo las palabras de Vincent.

—Todos los demás Purificadores están muertos —digo, confundida.

—Ningún Purificador ha muerto desde la creación de nuestra especie.

¿Vincent me engañó? No, eso no tiene sentido, eso significaría que Shadow también me mintió, y él jamás lo haría. ¿He caído en alguna especie de sueño vívido?

—Estás mintiendo.

—Siéntelo por ti misma, siente su energía, cómo este lugar la absorbe.

Extiendo las manos a los lados; unas líneas azuladas salen de mis dedos y viajan hasta hacer contacto con algunas cápsulas. Su energía conecta y se acopla con la mía perfectamente.

Purificadores…

Algunos nombres de ellos llegan a mi mente al tocar sus cápsulas.

Kace…

Jericho…

Prisca…

Anthea…

Rangahar…

No, esto no tiene sentido. Bajo las manos y van desapareciendo mis líneas de energía. De nuevo, la posibilidad de que esto sea sueño hace que me lo cuestione todo.

—Pareces confundida.

—Esto no tiene sentido, yo… —Mi cabeza palpita dolorosamente—. No puede haber… Eso no fue lo que…

—Veo que hay muchas cosas que no sabes, Purificadora —dice con un semblante cansado—, pero no soy la indicada para responder a tus preguntas.

De repente, de mi nariz brota sangre. Ella señala una cápsula vacía al final del camino.

—Tu lugar está listo. No luches… Este sitio te desangrará y debilitará hasta dejarte inconsciente para poder encapsularte como a ellos.

Aprieto los puños, el corazón latiéndome con fuerza. Aunque no tengo idea de qué pasa, está claro que las intenciones de la criatura para conmigo no son buenas. Intento ganar tiempo mientras evalúo mi entorno, en busca de alguna posible salida.

—¿Qué clase de lugar es este? ¿Y por qué ellos están dormidos?

—Soy la guardiana —responde—. Solo debo mantener todo en orden y asegurarme de que cada Purificador duerma como es debido.

—¿Por qué están dormidos? ¿Por qué…? —Toso de nuevo, me caigo de rodillas sobre el agua y vomito más sangre.

—No te resistas, es inútil.

Quiero moverme y luchar, pero, cada vez que lo intento, de mi boca brota sangre. Puedo ver mi reflejo: estoy pálida y débil, y me sorprende comprobar que un mechón de mi melena se ha vuelto completamente blanco. Lo tomo entre mis dedos, examinándolo.

Mis ojos viajan a los Durmientes y sus cabellos blancos. Así que este lugar drena su energía hasta tal punto que todo pierde su color. Ellos parecen dormir profundamente. ¿Están aquí en contra de su voluntad? Por la forma en la que este lugar absorbe mi energía sin que pueda evitarlo, creo que así es, pero ¿cómo terminaron aquí? No tiene sentido, ¿por qué tener a los Purificadores inconscientes? ¿Para qué? ¿Para evitar la Purificación? Entonces ¿por qué me dejó hacerla a mí? Acaso… Me tenso al ver que mis manos se vuelven transparentes durante unos segundos antes de recuperar de nuevo su opacidad, el proceso se repite como si… no estuviera en este lugar realmente. Me concentro en sentir mi cuerpo y noto que no está aquí, ¿quizá ella planea encapsular mi mente? ¿Dejar mi cuerpo tirado, inútil e indefenso en el mundo real?

—¡Vaya cara de susto! Tranquila: el color de tu cabello volverá cuando despiertes; bueno, si es que algún día mi señor decide despertarte —murmura.

—¿Tu señor?

—El Rey Insurgente.

—El Rey Insurgente… ¿Kain? —La observo con cautela, esperando una respuesta.

—Un Protector jamás sería rey —afirma contundente.

—¿Protector? Kain es el primer Purificador.

Ella ladea la cabeza, confundida.

—Kain es el Protector del primer Purificador, el Protector de mi rey.

—¿Qué?

—Veo que se han metido con tu mente, Purificadora. Limítate a ir a donde has de ir. No hagas esto más difícil, yo… —Una daga le atraviesa el pecho desde la espalda y la mujer escupe sangre y cae de rodillas. La figura que se halla tras ella retira el arma. Entonces la guardiana se echa las manos a la herida, intentando parar la sangre que surge a chorros del agujero—. ¡Maldita seas, Prisca! —Una niña de cabello blanco que ondea a su alrededor se revela detrás de ella. Los hombros de la mujer suben y bajan con cada intento por respirar, por sanar. La niña enrosca su mano en el pelo de la guardiana, se inclina y le corta la garganta con rapidez antes de empujarla hacia delante, hacia el agua, que de inmediato se tiñe de sangre. La niña me mira:

—Hola, Morgan. —Observo que tiene un ojo azul y otro rojo—. Soy la quinta Purificadora, Prisca. —Hace una reverencia—. Mucho gusto.

No sé qué decir, pero, al ver el cuerpo de la guardiana en el suelo, me dispongo a buscar una salida. Camino veloz hacia un lado, explorando, tocando las paredes, intentando encontrar un punto débil o alguna vía de escape. La niña me sigue mientras continúa hablando:

—Quisiera presentarme en mi cuerpo actual, pero estoy corta de energía —me dice, señalando la cápsula donde un cuerpo maduro permanece inconsciente—, así que esta proyección infantil de mí es todo lo que puedo hacer.

—¿Tienes idea de cómo salir de aquí? —pregunto mientras sigo con mi búsqueda.

—Es imposible, no pierdas el tiempo. —Se hace el silencio y me vuelvo para verla: mantiene una expresión demasiado tranquila para alguien que está encerrada—. Te he estado observando… Me gusta observar el mundo de vez en cuando, aunque requiere un gran esfuerzo. De hecho, soy la única Purificadora que puede proyectarse fuera de su estado inconsciente. —Suspira—. No lo hago muy a menudo porque aquí no hay nadie más que pueda hacerlo, así que no tengo con quién hablar. Aburrido, ¿no? Lo sé, la única con la que podría hablar es con la guardiana y ella es tan sosa…

La niña habla tan rápido, tan informalmente, que me cuesta procesar sus palabras. Acaba de apuñalar a alguien. Ella parece seguir mi mirada hacia la guardiana.

—Ah, no te preocupes, no está muerta. Se necesita mucho más que una puñalada para acabar con ella, solo está inmóvil durante unos segundos. —Sus ojos vuelven a mí—. No tenemos mucho tiempo, Morgan Von Buzten.

—¿De qué estás hablando?

—Solo quiero mostrarte la realidad de quién es Shadow. —Me tenso ante la mención de ese nombre—. Me incomoda que no sepas la verdad de todo este circo; nadie más recordará nada después de la Purificación y los que sí lo hagan dudo que tengan un ataque de honestidad contigo. Así que tu única opción soy yo. —Se señala a sí misma, orgullosa. La guardiana gruñe de dolor, moviéndose un poco. Prisca se apresura.

»No tengo tiempo para contártelo todo, así que —abre la mano, en cuya palma se forma al instante una pequeña esfera de luz— solo puedo darte la verdad para que puedas verla durante todo el tiempo que estés inconsciente. —Estira la mano, la pequeña esfera de luz viene hacia mí, llega a mi frente y mi piel la absorbe con facilidad. ¿Qué ha hecho?

—¿Qué me has dado?

—La verdad. Solo actívala cuando quieras saberla, así no te aburrirás.

—No voy a quedarme aquí.

—Puedo enseñarte a proyectarte para que charlemos cuando podamos.

—No —niego con la cabeza—, no voy a quedarme —repito, segura. Y aprovecho para preguntar—: Mi cuerpo no está en este lugar…, puedo sentirlo. Entonces ¿qué es lo que planean realmente?

—Drenarte mentalmente —responde Prisca—. En el momento que domine tu mente, tu cuerpo será traído del mundo real para colocarlo en la cápsula.

Lo sabía, aún hay esperanza. Por ahora, solo mi mente está aquí; necesito despertar antes de que sea demasiado tarde. Y, aunque no sé cuánto tiempo llevan los Purificadores encapsulados, no debe ser fácil despertar por nuestra cuenta. Tengo que resistir. Me pongo de pie, pero vuelvo a caer sobre mis rodillas. Noto los músculos de mis brazos y piernas pesados, difíciles de levantar.

Prisca abre la boca para decir algo cuando una espada la traspasa de lado, su cuerpo se desvanece en miles de luces. La guardiana está detrás de ella, furiosa.

—Mocosa malcriada… —murmura, mirando a Prisca antes de dirigir sus ojos hacia a mí—. Y tú, ya deberías estar inconsciente.

«No».

—Bien, al parecer tendré que usar mis poderes. —Se agacha y mete ambas manos en el suelo acuoso, que se ilumina de repente hasta llegar hasta mí.

El tirón de energía me hace caer hacia delante, mi cara aterriza en el agua, que cubre la mitad de mi rostro. Los ojos me pesan una barbaridad.

—Duerme, Morgan Von Buzten, acepta tu destino.

Lucho con todas mis fuerzas, pero aun así mis ojos tiemblan antes de cerrarse.

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II

LYLA

La naturaleza me da tanta paz…

Me dedico a observar el cielo nocturno, las estrellas brillando allá arriba, acompañando a una luna creciente. El viento mueve mi cabello a un lado en ondas suaves y lo siento contra mi piel, disfruto cada sensación mientras camino por un campo arenoso sin rastros de árboles o hierba. Las Ruinas de Grania ahora están llenas de arena que arrastran los vientos entre los restos rocosos y áridos.

«Estás olvidando algo importante, Lyla».

Sacudo la cabeza, alejando esos pensamientos. Mi mente se ha sentido tan nublada, tan confusa en los últimos días… Se calma cuando estoy cerca de Morgan, quien sigue inconsciente en esa burbuja de agua, todavía en la cueva oculta en medio de unas rocas, de la cual he salido para tomar aire fresco. No recuerdo cómo terminamos aquí, solo sé que, cuando abrí los ojos, Morgan y yo estábamos fuera de los Escudos Gulch, de nuevo en el territorio sobrenatural.

Aunque desperté con la cabeza hecha un lío, en el momento en el que toqué a Morgan, recordé la mayoría de las cosas, entre ellas, a los miembros de mi clan: Ian, Luke, Drake, Aidan… ¿Dónde están? Por alguna razón, no puedo recordar la última vez que los vi.

Me detengo frente a un muro de tierra que me llega a las rodillas; no importa cuánto o desde dónde camine, siempre termino en este mismo punto, como si algo me llamara, me atrajera. ¿Qué hay aquí? La brisa nocturna arrastra levemente la arena y deja al descubierto un dedo que sobresale en la superficie. Me tenso.

«¿Qué? ¿Un cadáver?».

Me acerco al muro y comienzo a escarbar, lanzando tierra a cada lado, descubriendo la mano dueña de ese dedo, luego el brazo y finalmente el cuerpo vestido con ropas negras: es un chico. Su pálido rostro, enmarcado por unos cabellos negros, está cubierto de rastros de arena; está inconsciente, pero no muerto: puedo sentir su energía ligeramente. Aunque no sé quién es, su parecido con Morgan es increíble.

«¿Quién eres tú? ¿Por qué siento que te he visto antes? ¿Por qué estás bajo la arena, inconsciente?».

Sacudo las preguntas de mi cabeza, no es el momento para eso. Intento transferirle algo de mi energía poniéndole las manos sobre el pecho, aunque no funciona. Trato de despertarlo, sacudirlo, incluso lo abofeteo dos veces, pero nada lo despierta. Su estado me recuerda al de Morgan. ¿También está atrapado en ese sueño profundo? ¿Por qué?

Cada vez que me esfuerzo en entender eso, en recordar algo más, me duele la cabeza. Me pongo de pie, observándolo, escarbando en mi mente en busca de ideas. No sé qué más hacer. Justo entonces, el chico hace una mueca de dolor y tose sangre, y siento un cambio de energía proveniente de la cueva donde permanece Morgan. Es como si estuvieran conectados.

«¿Qué está pasando?».

De nuevo, intento despertarlo, pero en vano: solo hace muecas de dolor y tose sangre. Algo lo está debilitando y lo mismo parece estar pasando con Morgan, así que me quito la chaqueta y cubro al chico con la promesa de que volveré después de ayudarla.

Corro a la cueva tan rápido como puedo y me adentro en el oscuro túnel que me lleva a ella. Al llegar, noto que está temblando y tose sangre, aún con los ojos cerrados. Puedo sentir cómo su energía está siendo drenada; miro a mi alrededor, pero no hay nadie. ¿Quién o qué la está debilitando de esta forma? Morgan tose de nuevo, líneas de sangre flotan en el agua a su alrededor.

¿Qué hago? Cada vez que he intentado meter mi mano en la burbuja, me ha repelido, quemado e incluso inmovilizado durante horas.

—¡Morgan! —llamo, aunque sé que es inútil—. ¡Morgan!

Solo puedo observar con horror cómo también comienza a brotar sangre de su nariz y cómo un mechón de su cabello comienza a volverse blanco desde la raíz a la punta, lo que hace que resalte entre el color negro de su melena, ahora flotando en torno a su rostro.

Más sangre, menos energía. Si esto sigue así, no estoy segura de que pueda despertar de nuevo. Su cuerpo comienza a verse algo transparente, como si fuera a desaparecer. Esto no puede ser bueno.

«¿Qué puedo hacer? Piensa, Lyla, piensa».

Me concentro en sentir la energía de Morgan y la encuentro extremadamente débil. La fuerza de su escudo, de esa burbuja a su alrededor, parece depender de ella, y lo que sea que le está quitando la energía no es el escudo, es algo más. Por consiguiente, la barrera está en su punto más débil. Incluso si no logro atravesar ese escudo, podría…

Modificarlo.

Me cuesta mucho cerrar los ojos porque sé que Morgan está sufriendo y, a pesar de que no tengo ni idea de si mi plan funcionará a tiempo, es todo lo que puedo hacer. Me concentro por completo, acumulando mi poder en ambas manos. No controlo ningún elemento, pero controlo la energía natural para sanar, para modificar algunos de ellos.

Nunca busqué unirme a un clan porque me creía débil en comparación con los otros vampiros convertidos que controlaban un elemento. Yo solo era la sanadora, con ningún aporte o valor en la batalla, o eso pensaba hasta que me encontré con el clan Almas Silenciosas.

Yo estaba huyendo de unos cazadores de convertidos, vampiros traicioneros que cazaban a los de su misma especie para ofrecerlos a Purasangres a cambio de dinero, poder o promesas falsas de protección. Aidan me salvó, me ofreció quedarme en su clan mientras sanaban mis heridas. Cuando llegó el día de irme, estaban entrenando en las afueras del escondite: Ian, Drake y Luke. Morgan aún no era parte del clan. Me quedé observándolos y los vi tan felices, atacándose y bromeando los unos con los otros… En esas estaba cuando Aidan apareció a mi lado.

—¿Por qué no te quedas con nosotros? —me preguntó.

—Yo… —Observé la pelea de puños entre Ian y Luke. Drake se les unió, catalogándolos de infantiles—. No domino ningún elemento, solo puedo sanar, sería una carga.

—Ninguno de ellos domina ningún elemento aún, ¿los ves preocupados? ¿Angustiados? ¿Qué te hace pensar que eso es de lo que va un clan?

—Pero dominarán un elemento en el futuro; en cambio, yo… —No terminé la frase.

—Yo diría que tú dominas el quinto elemento, el más importante —me aseguró—. El único con el poder suficiente para cruzar la línea entre la vida y la muerte y traer de vuelta a los allegados a exhalar su último aliento con nosotros; ¿por qué subestimas una habilidad que casi alcanza la divinidad?

Volví el rostro para mirarlo, sorprendida por sus palabras. Aidan mantuvo sus ojos sobre los miembros del clan en todo momento y suspiró.

—¿Te sientes débil? Entrena, investiga, descubre qué más puedes hacer con tu habilidad, practica, no te aísles y pases tu vida lamentándote, lamiéndote las heridas. Incluso si no te quedas con nosotros, haz algo, Lyla. —Él me miró, el azul de sus ojos brillando con honestidad.

Ese día me hice parte del clan, entrené con los demás, descubrí muchas cosas sobre mí misma, sobre mis habilidades, y me di cuenta del verdadero significado de ser parte de un clan; no tenía nada que ver con poder, sino con la capacidad de complementarnos, de ser ese hogar al final del día, de saber que ellos siempre estarían ahí para mí y que haríamos lo que fuera necesario los unos por los otros.

Como yo estoy a punto de hacerlo por Morgan en este momento.

Con la energía suficiente, pongo mis manos contra la burbuja; me quema y arde, haciéndome gritar el dolor, pero no me detengo.

No soy débil.

Grito agónicamente. Mi energía se extiende por todo el escudo, congelando el agua a su paso hasta que toda queda completamente helada, incluyendo a la desvanecida Morgan. Ya no me quema, ni me arde, pero sé que no se mantendrá congelada por mucho tiempo. Mi modificación de elementos no suele ser duradera.

Esta es mi oportunidad.

Me subo encima de la burbuja y comienzo a golpearla con todo lo que tengo.

—¡Ah! —grito para motivarme. El hielo rompe mis nudillos con cada golpe, el dolor es increíble, pero no pararé por ninguna razón.

Porque un clan no estriba en el poder, sino en estar dispuestos a darlo todo por los demás.

Eso es mucho más valioso que cualquier elemento.

La primera capa de hielo se quiebra bajo mis puños ensangrentados, puedo ver la figura congelada de Morgan. «Solo un poco más, resiste, Morgan». Acelero mis golpes, uno tras otro, el hielo crujiendo debajo de mí, manchado de sangre.

—Eres mi modelo que seguir —me había dicho Morgan unas semanas después de unirse a nuestro clan mientras estábamos acostadas en la hierba al lado de uno de nuestros escondites, contemplando las estrellas.

—¿Yo? —bufé, girando mi cara para verla. Ella hizo lo mismo y me sonrió.

—Siempre pensé que no podía igualarme a los demás vampiros, que ellos serían más fuertes que yo, hasta que llegué al clan y te vi. Eres fuerte, independiente y entrenas con los chicos, incluso derrotándolos de vez en cuando. Y pensé: «Quiero ser como ella».

Me quedé sin palabras y ella habló de nuevo:

—Así que te prometo que nunca seré la damisela en apuros, patearé traseros y seré fuerte como tú: así somos las mujeres de este clan. —Hizo esta declaración con la mano sobre el pecho.

—¡Vamos, Morgan! —le grito—. ¡Resiste! —Continúo golpeando con tanta fuerza que los músculos de mis brazos crujen de dolor y las lágrimas escapan de mis ojos. Sé que no me queda mucho tiempo hasta que el hielo vuelva a su forma líquida, esa barrera elemental que no podré cruzar. Necesito quebrarlo ahora.

Concentro mi energía en las manos y las entrelazo encima de la cabeza para golpearlo con todas mis fuerzas. Tal es el impacto que abre una grieta inmensa en el hielo que lo hace colapsar y lo rompe en miles de pedazos. Morgan y yo caemos juntas sobre ellos y uno puntiagudo se clava en mi brazo al aterrizar a su lado, mi espalda contra el suelo.

Mi compañera abre los ojos y tose desesperadamente; yo puedo respirar de nuevo.

Lo logré.

Pero, mierda, cómo duele.

Morgan respira agitada y gira su cara hacia mí, probablemente mi expresión ahora refleje todo menos fortaleza, aunque su sonrisa me dice que eso es lo de menos. Su mano busca la mía y la aprieta.

—Gracias.

Le devuelvo la sonrisa.

—Ni lo digas. —Levanto su mano con la mía y la pongo sobre mi pecho como ella lo hizo aquella noche—. Así somos las mujeres de este clan.

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III

REA

Le doy un mordisco a la manzana que tengo en la mano, mastico despreocupadamente durante unos segundos y luego la escupo porque, al no ser humana, consumir frutas me pone enferma; aun así, disfruto de su textura crujiente. Suspiro al llegar a esas inmensas puertas de metal que conozco tan bien.

Me detengo para encarar a dos guardias con sus uniformes negros, ese símbolo de una rosa marchita en la parte superior de sus ropas. Sendas máscaras negras cubren sus rostros, de los cuales solo sus ojos son visibles. Ellos me echan un vistazo con desinterés y se hacen a un lado. Las puertas se abren, produciendo un sonido de metal chirriante que no ha sido usado en años, cien para ser específicos.

—Gracias —susurro al pasar por su lado cuando me adentro en el gigantesco lugar.

Este sitio, que en el pasado solía ser un castillo con altos techos y pilares, se ha convertido en la sede del trono de nuestro rey, Shadow. Atravieso los pilares siguiendo el camino cubierto por una alfombra negra llena de polvo que me llevará a ese trono rocoso. La nostalgia me invade porque ha pasado mucho tiempo desde que puse un pie en este lugar, desde que se planeó todo y nuestro altivo rey salió de estas puertas inconsciente para ser transportado a donde debía comenzar su nueva vida como un Purasangre. Esa vida a la que yo me uniría unos años más tarde como una alimentadora dócil, ese fue mi papel.

El olor a madera y aceite quemado emana de las antorchas colocadas cerca de las ventanas, que iluminan el lugar dándole un tono sombrío y anaranjado; el aire es una mezcla de polvo y años atrapados.

Al acercarme, veo que el trono está vacío. Kain está a un lado, charlando con Vincent; es extraño ver a Kain con el rostro —ese tan parecido al de su hermano— al descubierto, sin esa máscara que llevaba continuamente. Se gira hacia mí cuando siente mi presencia.

—Rea.

—Kain. —Asiento como saludo antes de mirar a Vincent—. Vincent.

Kain me examina con cautela antes de hablar:

—¿Has venido a felicitar a nuestro rey?

—No, lamer las botas del rey es tu especialidad, no la mía.

Se tensa y Vincent sonríe.

—Deberías cuidar tus palabras, Rea —agrega este último—. Ahora que nuestro rey está aquí, se acabaron esos cien años de tu insolencia.

—Ah, qué detalle, Vincent, siempre tratando de infundir temor en los demás… Un clásico.

—Escucha a Vincent, Rea —aconseja Kain—. El rey no ha regresado de buen humor.

—¿Y cuándo ha estado de buen humor?

Kain abre la boca para decir algo, pero decide callarse porque sabe que tengo razón.

—¿Dónde está? —Muerdo la manzana, mastico y luego escupo el trozo a un lado. Vincent y Kain me observan con desagrado. Vejestorios anticuados.

—Debe de estar a punto de venir, pronto será hora de juicio —me informa Kain.

—¿Juicio? Es que el rey ha vuelto con todo, ¿eh?

—Tiene que mostrar quién está a cargo desde el principio.

No puedo evitar los nervios que me recorren al esperarlo: Shadow. Siento el inmenso poder de nuestro rey antes de verlo aparecer frente a su trono, con sus ropas negras y expresión vacía. De inmediato, me hinco sobre una rodilla.

—Mi señor. —Bajo la cabeza antes de ponerme de pie de nuevo.

Shadow no dice nada, solo se sienta en su trono y apoya el codo en uno de sus brazos sobre el que, a su vez, descansa la cabeza. Da la sensación de que todo esto le aburre y probablemente sea así; es difícil no aburrirse cuando has vivido miles de años.

La nostalgia me ataca de nuevo, pero de forma diferente. Pasé cien años a su lado, cumpliendo mi deber, alimentando al Purificador que dormía en Shadow.

—Me debes una. —Había bromeado al ver al Shadow Purasangre entrar al escondite de Vincent. Él había hecho caso omiso de mí cuando pasó por mi lado—. Ey, espera, Morgan se ha puesto celosa gracias a mí, me debes una.

—No sé de qué hablas. —Shadow se aclaró la garganta.

Le sonreí y golpeé su hombro.

—Sí que lo sabes.

Shadow se lamió los labios, evitando una sonrisa que amenazaba con curvarlos. Se veía feliz; de hecho, ella siempre lo ponía tan feliz… Desde que empezaron a estar juntos, verlo sonreír se había vuelto algo habitual y era una vista agradable porque nunca lo había visto sonreír antes.

Porque el rey nunca sonreía.

Y el Shadow Purasangre había aprendido a sonreír gracias a ella.

Y en esos años se ganó mi cariño, mi confianza. Antes de eso, como rey y Purificador, Shadow solo me asustaba, me daba miedo. Como Purasangre, llegué a quererlo como a un hermano.

«¿Queda algo de ese Purasangre en ti, Shadow?».

Busco su mirada, en un intento inútil de encontrar algún rastro de agradec

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